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Identidad virtual: la paradoja de este tiempo

por Smud, Martín

La identidad virtual asusta tanto como llena de curiosidad. Es atrapante tanto como peligrosa. Escurridiza, sigilosa, seductora. Difícil de explicar, pero su presencia cotidiana constituye una nueva paradoja para el ser humano. Y no hay muchas paradojas. Cuando encontramos una se clava una bandera, constituye una fecha que marca un antes y un después. Cristo fue una de las primeras paradojas, no sólo plantó bandera sino clavó la cruz donde se lo torturó hasta la muerte. Las paradojas. Hemos encontrado una nueva.

La modernidad del siglo XVII nació de otra paradoja: la duda que duda cartesiana, la paradoja dubitativa que saltaba al infinito. Ahora el tiempo del Homo-selfie clava bandera de su tiempo histórico con la paradoja de la identidad virtual. Las ciencias humanas ya reconocían que la identidad te “congela”: yo soy esto petrifica la posibilidad de cambios. Si yo soy “esto”, luego no puedo ser sino “ex esto”. La identidad es contradictoria, pero si le agregamos el concepto de identidad virtual el resultado es una paradoja. Un ser sin corporeidad. Un ser trascendental (y no un sujeto trascendental como lo pensaba Kant) puede renegar de la castración que ocurre en lo real del cuerpo, se maneja libre sin el peso de la corporeidad. Una identidad sin ser corpóreo. Como cada paradoja, quien cree comprender, no entiende nada.

De algunas de estas cuestiones trata un capítulo de la quinta temporada de Black Mirror llamado “Striking Vipers” [1] (serpientes encantadoras). El mito de la cabeza de medusa, uno de los mitos griegos más reconocidos, está presente desde el mismo título. La identidad virtual nos deja estupefactos; es sigilosa, atrapante, seductora y mortal. Y si la identidad virtual se vuelve mortal, ¿qué pasará con los llamados mortales? Se constituye un nuevo tiempo histórico y verbal. “¿Qué habrá pasado?” se pregunta el personaje principal, Danny. Con su amigo crean dos avatars, dos identidades virtuales. Se meten adentro del juego, se meten uno adentro del otro, las identidades virtuales se enamoran entre ellas, las identidades reales se preguntan qué habrá pasado. Uno de ellos es ahora una mujer valiente y sexópata; Danny, un aguerrido combatiente con pito grande. Nuestra identidad virtual ha cobrado vida y nos permite entrar en otra etapa de la civilización. La identidad virtual se despega del sujeto detenido en las múltiples pantallas on line y planta bandera de un tiempo histórico que crea un ser humano: el Homo-selfie.

Jugando y jugando, pateándose una y otra vez, los avatars de los dos amigos tienen sexo y no pueden dejar de pensar en sí mismo y en el otro, lo que era un juego pasa a ser algo diferente, ¿Qué relación existe entre esos avatars y ellos mismos? Se constituye un pensamiento que no existía antes de la identidad virtual. ¿Quién es el avatar para mí? Danny no le puede decir a su esposa embarazada que le fue infiel con una mujer avatar y que peor aún, se trata de su amigo, y que nunca había sentido tan fuerte la sexualidad y el amor. Se encuentra estupefacto. No puede todavía hablar con nadie. ¿Qué habrá pasado? A lo que tiene acceso es a un tiempo verbal: el futuro perfecto. Un tiempo que más que perfecto es la incertidumbre tocando el diapasón de la angustia. El Homo-selfie crea una nueva subjetividad, crea un tiempo verbal entremezclando las posibilidades de la lengua con la angustiante incertidumbre.

Las aplicaciones se dedican, muchas de ellas, a relacionarnos con otras personas mediante una identidad virtual. Eso ya es presente. Esas apps se ocupan del (des)encuentro de una porción cada vez más grande de la gestión del goce. La idea que tienen del otro es que está ahí para gestionar buenos momentos para nosotros, el otro es un mediador, es con lo que nosotros gozamos y no lo que deseamos darle al otro. Si el otro descubre en nosotros algo que también logra gestionar de su goce será un encuentro venturoso, un encuentro con futuro simple: algo pasará. Pero si se trata de una relación con futuro compuesto, perfecto, no tendré la menor idea de qué habrá pasado. Nada de acabado, sólo es perfecto la conjetura de mi angustia.

El futuro perfecto reúne el pasado y el futuro en una misma frase junto con la incertidumbre. ¿Qué explicación aclara la incertidumbre que genera? La explicación en el colmo de lo posible, lo imposible de comprobar. Hegel ubicó la contradicción del testimonio. Cuando preguntamos a alguien ¿qué sentís en este momento? y nos responde: “no es posible trasmitirlo” … pero sigue intentándolo con palabras, al final se rinde y dice: “yo ahí”. El límite mismo del lenguaje. La contradicción de intentar transmitir lo íntimo a partir de lo universal, debate en el fondo de la diferencia entre lengua y habla. El tiempo del Homo selfie, en el límite de lo decible, trata de testimoniar y estos vínculos que generan las aplicaciones de encuentros son la incertidumbre en la lengua expresable en el tiempo verbal futuro perfecto del modo indicativo.

Aparecen y desaparecen los avatars sin palabras, sólo selfies. Las aplicaciones son ventanas que se abren y cierran. La manera es simple y eficaz. Se va perfeccionando. Por algo se llaman Smart, que no es propiamente inteligente sino ingenioso, listo, astuto. El algoritmo conoce tus repeticiones, sabe lo que frecuentas por tanto podríamos decir que te conoce. Todo pareciera ocurrir sin palabras, se pasan seres humanos como books de modelos, pero lo inesperado se sale con la suya, ella encuentra una selfie con un detalle de familiaridad, ya decidió que esa apertura de ventana podría ser una posibilidad. La red da desconfianza, no por la red sino por cómo está el mundo, cualquiera se puede esconder tras el anonimato, alguna mínima señal alcanza para depositar toda la confianza allí, es este. Una breve, delirante señal de partida para que ella decida seguir adelante con una elección difícil pero fundamental para abrir las puertas de un futuro encuentro.

Ya podemos ir de un lado conociendo los avatars de gente que nunca vimos, las aplicaciones trabajan para nosotros, ¿para qué queremos la tecnología sino para hacernos la vida más fácil? Si nos buscan pareja, con quienes pasar un rato o toda la vida, ¿tendremos que ajustar la búsqueda a lo verdadero? Pero soy yo el que pone las coordenadas, ¿y quién puede describirse a sí mismo sin caer en deformaciones propias del narcisismo ya sea para el lado de la exageración o de la depreciación? Pero a pesar de todo, intentamos dar correspondencias, coordenadas de nuestra corporeidad, más allá que estemos vivos, muertos o en la nube.

La búsqueda se va sesgando por pocas variables: apariencia, última dirección reconocida, edad informada y edad buscada, inclinación erótica manifiesta y anhelos latentes. Lo manifiesto y lo latente entremezclados con variables fácilmente comprensibles. Las apps conocen la desesperación humana, la necesidad de cuerpos para gozar y el anhelo de estabilidad para el mañana. Veremos si todo será olvido, si sólo quedará la presencia de una noche que valió la pena, si la descarga fue posible en ese avatar o en ese cuerpo o en ambas cosas que estuvieron ahí. Se producen cambios en cómo pensar al otro.

Me encuentro en el aquí y ahora, que se obstina en caerse de mis manos, digo presente y ya pasó, necesito saber qué pasó en el pasado para imaginarme qué será del futuro. Pero el pasado es nebuloso, no conozco tanto a ese/esa, no me interesa tanto sin embargo el ser humano nacido en la necesidad de explicarse su destino lo lleva a esbozar alguna hipótesis: “habrá pasado esto”. No habrá chequeo de la información ni una interlocución para ponernos de acuerdo en que fue lo que pasó entre nosotros aquella noche. Trabalenguas del tiempo y del deseo: lo que siente Danny con su avatar frente al avatar de su amigo bella mujer.

¿Nuestra identidad virtual puede ser transexual? ¿No se estarán utilizando cambios producto de la lucha de género (encomiables nuevos derechos para las minorías) para permitirnos cambios de género en nuestra identidad virtual? Y con toda esta complejidad aparece el infantilismo: el avatar del otro no se dio cuenta con quién estaba. Parece gracioso si no fuera que estos pensamientos se están replicando en todas las redes del mundo. Pocos se sienten comprendidos en la naturaleza de sus necesidades. En el momento donde tenía un cuerpo en sus manos no hay palabras que permitan hacer circular un deseo. Estas apps determinan una nueva manera de pensar y de comportarnos, el otro no sabe darse cuenta con quien estaba. En la época del Homo-selfie nadie sabe bien lo que perdió del otro. La dificultad del duelo, y sin el duelo aparecen las problemáticas de la impulsividad, la debilidad mental y las enfermedades psicosomáticas que arrasan el mundo.

Ese fututo “perfecto” dificulta la relación con uno mismo, consistente en una negación del acto libre, yo podría haber actuado distinto si el otro se hubiera dado cuenta de lo que soy, si hubiera actuado distinto, me hubiera buscado mejor, me hubiera dicho esas palabras que jamás dijo. Yo actúo así porque el otro me ha perdido, las hipótesis serán imprecisas, pero la conclusión es clara, cuanto más imprecisa sean las hipótesis de lo que pasó, la conclusión será más determinante, el otro no era para mí porque el otro no se ha dado cuenta con quién estaba, y con quién estaba era lo más importante que podía tener entre manos, o sea yo.

La esposa no sabe qué pensar, ¿quién es su marido? Y como todo está como está, decide tomar una sabía decisión, y no estoy espoliando el final pues está resolución ya lo tomaron antiguamente los griegos: dejar días libres. Un tiempo estipulado donde nuestra identidad virtual pueda ser libre y liberarnos de este mundo tan lleno de agujeros prohibidos, agujeros con libreta de matrimonio y derechos civiles, agujeros colonizadores y dominados, agujeros dulces y salados, con géneros y números. Ella, a su vez, se sacará el anillo de casada e ira a levantar al pub de la esquina y él se meterá en el jueguito para tirarse de las mechas y hacer el amor en el rascacielo de la felicidad con el salvoconducto de que la identidad virtual se prende y se apaga en la paradoja del tiempo del Homo-selfie.



NOTAS

[1Black Mirror, episodio “Strikking Vipers”, es el primer episodio de la quinta temporada de la serie. Fue escrito por Charlie Brooker y dirigido por Owen Harris. El episodio se emitió por primera vez en Netflix, junto con el resto de la serie cinco, el 5 de junio de 2019.





COMENTARIOS

Mensaje de Belén  » 3 de septiembre de 2019 » belen_agrelo@hotmail.com 

Las apps actuales que, como menciona el autor, generan un (des)encuentro, posibilitan una elección de lo que se muestra y cómo se muestra, generando a su vez un recorte de nosotros mismos, un recorte arbitrario, censurado y premeditado. Esto promueve la desconfianza generalizada, el no saber con quien se está interactuando, la incertidumbre de no saber hasta donde es real lo que el otro nos revela.
Paradojalmente, a la vez que la red posibilita el ocultamiento tras el anonimato que nos habilita a ser lo que queramos ser, nos expone constantemente en un aparato que nos vigila, que tiene acceso y registro de nuestras búsquedas, preferencias, imágenes, datos personales. Nos permite creer que tenemos el poder encubrirnos tras una máscara a la vez que nos deja al descubierto por completo sin que podamos percibirlo.
El abanico de subjetividades que se desplegan de la mano del Homo-selfie crean a su vez nuevas modalidades de vínculo con un otro al que no siempre terminamos de conocer y ante el cual tampoco nos desnudamos completamente.



Mensaje de Julia Risso  » 1ro de septiembre de 2019 » juliarisso@hotmail.com 

Creo que las relaciones sociales y la identidad virtual permiten tener un acercamiento al otro, poniendo una distancia, eligiendo qué mostrar de uno y qué no.
En el encuentro real con un otro, hay muchas cosas que se ponen en juego, y creo yo, que muchas veces se mantiene en lo virtual para no encontrarse con esos miedos, deseos, ansiedades, cuestionamientos que se producen en el encuentro real.
Me parece que en el capítulo de Black Mirror algo de lo subjetivo entra en juego, y no es sólo virtual lo que ocurre, ya que hay algo de ese encuentro virtual que los moviliza como sujetos. Puede que sea del orden de la fantasía, pero creo que lo importante es que ellos mismos se empiezan a cuestionar qué es lo que está ocurriendo.
El capítulo me hace pensar que si bien uno puede querer resguardarse en lo virtual, no podemos dejar de lado nuestra subjetividad. La subjetividad no queda en segundo plano, como la sociedad actual intenta hacernos pensar.
Los personajes terminan encontrando una solución práctica a algo de índole emocional, por lo que a mi parecer puede que sea una solución momentánea, ya que lo que se movilizó en ellos no fue elaborado.



Mensaje de Thomas Rojas   » 31 de agosto de 2019 » thomasrojas95@hotmail.com 

Interesante análisis



Mensaje de Manuel Ignacio Quintana  » 31 de agosto de 2019 » manuelignacioq@gmail.com 

Interesantísimo análisis, muy valioso en estos tiempos para lograr visibilizar las consecuencias de una intersubjetividad actual. La profundidad de “Esas apps se ocupan del (des)encuentro de una porción cada vez más grande de la gestión del goce. La idea que tienen del otro es que está ahí para gestionar buenos momentos para nosotros, el otro es un mediador, es con lo que nosotros gozamos y no lo que deseamos darle al otro. Si el otro descubre en nosotros algo que también logra gestionar de su goce será un encuentro venturoso, un encuentro con futuro simple: algo pasará. Pero si se trata de una relación con futuro compuesto, perfecto, no tendré la menor idea de qué habrá pasado. Nada de acabado, sólo es perfecto la conjetura de mi angustia.” Me parece un campo con mucho potencial. Al respecto se encuentra el trabajo de Nestor Canclini “Ciudadanos por algoritmos” Que a la vez que desmitifica un poco el algoritmo, sacándolo de ese lugar mágico y de oráculo “Los algoritmos solos no son capaces de administrar esta enorme vastedad. La discusión sobre la libertad de información sigue siendo importante pero está movida de registro, hay que verla en interacción con otros procesos sociales.” También reconoce su lugar de formador de subjetividad. Las consecuencias de aquello, en la frase “la gestión del goce”, me resulta muy inquietante, cuando deje de ser futuro simple y deba revisar en mi historial de navegación para reconstruir mi historia.



Mensaje de Lourfelix  » 31 de agosto de 2019 » lour.felix@gmail.com 

Lo que me atrapa del artículo es pensar en la contradicción que se plantea de fondo: la problemática actual de la identidad virtual versus la problemática en sí misma de la identidad que no es necesariamente actual. Ambas nos invitan a un abordaje sumamente complejo de este concepto que no hace más que entramarse en redes más difusas, más flexibles e inacabadas.

¿Cómo puedo definir quién soy al mismo tiempo que estoy siendo? El autor del análisis lo expresa claramente: “La identidad te congela”. Es interesante pensar que esa idea de congelamiento nos aterra, nos angustia y, frente a esto, el análisis del capítulo redobla la apuesta: Pareciera que el ser homo-selfie que se está gestando posibilita el pensar en nuestra identidad sin cuerpo ¿Cómo puede congelarse un cuerpo que no está? Mínimamente la idea produce angustia frente a esa incertidumbre, basta con observar esto frente al interrogante que se hace el protagonista del capítulo - “¿Qué habrá pasado? La idea de extrañeza dentro de la identidad que, se supone, es lo más propio y conocido de uno. Paradojas de incertidumbre.

Entre otras líneas de análisis, el autor plantea el interrogante : ¿Qué relación existe entre esos avatars de los protagonistas y ellos mismos (en la vida “real”)? frente a esa dualidad nos encontramos nuevamente con una supuesta idea contradictoria. ¿Acaso no podemos pensar la realidad de los avatars como extensión del mundo real?

Cierro con una frase que toma el autor “La contradicción de intentar transmitir lo íntimo a partir de lo universal” intentar transmitir lo (aparentemente) intimo (del mundo real) a partir de lo universal (del mundo virtual). La dualidad parecería que desprende, como mínimo, angustia frente a la incertidumbre de un futuro de nuestra posibilidad de ser. La idea de asumirse contradicción potencia lo angustiante de no poder definirse como un ser completamente acabado, paradójica mente hablando. Frente a esto, lo ultimo que puedo agregar es que el análisis no solo invita a la reflexión sobre la identidad sino a su vez, las consecuencias de pensarse a sí mismo y producir cambios en como pensar al otro.



Mensaje de braianms  » 30 de agosto de 2019 » braianmendozasimoes@gmail.com 

La identidad virtual es una construcción social de nuestra época. Indica un tipo de relación que tenemos con la tecnología, pero tiene una característica inherente, la identidad virtual se vuelve “liquida” en el sentido que le da Bauman a este término. De igual modo estos personajes de Black Mirror podrían ser aquello que quisiesen. Del Deseo mismo que los habita, y por las facilidades de la tecnología pueden ser cualquier persona de cualquier género en cualquier momento. No serán estos fijos, serán lábiles, cambiantes. Podrán decidir ser lo que ellos quieran.

Este capítulo, al igual que otros, nos muestra la tecnología tocando el cuerpo de las personas. El cuerpo es tocado y siente lo que el avatar siente. Se transforman en “otra persona” pero continúan gozando en el mismo cuerpo. El uso de este “video juego” los toca. ¿Qué tipo de relación pueden llevar adelante? Hay una corporeidad virtual que es tocada y que goza, que permite vincular a los sujetos sexualmente en ese espacio virtual. ¿Será esta una nueva forma de sublimar un deseo que aún permanece oculto e inconsciente para el sujeto?



Película:Black Mirror: Striking Vipers

Titulo Original:Black Mirror: Striking Vipers

Director: Owen Harris, Charlie Brooker

Año: 2019

Pais: Reino Unido