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Amor, odio, sexualidad y muerte en el tumultuoso tránsito por la adolescencia

por Otaño, Sergio

Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires

Resumen

La vida psíquica transita por momentos en los cuales el sujeto debe tratar de inscribir, incorporar y metabolizar lo heterogéneo, para, de ese modo, re-organizar y des-ordenar lo previamente establecido. En la adolescencia, la metamorfosis del propio cuerpo y la brusca irrupción de la pulsión genital, sumado al duelo por la pérdida del cuerpo infantil, instalan el trauma puberal. El adolescente está condenado a abandonar el cuerpo infantil, a abandonar la escuela y a abandonar el hogar parental. Sufre, como señala Wasserman (2005), una suerte de destierro que lo conduce al andar errante y a la exploración de nuevos espacios subjetivos. El presente trabajo se propone reflexionar sobre lo que puede acontecer cuando el adolescente explora esos espacios junto con otros pares, "en banda", especialmente cuando sigue mandatos familiares signados por el odio y la violencia. Todos estos ingredientes mencionados, se encuentran presentes en la película Romeo y Julieta dirigida por Franco Zefirelli, basada en la obra homónima de Shakespeare (1968). El abordaje, desde una perspectiva psicoanalítica, se expone con un carácter descriptivo a través del análisis teórico basado en los autores René Kaes, Piera Aulagnier, Janine Pujet y Mario Waserman, entre otros.

Palabras Clave: Historización | transmision-intergeneracional | exogamia | resposabilidad

Introducción

El encuentro entre Romeo y Julieta, se produce en circunstancias tanto fortuitas como prohibidas, es decir, algo de la ley y de la transgresión están en juego. Romeo pertenece a la familia Montesco, mientras que Julieta es miembro de la familia Capuleto, ambas familias se profesan un odio mortal y a menudo dirimen sus disputas derramando sangre con sus espadas. Tras años de sangrientas contiendas, Escalus, el príncipe de Verona, les ordena a ambas familias abandonar los enfrentamientos violentos bajo pena de muerte. Romeo, movido por el fuego de la pasión, siente una gran atracción por Rosalina –de los Capuleto-, de modo que, en compañía de sus amigos Benvolio y Mercucio, asiste a una fiesta de máscaras en casa de los Capuleto. Tanto lo peligroso de la excursión, como lo prohibido –en este caso por la familia- son grandes catalizadores del deseo y estimulan la vida amorosa. Si bien Romeo iba en busca de Rosalina, a ver a Julieta queda perdidamente enamorado de ella:

¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? ¡Es el Oriente y Julieta, el sol! ¡Surge esplendente sol y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, eres más hermosa que ella! Shakespeare (1983).

Estas palabras ponen de relieve lo que Freud denominó sobreestimación del objeto y Lacan llamó sublimación, una condición en la que el objeto de la pasión amorosa adquiere una significación especial. Se puede reconocer, cómo el fuego puberal que mueve a Romeo se convierte en una corriente tierna, de fin sexual inhibido, en el que se idealiza al objeto de amor, tras la desexualización de lo genital incestuoso. En efecto, de acuerdo con Freud (1912), "toda vez que el objeto originario de una moción de deseo se ha perdido por obra de la represión suele ser subrogado por una serie interminable de objetos sustitutos, de los cuales empero ninguno satisface plenamente".

Desarrollo

La confluencia de las dos fases de la sexualidad propuestas por Freud –la infantil, auto-erótica y la adulta-, señala Córdoba (2013), constituye un acontecimiento nuevo, que no decreta el fin de la sexualidad infantil, sino que, meramente la eclipsa, por un efecto de fascinación de lo nuevo. Plantea un entretiempo en el que se juegan los procesos psíquicos correspondientes a tres tiempos lógicos: lo puberal, lo adolescente y la juventud. El hallazgo de objeto de la sexualidad adulta, para Freud tiene dos modalidades: por apuntalamiento y narcisista. Córdoba propone una tercera modalidad, por alteridad; asimismo, plantea que la creación del objeto es una actividad propia del sujeto. El adolescente se distancia de los objetos primarios –padres-, y, además, los cambia, los sustituye por otros –Romeo cambia a Rosalina por Julieta-. En este sentido, se puede señalar que tiene lugar una delimitación entre la sexuación endogámica, enlazada a la sexualidad familiar, inscripta por medio de los cuidados parentales –caricias, miradas, palabras- que prolongan lo infantil, de la sexuación exogámica propia de lo adolescente, creada en el espacio extrafamiliar a partir de una nueva vincularidad. El autor plantea que lo puberal, es una fuerza anti-separadora, que busca la repetición de una experiencia de complementariedad, mientras que, lo adolescente, es una fuerza que separa, que promueve la búsqueda de lo nuevo. Se reconocen tres dimensiones de la subjetividad: intrapsíquica, que consiste en el conjunto de representaciones inconscientes que conforman el mundo interno del sujeto; intersubjetiva, que corresponde al intercambio vincular entre padres e hijos, pares y otros del mundo relacional del sujeto, tales como maestros; y transgeneracional, que consiste del lazo de unión con la cadena generacional, abuelos, bisabuelos, etcétera. En diversas escenas de la película se ponen de relieve estas dimensiones de la subjetividad respecto de los padres, los pares y los mandatos transgeneracionales.

El proyecto identificatorio, señála Aulagnier (1991), permite dar cuenta de la inscripción de temporalidad en el psiquismo, la relación con el tiempo futuro, con el por-venir. En este sentido, se puede pensar al Yo, como un agente productor de historia. En la niñez, el infans no tiene un registro ni de la alteridad del otro, ni del objeto. Sin embargo, como señala Winnicott (1979), siempre que haya una madre “suficientemente buena”, que responda a las necesidades del niño en el momento oportuno, las repetición de experiencias de satisfacción del infans serán vividas como creadas por él mismo, por su deseo. La adolescencia, en cambio, es un momento de crisis acompañada por una urgencia de transformar y de crear, es una puesta en desorden del cuerpo, de la identidad infantil, del orden familiar y de la posición generacional. Pero, ¿Cómo se apropia el Yo de esta potencialidad de crear? Lo hace por medio de dos procesos psíquicos: identificación y sublimación.

La identificación permite que el Yo se apropie de un rasgo, un aspecto, un atributo de ese otro, cuyo investimento libidinal debe resignar. De este modo, reemplaza una elección libidinal por un investimento yoico, así, el Yo se instala como objeto de relevo que permite compensar la pérdida. El Yo se enriquece al apropiarse de la potencialidad del otro y transformarlo en un recurso propio. El adolescente se identifica con la potencialidad simbolizante de un otro que garantizó que esa experiencia fuera posible desde un espacio vincular. Asimismo, la subjetividad, por medio del proyecto identificatorio, establece la sublimación como un nuevo destino de la pulsión. La adolescencia implica crecer, confrontarse y asesinar simbólicamente a las figuras parentales, para establecer una diferencia generacional que trastoca y reubica todos los lugares.

El adolescente al crecer y dejar de ser niño, renuncia y hace un duelo por la pérdida de las imágenes idealizadas de los padres. A partir de esta caída, saldrá a explorar en busca de otros ideales, en los grupos de relevo, por fuera de lo familiar. La sexualidad vincular implica un proceso que Puget (1997) denomina de doble historización en el que la pareja incorporará a la historia familiar de cada uno en un espacio singular “inter” compartido entre ellos. Así, durante un encuentro que se produce entre Romeo y Julieta, ella propone contradecir los designios familiares al desear como partenaire a un Montesco: “¡Oh, Romeo, Romeo! ¿Por qué eres Romeo? Renuncia a tu padre, abjura tu nombre; o, si no quieres esto, jura solamente amarme y ceso de ser una Capuleto”. El abandono del apellido y de los mandatos parentales podrían pensarse en la línea del asesinato simbólico. Sin embargo se presenta la pregunta por la inscripción de esas dos familias en ese espacio "inter": ¿cómo hacer confluir esas historias marcadas por el odio y la violencia? Como muestra la película, esta doble historización no es sin consecuencias.

El adolescente siente un deseo de recuperar el apuntalamiento del objeto o del grupo de pares que tenía durante el período de latencia y que siente perdido. En busca de ese apuntalamiento, se agrupa con otros adolescentes y se une en bandas con las que sale a explorar el espacio extra-familiar. Tendrá diferentes grupos, de la escuela, del club y del barrio, entre otros. También construirá con ellos una prehistoria mítica, de manera que si la madre le preguntase ¿con quién vas a salir?, el hijo podría responder "con los chicos", "los de siempre", "mis amigos" –algunos serán nuevos, pero él considerará el vínculo como perpetuo-. De los amigos de Romeo, Mercucio es el más pendenciero mientras que Benvolio trata de moderar las situaciones, como revela una escena en la que Mercucio quiere enfrentar a los Capuleto y se produce el siguiente diálogo: “BENVOLIO- Por favor, amigo Mercucio, retirémonos. El día está caliente, los Capuleto en la calle, y con los calores que hacen, bulle la irritada sangre.” Resolver una tensión –el calor-, corporal o psicológica por medio de la violencia pone en cuestión la capacidad de simbolización los sujetos. Durante la adolescencia las funciones yoicas que permiten el control de impulsos son lábiles y, además, enfrentan las fuertes pulsiones agresivas y sexuales. Asimismo, el embandamiento, el explorar agrupado en bandas, es típico de los adolescentes.

El proceso de historización permite armar una temporalidad y organizar una continuidad entre pasado, presente y futuro (Aulagnier, 1991). Hay un permanente trabajo de construcción y reconstrucción de un pasado vivido, que se desplegará a lo largo de toda la vida. Se trata de un trabajo vinculado a una genealogía, de un proceso de autoconstrucción del yo por el yo. Primero, el yo es proyectado e historizado por los deseos de la madre en tanto portavoz, vocera de la genealogía, vocera de los enunciados identificatorios que constituyen el yo parental y de sus propias familias de origen. Metafóricamente, estas proyecciones son las raíces del árbol que dieron lugar a un tallo que devino tronco, el presente, y que proyectará ramas hacia el futuro –el ideal del yo-. Por lo tanto, según la autora, construir(se) en un tiempo futuro, es el trabajo de un yo que ha sido historizado previamente por una genealogía. Asimismo, para construir su futuro deberá investir su pasado y reconocerse como un eslabón más en la cadena. En este proceso, el fondo de memoria, compuesto por las representaciones psíquicas más preciadas que se conservan desde la infancia, tiene la función de garantizar la permanencia identificatoria en medio de los cambios constantes propios del crecimiento. Este proceso no es sin padecimiento ya que implica un tiempo de zozobra que deja en suspenso numerosos aspectos del universo de referencias del sujeto. Este sufrir suele ser notado por los padres a quienes también les genera inquietud. Así en una escena el padre de Romeo le confiesa a Benvolio su preocupación:

"Al caer el sol… mi triste hijo entra furtivamente en la casa, se aísla y enjaula en su aposento, cierra las ventanas, intercepta todo acceso al grato resplandor del día y se forma él mismo una noche artificial. Esta disposición de ánimo le será luctuosa y fatal si un buen consejo no hace, cesar la causa"

El adolescente es quién puede serlo, asegura Puget (1997), pues requiere un trabajo, una toma de responsabilidad para construir la alteridad, en términos de reconocer al otro, en tanto sujeto con deseos propios. La alteridad, más que hallazgo de objeto, implica una construcción en tanto requiere un trabajo y exige una ética. Romeo y Julieta, intentan crear un espacio hetero-familiar en el que plasmar un proyecto de pareja al convertirse cada uno en signatario y único escritor, de su propia biografía. Sin embargo, ambos están enlazados a sus propias historias familiares, portadoras de leyes, deseos, mitos y fantasmas. Cuando se le impone al hijo una elección, un pensamiento, motivados por el deseo parental, se configura la violencia secundaria. Se trata de un exceso perjudicial y nunca necesario para el funcionamiento del yo. El mandato de la familia de Julieta es que ella se case con el conde París. Si el espacio intersubjetivo está regido por la violencia secundaria de un mandato autoritario, el hijo es tomado como objeto de proyección de los otros, Piera Aulagnier, usa la metáfora de una mariposa pinchada con alfileres aludiendo a la inmovilidad que provoca. Así, el padre de Julieta arregló la boda con Paris sin que ella supiera, esto queda revelado en el siguiente diálogo: "...mi único afán ha sido el casarla, y hoy, que he hallado un hidalgo de fastuosa alcurnia, que posee bellos dominios..." Ante las quejas de Julieta, el padre enojado, amenaza con echarla de la casa: “…si no queréis casaros, os perdonaré; id a holgaros donde os plazca, no habitaréis más conmigo.”

Conclusión

Romeo no puede sustraerse de la trasmisión psíquica entre las generaciones, en su caso, signado por la violencia (Kaes, 2000) y (Cui, 2010). Mercutio, el mejor amigo de Romeo es muerto por Teobaldo, el primo de Julieta, por lo que Romeo lo apuñala y es condenado al destierro. Los modelos que cada sujeto hereda de los padres muchas veces son perjudiciales. En el caso de Romeo, la matriz de violencia se transmitió de una generación a la otra, mientras que fracasó la des-identificación de los enunciados familiares. Así, Romeo repite, sin cambios, el modelo parental, una inclinación compulsiva a repetir las situaciones de enfrentamientos con la familia rival, que muestra, tal vez, una dimensión placentera –un goce- puesta en juego en la acción violenta. Algunos pasajes del film, presentan una relación libidinal de los personajes adolescentes con las armas y con la muerte, como se revela en una primera escena de enfrentamiento en la que, además, se alude a la prohibición –la ley- promulgada por la autoridad, el Príncipe de Verona: "Desenvainad, si sois hombres. -Gregorio, no olvides tu estocada”. Otros adolescentes, en cambio, apelan a la razón: “Por favor, poned la daga en la vaina y a luz la imaginación”.

Mientras Romeo está en el destierro, el padre de Julieta quiere que ella se case con Paris, ignorando que ya está casada. Fray Lorenzo le propone a Julieta que finja aceptar la boda y que simule su muerte con la ayuda del consumo de un narcótico provisto por él. Luego le envía una carta a Romeo, en la que le explica el plan, pero ésta no llega a su destinatario. En cambio, sí le llega la noticia de la muerte de Julieta. Romeo retorna y, al llegar al panteón de los Capuleto, encuentra a Paris, lo enfrenta y lo mata. Luego ve el cuerpo inmóvil de Julieta, que parece estar sin vida, bebe un veneno, la besa y dice sus últimas palabras: “Así, besando muero”. Julieta se despierta, y al ver a Romeo muerto, toma el puñal de éste y se suicida. Tanto la puesta en acto impulsiva, como el derrumbe narcisista ante la pérdida del objeto idealizado, son riesgos que se potencian durante la adolescencia. Aulagnier (1979), señala la trampa de la pulsión de muerte:

"…la droga, el juego, el otro amado apasionadamente, permiten durante el tiempo del encuentro, huir del conflicto y creer realizable y realizada la loca esperanza de haber excluido, todo riesgo, toda posibilidad de sufrimiento psíquico".

Fray Lorenzo informa lo sucedido a las familias de Romeo y Julieta, que consternados y arrepentidos, deciden reconciliarse. Las últimas palabras de la obra son aleccionadoras: “PRÍNCIPE- ¡Cuántas desgracias terribles ocasionan las discordias privadas! Sea la causa cualquiera, el inevitable efecto es una calamidad.”

Bibliografia

Aulagnier, P. (1979) Los destinos del placer, Paidos, 232pp.

Aulagnier, P. (1991) Construir(se) un pasado, Revista de Psicoanálisis ApdeBA, Vol XIII N° 3.

Córdova, N. (2013) Adolescencia: confluencia del bifasismo sexual en el entretiempo de la sexuación, Buenos Aires.

Cui, M., Durtschi, J.; Donnellan, M.; Lorenz, F.; & Conger, R. (2010).
Intergenerational transmission of relationship aggression: A prospective longitudinal study. Journal of Family Psychology. Extraido de: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3296128/

Freud S. (1912). Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa (Contribuciones a la psicología del amor, Il). Obras Completas, Tomo XI, Buenos Aires: Amorrortu Ediciones.

Kaes R. (2000) Transmisión de la vida psíquica entre generaciones, Introduccion, Bs.As., Amorrortu, 222pp.

Puget, J. (1997) Historización en la Adolescencia, Bs. As.,Mesa redonda en Cuaderno de Cuadernos de APdeBA Nº1

Shakespeare, W. (1983) La tragedia de Romeo y Julieta, Madrid, Aguilar, 209pp.

Shakespeare, W. (obra de teatro), & Brusati, F. (guión), & Zeffirelli F. (director). (1968). Romeo y Julieta. Los Angeles, CA: Paramount Pictures.

Wasserman, M. (2005) Condenado a explorar, Actualidad Psicológica, número 30, pp13-18.

Winnicott D. (1979) Realidad y Juego, Cap. 11, Buenos Aires, Editorial Gedisa.


NOTAS




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Película:Romeo y Julieta

Titulo Original:Romeo and Juliet

Director: Franco Zeffirelli

Año: 1968

Pais: UL | Italia

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