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Niños/as que rebelan y revelan

por Kasimierski, Carolina

Universidad de Buenos Aires

Resumen

“System Crasher” (2019) película alemana dirigida por Nora Fingscheidt narra la historia de Benni, una niña de 9 años que debe ser cuidada por servicios estatales ya que la misma se encuentra en situación de desprotección familiar. Su recorrido por distintos dispositivos de acogida deja en evidencia el colapso de estos sistemas de protección que no logran contener sus ataques de furia que derivan en hechos violentos hacia ella y los demás. Se aborda entonces la problemática de niños/as sin cuidados parentales para quienes las estructuras existentes no encontrarían un cuidado adecuado. Se toman, entre otros, los aportes de Winnicott para reconocer la importancia que el ambiente juega, no solo a nivel individual sino a nivel social, para lo que el propio autor desarrolla como tendencia antisocial y así pensar alternativas posibles de alojamiento subjetivo de los denominados “system crashers”. Se utilizan a su vez las herramientas que brinda el cine para pensar dicha temática.

Palabras Clave: infancias | ambiente | privación | deprivación

"System Crashers" Who rebel and reveal

Abstract

"System Crasher" (2019) German film directed by Nora Fingscheidt tells the story of Benni, a 9-year-old girl who must be cared for by state services because she is in a situation of family neglect. Her journey through different shelters reveals the collapse of these protection systems, which are unable to contain her. The problem of the child’s rage, which leads to violent acts against her and others, is then addressed. The problem of children without parental care for whom the existing structures would not find adequate care is then addressed. Among others, Winnicott’s contributions are taken to recognize the importance that the environment plays, not only at an individual level but also at a social level, for what the author himself develops as antisocial tendency and thus to think of possible alternatives for the accommodation of the so-called "system crashers". At the same time, the tools provided by cinema are used to think about this subject.

Keywords: chilhoods | environment | privation | deprivation

"System sprenger"

“System Crasher” (2019), película alemana dirigida por Nora Fingscheidt, participó en varios festivales que premian lo más relevante del cine europeo y obtuvo numerosas distinciones.

El film tiene como protagonista a Benni (Helena Zengel), una niña de 9 años que debe ser cuidada por servicios estatales ya que estos determinan que su familia no cumple las condiciones necesarias para estar a cargo de ella.

Benni es derivada a diferentes familias de acogida, centros de protección de menores e incluso hospitales. A pesar de los intentos de diversos profesionales para encontrarle un entorno pertinente, la sensación que acompaña es que no habrá un lugar permanente que sea capaz de alojar a la niña. Su recorrido “disruptivo” por distintos dispositivos de cuidado infantil deja en evidencia el “colapso” de estos sistemas que no logran contenerla dejándola sola con sus ataques de furia que derivan desde y hacia un mismo anhelo: volver a la casa de su madre. Este monto de energía muestra entonces su otra cara: la vulnerabilidad en la que se encuentra esta niña. La conclusión parecería ser que Benni necesita una contención que no basta con la que un/a profesional o funcionario/a público/a puede ofrecer ante su emoción colérica. Esta frustración se siente a lo largo de las dos horas del film.

Un "system crasher" referiría entonces a los niños/as niños/as para lo/as que las instituciones encargadas de su cuidado no encuentran su lugar adecuado ya que estos/as con su comportamiento “inadecuado” no “encajan” en las estructuras existentes. Esto mismo sale a la luz por las reacciones impulsivas de estos niño/as que revientan, rompen, fisuran estos sistemas, haciéndolos añicos, de allí el término “Sprenger” en alemán al que hace referencia el título del film. Generalmente, en esos casos, las intervenciones desde las instituciones aparecen o bien como prácticas expulsivas o se entra en un círculo vicioso en el que todo se mantiene de la misma forma sin vislumbrar nuevas soluciones, de allí también el término “el colapso del sistema".

Benni refleja entonces la situación de los niño/as y adolescentes sin cuidados parentales [1] donde su trayectoria por distintas instituciones, nos llenan de interrogantes por la complejidad de sus realidades y las dificultades psicosociales que acarrean. En ese sentido, tomaremos estos recortes no para poner el acento en la patología sino como una oportunidad para abrir las siguientes reflexiones:

¿Cómo alojar a niños/as que no lo fueron en su primera infancia? ¿Cómo operar ante la impulsividad y la baja tolerancia a la frustración en estos casos? ¿A qué llaman estos estallidos y cómo responder? ¿Cómo intervenir para que algo de la permanencia se inscriba? ¿Cómo pensar el rol del profesional psi para estos casos? Y por último ¿cómo utilizar estas “fisuras” para pensar algo más allá de lo ya existente?

En el presente escrito tomaremos los aportes de distintos autores que ayuden a abordar estos interrogantes utilizando a su vez las herramientas que nos brinda el cine para pensar problemáticas tan complejas.

Estallidos que rebelan y revelan

El film comienza con el primer plano de una media rosa con un dibujo de unicornio que envuelve un pie que se mueve, fragmento que muestra en su propio movimiento un símbolo de una infancia idealizada. Esta sensación se desvanece rápidamente ya que a medida que la cámara va recorriendo el cuerpo de Benni aparecen los cables y los ruidos que remiten a una situación de hospital. Estos indicios ya arrojan las coordenadas de la situación y parte del universo en los que se encuentra la protagonista en cuestión.

Una profesional, psiquiatra, luego del chequeo médico le pregunta a Benni por sus medicamentos: “¿Los tomas regularmente?”. Hay un adulto que la acompaña y que responde a la pregunta con una sonrisa, denotando un gesto incrédulo, como si la respuesta fuera evidente y no fuera posible un cambio allí. Luego, en un plano del rostro de Benni, podemos ver que su boca se encuentra lastimada. La psiquiatra agrega que le va a ajustar su medicación para que pueda controlar cuando se enfurezca. En las mismas preguntas de rutina la psiquiatra le pregunta a Benni si va a volver a la escuela. Ella dice que no y el adulto que la acompaña añade que todavía se encuentra suspendida. Benni concluye: “Es una escuela para discapacitados de todos modos”.

En el plano siguiente se desarrolla una escena en la escuela de Benni. A través del movimiento de la cámara, una profundidad de campo muy reducida y el barrido que se produce en la imagen, se genera una confusión visual sobre lo que está sucediendo, sin que se pueda poner foco en nada en particular. Se escuchan gritos de niño/as y luego reconocemos a Benni que está peleando con sus compañero/as. Los adultos responsables del lugar vienen a buscarla directamente a ella haciéndola responsable de lo sucedido sin saber qué había ocurrido allí. "Te quedas aquí hasta que te tranquilices.” La dejan a la niña sola en el patio del recreo y hacen ingresar a lo/as otros/as niño/as al establecimiento. Benni sigue furiosa, agarra juguetes que encuentra a su alrededor para luego arrojarlos, insultando a sus compañero/as que ya se encuentran del otro lado de la ventana de sus aulas pero que aún continúan gritando. Uno de los adultos (cuya preocupación pareciera ser la condición edilicia) le dice al otro “No te preocupes, total, es un cristal de seguridad”. Acto seguido, Benni arroja un juguete contra el vidrio y les grita “los odio” con una fuerza tal que logra fisurarlo. Del otro lado del “cristal”, nos encontramos también nosotros, los espectadores.

La directora del film Nora Fingscheidt escribió el guión tras cinco años de investigación sobre grupos residenciales, escuelas de apoyo educativo, centros de acogida de emergencia, una unidad de psiquiatría infantil y sus profesionales intervinientes. A pesar de esta investigación, nunca fue una opción para la directora realizar un documental al respecto ya que refiere que quería crear una experiencia cinematográfica audiovisual salvaje y llena de energía que no pretendiera ser un registro de la realidad. Esto se ve claramente en el film que convoca al espectador en y con todos los sentidos. Luego del episodio en la escuela, suceden más altercados y hechos delictivos donde Benni participa activamente sosteniendo su postura desafiante. En estos puntos de ebullición, Benni bulle con ataques de furia que se tornan violentos hacia ella y los demás. Estas escenas son narradas con recursos técnicos estilísticos que dejan aturdido al espectador. Con un fondo sonoro cuyo instrumento principal es la batería y la cámara en movimiento, se transmite algo de la excitación corporal que imaginamos siente el personaje, agitación que no parece detenerse. En estas escenas de cámara en mano dejan la sensación que hasta el propio camarógrafo estaría corriendo para alcanzarla; ya que cuando puede Benni además, huye, corre, como modo también de escapar a esta excitación. La pregunta pasa entonces por qué viene a decirnos y cómo actuar ante semejante ruido. Las salidas que encuentra Benni producen una especie de alivio y angustia a la vez, porque son salidas que logran calmarla pero no sin marcas tanto subjetivas como físicas.

Podríamos pensar que si hay algo de esta niña que llega a este punto, hubo algo que no fue atendido, ya sea por un adulto o un ambiente que no alojó o no brindó herramientas simbólicas necesarias para autorregular este monto de excitación.

En ese sentido, podemos traer los conceptos de privación y deprivación de Donald Winnicott (1963). Este último llama privación a la situación en que el ambiente no suministró los cuidados necesarios en el periodo de dependencia absoluta y utiliza el término de deprivación para referirse a la pérdida de un ambiente "suficientemente bueno" que promueva la integración. Esto se vincula con lo que llama tendencia antisocial que sería el reclamo del niño que desea recuperar un estado de bienestar perdido; presente tanto en el niño sano como en el que sufre de algún trastorno psíquico. La tendencia antisocial puede manifestarse en conductas como la mentira, el robo, actos destructivos, crueldad compulsiva y perversión. Las causas que originan tales tendencias se vinculan con el periodo de dependencia relativa en el que la madre dejó de adaptarse a las necesidades del yo del niño. Otra de las causas relacionadas con las tendencias antisociales podría deberse a la pérdida más tardía de un ambiente que podía sobrevivir a la agresión del niño. Como consecuencia de cualquiera de estos hechos el niño reacciona defensivamente, atacando y perdiendo la capacidad de sentir culpa (Winnicott, 1956). ¿Cómo podríamos pensar esto último en el caso de Benni? ¿Cómo habrá sido el cuidado subjetivo que le brindó su ambiente en su primera infancia? ¿En qué punto se estarían repitiendo estas condiciones en estos sistemas de cuidado?

Para Winnicott la agresividad parte del impulso primitivo del amor-lucha para llegar al reconocimiento de un mundo externo separado, es decir que la destructividad crea la realidad y siempre que el ambiente facilite su expresión, proveerá de fuerza a la creatividad, cuyo germen lo constituye ese primer objeto subjetivo que el bebé crea en su omnipotencia y que se consolida en el área de ilusión de los fenómenos transicionales. El autor considera que los destinos negativos de la agresividad, cuando el ambiente la reprime, se pueden manifestar como agresividad reactiva destructiva. Cuando el niño percibe que la madre no ha sobrevivido a su agresión puede traer como consecuencia, entre otras, la tendencia antisocial.

La madre de Benni aparece en distintas oportunidades a lo largo del film y se muestra como una madre intermitente, con dificultad de pensarse como un sostén posible. En varias ocasiones, ilusiona a Benni refiriendo que en algún momento sí podrá cuidarla, lo cual se torna algo cada vez menos aprehensible. También a lo largo de la escenas se descubre que a su vez la madre se encuentra en un contexto de violencia con su pareja actual. Es por dicha razón que los servicios estatales determinan que Bennni se halla en estado de desprotección familiar y deciden tomar una medida excepcional.

Según Unicef (2014), los/as niño/as y adolescentes sin cuidados parentales son todos/as aquellos/as que:

(...) han sido separadas/os de su familia de origen, nuclear y/o extensa o de sus referentes afectivos y/o comunitarios por haber sido dictada una medida de protección excepcional de derechos y que se encuentre incluido en algún dispositivo de cuidado residencial o familiar. (p.13)

¿Cómo pensar entonces a los “system crashers” dentro de este tipo de infancia? Una vía posible sería, en primer lugar, escuchar lo que vienen a mostrar con su ruido como modo de presentación de su sufrimiento. Hasta el momento, Benni nos muestra con estos ataques violentos que algo de su ambiente en su primera infancia no estuvo/está presente o lo estuvo/está de forma intermitente. Su postura desafiante y su estado de alerta constante denuncian que las paredes que deberían alojarlo/as y contenerlo/as tienen sus fisuras; develando a su vez que se trata de un lugar que no deja lugar para estos niño/as. Por eso una “salida” posible sería no repetir el mismo ambiente que padecieron sino ofrecer una posibilidad distinta de alojamiento subjetivo.

Demandas de amor

Winnicott en “El destino del objeto transicional” (1959) menciona que una clase de transición tiene que ver con el pasaje de un objeto que es subjetivo para el bebé a otro que es objetivamente percibido o externo. Al principio, cualquier objeto que entabla relación con el bebé es creado por éste, es como una alucinación. En sus palabras: “un objeto real, esté exactamente allí donde el bebé alucina un objeto, de modo tal que el bebé se haga la ilusión de que el mundo puede ser creado y de que lo que es creado es el mundo” (p.73). En ese sentido, se marca el valor que Winnicott otorga a la función del ambiente, ambiente del cual el infante no puede diferenciar como separado o distinto de él, pero cimenta las bases para la confiabilidad del mismo. Es así que el autor no diferencia a la salud individual de la social y atribuye a la escuela y la sociedad un rol fundamental en el desarrollo emocional del niño/a. Winnicott resalta que la sociedad puede prevenir y reparar las conductas destructivas que originan la tendencia antisocial del niño, quien alienta la esperanza de encontrar en otros ambientes la estabilidad perdida: "El niño cuyo hogar no logra darle un sentimiento de seguridad, busca las cuatro paredes fuera de su hogar (...) A menudo, el niño obtiene de sus parientes y de la escuela lo que no ha conseguido del propio hogar" (Winnicott, 1939 p.188).

En esa línea, podemos pensar que la violencia que Benni expresa es en realidad un pedido de auxilio, una búsqueda de contención que no obtuvo en su hogar, un intento de que el ambiente acepte sus necesidades de dependencia y sus demandas identificatorias, por lo que los vínculos que establece con otras figuras de autoridad pueden enmendar el daño sufrido. Lo que desde la mirada de Winnicott no sólo implicaría una esperanza para el niño sino también para la sociedad.

En este caso, el rol social y educativo está presente en los distintos lugares de acogida que transita Benni, a su vez por los numerosos y diversos profesionales que se ocupan de su cuidado integral.

En una escena donde también se ponen en juego recursos estilísticos, Benni, luego de saber que va a tener que cambiar de lugar de acogida, se despierta a la noche con enuresis. Llama gritando a la “educadora” (en alemán Erzieherin). No puede llamarla por su nombre a pesar de saberlo. Solo repite y grita muchas veces “educadora”. Luego de higienizarse le pide ver la televisión; Benni le dice que en la casa de su madre le dejaban ver la televisión antes de dormir. A lo cual la educadora le responde que ella sabe que las reglas no lo permiten. Entonces Benni le agarra su brazo y lo pone de una forma brusca en contacto con el suyo para sentir su compañía desde el cuerpo. En varias oportunidades, luego de los ataques de Benni surge este pedido de “quiero ver la tele” ¿Qué es lo que está pidiendo Benni? ¿Qué pasaría si se lo escuchara como una demanda subjetiva? ¿Cómo pensar intervenciones en este tipo de estructuras que apunten a flexibilizar atendiendo la singularidad en juego?

M. Incarnato (2013) en su texto “Cuidados que cuidan” refiere que existe un núcleo de impulsividad en muchos/as de lo/as jóvenes sin cuidados parentales que pareciera indestructible y es aquel que resulta atado a la historia previa. En sus palabras:

Dirigido a aquella madre que no fue, aquel padre que no estuvo, a aquella ley que no se inscribió cuando debía. Se repite una y otra vez este llamado, que es un impulso y una repetición al mismo tiempo. En esta marea entonces, entre buscar diferenciarse de la historia de origen y al mismo tiempo manotearla en búsqueda de una marca que oriente hacia dónde ir, solo queda la impulsividad como recurso. Los diques que detienen las aguas de los impulsos han sido vagamente construidos, atentando contra toda planificación. Luego la dificultad en la responsabilización por los resultados de los propios actos, el desasosiego cuando las cosas no salen como se esperaban, el enojo con los terceros circunstanciales -en ausencia de mejores-, el sentimiento de soledad, la desilusión (Incarnato, 2013, p.1)

Benni va escuchando desde distintos profesionales advertencias disfrazadas de consejos tales como “Tendrás que comportarte, pronto no habrá más elecciones”, “Si dejas de enfurecerte pronto podrás volver conmigo” (su madre) “Tiene que salir bien, no querrás estar tanto tiempo en la clínica” “Mientras más huyas, más te encierran”. Y ella en numerosas oportunidades sabe que la otra (o única) alternativa es “echarla a patadas”. Estas intervenciones responden bajo la modalidad de venganza, reacción que no hace lugar a la dimensión del llamado. Respuestas que dan lugar al castigo, a la vez que desencadenan la repetición y abren camino una vez más para que la tendencia antisocial abra su paso.

En ese sentido la responsabilidad de su impulsividad correría por cuenta de Benni como si pudiera controlarlo cuando estos en realidad serían pedidos de ayuda develando que algo del cuidado no presente en su hogar tampoco lo está pudiendo obtener en las instituciones encargadas de su cuidado. A pesar de referir a este tipo de infancia "adulta", Benni conserva rasgos que remiten a su edad. Siempre trae consigo un peluche de unicornio, el cual es posible de ser leído en términos winnicottianos como objeto transicional. A su vez, por momentos, se la ve jugando pero siempre en soledad. ¿Qué pasaría si alguno de estos objetos, espacios, juegos se utilizaran como parte de la estrategia de cuidado? ¿Habría algo de la creatividad que habla Winnicott que podría tener una segunda oportunidad para el psiquismo de esta niña?

A pesar de los perseverantes intentos de una trabajadora social, la señora Bafané (Gabriela Maria Schmeide), la situación de Benni no parece mejorar. Aparece como última esperanza, otro centro de acogida.

En este nuevo lugar y también como una nueva intervención buscando otra posibilidad para Benni, un experimentado coach Michael Heller (Albrecth Schuch) es convocado para ver si algo de esta realidad se puede revertir.

Un otro diferente

Michael Heller (Micha) es un “entrenador antiviolencia” y trabaja con jóvenes en conflicto con la ley. En esta oportunidad, se lo convoca como acompañante escolar de Benni y como un intento de la señora Bafané de reinsertar a la niña en el sistema educativo. Se denota la sorpresa en los gestos de Micha que lo llamen a él, con su experiencia, para acompañar una niña de 9 años.

El comienzo del vínculo entre Micha y Benni resulta tumultuoso. La primera reacción de la niña al verlo es un contundente y colérico “No voy a ir a la escuela”. Ante esto, Micha apuesta a distintas estrategias mostrando desde el comienzo que existe la posibilidad de un otro diferente que la aloje. La primera de estas estrategias surge en tratar de diferenciarse. A pesar de la insistencia de Benni en llamarlo “educador”, como era su costumbre, él le aclara que no lo es. La palabra original en alemán que utilizan en el film es “Erzieher” y no se halla una traducción exacta al español. Según la definición histórica del término, un “erzieher” era una persona empleada en un hogar para la instrucción de niños. En la versión actual, consiste en un/a especialista con formación pedagógica que cuida/atiende/acompaña a niños o adolescentes en guarderías, hogares y centros educativos y es responsable de brindarles apoyo psicológico. Un “erzieher” puede trabajar en el sistema educativo como también en una residencia para niño/as y jóvenes. Probablemente Micha esté llamado allí para cumplir dicho rol pero al diferenciarse de una clasificación general de la serie “educadores” seguramente intermitentes en la trayectoria de Benni, aporta una forma distinta de acompañarla.

Ante la posición oposicionista de Benni frente a su presencia, Micha decide entrar de todas formas en el hogar donde ella se encuentra. Esto descoloca a Benni que lo sigue y ve que Micha se fue a jugar con otra niña. Entonces Benni le grita: “¡Estás aquí por mí! Así que juega conmigo” Micha le responde ’Estoy para acompañarte a la escuela, no para jugar”. Ella le retruca ¿Sabés jugar al futbolín?” Le dice que sí y le ofrece como trato que si él juega el partido, ella va a la escuela. Además, si él gana, ella deja que él la acompañe a la escuela. Así, a través del juego y el humor, Micha gana la apuesta subjetiva y la próxima escena transcurre en la escuela.

El vínculo entre ellos se afianza y se conocen de una forma distinta, donde ella se interesa mucho por la vida de él y a su vez ella le puede mostrar parte de su vida que pareciera no haber compartido así con nadie. Sin embargo, esto introduce la cuestión del límite ya que ella intenta traspasarlo reiteradamente en relación al rol de Micha. Lo convoca por ejemplo desde el rol de “amigo”/“padre” y él debe reencuadrar constantemente aclarando su función y su tipo de vínculo.

Los arrebatos violentos de Benni igualmente continúan y los profesionales intervinientes convocan una reunión interdisciplinar para ver nuevamente qué hacer con la niña. Las opciones que barajan son las ya conocidas y no logran que ninguna aparezca como solución a largo plazo. Enumeran los institutos que no la aceptan y la psiquiatra plantea la opción (que pareciera ser el último recurso posible) de un programa intensivo en el extranjero, en África. Además de las respuestas sarcásticas de alguno de los profesionales, la conclusión es que la ven igualmente muy joven para este tipo de experiencia. Es entonces que Micha propone llevarla y acompañarla a pasar unos días en una cabaña en el bosque donde ya llevó a jóvenes en conflicto con la ley y donde “la asistencia es uno a uno”.

Mariana Incarnato (2014) en “Cuidados que cuidan” desarrolla en relación a jóvenes sin cuidados parentales que la tramitación de la historia previa a la institucionalización y sus efectos traumáticos proporciona uno de los sustratos básicos para llevar adelante un proyecto propio laboral o educativo, refiriéndose así al sustrato simbólico. La ausencia de este trabajo psíquico tiene consecuencias en el cuidado que estos jóvenes pueden hacer a su vez de otro/as. A su vez, establece que una observación constante es la impulsividad que habita en la vida cotidiana de muchos de estos sujetos. Así propone como trabajo esencial en primera instancia, ayudarlos a domeñar esta impulsividad y lograr alguna estabilidad para la vida cotidiana.

La estadía que propone Micha iría en esta línea. Al tratarse de actividades de “supervivencia” y otras que requieren fuerza física como talar árboles, logra “domeñar” parte de la impulsividad que trae la niña. En palabras de Benni: “Son las mejores vacaciones que he tenido”. Él la corrige aclarando: “No son vacaciones, es una medida de educación”, por lo cual ella concluye: “Bueno, la mejor medida de educación que he tenido”.

Esta experiencia no fue sin los estallidos que suele tener Benni. Una aclaración que suele hacer la trabajadora social cada vez que Benni ingresa a un nuevo sitio es que no se le puede tocar la cabeza como consecuencia de un trauma infantil en el que le presionaron unos pañales en la cara. Benni sólo permite que su madre le toque su rostro, si alguien más lo hace, desencadena un estado de ira. En una oportunidad, Micha le tira en forma de juego un pañuelo que cae en el rostro de la niña y ella estalla en un ataque de furia que parecería incontrolable pero él la sostiene en un abrazo diciéndole que lo disculpe, que lo había olvidado. Sin soltarla de ese abrazo y la niña viendo su afectación, logra calmarse; sucediendo algo distinto de lo que solía suceder en esas ocasiones.

Luego de esta escena, se produce otra en el bosque, en medio de montañas, donde Micha le pregunta a Benni: “¿Has oído alguna vez un eco?”. Ella responde que no y para probar “el juego” lo primero que dice es “Mamá”. Al empezar a escuchar que la respuesta es ella misma gritando mamá, empieza a gritarlo incansablemente, hasta que termina con lágrimas en los ojos declarando por primera vez “Mi mamá me odia”. Micha le dice que no diga eso, que su mamá la quiere. Benni le pide que se calle. Luego aparecen escenas donde la música que acompaña se torna distinta, más suavizada y donde se ve a Benni corriendo pero ya no como huida sino como parte de un juego donde vemos que Micha llega a correr delante de ella.

Lo desarrollado anteriormente nos guía en las intervenciones que apuntaron a efectos subjetivantes en la niña, de intentar introducir algo de un sustrato simbólico dentro de tanta impulsividad. Micha no es un profesional psi pero se podría pensar el efecto terapéutico de estas intervenciones y cómo desde el rol profesional se podría intervenir con las características de esta situación. A su vez, en una escena que Benni se acerca a Micha cuando este se queda dormido, vemos cómo la niña le empieza a tocar su rostro, lo huele, como un reconocimiento desde lo físico de la presencia de un otro. Micha representaría para ella un semblante de un otro que para estar, tiene que estar en presencia ya que todavía no está inscripto simbólicamente. En un sentido simbólico, empieza a observarse la importancia de las identificaciones que la niña tiene con él. En primer lugar, Benni tiene el deseo de que cuando ella sea grande quiere ser educadora. A su vez, ella va percibiendo en los rasgos de Micha también un dejo de agresividad y sus recursos para canalizarla. Por ejemplo, cuando se encuentra en esos estados él le dice que agarrarse las manos lo ayuda a calmarlo.

A pesar de estas intervenciones con tonalidades distintas y la esperanza de ver cambios subjetivos en la niña, cuando ella tiene que volver, la situación se vuelve a complicar y a plantear nuevos desafíos. Al final de la visita, Benni se aferra a Micha y quiere quedarse con él pidiéndole que la adopte; él le responde que no es posible. Se termina lastimando para no volver al hogar y le pide quedarse en su casa. Micha, al ver a la niña ensangrentada producto de su autolesión, termina aceptando y la aloja en la casa con su mujer y su bebé. Benni vuelve al día siguiente al hogar donde se encontraba abrazada a los pies de Micha sin soltarlo. Este último, se da cuenta que las cosas habían ido demasiado lejos y le plantea a Bafané que quiere dejar el caso ya que tuvo “fantasías de rescate”. Ella lo convence a que siga con el caso ya que esto perjudicaría a la niña Poco tiempo después termina otra vez internada.

Ante esta nueva frustración tanto para la niña como para el profesional surgen las preguntas ¿Cómo responder desde el rol profesional cuando estos niño/as convocan en esa figura “a la madre que no fue, aquel padre que no estuvo, a aquella ley que no se inscribió cuando debía”? ¿Cómo intervenir interdisciplinariamente? ¿Cómo pensar un espacio de supervisión profesional en estos casos?

¿Cómo alojar la complejidad?

A pesar de los incansables intentos de la trabajadora social y la inclusión de Micha como un acompañamiento diferente todas las estrategias parecieran fracasar.

La madre de Benni le dice a la trabajadora social que dejó definitivamente a su pareja y que se llevará a Benni de vuelta a casa. Sin embargo, cuando llega a una de las pocas reuniones a las que realmente asiste, donde la niña esperaba ansiosa esa decisión, la madre se retracta de su palabra. Bafané trata de disuadirla recordándole la importancia e influencia que tiene ella para su hija pero la madre le pregunta: “Si los profesionales no pueden controlarla como voy a poder conseguirlo yo?” y agrega “A veces ella me da auténtico miedo.” Bafané resignada le pide que al menos le explique ella a su hija los motivos por los cuales se retractó. Pero la madre no puede, y se escapa. Bafané vuelve para tratar de explicarle a Benni la situación y se va derrumbando en llanto y corporalmente hasta terminar en el piso. Benni la abraza diciéndole que todo irá bien y ahora es la niña que consuela a la adulta.

Vuelven a intentar que Benni se quede con una madre de acogida anterior pero también fracasa cuando Benni hiere gravemente a una niña de acogida que ya estaba allí en un ataque de ira. Como medida a corto plazo, Benni vuelve al alojamiento de emergencia donde había estado anteriormente. Luego de su cumpleaños, donde van a visitarla, Benni huye a la casa de Micha y su familia. Micha no sabe cómo responder y la deja pasar una noche en su casa. Por la mañana, mientras los padres duermen, Benni entra en su habitación y levanta al bebé de su cuna, lo lleva abajo y le da el desayuno con cuidado. Al despertarse y llegar a la cocina, Elli, la madre del bebé, intenta llevárselo y Benni se pone agresiva. Se niega a soltar al bebé y se encierra en el baño. Micha rompe la puerta, pero Benni había huido por la ventana. Corre hasta el bosque cercano, donde se derrumba de cansancio en sueños confusos. Horas más tarde la encuentran con hipotermia y la llevan al hospital.

M. Incarnato (2013) nombra un circuito negativo “del cuidador cuidado” el cual interfiere en la posibilidad de estos jóvenes sin cuidados parentales de organizar nuevos vínculos de cuidado hacia tercero. Resalta que no se trata de realizar una lectura clasista del comportamiento educativo socialmente aceptado sino de ubicar el punto en que estos jóvenes con historia de vida fuera de la familia sufren y hacen sufrir a sus otros en función de una falta de trabajo terapéutico sobre los efectos traumáticos de esas experiencias del pasado, extremas, de abusos y malos tratos vivenciadas durante su infancia. A su vez la autora retoma la idea de Freud de que los niños actúan lo que sufren pasivamente. Se pregunta entonces:

¿Por qué no pensar entonces que estos jóvenes (...) están todavía hoy, en su juventud, fijados a este lugar de niño freudiano, en el que es posible actuar sin pensar demasiado en las consecuencias de su acto? No subestimemos entonces el trabajo terapéutico y psíquico necesario, de tramitación, que es imprescindible acompañar en estos jóvenes, (también como política de Estado) para “aprender a cuidar”, como no se los ha cuidado a ellos. (p.2)

En este caso, dentro del vínculo de Benni y Micha, se había traspasado ya un límite, siendo difícil volver atrás. Sin embargo, podemos pensar: ¿qué habría sucedido si se le hubiese ofrecido un espacio de juego para Benni para poder cuidar cómo desearía que la cuiden? Y desde el lado del acompañante, una pregunta en relación a la ética profesional ¿cómo alojar esta fantasía de rescate para poder hacer algo con eso y no sólo descartar el caso?

Todo lo desarrollado deja la pregunta por cómo alojar la complejidad de estos casos. M. Tratjenberg (2019) en su artículo propone en primer lugar, orientar las estrategias hacia el cuidado, el cual podría definirse como una ética, sustentada en el reconocimiento del otro como sujeto de derechos (Michalewicz, Pierri y Ardila, 2015). En segundo lugar, propiciar el armado de redes (de contención, afectivas, institucionales) que funcionan como sostén de aquel niño/a. Esto lo podríamos pensar en el caso de Benni ya que la participación entre pares contribuye al desarrollo de la empatía, el control de los impulsos y las habilidades sociales. A su vez, la apuesta estaría desde el lado de las instituciones en tomar estos emergentes como oportunidad para promover prácticas subjetivantes.

Apostar a prácticas subjetivantes

Winnicott ya nos advirtió sobre la importancia de la sociedad ante casos como los de Benni. Un/a solo/a profesional no puede abarcar casos tan complejos y se torna necesario formar redes de contención. Benni viene a mostrarnos que la lógica no puede ser la misma con niño/as que no fueron alojados, en estas nuevas infancias, donde algo del amor no circuló o circuló de una forma distinta, teniendo que hacerse cargo de cuestiones adultas demasiado pronto. A su vez, desde el lado de las instituciones, podemos ver adultos excedidos por la situación no contando con herramientas suficientes o viéndose superados por “fantasías de rescate”. Esto llama a desarmar formas conocidas para volvernos a armar y así ver cómo alojar este tipo de infancia.

En la investigación “Experiencias y claves para un acompañamiento integral de las transiciones hacia la vida autónoma de adolescentes y jóvenes separado/as de sus familias” (2020) se plantea cómo frente a la complejidad de las situaciones que transitan algunos jóvenes sin cuidados parentales (que podemos adaptar también en el caso de niño/as) generalmente surge desde las instituciones como respuesta prácticas expulsivas, que no son otra cosa que un rechazo y hasta en algunas oportunidades una condena a un supuesto destino irrevocable. Como si nada pudiera hacerse cuando los/as niños/as cuestionan con su “estallido” las normas establecidas y las estrategias estandarizadas de intervención. Por otro lado, la investigación plantea que estos casos permiten comprobar que, si las intervenciones logran alojar a los sujetos y apostar a su potencia, pueden producirse efectos subjetivantes, incluso en los casos más difíciles. En este texto también se menciona que en varias oportunidades, estas prácticas surgen frente a un emergente nuevo que irrumpe, una singularidad en situación, frente a la cual algún profesional o institución piensa que no dispone de herramientas o de recursos para actuar. En cambio, las prácticas subjetivantes requieren hacer lugar a la singularidad de cada situación, la cual no puede reducirse nunca a un protocolo de intervención. También implican considerar al sujeto como protagonista y como actor fundamental de su historia, lo cual favorece su participación activa en las estrategias y en la toma de decisiones. La clave radica en confiar en la potencia del sujeto, en sus capacidades y en sus propias herramientas. En las intervenciones de este tipo se tienen también en cuenta los tiempos subjetivos. Ese tiempo es aquel que va marcando el propio sujeto, es decir, no se trata de un tiempo preestablecido por otro. También es posible hablar de prácticas subjetivantes cuando las intervenciones se realizan desde el cuidado, desde la responsabilidad de no apresurar ni ralentizar esos tiempos, dándoles a estos sujetos todo el tiempo que sea necesario para pensar, comprender y poner en pausa. El rol de las intervenciones implicaría entonces estar ahí, mostrar disponibilidad, dar apoyo y seguridad, no sancionando, sino alojando cada ansiedad, miedo o preocupación. Para eso, hay que tener en cuenta la complejidad de la problemática con la que se trabaja, para abordarla de manera articulada tanto intersectorialmente como interinstitucionalmente. De esta manera se hace hincapié en el valor del armado de redes y del anudamiento del lazo social en la participación en comunidad. En ese sentido, algo de la fisura que provocan estos “system crashers” pueden convertirse en hendijas, que nos aporten la luz de estos nuevos saberes y nuevas intervenciones.

En una de las escenas finales donde Benni se encuentra sola en el bosque y tiene sueños confusos donde aparece un perro salvaje y ella lo mira. Podríamos pensar que algo de ese animal le devuelve a la niña su lado “salvaje”. Luego, sin poder distinguir con claridad si es realidad o ficción, Benni termina en una cucha abrazada con el perro. A través de recursos técnicos estilísticos aparece una mezcla de sensaciones de cariño y cuidado, Benni se encuentra en los brazos de su madre como si fuera un bebé, y su madre está cantándole una canción de cuna. Benni despierta y su mamá estaba a su lado de su cama de hospital, pero no abrazándola sino llorando. La madre la mira y le dice “mi señorita”. En ese sentido, la escena nos muestra también la importancia de estrategias desde la instituciones de cuidado para ser capaces de cuidar, de “acunar”, de poder prestarse con el cuerpo desde un lugar distinto y como semblante de identificaciones sin traspasar el límite profesional, para poder habilitar que estos/as niños puedan intervenir en su mundo desde un lado creativo y no desde la destrucción.

Finalmente, en la narrativa de esta historia, se opta por el último recurso: Benni es trasladada a Kenia. Como escena final, la vemos en el aeropuerto despedirse con un abrazo de la señora Bafané. Esta última le dice al adulto que acompaña a la niña: “Sólo cuide bien de ella” y agrega “cuídese usted también”. Este adulto le dice a Benni “Ven pequeña” para pasar por migraciones a lo cual la niña responde: “no soy pequeña”. La escena, como las anteriores, no termina allí ya que es un final donde un nuevo cristal se rompe.

Referencias

Chagas Dorrey, R. C. (2012). La teoría de la agresividad en Donald W. Winnicott. Perfiles educativos, 34(138), 29-37.

Incarnato, M. A. (2018). La transición a la vida adulta de jóvenes sin cuidados parentales: aproximaciones para una realidad inexplorada (Master’s thesis, Buenos Aires: FLACSO. Sede Académica Argentina).

Incarnato, M., & de Doncel, D. E. (2014). Cuidados que cuidan. Sobre la retroalimentación de los circuitos de la exclusión familiar en adolescentes sin cuidados parentales.

Mena, M. I., & Fleischer, D. (2013). El aporte del término" deprivación" acuñado por DW Winnicott, en la época que transitamos. Anuario de investigaciones, 20, 125-130.

Ministerio de Desarrollo Social – Unicef, Situación de niños, niñas y adolescentes sin cuidados parentales en la República Argentina. Relevamiento Nacional — Actualización 2014

Rodríguez, F & Trajtenberg, M., & Doncel, A. C. (2016) Adolescentes y jóvenes sin cuidados parentales: dispositivos de acompañamiento en la transición hacia la autonomía.

Trajtenberg, M. (2019) ¿Cuáles son las estrategias para dar respuesta a niñas y niños “caídos del otro”?

Trajtenberg, M, García Iglesias L., Arcieri S., Kasimierski C. Maydana M. (2020) Experiencias y claves para un acompañamiento integral de las transiciones hacia la vida autónoma de adolescentes y jóvenes separado/as de sus familias

Ministerio de Desarrollo Social – Unicef, Situación de niños, niñas y adolescentes sin cuidados parentales en la República Argentina. Relevamiento Nacional — Actualización 2014

Winnicott, Donald “Deprivación y delincuencia” 1era edición 7ma reimpresión, Buenos Aires, Paidós, 2011.


NOTAS

[1En Argentina, el relevamiento nacional registró 9219 NNyA sin cuidados parentales. Registrando una reducción de un 37% respecto de los datos publicados en el anterior relevamiento del 2011.





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