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o el descubrimiento del acto ético por la lectura de ella

por Smud, Martín

Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires

Resumen

La transformación acontecerá también en el docente intentando ilustrar acerca del circuito de la responsabilidad subjetivo y al intentar ubicar la posición neurótica del niño que cubre la farsa paterna que lo llevará a la muerte, una estudiante iluminará una nueva hipótesis que cambiará todo el sesgo de la justificación dando pie a la difícil comprensión del acto ético.
¿Cómo es posible que dos miradas sobre una misma película llevan a lecturas tan diametralmente opuestas?, nos podríamos preguntar. Pero aún siendo una pregunta posible no es una pregunta pertinente pues para poder decir algo acerca del acto ético resulta necesario esta pirueta en el aire que nos asombra tantas veces como la hemos hecho y que no se la puede planificar con antelación.

Palabras Clave: responsabilidad | ética | película | personajes

A los estudiantes que con sus miradas descubren una nueva visión del mundo

Es una película (Dirección Mark Herman, con Vera Farmiga, David Thewlis y otros, EE.UU y Reino Unido, 2008) que no tiene desperdicio, todos los personajes se transforman, ninguno queda igual durante esta hora y media que refiere un “ascenso” de un militar nazi que pasa a ser el superior de un campo de detención y exterminio nazi. Nada se sabe de su actuación para llegar a semejante cargo pero decide mudar a toda su familia allí desde un principio llevando adelante una mentira, la farsa de hacerles crear a sus hijos y a su esposa de que se trata de un campo modelo de detención de combatientes enemigos.

La transformación acontecerá también en el docente intentando ilustrar acerca del circuito de la responsabilidad subjetivo y al intentar ubicar la posición neurótica del niño que cubre la farsa paterna que lo llevará a la muerte, una estudiante iluminará una nueva hipótesis que cambiará todo el sesgo de la justificación dando pie a la difícil comprensión del acto ético.

¿Cómo es posible que dos miradas sobre una misma película llevan a lecturas tan diametralmente opuestas?, nos podríamos preguntar. Pero aún siendo una pregunta posible no es una pregunta pertinente pues para poder decir algo acerca del acto ético resulta necesario esta pirueta en el aire que nos asombra tantas veces como la hemos hecho y que no se la puede planificar con antelación.

El acto ético no se puede definir con antelación, necesita esta doble lectura, por una lado la lectura donde un sujeto se sacrifica para cubrir la falta del Otro, dicho en criollo se sacrifica por lo considera valioso, por el amor a sus padres, por la consideración de lo sagrado, que podría definirse como la neurosis. Dios es la Neurosis, el padre es la Neurosis, sostiene Freud. Esto que pareciera cercano al delirio, Antígona, una niña de catorce años y en cuya obra se abreva para explicitar lo que se pueda considerar como acto ético, lo dice con todas las letras: “me debo a los que están muertos, mucho más que a los que están vivos”. Ella va hacia su muerte impulsada por los muertos, entonces ¿qué lectura más inesperada nos puede llevar a comprender sus acciones como las de un acto y pensar que hay algo allí que supera esa primera intención de tapar las faltas del otro? Agregando un poco con humor que su padre es Edipo quién todo el tiempo erra el camino que lo separaría de la prohibición del incesto y lo lleva a mirar tan de cerca su destino que decide mirarlo extirpándose la visión. Y ya ciego se destierra de la ciudad siendo acompañado por sus dos hijas que lo guían como lazarillos hasta su muerte en el más allá de Colono.

“El niño con el piyama a rayas”, Bruno tiene aún menos edad que Antígona, entonces ¿puede un niño que aún no está en edad que pueda ser imputado jurídicamente y convertirse en una ilustración de lo que puede considerarse como acto ético? ¿Y encima gracias a la mirada atenta de una estudiante que ha mirado la película con una lectura singular?

Y con la salvedad también que el lugar de lectura era hacia la explicación de que Bruno actuaba siguiendo un decurso neurótico y de repente ese giro inesperado y da una ilustración que permite percibir el acto ético que llevó a cabo Bruno.

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— ¿Cuántos personajes se pueden tomar para analizar?

— Bruno, el padre, Samuel (el alter ego de Bruno), la madre. Hay que tomar una primera decisión, elegir un personaje, llevar una película a vuestra película.

— ¿Qué personaje quieren tomar? La madre, en un momento mira la chimenea del campo de exterminio, hasta ahí no tenía claro de qué se trataba, el segundo del comandante, de su marido, le dice: “es peor el olor cuando los ves quemándose en vivo y en directo”. La madre queda estupefacta, el militar se desconcertado: ¿no sabía nada? Cuando no puede más hacerse la boluda, y no le queda otra alternativa que saber que su marido es el jefe de un centro de exterminio tendrá increíbles transformaciones. Siempre se encontraba bien vestida y peinada y desde ese momento todo su aspecto cambia, no acepta lo que su marido hace, no se trata de guerra, no se trata de prisioneros de guerra sino de exterminio racial contra los judíos alemanes, polacos, franceses.

El olor a carne quemada no solamente se veía desde la casa donde vivía toda la familia sino que el olor se esparcía por cada recoveco de la casa, ese olor inolvidable que quienes lo hayan sentido no queda pegado a las fosas nasales.

La hermana llega como una nena pero, en poco tiempo, también se transforma, deja de ser lo que era, abandona las muñecas y se vuelve una simpatizante nazi con ese fanatismo que sólo pueden tener los púberes colgando posters en su habitación de Hitler y de sus “hazañas” y enamorándose del segundo del auxiliar del comandante, el mismo que le hizo el comentario a la madre que la hace cambiar absolutamente su posición en relación al marido comandante.

El comandante marido le pregunta a su esposa cómo se enteró y está le dice que fue este joven militar el que le abrió los ojos y ahí acontece una escena donde por azar descubre que xxxxx tiene a su padre, que es un docente y que no es simpatizante nazi y que ha escapado de la Alemania nazi y le dice que su obligación era anoticiar a sus superiores de la condición de su padre y esta falta que le dice la esposa es la misma que tiene el comandante con su madre que tampoco es simpatizante nazi es la que lo lleva a ser expulsado de la casa y mandado al frente de combate donde seguramente será acribillado. No hay más que crueldad en el comandante que en un mismo acto destroza a su hija, a su mujer, y a este joven que no había denunciado a su padre cómo el mismo no había denunciado a su madre.

Un personaje interesante es el comandante, es como Creonte, es que marca las reglas, el que se mantiene impertérrito, siempre igual a sí mismo, el cambio es drástico cuando tiene la certidumbre que su hijo ha sucumbido en la cámara de gas, cuando percibe la tragedia grita el nombre de su hijo y ese nombre retumba por todo el campo de exterminio. Ya no se puede hacer nada, la retaliación, lo que ha hecho a tantos millones de personas retorna en su hijo de 9 años que intentando salvar al padre de su amiguito judío Samuel, va en su búsqueda en el campo de concentración y termina en la cámara de gas como su nuevo amigo.

Lo que vuelve a esta película tan lírico y aterradora es que existen dos ejes al mismo tiempo: la relación de amistad entre estos chicos, una ternura inigualable que encontramos en esa amistad y la relación de un hijo y un padre. Depende cómo nos posicionemos el vaivén va para un lado o va para el otro. Si ubicamos el eje de Bruno con el padre comandante, veremos que nos permite pensar en el decurso neurótico donde el hijo intenta cubrir con su vida las faltas del padre pero si nos ubicamos del lado de esta amistad entre dos chicos, la lectura resulta inesperada, como nos anotició esta estudiante, nos permite pensar en la difícil y siempre escurridiza noción de acto. Bruno, todos se lo dicen es un explorador, y las enseñanzas que les imparten todos sus seres queridos y el docente particular que viene a su casa a darles clase, es que todos los judíos son personas viles, inhumanas, que merecen morir por su condición animal, ¿Cuándo él esgrime una duda, le dicen que si el lograra como explorador demostrar que hay un judío que no fuera vil e inhumano, se convertiría en un gran explorador.

Los que le dicen esto no saben las consecuencias de lo que están produciendo en el niño y en esta amistad que está surgiendo. Bruno tampoco se da del todo cuenta de que si el descubre al menos un judío que no sea merecedor de la muerte, todo el entramado racial nazi se iría a la mierda, sería simplemente una excusa para matar gente, un genocidio criminal e humanamente imposible de justificación.

Toda la farsa del régimen nazi cae cuando el comandante padre grita Bruno delante de lo inapelable que produce sus actos criminales de lesa humanidad. Cada personaje muestra sus quiebres en cada uno de los personajes.

-2-

Esta es una película límite, los sentimientos que nos despiertan son límites, por un lado la lástima, la vergüenza, el asco, la culpa, lo nausebundo, estos son los indicadores situacionales de los límites de nuestra condición de seres humanos. Cada cual con su contraparte y su función de retorno de lo reprimido. Pareciera un tema complicado de explicar pues resultaría necesario quizás todo un seminario anual para cada uno de estos términos. Freud y el retorno de que produce Lacan a la lectura freudiana lo retoma para explicar una elipsis a la altura del seminario 10 que tiene una pertinencia clínica evidente y fundamental.

Cómo explicar brevemente los cinco pisos de los límites de la condición humana en su relación con el otro en un breve escrito motivado por la pregunta de otra estudiante que ahora levanta la mano y sostiene que no le da lástima la madre pues ella antes de tener certeza por el olor nauseabundo que sale de las chimeneas por la incineración (porque no es cremación) de seres humanos asesinados pues sostiene que ella antes de eso sabía.

El desafío de la exploración nos lleva por lugares difíciles de atravesar pero que llegado un punto nos animamos aunque resulte siempre una tarea incompleta y fragmentaria pero de cualquier manera estos indicadores nos guían en la lectura de cualquier film o lectura clínica que realicemos, así que su importancia

Hay pocas palabras tan fuertes como la lástima, hay cinco palabras fuertes como la lástima. En la clínica aparecen y cuando aparecen nada es igual, sostiene Lacan que estas son los faros que debemos seguir para no perdernos en el berenjenal de palabras que constituye un discurso.

La lástima es un indicador situacional límite de algo que no se puede separar. En una pareja se evidencia esa lástima que siente ella por él, ¿qué será de él cuando no esté conmigo? La lástima me hace permanecer a su lado sintiendo lástima por la lástima que siento que no me deja separarme de quién si me separara tendría que ser muy cruel para dejarlo en la estocada. Es una paradoja que lleva implícito la angustia. No hay salida, de un lado la crueldad necesaria para separar dos cosas que estaban juntas y habiendo vivido toda la historia que hemos vivido juntos, por el otro lado la lástima de que será de él o de ella, y también qué será de mí y de mi lástima. Se multiplicará de tal modo que me sea tan insoportable que prefiera seguir con la relación antes de sentir semejante sentimiento.

Otro sentimiento que es una brújula de los límites del aparato psíquico es la vergüenza. Freud la llama pulsión de exhibicionismo, Lacan la denomina pulsión escópica, hay una hiancia en el objeto mirada que separa la visión de la mirada. Por eso, Tiresias puede mirar porque no ve, puede mirar los hilos del destino porque está sesgada su mirada, porque es ciego. El punto de esquicia entre mirar y ver lo ha desarrollado Freud en el texto: El hombre de arena.

Existen cinco pisos, dos dependen de la demanda, y dos con el deseo, en la cúspide: el sentimiento hermafrodita, el sentimiento de los todos los sentimientos, el gran generador de nuestra humanidad: la culpa. Quien está primero: ¿el sujeto o la culpa? La culpa es causa de un sujeto, pensarlo así nos haría caer encima toda la caterva del mundo psi, pues pensar en los comienzos está la culpa nos acerca a una mirada religiosa pero la filiación humana se transmite a partir de una culpa: los antropólogos hablan de un pasaje de la naturaleza a la cultura, los psicoanalistas sostienen esa culpa ligada a deseos prohibidos que deben ser rechazados a otra dimensión,

Ahí está la famosa frase del seminario 7: “Una revisión ética es posible, un juicio ético es posible, que representa esa pregunta con su valor de juicio final._ ¿Ha usted actuado en conformidad con el deseo que lo habita? Esta pregunta que no es fácil sostener…” [1](Lacan, Jacques, 1960).

La comprensión de esta frase es oscura, la mayoría del tiempo se está cediendo en el deseo, el deseo tiene esa condición de cederlo, no quiere decir de querer cederlo, el deseo va de uno en otro, de una capa o otra, de un rizoma a otra, repercutiendo en los cortes y en las perspectivas, quien ha cedido en su deseo se ha convertido en un ser humano, entonces qué quiere decir que lo único de lo que se es culpable es el de haber cedido a su deseo. El problema no sería entonces ceder en el deseo sino errar el camino del deseo, ceder en el deseo es estar en el camino del deseo, pero errar el deseo es mucho más complejo porque se puede no volver a reconocer el camino del objeto del deseo. Y pero tienen razón al dudar sobre las consecuencias de ese ceder al otro, pues estamos en el camino de la culpa, tantas formas diferentes del ceder son también las diferentes formas de la culpa. La culpa se siente, se atesora, se proyecta al otro, hay personas especializadas en hacer sentir culpable al otro, la culpa nos congela, nos niega, volvemos a intelectualizarla una y otra vez intentando domesticarla, esto nos lleva a pensar, a tomar una decisión, a responsabilizarnos y actuar, y producir una diferencia con el tiempo anterior. Ya no se trata solamente de la culpa sino de su anverso, un tema trabajado por muchos psicoanalistas y que aparece en forma autártica en la clínica.

Lo ha estudiado mucha de la psicología es justamente todo lo que se puede hacer con la culpa: proyectarla, negarla, intelectualizarla, y se puede matizar; su grado superlativo sería esas personas que sienten culpa por todo, los famosos culpógenos, sienten culpa de estar vivos, o están aquellos que niegan todo lugar a la culpa y se manejan exhibiéndose frente a los otros sin culpa, como sin temer las consecuencias que sus actos provocan. El momento donde la culpa se transforma en otra cosa, se vuelve condición de posibilidad de un acto que conlleva la responsabilidad de un sujeto frente a su falta, que no irradia culpa sino los efectos de su propia hiancia, de su propio corte, de su propia vastedad castrada y no por solamente encontrar la falta en sí sino por encontrar la falta del otro y no desfallecer frente a esa sensible evidencia.

La culpa nos persigue, por haber hecho lo que hicimos, por no haber hecho lo que deberíamos haber hecho, por haber desear hacer lo que jamás haremos, la maldita culpa tiene miles de recovecos como el agua del manantial sortea cualquier obstáculo para llegar adonde el terreno psicológico nos permita.

Faltan otros pisos, ya no del lado del deseo sino del lado de la demanda. ¿Cómo se definen las histéricas según Freud? De muchas maneras, pero hay definición que nos viene al tema, y es que una histérica siente asco a la altura de la sexualidad, quizás esto sí pero ante esto responde con asco. Y el asco aparece a la altura de su oralidad que no es solamente su boca pero ante todo pasa por la boca, son palabras, acciones, miradas que se mastican, chupan, relamen. El asco tiene sabor, está acá.

Y los histéricos se preguntarán que hay del lado de los neuróticos obsesivos, y ya nos imaginamos la zona erógena que está implicada, porque cada piso está circunscripto por un agujero: la boca, el falo, los ojos, la piel y en este caso, el gran agujero: el ano, el culo. Que más que un agujero está al borde se ser considerado por todas las culturas como un significante. Y ¿Por qué pasa esto? Las explicaciones pueden ser muchas, pero ya que hace años me autorizo a escribir y escribir significa decir algo, diré: el ano no es tanto un agujero como un movimiento de caída. Por eso a diferencia de los otros indicadores de la angustia, debe ser planteado por un movimiento de caída, de lo brilloso, de lo agálmico, de eso que cuando se tiene se las tiene todas, y en un movimiento de caída ininterrumpida cae a lo nauseabundo: a lo más oloroso, a lo que no se puede tocar con las manos sin que seamos tachados de inhumanos. ¿Qué cosas no se pueden tocar con nuestras manos?

No se pueden tocar los muertos, la mierda, la madre. La necrofilia (atracción por los muertos), la coprofilia (atracción por las heces) y el “incestofilia” (atracción por la madre) son los grandes temas que no se pueden tocar con las manos. Algunos se preguntarán que tienen en común y es justamente este movimiento de caída y esa atracción por la caída. Por ejemplo, las heces, el psicoanálisis explica en forma descriptiva ese movimiento: la primera caca del bebé tiene nombre propio: el meconio que es demandado por los padres como la llegada del mesías en la Antigüedad: “El bebé me hizo caca”, de ese objeto oscuro, gelatinoso, agálmico, donde se espera el comienzo de un fructífero destino de muchas cagadas porvenir, debe una vez que comienza la serie de las cagadas debe ser mandado a lo nauseabundo, a lo que no se puede tocar. Los padres preguntan qué hacer con sus hijos a quienes les gusta jugar con su mierda con plastilina de color marrón y solamente están preguntando para que les digamos que deben intercalar entre esas manos infantiles y ese atractivo sorete el imperativo de una prohibición.

El obsesivo juega con sus heces, las atesora, las cuida, las reserva, Freud genialmente produce unas equivalencias increíbles: sostiene que esas heces pueden ser intercambiables con otros objetos, y siempre me llamó la atención esas equivalencias con por ejemplo el dinero. Poner en relación a la mierda con el logro humano que implica el desarrollo del capitalismo y del intercambio mediante un papel validado por un estado que a su vez tiene otro papel de resguardo, que es el colmo de lo que se quiere atesorar porque el tenerlo y el no tenerlo, nos vuelve de una manera o de otra. El dinero nos hace caer, siempre nos hace caer, hacemos tantas cosas para conseguirlo, somos capaces hasta de trabajar para conseguirlo, jaja. Pero mucho más de eso, de matar, de sobornar, de traficar, de ceder nuestro deseo al altar del gran dios dinero. Y estamos jugando todo el día con dinero. Siempre me dio curiosidad los seres humanos que no usan billetera, que llevan el dinero “a capella”, que pagan sacando el dinero como fajos en un bolsillo y lo llevan acomodado por valor hasta el punto que para pagar algo tienen que mostrar todo el fajo.

El objeto anal, a diferencia de objeto oral, fálico, escópico, invocante produce repulsión, no es solamente esa intocabilidad sino se trata de ese movimiento de caída, de lo más brilloso y deseado a lo que no se puede tocar. La madre es un ejemplo que quién es madre no ha dejado de percibir, de ese lugar preferencial con su hijo varón debe caer al bajo fondo de lo que no se da bola, la condición masculina implica ese movimiento de caída de alimentarse de la madre a matarla de hambre de amor, ninguna madre a dejado de resultarle al menos enigmático ese cambio en la asunción de la masculinidad. Es como si la madre caída fuera condición de asunción de algún tipo de rol masculino. Otra de las equivalencias simbólicas que ubica Freud en relación al objeto anal, dijimos el dinero y ahora agregamos al hijo. Para una madre se trata de ese movimiento de caída que cuando no acontece deja al niño en dificultades de asunción de su relación con el otro sexo.

Lacan en el seminario de la angustia desarrolló estos pisos, y hasta se da ciertos lujos de ubicar a la histérica en el piso que enfrenta el objeto oral con el objeto invocante, y al neurótico obsesivo ligándolo en la correspondencia entre la pulsión anal y la pulsión escópica. Y dejando afuera de esa correspondencia al objeto fálico que queda en lo alto de esa media elipsis.

-3-

¿Cuál es la relación entre culpa y responsabilidad en el caso de Bruno? Un chico intentando comprender su mundo, hasta el punto de tomar una decisión, ir en búsqueda del padre de Samuel, pero la pregunta sigue en pie: lo realiza por culpa y en este caso para tapar las posibles culpas de su padre o se trata de un acto de responsabilidad de intentar encontrar al menos un judío que no sea malo. La pregunta nos ha conmocionado a mí y a todos los estudiantes que escuchamos la disputa entre estas dos posibilidades. Es Bruno un chico que intenta tapar las posibles fallas del padre y se anima a entrar al campo de concentración porque en una escena anterior había espiado una reunión donde su padre mostraba lo bien que se trataba a los reclusos en el campo de concentración dónde hasta había una cafetería para tomar café con masitas, esta lectura está sostenida cuando Bruno ya vestido con el “piyama a rayas” pregunta a Samuel donde está la cafetería, al descubrir que no era tan lindo el lugar cómo lo había mostrado su padre a las autoridades para encubrir la verdad de que se trataba de un campo de exterminio. O ¿es Bruno con su acto de “pasar al otro lado” el que muestra de que no todos los nazis son culpables de las atrocidades cometidas?

La relación entre culpa y responsabilidad. Una problemática en la que debemos mostrar ambas posibilidades pues se trata de:

“Por lo que la respuesta esperable queda supeditada a ese pasaje por la culpa; en la que ya no cuenta la intención y la pretendida autonomía de la conciencia, pues introduce una dimensión deseante más allá de ella. La culpa es en este sentido, una condición para el circuito de la responsabilidad subjetiva: es una condición sin clivage, Es la culpa, lo que ob-liga responder.” [2]

En el circuito de la responsabilidad, es necesario ubicar varios movimientos pero el fundamental es el instante de la transformación. Borges decía que una vida se podía describir a partir de un instante, el instante en que uno sabe de alguna manera quién es en su destino, o sea cuando su destino lo atraviesa y lo deja marcado con un antes y un después.

“Comprendió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva adentro. Comprendió que las jinetas y el uniforme ya le estorbaban. Comprendió su íntimo destino de lobo, no de perro gregario; comprendió que el otro era él. Amanecía en la desaforada llanura; Cruz arrojó por tierra el quepis, gritó que no iba a consentir el delito de que se matara a un valiente y se puso a pelear contra los soldados, junto al desertor Martín Fierro”. (Borges, Biografía de Tadeo Isidoro Cruz, Aleph)

Este momento de inversión, de cambio de destino, tiene varias escenas y varios personajes que lo atraviesan pero sobre todo uno: la madre de Bruno cuando descubre la chimenea donde sale el olor a carne humana quemada y, en ese instante, descubre tanto su infantilismo negacionista como el engaño de su marido que por el ideal de la familia unida la había llevado al borde del abismo y que esa mudanza y esa unidad familiar terminará mal, no sabe que su hijo morirá en las cámaras de gas y que esa muerte descubrirá también de manera inopinada a excelente explorador: ha encontrado al menos un nazi que es no sea un reverendo hijo de puta.

El comandante vende su ideal de familia, engaña con ese supuesto progreso laboral y esconde la verdadera naturaleza de su empresa por temas de seguridad de estado. La farsa del progreso laboral, la única ventaja que tiene es que no tiene la obligatoriedad de la delación de quienes no son nazis en la familia, el comandante queda eximido de tener que decir a sus superiores que su madre está en contra de la política de exterminio y su ideología, está en contra de su hijo por más que participa de las fiestas familiares y cuando muere por una bomba de la guerra, su hijo niega a su mujer que sostenga en público su ideología contraria al nazismo. Su esposa ya es otra, ya se ha transformada y el marido acepta que es tiempo que su familia se vaya de esa casa cercana al campo de exterminio pero ya es tarde.

Al expiar al padre, por la ventanita de arriba de la puerta, Bruno observa la mentira de la propaganda acerca de lo bien que trataban a los prisioneros en el campo de concentración, cuando el padre sale de esa reunión, el hijo abraza al padre, había dudado de él. Sus sospechas no tenían asidero, esa mentira llevarán a Bruno en una primera lectura ligada a la culpa que siempre se trata de hacer algo con la culpa, como sostiene D Amore, se la puede negar, intelectualizar, intensificar hasta el límite de volvernos culpógenos o todo lo contrario podemos proyectarla al otro para sacárnosla de encima. En cambio, la responsabilidad es bien otra cosa, Bruno pasa del otro lado de la reja confiando en el padre, podríamos pensar que aquí estriba una lectura neurótica de la situación donde la culpa tiene un lugar central.

Para intentar la comprenhensión no ya de la película sino de nuestra lectura del film sería conveniente encontrar un significante que podría ser “espiar”, Bruno espía a su padre, esto tendrá consecuencias en el segundo tiempo donde al comprobar que lo que había espiado no era así, que no había ni confitería, ni se trataba bien a los prisioneros sino todo lo contrario, Bruno pasa a “expiar” las culpas del Otro. Expiar se define según el diccionario como: sufrir un castigo por haber cometido un delito, falta o culpa. Se trata de la culpa del otro aunque el diccionario no lo diga así. Bruno en esta primera lectura paga con su vida por las culpas del otro pero en esa muerte aparece algo inesperado que tendremos que esperar un rato para poder desenterrar.

Es una estudiante quién descubre esa posible lectura que va más allá de lo que termina como un juego de dos tiempos del significante espiar al padre, expiar por el padre. Hasta acá todo cerraba, Bruno salta al otro lado, se mete al centro de exterminio, sin saber del todo de qué se trataba, a buscar al padre de Samuel. Aquí también podemos seguir con nuestro análisis del decurso neurótico y sostener que Bruno se mete como espía en el campo del enemigo, ¿quién es un espía? Alguien que se pone la ropa del otro pero sin dejar de ser quién es. Bruno es llevado por su pulsión escópica, por su pulsión de ver qué estaba pasando del otro lado pero sin dejar de ser quién era, el hijo del comandante del centro de detención y exterminio. Pero algo no saldrá como lo hubiera esperado.

Como hipótesis clínica, podríamos sostener que Bruno no hubiera muerto si seguía sospechando del padre, espiar al padre lo llevo a su perdición pero en su muerte acontece algo inesperado. Observar algo que no tiene que ver lo lleva a meterse en el campo del otro, a exacerbar esa pulsión de ver. Pero esta lectura ligada a la culpa, de repente deja paso a otra lectura, a un efecto sujeto donde se plantea las nociones de deseo, responsabilidad, coraje civil, ética. Esta identificación entre ambos chicos y ambos padres permite sostener un más allá de la culpa, el ir a buscar al padre del otro, permite pensar que algo se escapa de ese significante y desentierra una lectura distinta ligada a la responsabilidad y a la muerte de Bruno como un acto ético de una envergadura que nos emociona.

¿Qué pasa si se enteraran que vuestro padre es un torturador, en el caso de Bruno, el comandante de un campo de tortura y exterminio? Una posibilidad es que se cubra al padre, se lo niegue, se lo inletectualice pero también hay otras posibilidades… Tenemos el caso de Mariana Etchecolatz que decidió cambiarse el apellido, su padre fue un tremendo asesino, se ufanaba a la manera de Camps de haber matado cinco mil personas, por algo había sido su mano derecha. Mariana su hija biológica, decidió pedir a la justicia y esto paso la semana pasada que le permitiera cambiar su apellido y todo salió a la luz en la marcha contra el 2x1 que había firmado la Corte suprema de justicia, Mariana logró su cometido cambiándose su apellido y sostenía que su padre se tendría que pudrir en la cárcel.

Pero algo sale de lo esperado, Bruno descubre por intermedio del deseo del otro, del deseo de Samuel en búsqueda de su padre, la dimensión de la responsabilidad. Hay una escena que acontece entre el hijo y la madre: ésta le dice que es un buen explorador y el maestro privado le duplica esta cuestión le dice que si encuentra un judío que sea bueno se va a convertir en el mejor explorador. O sea que Bruno si encontrara al menos un judío que no fuera tiraría a la mierda la regla que todos los judíos o sea el pueblo judío es malo. Por acá va el camino de la responsabilidad, lo inesperado. En este sentido, Bruno va al campo del otro para descubrir que su amigo judío y su padre no son malos para convertirse en un buen explorador pero más que ello para tirar abajo la lógica de todo el pueblo judío es malo, lógica que sostiene al régimen nazi que no pregunta acerca de ninguna singularidad y solamente por la portación de “raza” merece la muerte. Al pasar por debajo de la reja y entrar al campo de concentración, desde esta lectura, alejada totalmente de Bruno como sacrificándose para tapar la culpa del otro, realiza el movimiento contrario, se responsabiliza de su deseo de explorador buscando encontrar algo novedoso que tire abajo todo lo sostenido por el maestro que es un subrogado paterno acerca de todo el pueblo judío como merecedor de la muerte.

Bruno va en búsqueda de una verdad produciendo un acto ético cuando atraviesa ese límite, produciendo algo nuevo, en ese sentido cuando pregunta acerca de la confitería y descubre que ella no existe habría podido volver atrás, sin embargo tiene un momento de duda pero decide seguir a su amigo. Se trata de un acto ético alejado de la lectura primera pensada del lado de la culpa, el expiar al otro. Al morir, su acto desarrolla un nuevo silogismo, cuando su padre hecha un grito al aire de la desesperación, descubrimos que Bruno es un explorador que ha conseguido una nueva verdad: no todos los nazis son al menos colaboracionistas en el exterminio de la humanidad del otro.

Y ahí, una estudiante con voz segura nos abrió los ojos, Bruno desde el principio no está de acuerdo con la hipótesis de querer englobara todos en un mismo grupo: los judíos son esto, la familia debe estar siempre junta, y ahí, ella encontró una frase: encontrá un judío bueno y vas a ser el mejor explorador. Ese encuentro que aconteció un mediodía de un jueves de junio no me dejó igual y fue el motivo para que hoy escriba este texto. Encontrá una alumna que te dejé sin palabras y tiré abajo toda la construcción ligada al recorrido de la culpa y deje ver que el camino del acto ético, no solamente para el docente sino para toda la comisión, mostrando que el acto ético no puede ser enseñado, que podemos llegar al borde de la explicación hasta que aparezca esa voz de otro que nos abra la puerta de una nueva explicación.

Lo que intenta encontrar Bruno es un caso, es un singular por fuera del universo. En este sentido, se trata de la responsabilidad como diferente al camino de la culpa pero atravesándola. Podría tratarse del camino de la culpa hasta que vino la voz de ella a cambiarnos la mirada y dejarnos ver que se trata del acto ético de Bruno. Se trata de una lectura suplementaria. Pero tampoco nos resultaba fácil comprender que es esto de lo suplementario. Tuvimos que hacer este vuelco, este cambio de tesitura, este cambio de mirada y de perspectiva pero una lectura no es sin la otra, porque si tomamos solamente el camino del acto ético, tampoco podríamos olvidar que es el eje de la neurosis donde se posibilita esa grieta por donde se instaura el acto ético.

Bibliografia

Lacan, Jacques: Seminario 7: la ética del psicoanálisis, (1960), edit. Paidós, Buenos Aires, 1era impresión. 1988, pág. 373.

D’Amore, Oscar; Responsabilidad subjetiva y culpa (2006), revista Aesthethika, Volumen 8, Número 3, julio 2013, N en http://www.aesthethika.org/Responsabilidad-subjetiva-y-culpa, pag. 37

Borges, Jorge Luis, "La biografía de TAdeo Isodoro Cruz" en El Aleph, editorial Alianz, Buenos Aires, ISBN: 9788420633114.

Film: El niño con el piyama a rayas, Dirección Mark Herman, con Vera Farmiga, David Thewlis y otros, EE.UU y Reino Unido, 2008.

Jinkis, J. (1987). Vergüenza y responsabilidad. En Conjetural, número 13. Editorial Sitio. Buenos Aires.

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra, Eudeba, Buenos Aires, 1998.

Salomone, G. Z. (2006). El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos, Letra Viva, Buenos Aires, 2006.



NOTAS

[1Lacan, Jacques: Seminario 7: la ética del psicoanálisis, (1960), edit. Paidós, Buenos Aires, 1era impresión. 1988, pág. 373.

[2D’Amore, Oscar; Responsabilidad subjetiva y culpa (2006), revista Aesthethika, Volumen 8, Número 3, julio 2013, N en http://www.aesthethika.org/Responsabilidad-subjetiva-y-culpa, pag. 37,




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Película:El niño con el pijama de rayas

Titulo Original:The Boy in the Striped Pajamas

Director: Mark Herman

Año: 2008

Pais: Reino Unido