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Sobremedicalización en la infancia: Una cuestión Ética y de Derechos Humanos

por Acosta Buralli, Karen Elin

Universidad de Buenos Aires

Resumen

El objetivo del presente escrito es analizar la sobremedicalización en la infancia a partir de la articulación con el capítulo dos de la serie New Amsterdam. Para ello se abordará la implicancia de los discursos objetivantes en la sobremedicalización y los obstáculos que esta produce en la simbolización. Así como también se trabajará la sobremedicalización como mercantilización de la salud y su relación con la autonomía y los derechos del niño. Por último, se desarrollará el posicionamiento ético de los profesionales de salud mental frente a esta problemática y cómo podría abordarse la misma desde la complejidad y la interdisciplina.

Palabras Clave: Sobremedicalización | Infancia | Derechos | Ética

Overmedicalization In Childhood: An Ethical and Human Rights Issue

Abstract

The objective of this writing is to analyze overmedicalization in childhood from the articulation with chapter two of the New Amsterdam series. To do this, the implication of objectifying discourses in overmedicalization and the obstacles that this produces in symbolization will be addressed. As well as work on overmedicalization as a commodification of health and its relationship with the autonomy and rights of the child. And finally, the ethical position of mental health professionals in the face of this problem will be presented and how it could be approached from complexity and interdiscipline will be developed.

Keywords: Overmedicalization | Childhood | Rights | Ethics

Introducción

Desde sus inicios, el cine ha desplegado las grandes problemáticas psicológicas y éticas de la existencia humana. Existen actualmente múltiples programas, dentro y fuera del ámbito académico, que se valen de filmes para investigar temas complejos de la práctica psicológica, para ilustrar capítulos conceptuales, o para tratar el padecimiento humano (Fariña, 2016). Por eso en el presente trabajo se intentará abordar la problemática de la sobremedicalización en la infancia a partir del capítulo dos de la serie New Amsterdam, relacionando el mismo con los conceptos que se mencionarán a continuación.

Por un lado, se desarrollará la implicancia de los discursos objetivantes en la sobremedicalización, ya que podría pensarse que estos son el motor de la misma, debido a que restringen el despliegue de la subjetividad a partir de generar un discurso donde la salud es sinónimo de adecuarse al orden social planteado por las instituciones, y por ende fomenta el uso de la medicalización para corregir aquello que no se adapta al orden normalizador de las mismas. En esta línea, también se abordará cómo la sobremedicalización impide los procesos de simbolización y la expresión de la subjetividad obstaculizando lo enunciable.

Así como también se trabajará la sobremedicalización como mercantilización de la salud, ya que la industria farmacéutica que se favorece de dicha sobremedicalización sitúa a la salud bajo las lógicas de mercado. Y cómo esta interfiere en la autonomía de los niños, al limitar la expresión de su subjetividad y la capacidad de ejercer sus derechos. Por último, se presentará el posicionamiento ético de los profesionales de salud mental frente a esta problemática y cómo podría abordarse la misma desde la complejidad y la interdisciplina.

Sobremedicalización en la infancia

La infancia como se concebía en la modernidad se ha transformado y hoy asistimos a la existencia de múltiples formas de vivir la infancia que plantean complejos desafíos a la sociedad y a la escuela. Ante este crítico panorama resulta preocupante observar cómo busca instalarse en el ámbito escolar, y con el aval de la ciencia, una nueva tendencia según la cual todo problema es un trastorno para eliminar de la forma más rápida posible. Para ello, la solución más eficiente que se ha encontrado es la de medicalizar síntomas que manifiestan los niños que más dificultan el trabajo áulico (Dueñas & Kligman,2014), tal y como sucede con Leo en la serie.

Sin embargo, medicalizar los síntomas no soluciona ni evita el padecimiento del niño, sino que muchas veces lo intensifica y limita la simbolización, se lo objetiviza y condiciona a responder de la manera más funcional para el sistema, dejando de lado el padecimiento subjetivo. Es por eso que, desde una perspectiva ética los profesionales de la salud mental deben intentar que la medicación sea la última alternativa y que lo principal sea escuchar y acompañar el sufrimiento del niño.

La industria farmacéutica y todos los que se benefician económicamente con la sobremedicalización contribuyen a la mercantilización de la salud, que desplaza a los profesionales de su labor principal violando la autonomía y los derechos de las infancias. Pero ¿Por qué los adultos no evidencian que la medicación no puede ser la solución principal ante las problemáticas que presentan los niños? Porque es justamente lo mismo que utilizan ellos para silenciar su padecer, es decir que la sobremedicalización de los adultos es el antecedente principal de esta problemática, ya que estos apelan cotidianamente y casi con naturalidad a estimulantes para rendir mejor en el trabajo, antidepresivos para anestesiarse, o ansiolítico para regular la aceleración, entre otros (Dueñas & Kligman, 2014). Pero a diferencia de los adultos, los niños no están decidiendo medicarse, por eso resulta importante repensar el rol del psicólogo en relación con la sobremedicalización en la infancia desde una perspectiva ética en pos de proteger la autonomía, los derechos del niño y su salud mental.

La Historia de Leo

En el capítulo dos de la serie “New Amsterdam” que transcurre en un hospital, un niño de diez años llamado Leo acompañado de su madre asiste a la consulta con un psiquiatra. Leo no habla con el médico, ni hace contacto visual y solo se limita a manipular un juego de legos. La madre del niño había mencionado que cuando duerme no controla esfínteres y que es difícil despertarlo. Al leer el expediente de Leo el especialista notó que al niño se le habían recetado una serie de medicamentos como somatina, sertralina, isoptina y atomoxetina. Además, a partir del expediente, el médico notó que el padre de Leo murió hace unos años. Por otro lado, la madre menciona que Leo tuvo una pelea física en la escuela por lo cual la psiquiatra de las instituciones escolares le recetó medicinas y de esa forma el niño se calmó, aunque al preguntarle al niño, este niega con la cabeza haber tenido algún problema en la escuela. El profesional le explica a la madre que las medicinas pudieron haberlo calmado, pero no resolvieron su problema. Por lo cual, el psiquiatra, junto con el neurólogo del hospital, deciden quitarle las medicinas e intentar tratarlo con terapia conductual, ya que al tomar muchas medicinas contrapuestas el problema no es claro y el niño no puede expresar lo que le sucede. La madre acepta ese tratamiento y comenta lo animado que era antes el niño y cuánto había cambiado.

El psiquiatra explica que la sotapina causa apatía por eso le prescribieron un estimulante, pero este le ocasiona somnolencia y le aceleró su aumento de peso, lo que puede originar diabetes tipo dos, y por eso no controla esfínteres, porque tiene diabetes por todas las medicinas que toma. La madre expresa su asombro y su intento de ayudarlo, ya que le dijeron que su hijo necesitaba esos medicamentos.

Sin embargo, la psiquiatra a cargo de las instituciones escolares se presenta al hospital para advertir que si Leo deja de tomar medicamentos no será aceptado en ninguna escuela pública. Por lo cual los médicos del hospital llevan al sistema escolar a la corte. En la cual el neurólogo expresa que ellos pueden ayudar a Leo sin dañar su salud física, pues no es necesario elegir entre salud física y mental. Pero la psiquiatra de los establecimientos escolares expresa que si el niño deja sus medicamentos será una amenaza para sus compañeros y muestra un video previo a la prescripción médica donde Leo golpea fuertemente a uno de sus compañeros. Por lo cual, partiendo de la salud como la nueva moral de la época no se estaría recurriendo a la medicina ante una enfermedad, sino para prevenir riesgos (Stolkiner,2013).

En respuesta a ello el psiquiatra del hospital New Amsterdam plantea que en el video hay rabia circunstancial, no química. Por eso intenta hablar en privado con Leo para que pueda explicar el porqué de su conducta, pero el niño no responde debido a su sobremedicalización. Por lo cual, los médicos le realizan una desintoxicación por diálisis para que pueda poner en palabras lo sucedido.

En efecto, luego el niño puede expresar que se siente culpable por la muerte de su padre, ya que este tuvo un ataque cardíaco cuando iba en camino a buscar el juego de legos que Leo había olvidado, y explica que el compañero al que golpeó en el video dijo que él debería morir como su papá, y ese día él pudo defenderse. El psiquiatra propone que Leo necesita procesar la culpa que siente y no podrá hacerlo medicado, ya que debe poder sentir, hablar con alguien, y le pide a la jueza que le permita ayudarlo, la jueza asiente y el niño vuelve a sonreír abrazado a su madre.

La implicancia de los Discursos Objetivantes en la Sobremedicalización como Obstáculo de la Simbolización

Lo sucedido con Leo en el capítulo mencionado, es un ejemplo de cómo la sobremedicalización en la infancia impide la simbolización, pone límites a lo enunciable y obstaculiza la cura. Allí donde la interrelación simbólico-imaginaria queda detenida, la utilización de drogas no hace más que obturar ese proceso y, muchas veces, clausurarlo (Názara, 2018). Cabe aclarar que esto no significa que el uso de la medicación siempre fomente la enfermedad, sino que el exceso de ella puede silenciar el padecimiento de tal forma, que no solo se deje de expresar la enfermedad, sino también la persona que la padece. Esto muchas veces es producto de los discursos disciplinarios que despliegan sus prácticas en torno a la niñez, generando políticas de objetivación del niño, con los consecuentes efectos de desubjetivación (Salomone, 2009). Ya que cada práctica que obtura la escucha del acontecimiento y de la narrativa, núcleo de los procesos vitales y del sufrimiento psíquico, es potencialmente objetivante (Stolkiner, 2013).

Tal y como sucede en la serie, dichos discursos objetivantes e imperantes provienen tanto de profesionales de la educación, como de la salud, que hacen creer que la escuela y más extensamente la sociedad, es “víctima de niños inadecuados, anormales, enfermos”, sin cuestionarse si existe alguna relación entre la creciente cantidad de niños con “supuestos trastornos” y la inadecuación del sistema escolar (Moysés y Collares, 2011). Los discursos médicos son construcciones sociales, históricas y culturales, que abordan múltiples dimensiones y actores, que producen y reproducen un orden social. Estos se instalan en el sentido común de la población, ampliando el rango de llegada de la medicalización, determinando modelos de crianza y de educación (Zijlstra, 2020). Por ende, ante fenómenos disruptivos en la infancia, la respuesta es corregirlos, normalizarlos para que se adecúen al orden social. Es una lógica que instituye a esos fenómenos como trastornos a ser corregidos, para ser llevados a una pretendida normalidad, en la que los niños se adapten a lo que socialmente demandan las distintas instituciones (Názara, 2018).

De manera que, las descripciones conductuales se transforman en enunciados identificatorios, lo cual hace perder a los niños su identidad subjetiva. Ya que por presentar dificultades en la escuela o en la familia, los niños suelen ser rotulados y medicados de forma inmediata, sin que nadie se tome el tiempo para escucharlos, ni indagar en su contexto y en su historia, sin intentar comprender los conflictos que expresan, tal y como sucedió con Leo en la serie. Quedando la infancia inmovilizada en cuadros patológicos, perdiendo la posibilidad de realizar una lectura, desde el paradigma de la complejidad, de aquello que ocurre (Untoiglich, 2014).

Mercantilización de la Salud y su relación con la Autonomía y los Derechos Humanos

Desde comienzos del siglo XX, surge el hecho de que la medicina podría ser peligrosa, no en la medida de su ignorancia y falsedad, sino en la medida de su saber, en la medida en que constituye una ciencia (Foucault, 1974). Un saber sostenido en el discurso médico, cooptando a buena parte de las instituciones educativas impulsado por la publicidad aplastante de los laboratorios con aureola de cientificidad (Názara, 2018). De manera que, los que realmente obtienen el mayor lucro de la salud son las grandes empresas farmacéuticas. En efecto, la industria farmacéutica está sostenida por el financiamiento colectivo de la salud y la enfermedad (Foucault, 1974) situando a la salud bajo las lógicas del mercado.

Dicha mercantilización de la salud a través del consumo de medicación está constituida no solo por los niños, sino por los adultos responsables de esos niños: padres, docentes, médicos, etc. (Názara, 2018). Como sucede en el caso de la madre de Leo, que, atravesada por la presión de la psiquiatra de las instituciones escolares, y el saber depositado en ella, decide aceptar medicar a su hijo. Sin embargo, dicha decisión al ser ejecutada bajo coerción, porque si no su hijo no podría ser escolarizado, pone en duda el ejercicio de la autonomía de la madre como responsable del menor. Ya que ejercer autonomía significa actuar en libertad frente a coacciones externas con la presencia de una facultad mental crítica, ejemplificada por la comprensión, la intencionalidad y la capacidad de tomar decisiones voluntarias (Beauchamp, 2001).

Teniendo en cuenta que, lo que rige a la sociedad no son los códigos sino la perpetua distinción entre lo normal y lo anormal, la intención de restituir el sistema de normalidad (Foucault, 1974) es ejercida por distintas instituciones. En este sentido, es la presión normalizadora, ejercida por la institución escolar en el caso de Leo, la que vulnera no solo la autonomía de la madre sino también la del niño. Ya que la sobremedicalización, al obturar el desarrollo de la subjetividad, no le permite al niño decidir sobre su accionar y hasta limita su decir. La autonomía de los niños se expresa en la capacidad de ejercer derechos propios y adquirir obligaciones, la propia letra de la legislación referida a la infancia, permite interpretar una noción de autonomía progresiva, ligada a los tiempos evolutivos, que no está sujeta a la edad cronológica, sino al grado de madurez afectiva, intelectual y psicológica que un niño determinado presenta. Se trata del ejercicio progresivo de los derechos por parte del niño (Salomone, 2010).

Por ende, la sobremedicalización vulnera la autonomía de los niños en términos de ejercicio de derechos, ya que el artículo 24 de la Convención Internacional de los Derechos del Niño, establece el reconocimiento del derecho del niño al más alto nivel posible de salud (ONU, 1989), lo que implica no poner en riesgo la salud de los niños en pos de normalizar su conducta para que sean aceptados por las instituciones, como sucedió en el caso del personaje de la serie. Donde incluso conductas socialmente disruptivas pueden ser la respuesta saludable de un niño ante el dolor por el atravesamiento de los procesos vitales, tal y como lo expresa Leo en respuesta al fallecimiento de su padre. Pero no hay lugar para tramitar el padecimiento psíquico cuando cada acto de salud es pasible de ser subordinado a la medicalización (Stolkiner, 2013).

Legislación y Posicionamiento Ético de los Profesionales de Salud Mental Frente a la Sobremedicalización en la Infancia

El artículo 12 de la Ley de Salud Mental 26.657 (2010) establece que la medicación solo se administrara con fines terapéuticos y no como castigo o por conveniencia de terceros, o para suplir la necesidad de acompañamiento terapéutico o cuidados especiales. Debe promoverse que los tratamientos psicofarmacológicos se realicen en el marco de abordajes interdisciplinarios. Donde la indicación y renovación de prescripción de medicamentos no debe realizarse de forma automática (Art. 12). En este sentido, en los Principios Para la Protección de los Enfermos Mentales y el Mejoramiento de la Salud Mental (1991) el décimo principio establece que la medicación debe ser acorde a las necesidades del paciente, y por ende no tiene que ajustarse a los procesos normalizadores de las instituciones, sino al niño. Además, la ley 26.061 (2005) de Protección Integral de los Derechos de niños, niñas y adolescentes sancionada en 2005, promueve el derecho a acceder a la prevención, promoción, información y protección de la salud de las infancias. Dicha ley establece que todos los actores son responsables de la protección integral de derechos a partir de las acciones articuladas de varios participantes, donde cada uno desde sus competencias es responsable de la protección integral de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. De manera que, aunque el rol del psicólogo no sea recetar medicación, si es responsable de la protección de los derechos del niño y de su salud mental, por eso la sobremedicalización en la infancia es una temática de incumbencia para la práctica psicológica, y frente a la cual es necesario responder éticamente.

En este sentido, el interés ético que guía al profesional de la salud es impulsar el crecimiento integral de los niños, intentando acompañar su sufrimiento en el caso que lo necesiten. Pero si lejos de hacer honor al código deontológico de la profesión, los psicólogos son agentes activos en la creación y permanencia de una pandemia como lo es la patologización de procesos vitales de la infancia y la sobremedicalización, es necesario parar, pensar y construir una nueva estrategia de actuación desde una perspectiva de derechos. Da igual si la inercia que los guía proviene de la mercantilización de la salud animada por los intereses especulativos de multinacionales farmacéuticas u otros siempre discutibles poderes en la sombra, o se debe sencillamente a la infinitamente compleja realidad del mundo, lo que no puede ser indiferente es alejarse del propósito que define la labor del psicólogo. Llegado a este punto, es necesario hacer lo que el psicólogo sabe hacer, trabajar por la salud de los niños y las niñas que acuden a sus servicios, prestando una ayuda real y efectiva, que no viole el principio hipocrático y que trate además de ofrecer el mejor camino posible al alivio de su sufrimiento (Castilla, 2015).

De manera que, la patologización y medicalización en la infancia no es un asunto menor, y requiere una mirada distinta y profundamente critica de aquellos que han contribuido a su producción. Ante este panorama, la psicología no puede permanecer indiferente, pero tampoco puede hacer demasiado trabajando de forma aislada. Junto con la pedagogía, la filosofía, sociología y medicina, entre otras, tienen mucho por hacer y decir, particularmente si se trata de construir alternativas ante problemáticas que afectan los derechos de los niños. Trabajando desde una concepción integral de la salud que considere al sujeto en su complejidad, para atender así las consultas con una perspectiva abarcativa que, sin recortes, apele a profundizar e integrar los aportes de distintas áreas del conocimiento científico (Dueñas & Kligman, 2014) como logran hacer los médicos del hospital New Amsterdam según evidencia la serie.

Respondiendo a la Demanda del Paciente Desde la Complejidad y la Interdisciplina

Lacan (1966) recuerda al médico su deber ético y se pregunta: ¿Dónde está el límite en que el médico debe actuar y a qué debe responder? Pues responde a la demanda, y es en el registro de modo de respuesta a la demanda del enfermo donde está la posibilidad de supervivencia de la posición propiamente médica (Lacan 1966). Respecto a la sobremedicalización en la infancia, la demanda proveniente de padres y autoridades escolares se sostienen bajo el supuesto que el niño padece un trastorno, siendo la medicación una vía de tratamiento eficaz. En este sentido, resulta importante que el modo de responder a la demanda desde la posición del psicólogo tenga en cuenta las pautas recomendadas por la Comisión Nacional Interministerial en Políticas de Salud Mental y Adicciones, las cuales apuntan a tener en cuenta que los problemas en el rendimiento o en el comportamiento escolar no equivalen necesariamente a un diagnóstico (Campologo et al., 2015). Ya que no pueden abordarse estas problemáticas aislándolas de otras áreas que interfieren en ella, como el contexto y las características de la persona. Es decir que al no ser posible responder adecuadamente a ninguna problemática de manera aislada, es necesario que los profesionales de la salud respondan desde el paradigma de la complejidad, en el cual intervienen tantas disciplinas como factores se involucren en la problemática, y por ende es necesario que las mismas trabajen en conjunto.

Lo interesante para la práctica psicológica es que las situaciones con las que debemos lidiar no se presentan de manera pura, solo compuestas por necesidad y azar o transitando exclusivamente el terreno de la responsabilidad subjetiva. La realidad es mucho más compleja y el arte del psicólogo radica en una fina discriminación entre los elementos que integran una situación (Fariña, s.f.). Por eso, profesionales de la salud que solo aplican cuestionarios para realizar diagnósticos, reducen dicha complejidad de las problemáticas en la infancia, con la ilusión de que se podría cuantificar el sufrimiento, lo que transforma a la clínica en la aplicación de procedimientos burocráticos (Untoiglich, 2014). Lo que reduce al sujeto a un objeto que presenta una sola problemática que muchas veces es abordada a partir de medicamentos para eliminarla. De manera que no queda espacio en la infancia para lo imprevisible, el desafío, la rebeldía (Untoiglich, 2014), en definitiva, no hay lugar para la expresión de la subjetividad. En este sentido, los analistas tienen la posibilidad o la obligación de plantear las consecuencias que esta peligrosa maquinaria de des-subjetivación produce a nivel social, político y singular (Názara, 2018).

En oposición a los procesos desubjetivantes, abordar el tema desde el sufrimiento psíquico permite ir más allá de las enfermedades mentales o patologías, para poder entender las diversas maneras en que el dolor forma parte de los procesos vitales, y evitar la medicalización de dichos procesos. Por ende, el concepto de sufrimiento subjetivo permite ampliar el campo de comprensión de las problemáticas abordándolas desde la complejidad, descentrándolas de la ontologización patologizante, para reincorporar la dimensión subjetiva en todas las prácticas de salud (Stolkiner, 2013). En el caso de Leo, los médicos del hospital New Amsterdam, trabajando a partir del sufrimiento psíquico, promueven el cambio de posicionamiento subjetivo del niño, que le permite simbolizar, poner en palabras aquello que el exceso de medicamentos silenció, y donde hasta ahora solo había hallado expresión el deterioro físico y mental. El quitarle los medicamentos al niño también es una acción terapéutica, ya que según el Departamento de Estudios sobre Psiquiatría y Psicoanálisis (2014), no indicar un fármaco es una decisión médica de la misma trascendencia que sí hacerlo.

Cabe aclarar que para resolver la problemática de Leo el psiquiatra que lo recibió en la consulta no trabajó solo, sino que articuló sus saberes con un neurólogo, así como también con la madre del niño, el jefe del hospital, la jueza y por supuesto con Leo. En este sentido “la Nueva Pediatría” podría ser un punto de partida para responder a la sobremedicalización en la infancia de forma interdisciplinaria, ya que según Rustoyburu la Nueva Pediatría es un abordaje psicosomático que une los saberes psi con los conocimientos médicos, y por lo tanto pregona un tratamiento interdisciplinario del paciente. Además, introduce una concepción de sujeto disruptiva con la tradicional, pues piensa su objeto de intervención como un niño portador de derechos que debe ser entendido necesariamente en el contexto que habita (Zijlstra, 2020).

Reflexiones Finales

A partir de lo desarrollado, se entiende que la sobremedicalización de la infancia es una problemática actual que interpela a todos, pero en especial a los profesionales de la salud en lo que respecta a su posición ética frente a la vulneración de derechos ejercida por la sobremedicalización. Por eso es necesario que estos realicen un trabajo de promoción y prevención de la salud mental para transmitir a la sociedad que existen alternativas posibles a la medicación para disminuir el padecimiento de los niños, en caso de que lo necesiten. Un ejemplo de ello lo demuestra la serie New Amsterdam cuando los médicos afirman que escuchando al niño ellos pueden ayudarlo sin necesidad de poner en riesgo su salud física con fármacos.

De manera que, un primer paso para solucionar esta problemática sería aceptar que las infancias se desarrollan y expresan de forma diferente entre sí y que resulta necesario escucharlas y dar lugar a la diversidad, aunque para ello se tenga que repensar las instituciones en pos de respetar los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Por eso, adoctrinar las infancias desde el discurso normativo objetivante nunca podría ser la respuesta, ya que redunda en una violentación de su subjetividad y autonomía. Pero desde la mercantilización de la salud y los sectores de poder que se ven beneficiados con la sobremedicalización de la infancia, intentarán continuar haciéndolo, aunque ello implique silenciar por completo la expresión del niño para que se adecúe a las instituciones sociales, pues expropiada la esencia de ser niño, solo resta obedecer… (Untoiglich, 2014).

Frente a ello es necesario que los profesionales de la salud respondan desde una posición ética que promueva la protección de derechos y permita acompañar a los niños en su padecimiento subjetivo. Para eso es necesario dar lugar a la expresión de la subjetividad y abordar las problemáticas desde el paradigma de la complejidad, teniendo en cuenta todas las áreas que se relacionan con el surgimiento de un problema, y por ende integrando el aporte de los profesionales de cada área trabajando en conjunto de forma interdisciplinaria para promover la salud de las infancias escuchándolas y no silenciándolas con medicamentos.

Referencias

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NOTAS






COMENTARIOS

Mensaje de Pablo Méndez  » 7 de septiembre de 2021 » licpablo@yahoo.com 

Enriquecedora la mirada y el análisis del tema de la sobremedicalización en la infancia. Efectivamente un modo de controlar el de los niños/niñas es medicalizar sus patologias, sus síntomas, sus malas conductas, o dificultades de aprendizaje. Por detrás están los todopoderosos Laboratorios, que dejan de lado muchas veces los valores éticos, por el rey mercado, y sus millonarias ganancias. Otro capitulo de la misma serie también hace referencia a esta cuestión, y los avatares de los medicamentos en vías de investigación más económicos que los ya avalados por el sistema farmacéutico, y su cancelación por parte de los Laboratorios para terminar con esta competencia. Lamentablemente en los niños, quedan como objeto a rotular, medicar, y normalizar., y regular por la pastilla, por el sistema farmacológico. El análisis podría propiciar al niño decir algo, allí donde padece, mediatizar la palabra ante su padecer.
Como dice la letra de una canción de Serrat "niño...deja de joder con la pelota, niño... que eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca".



Mensaje de rolón malena   » 23 de agosto de 2021 » malenajael014@gmail.com 

. Me parece una temática muy rica para analizar, dado el auge de la sobremedicalización en estos tiempos. El capítulo 2 de la serie New Amsterdan, muestra con claridad el discurso hegemónico y dominante que frente a alguna conducta fuera de la norma que tiene algún estudiante (en este caso Leo), el sistema escolar regido por el discurso médico, toman como solución la medicalización, sin llegar a conocer el verdadero motivo que desencadenó ese accionar en el niño. A partir de esto, se podría pensar, además de lo mencionado, la importancia de profesionales del área psi que estén presentes en las escuelas que estén atentos/as a las problemáticas que puedan surgir, y trabajen interdisciplinariamente, no solo quedándose con una parte (quizá un hecho problemático o alguna conducta transgresora por parte del niño), sino viendo todo el panorama y valiéndose de todas las herramientas posibles para ayudar a lxs alumnxs (escuchando a la familia, trabajando interdisciplinariamente con otros profesionales tanto médicos como de otras áreas), tal como lo hizo el psiquiatra que atendió a Leo en la serie. También se podrían plantear interrogantes como por ejemplo ¿por qué más allá de las leyes que protegen a los niños, no hay una regulación mayor en la atención de los mismos? ¿Por qué si es visible el daño que causa la sobremedicalización, esa práctica continúa llevándose a cabo?



Mensaje de Galia Milanesi  » 22 de agosto de 2021 » milanesigalia@gmail.com 

Me parece un análisis muy interesante dado lo importante y actual de la problemática desarrollada, que puede observarse con claridad en un capítulo de New Amsterdam. Desde algunos discursos dominantes, que se instalan como sentido común, se determina la manera de definir lo normal y esperable como, así también, lo anormal y desviado. Y estos discursos solidarios con el modelo médico hegemónico permiten diagnosticar, "etiquetar", patologizar y asignar un tratamiento a los niños, en tanto se alejan de esos parámetros establecidos de normalidad, en tanto no se adaptan a las demandas escolares, al orden social. Desde esta postura se considera todo problema como un trastorno que porta el niño, y el cual debe ser curado de la forma más rápida posible, siendo la medicalización una de esas vías. El caso de Leo, el personaje de la serie, muestra como la medicación "tapa" los síntomas pero no resuelve el problema, no permite que el niño pueda poner en palabras lo que le sucede. Motivo por el cual, la sobremedicalización en la infancia que restringe el despliegue y la expresión de la subjetividad de los niños, me parece un tema importante de analizar y debatir como futuros profesionales de la salud mental. En pos de tratar de intervenir de forma interdisciplinaria, teniendo en cuanta la complejidad de las problemáticas, y planteando como principal tratamiento la escucha y acompañamiento de los niños,respetando sus derechos.



Mensaje de sofia Sanchez  » 21 de agosto de 2021 » belsansofia@gmail.com 

Del análisis de la medicalización en niños y como esta se constituye a través de las leyes de mercado: Interesa el trasfondo y la idea que subyace: el binarismo drogas buenas o drogas malas. Es una temática interesante, que ocupa grandes debates hoy en día, en el marco de la legalización o prohibición de muchas sustancias. Podría decirse que las drogas no son más que sustancias químicas, haciendo justamente lo que las sustancias químicas hacen. Por lo cual, lo que resulta interesante considerar respecto de las drogas, es justamente lo que refiere al vínculo o relación que las personas crean con estas sustancias.
En este punto, se desliza la cuestión respecto de la Ética y la responsabilidad y por supuesto la necesidad de considerar los emergentes de las singularidades en situación. En este claro análisis, vemos como los discursos reproducen y son motor de la continuidad de lo mismo, justamente ahogando la posibilidad de lo singular, en aquellos sujetos, que se encuentran transitando su niñez. Razón por la cual, resulta necesario la implementación de legislación que vele por los derechos, como así también que reflejen un posicionamiento ético, en el cual las políticas de cuidado de la salud, permitan considerar, no solo la complejidad de la temática, sino que persigan la promoción a la autonomía y desarrollo subjetivo. En este punto, es interesante traer a reflexión aquello que Badiou formulaba respecto de la Ética en la que resalta la necesidad de formular definiciones mucho más abarcativas, que reflejen el “más allá del animal humano”, sin caer en la concepción victimista. Resulta necesario el trabajo respecto de la cuestión ética, no solo de las sustancias producidas en industrias farmacéuticas (las cuales ya implican de por sí, un gran trabajo), sino tambien aquellas que parecieran presentarse inicialmente por fuera de este universo.



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