Inicio > Congresos Online > Congreso Online 2019 > The L Word > Matching fenotípico y el significante de la diferencia

Matching fenotípico y el significante de la diferencia

por Lima, Natacha Salomé, Romero, Guadalupe

Universidad de Buenos Aires

Resumen

A partir de los dos primeros capítulos de la serie estadounidense “The L Word” emitida desde 2004 a 2009 se revisarán algunas cuestiones relativas a la producción del parentesco en el ámbito de la reproducción asistida. La serie narra las aventuras y desventuras de un grupo de amigas que se identifican en su mayoría como lesbianas, haciendo foco en los códigos y las problemáticas que emergen a partir de su orientación sexual, y ofrece una mirada sobre sus formas de transitar la vida. Tomaremos como eje para el análisis el proceso que atraviesa una pareja de mujeres en la búsqueda de un donante de esperma para embarazarse. Plantearemos algunos interrogantes respecto a la donación de gametos y la coordinación de rasgos fenotípicos, en tensión con la racialización, la diversidad sexual, y las distintas formas de hacer familia.

Palabras Clave: TRHA | Matching fenotípico | Filiación

The L Word (Ilene Chaiken, Rose Troche, Estados Unidos, 2014) es una serie televisiva estadounidense que fue transmitida desde el 2004 al 2009. Narra las aventuras y desventuras de un grupo de amigas que se identifican en su mayoría como lesbianas, haciendo foco en los códigos y las problemáticas que emergen a partir de su orientación sexual, y ofrece una mirada sobre sus formas de transitar la vida. El primer episodio es doble y funciona como presentación de sus protagonistas y sus circunstancias. Así, nos encontramos con la historia de dos de ellas, Tina Kenard y Bette Porter, quienes llevan siete años de noviazgo y están buscando embarazarse.

Al comienzo del capítulo, Tina y Bette están esperando el resultado del test de ovulación de Tina, que es quien aportará el óvulo y gestará. Ya tienen elegido al donante, el cual es amigo de ambas. El test arroja un resultado positivo, por lo que se dirigen a la casa del donante a buscar una muestra; y luego, a la clínica, para realizar la inseminación artificial. Sin embargo, cuando analizan el esperma, se observa que los espermatozoides no tienen la movilidad adecuada, por lo que deben descartarlo.

Ellas están comenzando una terapia de pareja, ya que el vínculo se encuentra en medio de una etapa inestable. En la primera sesión, el terapeuta pone en cuestión la decisión de tener unx hijx, ya que ellas refieren que hace tres años que no logran entenderse sexualmente. Ellas responden que muchas parejas tienen hijxs cuando están en crisis, y Tina cuenta que dejó su trabajo para prepararse para el embarazo. Este es un proyecto que las motiva a ambas.

Cuando vuelven de la clínica, se reúnen con el resto de las protagonistas en un bar para compartirles lo que les acaba de pasar. Tina se lamenta: “Era el (donante) que Bette quería”. Opinan que no debería ser difícil encontrar otro, pero luego esto se pone en duda cuando una de ellas enumera las características deseables del donante “ideal” saludable, fuerte, creativo, atractivo. Y, principalmente, artista.

En esa reunión deciden organizar una fiesta para conocer potenciales donantes. Sin embargo, ese intento fracasa. Allí hablan con tres hombres que se niegan por distintos motivos; en esa instancia ellas dan a conocer que están abiertas a la posibilidad de que lx hijx tenga relación con el donante si este así lo deseara.

Posteriormente, visitan la casa de un hombre que acepta donar esperma para ellas, pero luego revela que solo lo hará si lo hacen “de forma natural”. Por lo que también es descartado.

Otro intento más ocurre cuando conocen a un hombre en una exposición de arte. Allí cambian la estrategia: lo seducen, se van juntxs a la casa y en el momento de copular, le piden que no se ponga el preservativo. De este modo, el joven descubre el objetivo de las mujeres y se rehúsa.

Durante la segunda sesión con el terapeuta, Bette llega más tarde y le explica a Tina que es a causa de que consiguió al donante perfecto: es artista y además ya tiene unx hijx, lo que les asegura que su esperma es viable. Tina se molesta porque Bette lo eligió sin consultarle, pero accede a conocerlo al día siguiente.

Cuando llega el donante, Tina abre la puerta y se paraliza al verlo: es un hombre de tez negra. En medio de una situación incómoda, se dirigen ambos al banco de esperma. Tina se cuestiona el hecho de que Bette no le haya hablado de que el donante tuviese esta característica y, a su vez, se pregunta si realmente era importante que se lo especificara.

Esa noche, la pareja se encuentra en el bar y Tina le expresa que se siente angustiada y molesta por no haber sido avisada de esta situación. Bette le responde: “Dijimos que si ibas a ser la madre biológica, debíamos considerar encontrar un donante afro-americano; así el niño sería un poco más como nuestro hijo.

Tina, ante esto, exclama: “Mirame, Bette, no me siento capacitada para ser la madre de un niño que será mitad afro-americano. No sé lo que significa ser negro […] ¿No crees que con todo lo demás, con el hecho de que tendrá dos madres, ya es mucho para un solo niño?” En la siguiente escena, ambas se encuentran en sesión con el terapeuta, quien explicita que esta reacción de Tina es sentida por Bette como un rechazo a su identidad.

¿Deseo de qué hijx?

En el caso de la serie analizada, las protagonistas de la historia expresan el deseo de tener unx hijx como un proyecto de ambas, proyecto que merece ser sostenido a pesar de los conflictos; al que incluso pareciera que se le asigna la misión de resolver el desencuentro de la pareja. Hijx como fruto palpable del amor de dos, instituido como destino esperable en una lógica romántica.

Durante el embarazo, la ilusión respecto a cómo será, las ideas que van surgiendo para dar respuesta a la incógnita de quién es ese que se está desarrollando, van preparando el ambiente para recibirle y haciéndole un lugar. En este sentido, en los casos en que el material genético de alguno de lxs progenitorxs no está involucrado, hay algo de esa ilusión que se pone en duda. ¿Cómo generar la identificación suficiente de esx niñx cuando no es la sangre lo que los une?

Más allá de la importancia que reviste socialmente este aspecto en la construcción de esta clase de vínculo, la ley establece que es la voluntad procreacional la que genera la filiación. Es decir, que se basa en el componente socio-afectivo: en el deseo y en el reconocimiento expreso de esx otrx como hijx, el cual se inscribe a partir de un consentimiento previo, informado y libre.

La elección de un donante suele enfocarse principalmente en la coordinación de rasgos físicos con aquellx receptorx cuyo material genético no está involucrado, en función de que aumenten las probabilidades de que la descendencia se parezca físicamente. En los centros reproductivos y bancos de gametos se lleva a cabo a través de fotografías y formularios; a este dispositivo se lo denomina “matching fenotípico”. En el caso de la serie, el donante es buscado personalmente por la pareja —y no por medio de un banco de donantes—. Y mientras el criterio de selección puede variar, el ideal que guía la búsqueda consiste en lograr el mayor parecido posible con Bette, ya que Tina será su madre biológica.

A lo largo del capítulo se refleja constantemente que esta circunstancia ha delineado una relación de poder, donde Bette es quien toma las decisiones sobre la elección del donante a modo compensatorio por la falta de aportación de su material genético. A su vez, es interesante señalar a qué aspectos otorga mayor importancia, más allá de la salud y los antecedentes familiares: que el donante sea artista, ya que a ella le apasiona este mundo, y el color de piel, para que corresponda con el de su familia de origen, y que ella reivindica como parte de su identidad.

Si es la voluntad procreacional lo que liga, la fuente de filiación, ¿por qué poner el foco en las características del donante? ¿Es la sensación de que la descendencia encarna nuestra continuidad lo que garantiza la libidinización de esx hijx? ¿Hasta qué punto la “continuidad” está dada por el material genético, por el fenotipo?

Cuando Tina expresa: “No sé lo que significa ser negro”, da cuenta de una inscripción que no posee, que está dada por cómo la sociedad define, a partir del color de piel, una categoría identitaria que ubica a lxs sujetxs en distintas posiciones jerárquicas; pero que revela un problema de fondo más allá de esta circunstancia.

He aquí el dilema: ¿Qué vale más en este caso? ¿Buscar un donante para que se parezca a ambas madres, y que esta elección apunte a normalizar de algún modo la pertenencia de estx hijx a esa familia? ¿O aprovechar la posibilidad de elección para borrar las otras marcas: las que lo alejan del Uno [1], de la persona modelo dentro de la hegemonía? Con un donante caucásico, estx hijx poseería, a partir de la significación de su fenotipo, una jerarquía social incluso mayor a la de una de sus madres. Y esto, en la visión de Tina, será un factor que le ahorraría a lx niñx algunos disgustos.

Estas preguntas son posibles de extrapolar a parejas heterosexuales, pero es importante hacer la salvedad de que en una pareja de mujeres el interrogante de cómo se concibió esx niñx siempre estará presente desde el exterior. Y en ese sentido, la cuestión del revelamiento y transmisión lx niñx acerca de cómo llegó al mundo presentará otras particularidades. La narración de su historia y su transmisión sobre el origen necesariamente dejará sus marcas subjetivantes. En algunos casos, la posibilidad de producir una semejanza podría funcionar como un paliativo a esta mirada con la que lidiará lx niñx en distintos momentos de su vida.

Con la decisión de Bette de acudir a un donante negro, el dilema que atraviesa Tina refiere al descubrimiento de su propio racismo, a una toma de consciencia de cómo se significa socialmente, más allá de que al elegir a su compañera no haya surgido (conscientemente al menos) alguna pregunta en torno a esta cuestión. En Bette esta elección puede pensarse incluso como un posicionamiento que reafirma la identidad afro-americana como algo que tiene valor en sí mismo. Lo “políticamente correcto” en este caso sería que no fuese un motivo de disputa, porque la utilidad para el fin -que es tener unx hijx- continúa cumpliéndose, sin embargo leemos en el discurso de Tina que el origen étnico del donante sí importa: genera efectos que aparecen cuando ella se pregunta “si no será mucho para el niño”; dado que, además, va a tener dos madres. Es decir, su subjetividad estará atravesada por el entrecruzamiento de las opresiones que surgen de formar parte de dos minorías.

La coordinación del parentesco y su valoración social

Según Jelin (1998), las categorías clásicas que definen la existencia de una familia son la sexualidad, la procreación y la convivencia. En este sentido, en general, el “deseo de formar una familia” que circula tan enfáticamente en el discurso implica traer al mundo a una criatura que encarne la descendencia. Con esta premisa es que se modificó el Código Civil y Comercial en 2015 y en conjunto con la Ley de Reproducción Medicamente Asistida N°26.862 sancionada en 2013, comienza a considerarse a las técnicas de reproducción humana asistida como tercera fuente de filiación, lo que convierte el deseo de tener unx hijx en un derecho que debe ser garantizado. De esta manera, comienzan a delinearse otras configuraciones familiares. En este sentido, en conjunto con la Ley de Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de Género, este derecho también alcanza a parejas no heterosexuales. Si antes de la reforma del Código ya se había abierto el juego para interrogar el modelo único al que remite “la familia”, estas nuevas leyes amplían este campo aún más.

Al haberse abierto las posibilidades para que distintas configuraciones familiares tomen lugar, las parejas homosexuales han comenzado a hacer uso de estas técnicas para filiar unx hijx. En cuanto a las parejas de mujeres, Laura Mamo (2005) conceptualiza el modo en que producen el parentesco basado en la búsqueda de similitudes de orden cultural y social. Se apunta a crear “vínculos de afinidad”, que implica que la construcción de la futura relación con lx niñx está basada en una semejanza que incluye no solo los aspectos físicos, sino sociales y de personalidad con el donante. Así, la búsqueda del donante posee implicancias más complejas que la similitud en cuanto a rasgos. Sin embargo, revela la creencia solapada de que la genética es más determinante para la vehiculización de cuestiones de personalidad e intereses que la transmisión que es posible a partir de la crianza, como si de algún modo las características del donante fueran a “rematerializarse” en lx niñx potencial.

Las técnicas de reproducción humana asistida con gametos donados y el matching fenotípico como herramienta obligan a un cuestionamiento profundo sobre qué seres humanos son más valiosos en la sociedad actual y cómo se determinan esas valoraciones. Ariza (2014) establece que no es solamente para privilegiar los rasgos “positivos”, sino para evitar la discriminación que surge de la significación de rasgos de otras procedencias y su impacto en la subjetividad. El sistema que opera en estos ámbitos está profundamente racializado y estratificado, y estipula leyes de jerarquía en relación con los fenotipos. "Existe así un fuerte sesgo racista, ya que determinados fenotipos o «razas» no se admiten fácilmente en las clínicas españolas y, por el contrario, otros son muy demandados" (Álvarez Plaza y Pichardo Galán 2017:349).

Orquestar los medios para que la descendencia comparta el parecido físico, dado que esta opción está disponible (y no siempre fue así), ¿es o no cuestionable? En cualquier caso, aparece como una forma de “normalizar” la familia que se está construyendo.

Este tipo de cuestionamiento parece ser recurrente en el caso de parejas de lesbianas, por lo menos en lo que respecta a la sociedad estadounidense. A pesar de los intentos de normalización, de adecuación a la familia “tipo” que se pretendan llevar adelante, hay un resto que no puede ser cubierto. La discriminación respecto a la orientación sexual existe en la sociedad actual y constituirá un desvío grosero en cuanto a la familia “esperada” para lxs niñxs que nazcan en estos contextos. De esta manera, disminuye la validación de la sociedad hacia esos lazos, lo que deriva en cierta denigración de esa familia. El matching fenotípico, la búsqueda de donantes con similitudes físicas ayuda en el proceso de lograr la legitimidad social, pareciera suavizar de algún modo el encuentro de la diferencia con lo que demandan las estructuras sociales.

La búsqueda de formar una familia que pueda ser legitimada y borrar, para eso, en la medida de lo posible, las marcas de la diferencia que la alejan de ese fin, refuerza la idea de que no ha cambiado el tipo de familia que se apunta a construir: madre, padre e hijxs que puedan ser reconocidos por el afuera como su progenie. Quienes no logren llenar esta expectativa, serán objeto de cuestionamiento. Por lo tanto, la heteronormatividad continúa ejerciendo su efecto y siendo motivo de opresión; y de esto la pareja de Bette y Tina dan sobrada cuenta. Mamo (2005) argumenta que, sin embargo, la conexión entre la genética y el desarrollo humano es ambigua y difícil de predecir en su totalidad, por lo que las distintas maneras de coordinar los rasgos entre donantes y receptorxs solamente contribuiría a sostener la ilusión de que es posible controlar el devenir de la descendencia.

Comentarios finales

Las técnicas de reproducción humana asistida conmueven las bases de la concepción de la identidad ligada a lo biogenético. Conmueve, incluso, la concepción sobre qué implican los orígenes. El entramado generacional, la historia de lxs padres ofrece un marco, un punto de partida para escribir la propia. Es en este sentido que el matching fenotípico resulta eficaz para resolver, al menos superficialmente, ese cuestionamiento (o para acotar lo más posible su surgimiento): en el caso de Bette y Tina, pareciera que eligiendo un donante negro, hay algo de la historia de Bette que “será llevada en la piel”, y esto facilitará las identificaciones con lx niñx nacido. Sin embargo, no es sino en el ejercicio de las funciones parentales: en los cuidados, en el nombramiento, en el coto al goce, donde se transmitirá de una u otra manera la marca que abra el lugar para esta persona que se incorpora a la estructura familiar y a cómo se significará el mundo. Es en la afirmación del deseo sobre esx hijx, de su libidinización, que esto puede llevarse adelante, la cual no está garantizada por la consanguinidad o la continuidad genética. Lo que produce el lazo entre el “momento genitor” y el “momento simbólico” se basa en la experiencia del reconocimiento de esx hijx como propix (Derrida, 2009).

Si es la voluntad procreacional lo que liga, la fuente de filiación, ¿por qué poner el foco en las características del donante? Podría decirse que constituye una forma de velar la caída de ese fantasma narcisista que implica el poder probar esa paternidad que siempre se presenta como enigmática.

Dentro de la fecundación con gametos donados, la coordinación de rasgos fenotípicos en sus diferentes modos viene a saldar de algún modo la ausencia del material genético de alguno de sus padres, o de ambxs. Es un proceso técnico que inevitablemente impacta en la subjetividad. Al identificarse lx niñx con las personas que lo rodean y viceversa, se construye algo del orden de la ilusión de pertenencia familiar, pero también social, que pareciera favorecer la creación del vínculo. Este es uno de los fines por el que se orquestan los medios para que la descendencia lleve un parecido físico, y en algunos casos, como hemos visto, no es el único aspecto que se tiene en cuenta.

Por un lado, en el caso de parejas mixtas (como usualmente se llama a las parejas interculturales o interconfesionales), las técnicas con gametos donados abren interrogantes que son individuales pero también implican a la sociedad toda, y al modo en que se concibe y jerarquiza la diferencia en este sentido. Interrogantes cuya resolución implica una postura política que en todos los casos tendrá un efecto en la constitución del sujeto.

Por otra parte, la coordinación de rasgos fenotípicos es un proceso que apunta a producir y asentar el parentesco, más allá de la constitución de la pareja, su orientación sexual o romántica. Si bien las técnicas permiten ir más allá de la concepción propiamente heterosexual y abren las posibilidades a otras maneras de lograr el embarazo, poniendo en jaque la heteronormatividad en cuanto a la reproducción, no han generado cambios respecto a qué constituye una familia y quiénes lo hacen. El eje central continúa siendo la procreación, continúa relacionándose con la crianza y organizando a partir de ello los distintos roles. Esa es la manera legitimada y aceptada de constituir redes de cuidado y contención. El movimiento que se genera con el matching fenotípico conduce a normativizar la diversidad en pos de evitar el estigma que trae consigo. La legitimidad social de estas familias constituye, entonces, otro de los objetivos del foco en la coordinación de rasgos.

Referencias

Ariza, L. (2014). Fotografías, registros médicos y la producción material del parentesco: acerca de la coordinación fenotípica en la reproducción asistida en Argentina. En: Cepeda, Agustina y Rustoyburu, Cecilia (comp.) De las hormonas sexuadas al Viagra. Ciencia, Medicina y Sexualidad en Argentina y Brasil. Mar del Plata: EUDEM.

Bestard, J. (1998). Cap. 5 Artificial y natural: ¿Qué queda de la naturaleza? en Parentesco y modernidad. Barcelona, Paidós. Pág. 201-237.

Derrida y Roudinesco (2009) Capítulo 3: Familias desordenadas. Y mañana qué…. Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.

Jelin, E. (1998). Pan y afectos. La trasformación de las familias. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.

Lacan, J. (1993) Dos notas sobre el niño. En Intervenciones y textos 2. Buenos Aires: Manantial.

Mamo, L. (2005) Biomedicalizing kinship: Sperm banks and the creation of affinityties. EN Science as Culture, University of Maryland, USA, 14, No. 3

Ormart & Lima (2015) Los cambios legislativos en materia de reproducción humana asistida y su impacto en la formación del psicólogo. Antecedentes y prospectivas. En Actas del Congreso de Psicología de Tucumán.

Zabalza, S. (2012). Neoparentalidades. Capítulo 2: Sobre el padre real. [33-43] Buenos Aires, Letra Viva.



NOTAS

[1El Uno refiere a un modelo de ser humano que se constituye como el único valioso, y donde todo lo que no se le asemeje se constituye como lo otro. Con estas premisas se extiende una lógica binaria, atributiva y jerárquica que permite categorizar la diferencia de los géneros. Dentro de esta lógica, el hombre toma el lugar de poder y se convierte en la medida de todas las cosas. Sin embargo, también debe adecuarse a otras características: ser cis, blanco, heterosexual, de países europeos, de clase media alta, entre otras. Para ampliar en este sentido: Fernández, A. (2003) “La bella diferencia”. En La mujer de la ilusión, p.27-58.





COMENTARIOS

Mensaje de María Celeste Gentile  » 31 de agosto de 2019 » mcegentile@gmail.com 

Resulta sumamente interesante como una pareja homosexual intenta reproducir el modelo heteronormativo y aceptado socialmente, en el que les padres son una pareja que intenta resolver sus diferencias teniendo un hijo que cubra las mismas. El narcisismo juego un papel importante, ya que Bette pareciera querer marcar a fuego que el niño por nacer también será suyo, destapando la problemática racial y el sufrimiento de las minorías, olvidando que ser padres es ocupar ese rol. No importa la genética, importa el amor y el cuidado. El lugar simbólico que cada uno de los integrantes de esta familia atípica (aún en la actualidad), ocupa.




Película:The L Word

Titulo Original:The L Word

Director: Michele Abbott, Ilene Chaiken, Kathy Greenberg

Año: 2004-2009

Pais: Canadá | USA