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El silencio como herramienta de tortura durante la dictadura civíco-militar uruguaya 1973-1985

por Julian Gabriel Mancini, Natalia Ines Forgiarini, Pedro Nicolas Velazquez Nanni

Resumen

En el siguiente trabajo se observará el papel que ocupó el silencio durante la dictadura cívico-militar uruguaya que transcurrió desde 1973 a 1985. Se hará énfasis, específicamente, en el silencio al que fueron sometidos los presos secuestrados, encerrados y torturados durante ese periodo dictatorial. Para ello, se extraerán las características principales de ese silencio y se analizará el contexto tomando la película “La noche de los 12 años” de Álvaro Brechner. El foco principal estará puesto sobre el personaje de José “Pepe” Mujica. Se observarán las consecuencias que le trae aparejado el aislamiento obligatorio que debe padecer, las situaciones que va atravesando y, a su vez, la influencia del silencio en todas ellas.

Palabras Clave: silencio; dictadura; secuestro; Mujica.

Silence as a tool of torture during the uruguayan civil-military dictatorship of 1973-1985

Abstract

The following work will observe the role played by silence during the Uruguayan civil-military dictatorship that took place from 1973 to 1985. Emphasis will be placed, specifically, on the silence to which the prisoners kidnapped, locked up and tortured during that dictatorial period were subjected. To do this, the main characteristics of this silence will be extracted and the context will be analyzed by taking the film "The night of the 12 years" by Álvaro Brechner. The main focus will be on the character of José "Pepe" Mujica. The consequences of the compulsory isolation that he must suffer, the situations he is going through and, in turn, the influence of silence on all of them will be observed.

Keywords: silence; dictatorship; kidnapping; Mujica.


Reseña Cinematográfica

El film “La noche de 12 años” narra el tiempo de encierro y aislamiento de tres figuras uruguayas que representaban la revolución frente a la dictadura cívico-militar de ese país en los años 1973-1985. Entre ellas se encuentra José “Pepe” Mujica, referente tupamaro, quien participaba en los enfrentamientos llevados a cabo por su organización política (el Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros), en contra de los militares que ocupaban el Gobierno durante ese período.

Mujica es secuestrado y trasladado, al igual que otros dos compañeros (Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro), a varias celdas y calabozos en diversos centros de detención. La particularidad que tiene el personaje de “Pepe” Mujica es su aislamiento y las consecuencias que sufre por el mismo. Los calabozos y las celdas que le son asignadas son diferentes en comparación a las de sus otros dos compañeros, lo cual marca un impacto en su subjetividad.

Una característica relevante que se observa a lo largo de la película es el silencio atravesado por el personaje. Este silencio es consecuente del aislamiento que transita, un silencio impuesto por los militares por medio de una orden impartida tanto a él como a sus compañeros de detención, quienes no podían hablar entre ellos, ni con los militares, ni con los guardias, ni con nadie; ni siquiera les estaba permitido hablar para hacer pedido alguno.

Contexto

La dictadura cívico-militar uruguaya se extendió entre el 27 de junio de 1973 y el 1 de marzo de 1985. Fue un período durante el cual Uruguay fue regido por un gobierno militar no ceñido a la Constitución y surgido tras el golpe de Estado del 27 de junio de 1973. Dicho período estuvo marcado por la prohibición de los partidos políticos, la ilegalización de los sindicatos y medios de prensa y la persecución y encarcelamiento de opositores al régimen.
Durante la dictadura la violencia fue ejercida de muchas formas: la violación a la libertad de expresión y de asociación, la censura política, la persecución y vigilancia permanente, el exilio por la fuerza de miles de personas, la desaparición forzada, el encarcelamiento sin juicio y la tortura física y psicológica.

Desarrollo

Para comenzar resulta pertinente mencionar brevemente las características del silencio al cual se enfrenta el personaje principal de la película. Etimológicamente la palabra “silencio” viene del latín silentium, y este del verbo silere (estar callado). Es decir, que el silencio se vincula con callarse. Pero uno puede estar callado por decisión propia, o puede estar callado por una fuerza involuntaria. Dentro del contexto de dictadura, el silencio era un arma más para censurar a las personas que pensaban distinto y para imponer con prepotencia las ideas del gobierno militar al mando.

El silencio que se observa en la película, arrastra las características de ser involuntario, impuesto, obligado, acallador, intimidador, e incluso torturador. Es un silencio que busca borrar al sujeto, que busca anularlo y cancelarlo. El gobierno utilizaba el miedo y la intimidación para imponer y difundir el silencio a toda la sociedad.

Eran tiempos donde se encasillaba al enemigo con parámetros amplios y muy laxos, cualquiera podía entrar en esa categoría; eran los militares los que decidían unilateralmente quién era enemigo y quién no. Frente a la incertidumbre y al temor de saberse enemigo o no, las personas optaban por no hablar para no ser secuestradas. El silencio estaba en boca de todos, y el miedo acallaba muchas voces, generando así una comunidad silenciada. De esta manera, desde el gobierno, el silencio era un orden a cumplir. Todos debían tomar la actitud general de silenciarse, y quien no asumía ese lugar, se lo imponían, como en el caso de Mujica y sus compañeros, quienes eran callados, silenciados, secuestrados, y torturados.

En relación con lo dicho anteriormente, podemos pensar al gobierno cívico-militar desde el texto de Lewkowicz. A partir de él, podríamos mencionar que la dictadura es un particularismo, es decir, una parte del universo que pretende imponer su regla particular como ley de todo. Para ser más precisos, podemos decir que partimos de la base en la que todos tenemos un sistema moral que organiza nuestros cuerpos, ya que la moralidad es inherente a la condición humana, pero sucederá que en determinado momento habrá una situación que llevará ese horizonte moral a la quiebra. Y es allí donde adviene la dimensión ética. En esta dimensión, a diferencia de la moral (donde predomina el saber), la actividad principal es el pensamiento, ya que lo que sucede es que no es posible saber qué hacer.

El problema puede ser pensado de la siguiente manera: uno tiene delimitado un universo, que es un recorte arbitrario de la realidad y a este lo divide en subconjuntos con un principio de tercer excluido, en A y –A. Hasta ahí va todo bien, el conflicto aparece cuando una situación no se puede colocar en ninguno de los subconjuntos y termina irrumpiendo en el universo. A esta última se la denomina singularidad. Lo que sucederá es que esta singularidad rompe las leyes del universo establecido, lo convierte en particular, y pide la creación de un nuevo universal que la involucre, que no la deje afuera. Frente a esta situación, puede suceder que se abra el universo, se delimiten nuevos subconjuntos y la singularidad quede incluida. O lo que puede pasar es que se despliegue un particularismo, donde la singularidad es opacada y negada, privándola de existencia, haciéndola desaparecer, con lo cual se impone su regla particular como si fuera universal verdadero que todo lo abarca. Esto es lo que sucede exactamente en la dictadura. Los dictadores imponen su mundo particular como universal y niegan cualquier tipo de singularidad que rompa su universo establecido. Una forma de negar la singularidad es silenciándola, aislándola, encerrándola, como le sucede a los personajes principales de la película.

A su vez, Lewkowicz sostiene que una singularidad, frente a la intención de hacerla desaparecer, debe postular modos de existencia, debe afirmarse legislando sobre sí y su propio universo; no debe convertirse en una singularidad que niegue su valor de singularidad. Esto se puede observar también en la película, como a pesar de todo, los personajes nunca dejan de lado su ideología que da característica a esa singularidad dentro del universo dictatorial. Por más sufrimiento que les hagan sentir, se encargan de mantenerse firme y de postular esa singularidad. Una de las escenas que remonta a esto es cuando uno de los militares que estaban al mando les dice que en el centro de detención los iban a volver locos.

Escenas posteriores a esto, se observa pequeños “flashes” donde lo torturaban a “Pepe” Mujica para que hable, confiese y delate a sus compañeros que llevaban adelante, junto a él, los ataques en contra de los militares, pero él se resiste a hacerlo. Otra escena, es cuando “Pepe” Mujica, luego de verse con su mamá, esta lo incita a “resistir” porque faltaba poco para que todo termine, dicho personaje en su celda (que tenía ventana hacia el patio) comienza a gritar y a reclamar sus pertenencias. Estas habían sido robadas por los militares que estaban a cargo de su guardia.

Este método de aislamiento y de utilización del silencio como tortura, lo podemos pensar brevemente desde Foucault. En “Vigilar y Castigar” a la hora de hablar acerca de la sociedad disciplinaria y del poder disciplinario, ubica a la prisión como uno de los resultados del desarrollo de este poder, y también, como un lugar donde se expande la práctica del poder. Además de varias características que le otorga a las prisiones, habla de dos modelos que observó en dos instituciones carcelarias diferentes. Para el análisis que nos compete, nos centraremos en uno de los modelos, más precisamente en el de Filadelfia, donde se buscaba reformar al prisionero aislándolo; muy similar a lo que sucede en la película con el personaje de Mujica.

Foucault dirá que el aislamiento de los condenados garantiza que se pueda ejercer sobre ellos un poder que no podrá ser contrarrestado, y que la soledad con la que se debe enfrentar el prisionero asegura un coloquio a solas entre el detenido y el poder que se ejerce sobre él. Por lo tanto, el autor lo que va a decir es que la soledad es la condición primera de la sumisión total, pero a la par, reconocerá que el silencio es el arma principal que se esgrime frente a la rebeldía del prisionero. Lo que busca este modelo es que el condenado se interrogue solo y cambie de moralidad, que a partir del silencio de sus pasiones y de lo que lo rodea, la persona pueda descender a lo más profundo de la conciencia y cambie. Buscando una especie de aniquilación de la vida, donde la persona vuelva a empezar con un cambio de pensamiento y no solo de actitud; la represión y la tortura va más allá de lo físico, va más profundo. El poder no se ejerce solamente en el cuerpo, y como consecuencia de todo esto aparece una individualización coercitiva en el prisionero, debido a que se rompe toda relación que no estuviera controlada por el poder u ordenada según la jerarquía. La manera de funcionar de este modelo de Filadelfia, encuentra similitud en la película con el manejo y el encierro que sufre el personaje de “Pepe” Mujica. La soledad a la que lo exponen y el silencio al que lo obligan, demuestra una forma de ejercer el poder y las consecuencias que esto trae.

Por otro lado, podemos relacionar la dictadura y el silencio que se juega dentro de ella, con la tragedia de Antígona y el “Caso Candela” [1]. Para hablar de la tragedia griega tomaremos el texto de Carlos Gutiérrez, titulado “Antígona y el Rito Funerario”. Resulta importante aclarar que Antígona es una tragedia griega creada por Sófocles, pero que fue volcada a las lenguas modernas por varios traductores, quienes colocaron, al traducirla, una impronta particular. Gutiérrez en su texto, desarrollará la traducción que lleva adelante Anouilh. En ella, el personaje de Creón se presenta como autor de la Ley, como alguien que es la Ley. Él se ubica, incluso, en una posición de amo, en una posición previa a la Ley. Este lugar que toma el personaje en esta traducción, difiere del lugar de Creonte en la obra original de Sófocles. En esta última, Creonte aparece como defensor de la Ley de la ciudad, es decir, defensor de todo habitante de la polis y no como lo presenta Anouilh. En la traducción, el personaje de Creón profundiza un poco más, siendo él mismo la Ley. Creón es el jefe, el hombre que hace valer las razones de estado para fundamentar sus actos. No se encarga de denigrar las subjetividades de los demás, sino que aplastarlas.

Una persona puede ser despojada de muchas cosas materiales, pero no de su nombre; ya que abolir este lugar es abolir la subjetividad misma. El nombre tiene lugar de fundación, por lo que quedaría abolido aquello que fue fundado. Para Creón solo tiene nombre la barca y la tempestad. Solo interesa la barca que gobierna y el rumbo de la polis. No importa quienes conviven con él, no cuentan. Para Creón los nombres no son nada, son intercambiables como los sujetos. La palabra es una estafa, la palabra es engaño, la verdad reside en el silencio. “Solo es cierto lo que no se dice”.

Con respecto a esto último, se podría pensar en un paralelismo con la película en relación con los dictadores. Dichos personajes, llevan a cabo un rol de Ley en la sociedad. El desenvolvimiento de esta personificación de la Ley en su autoridad, está reflejada en la película en sus acciones con los secuestrados (el aislarlos y prohibirles la comunicación entre ellos y los guardias, entre otras). Un claro ejemplo ocurre en una escena en la cual un militar le dice a uno de los secuestrados que van hacer lo que ellos le digan porque son “sus detenidos”. Esta forma de los militares hacia los secuestrados, de poseer sus cuerpos como objetos de su propiedad, produce graves consecuencias en la singularidad de cada personaje. En “Pepe” Mujica, podemos observar el delirio y las alucinaciones como muestras de un aparente deterioro en su subjetividad (a tal punto que es diagnosticado de “psicosis delirante”); pero lejos están de ser síntomas patológicos, sino que se manifiestan como lugar de resistencia ante la tortura desubjetivante.

Otro paralelismo que se presenta en la tragedia griega de Antígona con la película es el rito funerario. Carlos Gutiérrez, piensa en esta situación dado que en la obra clásica, Antígona desobedece la orden impartida por Creonte (no realizarle una sepultura a Polinice) y es castigada. Este acontecer, es reflexionado por Gutiérrez desde el pensamiento psicoanalítico de Lacan, en relación al duelo en los ritos funerarios. Lacan tendrá una concepción con respecto al nombre, que se diferenciará con Creón. Para este autor, el nombre será un registro del ser y cuando el significante se enlaza con el sujeto, y el orden simbólico inserta a este mismo en la cultura, Lacan dirá que no se lo puede olvidar aunque esté muerto porque luego de la muerte es necesario preservar algo del registro de ese ser, y será por medio del nombre en una lápida. Siguiendo esta línea, dirá que en el trabajo del duelo se trata de una intervención total del juego simbólico. A causa de aquel agujero que queda con un vacío, que desde el orden simbólico es rellenado con el significante de la falta, se moviliza al significante desde lo real. Por ende, en el duelo se trata de resolver este agujero que queda abierto y que al no ser suturado, puede generar un retorno desde lo real la figura espectral del muerto.

En la película ocurre una escena en la cual se muestra a la madre de “Pepe” Mujica yendo a uno de los centros de detención, preguntando por su hijo. Al anunciar quién era ella, los guardias la hacen esperar al aire libre por muchas horas; hasta entrada la noche. Estando bajo la lluvia, un guardia de la entrada la llama y le dice que su hijo no está disponible; ella le solicita saber dónde está, pero el guardia contesta que no dispone de esa información. Asimismo, observamos una madre que frente a esta falta de objeto (hablando en términos psicoanalíticos), busca e insiste en querer ver a su hijo. Además, se puede pensar en líneas generalizadoras con respecto a todas las familias que siguen en la búsqueda de sus seres queridos que fueron desaparecidos por los militares en la época de las dictaduras latinoamericanas.

Ahora bien, también para pensar el silencio y lo que se despliega alrededor de él en la película y el personaje podemos tomar el “Caso Candela”. Dicho caso es un cortometraje que relata la historia de una pareja que decide hacer una interconsulta con una psicóloga por el trastorno de lenguaje que padecía su hija. La especialista invita a la pareja a su consultorio para conversar mejor sobre dicho padecimiento. En la charla surge una situación crucial, la confesión de un secreto que guardaba el padre hace años. Este secreto trataba sobre un hecho importante en su vida, el secuestro de su madre y padre, del cual tuvo que silenciar por ser algo que en su momento no se permitía hablar. El silencio sobre un acontecimiento que había transcurrido en la última dictadura militar de Argentina.

En este cortometraje tenemos una situación en la cual el “silencio” toma protagonismo en relación a un suceso histórico social de un país. Un silencio que tortura al personaje del cortometraje, al igual que “Pepe” Mujica en la película, con la diferencia del particularismo porque ese silencio de circunstancia similar, que si bien tortura a ambos personajes, diverge en cómo les afecta.

Desde este punto, se puede pensar el silencio en cuestiones de la ética y la moral, ya que observamos un concepto que moralmente interpela el bien y el mal, y una ética en los personajes frente a él. Alejandro Ariel en su texto de “Moral y Ética” hace una descripción de los conceptos moral, ética, estética y estilo. En este trabajo nos detendremos solamente en las dos primeras. Definirá a la moral situándola en la conducta social de un sujeto entre otros, es decir, los deberes del sujeto frente al Estado, frente a la ley. Además, dirá que la moral es temporal, que siempre está referenciada a una época, y que es subsistencial; esto nos quiere decir que permite algún ordenamiento de la existencia del sujeto en lo social. Es un sentimiento del deber, que se crea en nosotros en relación con los demás, el cual nos sentiremos culpables frente al Estado si fallamos. Esto se ve claramente en la película como el silencio pasa a ser lo que está bien y el hablar, lo que está mal. Porque el hablar, o no estar de acuerdo con las órdenes acatadas por los militares, traía consecuencias.

Con respecto a la ética, Ariel la definirá como la posición de un sujeto frente a su soledad, es decir, frente a lo que está dispuesto a afirmar y firmar. Este concepto, dirá que propone otro plano de existencia, por lo tanto, al revelar otro orden de la existencia se la considerara como atemporal, porque es a-temática y existencial en la que el sujeto está condenado a vivir. Para este escritor, la ética no se contrapone a la moral, sino que su existencia en el sujeto desorganiza la moral, por lo cual, puede generar determinados conflictos en la singularidad. La ética suplementa el orden social, no se opone ni se contrapone, existe para que el sujeto desorganice el orden y poder llevar a cabo un acto creador en las condiciones de la estética de la época. En relación a esto, podemos pensar en la ética de “Pepe” Mujica que está dormida por la moral implementada en el silencio que lo atraviesa en su secuestro. Porque al haber hablado, o actuado frente al orden social, fue secuestrado, entonces, en el centro de detención decide mantener silencio a pesar de los gritos que hace en consecuencia del delirio que padece.

Conclusión

Luego de haber realizado el trabajo en base a la película “La noche de los 12 años” y de distinguir el lugar que ocupó el silencio durante la dictadura cívico-militar uruguaya de 1973 a 1985, especialmente en el personaje principal de Mujica, nos parece interesante reflexionar sobre la ambigüedad de la percepción del silencio. Creemos que lo que observamos al analizar la película fue una cara del silencio y una de las formas de utilizarlo, pero sabemos que el silencio no es siempre sinónimo de tortura. Podríamos pensar al silencio como elemento necesario en la música, o como herramienta a utilizar en la musicoterapia (como acompañamiento y sostén por ejemplo).

Mientras este silencio tortura a los personajes y es adjudicado a quebrantar las singularidades de quienes lo atraviesan, en una sesión de musicoterapia producir un silencio en un grupo de personas que está improvisando, es una responsabilidad del o de la musicoterapeuta. Respecto a esto, el Lic. Rodrigo Olmedo en su texto “Movimientos hacia la Improvisación Libre. Condiciones de posibilidad de un acontecimiento estético en la clínica musicoterapéutica”, citará las palabras de la musicoterapeuta Claudia Banfi para decir que en relación al silencio, se mantiene una cuestión ética. El o la profesional pretende sumir su saber, no su voz, palabra o afectividad, porque pretende acceder al potencial que otorga actos posibles que habiliten en el otro una oportunidad. Esto nos quiere decir, que puede beneficiar el silencio a quien esté en un momento de creación musical en una sesión de musicoterapia.

Por otro lado, en una conferencia del músico y compositor Luis Alberto Spinetta dirá que el silencio no es tan carente de sonoridad como la música lo suele describir. Además, sostiene que no se puede decir que el sonido es la interrupción del silencio, porque las notas perdurarían y no existiría el misterio sobre lo que va a suceder, porque ese misterio es de una gran importancia. Por lo tanto, considera que el sonido y el silencio se entrelazan en una fusión perfecta.

Finalmente, el silencio nos deja en un repensar en las singularidades, en la tensión entre lo particular y lo universal-singular en la cual lo estético puede dejar en jaque la ética y la moral: una concepción que atraviesa el orden social, abriéndose a la soledad, a lo simbólico y a lo real.

Referencias

Ariel, A. (1994). Una poética del estilo. En El estilo y el acto. Ediciones Manantial, Buenos Aires.

Catz, H. Caso Candela https://youtu.be/luGdOwVct_0

Foucault, Michel. Vigilar y castigar. El nacimiento de la prisión. Trad. de Aurelio Garzón del Camino, Buenos Aires, Siglo XXI, 2002, pp. 238-251.

Lewkovicz, Ignacio. (1998) Paradoja, infinito y negación de la negación. Compilador, Sebastián Gil Miranda. Ed. Letra Viva. Buenos Aires, Argentina.

Michel Fariña, J. (1998) Ética: un horizonte en quiebra. Capítulo IV. Particular, universal, singular, Ignacio Lewkowicz. Ed. Eudeba. Buenos Aires, Argentina.

Michel Fariña, J. (1998) Ética: un horizonte en quiebra. Capítulo VII. Antígona y el rito funerario, Carlos Gutiérrez. Ed. Eudeba. Buenos Aires, Argentina.

Olmedo, Rodrigo (2004) Movimientos hacia la Improvisación Libre. Condiciones de posibilidad de un acontecimiento estético en la clínica musicoterapéutica. Tesis de Licenciatura. Universidad Abierta Interamericana.

Página web

http://etimologias.dechile.net/?silencio#:~:text=La%20palabra%20%22silencio%22% 20viene%20del,las%20palabras%20semilla%20y%20desinencia.

https://es.wikipedia.org/wiki/Dictadura_c%C3%ADvico-militar_en_Uruguay_(1973- 1985)#: :text=La%20dictadura%20c%C3%ADvico%2Dmilitar%20uruguaya,27%20 de%20junio%20de%201973.

http://patologiacultural.blogspot.com/2013/01/el-sonido-primordial-conferencia.html


NOTAS

[1El cortometraje "Candela" fue realizado por la psicoanalista Hilda Catz y se lo puede ver en https://www.youtube.com/watch?v=luGdOwVct_0&ab_channel=HildaCatz






COMENTARIOS

Mensaje de Martin Rego Fernandez  » 25 de agosto de 2021 » rego-26-@hotmail.com 

El silencio como hilo conductor implica en el filme objeto de la presente, un espacio de terror como también un acto de rebelión. Espacio de terror, siguiendo a Foucault, en el sentido de que es un espacio controlado y dispuesto para vigilar el rígido cumplimiento de la normalización de quien osó hablar cuando tocaba callar. En relación con el acto de rebelión se puede considerar el silencio de esta forma ya que, ante el imperativo, bajo amenaza y tortura, del decir moral aparece la ética encarnada en los 3 revolucionarios que muestra el filme. Cabe acompañar los planteos sobre ética y moral desarrollados en el artículo trabajado; en dicho sentido se aprecia como la ética, subjetiva y constitutiva del sujeto, aparece contrapuesta a un decir moral, social y temporal. Se puede continuar considerando a la moral del lado de la normalización y por tanto encastrada en la lógica del vigilar y castigar, en normalizar y por tanto unificar y homogeneizar; mientras, por el otro lado, surgiría el espacio ético como el lugar donde el sujeto puede actuar, es decir, tomar el deseo que atraviesa a cada quien y hacer algo con él. En este sentido se puede considerar como el silencio puede ubicarse en dos espacios de forma simultánea, en lugar de la reproducción como también en el lugar de la producción; el primero de los lugares mencionados orientado a un vivir alienado y el segundo de los lugares mencionados de la mano del acto engarzado con el deseo, por tanto un decir callando productor de nuevas formas.



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Titulo Original:La noche de 12 años

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