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Cuando la ficción se acerca a la verdad

por Smud, Martín

Cuando dos hechos históricos importantes, aparentemente disimiles, ocurren en el mismo año nos llama la atención. La pregunta se produce ante nuestros ojos: ¿existe alguna oculta conexión entre ambos sucesos o es simple carambola témporo-espacial, por el simple hecho de ser contemporáneos?

Y es ésta una interrogación que subyace a cualquier investigador en cualquier rama del saber que debe hipotetizar, diseñar una investigación y corroborar qué tipo de relación, qué modalidad de relación, diría Kant, existiría entre un suceso y otro, si considera que no se trata de una contingencia absolutamente azarosa.

¿Podría el asesinato de John Fitzgerald Kennedy acontecida en Texas el 22 de noviembre de 1963 y la primera comunicación escrita en una revista especializada de la experiencia del Dr. Stanley Milgran en el otoño de 1963, no existir la más mínima correlación salvo que acontecieron en el mismo año y que este año 2013 se cumplirían el 50º aniversario de su suceso?

Creemos que sí tienen relación y que no sólo están correlacionados sino que su sinergia construye un analizador necesario para comprender temas controvertidos de mediados del siglo XX, luego de la segunda guerra mundial, en plena guerra fría. Un hecho político como es el asesinato de un presidente y toda la ingeniería de cómplices, de marcaciones del aparente culpable que, a su vez, es asesinado a las 48 hs. dejando abiertas todas las dudas sobre los autores intelectuales y de si había sido un único francotirador que disparó aquel fatídico mediodía de noviembre como dijo la comisión Warren o una conspiración orquestada desde lo más alto del poder. Y, por otro lado, un hecho científico psicológico realizado en laboratorio que intentaba contestar a la pregunta de cómo un hombre podría llegar a matar a otro hombre sin tenerle la más mínima animadversión, simplemente por obediencia a la autoridad que lo compelía a seguir adelante con una investigación que tenía como objetivo manifiesto el estudiar cómo el castigo podría ayudar a desarrollar el aprendizaje y la memoria.

Este artefacto científico lo había desarrollado el Dr. en Psicología Stanley Milgram dos años antes, y él mismo lo cuenta, conmovido por la Shoá, y escuchando la autodefensa de Adolf Eichmann en el Juicio llevado a cabo en Jerusalem diciendo que no era responsable del asesinato de nadie, que a él no le tocaba cuestionar las órdenes recibidas y si hacerlas operativas. Milgram se preguntó acerca de la obediencia y la responsabilidad e ideó un experimento en laboratorio que tenía como uno de sus objetivos “verdaderos” el de intentar explicar la conducta de más de un millón de alemanes durante el exterminio nazi que por sí mismos jamás hubieran ni pensado en participar en semejante genocidio. Le interesaba investigar cómo gente común y corriente, aunque sea tangencialmente, participaron en el asesinato en masa de millones de personas; gente que, sin haber tenido que obedecer a una autoridad en quién delegar toda la responsabilidad de esos actos, jamás hubieran llevado a cabo esas conductas.

Esta hipótesis que correlacionaba estos dos sucesos históricos fueron planteados en una película italiana llamada “I como Ícaro” estrenada en 1979 que, llegó a la Argentina en plena dictadura militar, volviéndose en el mismo acto, una película prohibida, una película de culto para un pueblo diezmado también por su peor tragedia, tan cruelmente parecida al genocidio que habían llevado a cabo los nazis treinta y cinco años antes.

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La película “I commen Icaro” habla del Fiscal Volney que, en desacuerdo con las resoluciones de la comisión que investigaba el asesinato de un presidente norteamericano, comienza a efectuar una nueva investigación que, a medida que progresa, lo lleva a descubrir la verdadera trama del complot y la identidad de los conspiradores en el asesinato del primer mandatario. Esta ficción no es sino una representación de la realidad, se está “ficcionalizando” la muerte del presidente Kennedy, el fiscal Volney es el fiscal Garrison y la “Comisión de la verdad” es la Comisión Warren que sostuvo que había habido tres disparos aquel mediodía fatídico, realizados, desde un mismo lugar y por un mismo hombre, Oswald en la vida real, Daslow en la película.

De ahí el título de la película, “I commen Icaro… o el que se acercó demasiado a la verdad”. Lo mismo que Icaro, que en su vuelo se acercó demasiado al sol, el Fiscal Volney se estaba acercando demasiado a la verdad…

¿Quién fue Icaro? En la mitología griega, Ícaro (en griego antiguo ?καρος Ikaros) es hijo del arquitecto Dédalo, constructor del laberinto de Creta. Cuenta el mito que fue encarcelado su padre por motivos políticos y él también la ligó. A pesar de lo que se repite, no los encarceló en el laberinto sino en una torre de una isla, Minos. Dédalo consiguió escapar de su prisión, pero no podía abandonar la isla por mar, ya que el rey mantenía una estrecha vigilancia sobre todos los veleros, y no permitía que ninguno navegase sin ser cuidadosamente registrado.

Dado que Minos, el rey, controlaba la tierra y el mar, Dédalo se puso a trabajar para fabricar alas para él y su joven hijo Ícaro. Cuando terminó su trabajo, Dédalo batió sus alas y se halló subiendo y suspendido en el aire. Equipó entonces a su hijo de la misma manera, y le enseñó cómo volar. Cuando ambos estuvieron preparados para volar, Dédalo advirtió a Ícaro que no volase demasiado alto porque el calor del sol derretiría la cera, ni demasiado bajo porque la espuma del mar mojaría las alas y no podría volar. Entonces padre e hijo echaron a volar. Pasaron Samaos, Delos y Lebintos, y entonces el muchacho comenzó a ascender como si quisiese llegar al paraíso. El ardiente sol ablandó la cera que mantenía unidas las plumas y éstas se despegaron. Ícaro agitó sus brazos, pero no quedaban suficientes plumas para sostenerlo en el aire y cayó al mar. Su padre lloró y lamento su destino, llamó a la tierra cercana al lugar del mar en el que Ícaro había caído Icaria en su memoria.

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El asesinato de Kennedy fue un hecho político de indudables consecuencias, sus imágenes han dado vuelta al mundo y aún hoy nos producen un efecto conmovedor ver el video filmado por un ocasional transeúnte llamado Zapruder presentado por el fiscal Garrison en la investigación donde prueba la teoría de la conspiración y no del único francotirador.

Que haya habido una conspiración llevada a cabo por la CIA, con el apoyo de sectores de la industria armamentista industrial, la aquiescencia de parte de sectores políticos, incluyendo al entonces vicepresidente Lyndom Johnson, existen pocos que hoy lo dudan. Pero de cualquier modo, no se ha podido llegar a probarlo en una investigación pues los testigos, los implicados, los culpables fueron asesinados, silenciados con amenazas y dinero. Eso retrata la película “I como Icaro”, la naturaleza misma del poder, que se sostiene con la amenaza, la sospecha, el terror. Acercarse a la verdad con pruebas resultó una tarea tan difícil como acercarse al sol con alas de cera.

El poder que nace después de la segunda guerra mundial amedrenta, amenaza, y no duda en cerrar la boca con asesinatos y “accidentes”; pero más allá de los casos puntuales, lo importante era que todos supieran que eran vigilados, que no eran amenazas fatuas sino que, a cada vuelta de esquina, existía un francotirador apuntando al cuello, un segundo tiro a la cabeza y si es necesario un tercer y cuarto tiro… como le pasó al presidente Kennedy. Y después una comisión compuestas por los más destacados personajes de los tres órganos de gobierno estadounidense, realizando una investigación falaz, mentirosa, encubridora como fue la comisión Warren.

No se quería que se supiese la verdad con pruebas, lo importante era que todos se sintieran amenazados, era el apogeo de la guerra fría, y debían saber que la CIA, la maquinaria armamentista y los capitalistas al mando, con fracciones de los partidos políticos en el gobierno, estaban en el manejo de los asuntos del poder, tenían la decisión y la logística suficiente para asesinar hasta a un presidente.

Eso fue la guerra fría que comenzó luego de terminada la segunda guerra mundial. El asesinato de Kennedy fue un punto culminante; Johnson, el presidente que lo siguió, a los pocos días dio marcha atrás con políticas que apuntaban a la desmilitarización, por ejemplo, del conflicto con Vietnam. A los pocos años, y bajo su presidencia, miles de jóvenes combatientes perderían la vida luchando contra el Vietcong, pero la industria armamentista viviría sus años de gloria.

Bajo esta difícil investigación que lleva adelante el fiscal Volney en la película, Garrison en la vida real, se construye la pregunta acerca de la personalidad de Oswald y del porqué había obedecido una orden de matar a un presidente, de la cual fue claramente un chivo expiatorio (en la película se ve que su arma no tenía ni siquiera balas) sabiendo que, a las pocas horas, sería detenido y culpabilizado por la muerte de Kennedy y, a los pocos días, asesinado para que no abriera nunca más la boca. En la búsqueda del porqué de la personalidad de Daslow/Oswald, se entrecruzan el asesinato de Kennedy con la investigación del Dr. Milgram.

“I como Icaro” no sólo ficcionaliza la realidad pudiendo de esa manera acercarse a la verdad que intenta descubrir la investigación del fiscal Garrido sino que también ficcionaliza una ficción, la que Daslow/Oswald había sido participante de la experiencia Milgram y, de esta manera, la película representaba por primera vez para el cine esta investigación que se llevó a cabo realmente en la misma época del asesinato de Kennedy. No hay muchos casos donde el cine se haya interesado en una experiencia científica real.

El fiscal va a entrevistarse con Milgram/Dr. Naggara y no solo le pregunta cómo había sido posible que Daslow/Oswald obedeciera la orden de matar a Kennedy sino que, sorprendido por la investigación y habiendo participado como observador de la experiencia, le pregunta cómo había sido la ingeniería de la obediencia y la responsabilidad para que tantas millones de alemanes hubieran sido cómplices del gobierno nazi, aún a pesar de que en otras circunstancias jamás hubieran osado asesinar a un ser humano.

Milgram/Naggara, antes de mostrarle lo que había dicho Daslow/Oswald le quiere explicar mostrándosela cómo era la experiencia científica que estaba llevando adelante.

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Volvamos a la película que muestra la experiencia Milgram. (Ver fragmento en http://www.eticaycine.org/i-como-icaro).

El hombre de ciencia, el psicólogo e investigador Naggara explica a Rivoli, que es parte encubierta del equipo y a Despaul, que viene motivado por un aviso publicitario para participar de una experiencia científica a cambio de una suma de dinero y del agradecimiento por ayudar a la ciencia a probar una investigación. El investigador Naggara explica los objetivos de la investigación.

“Algunas palabras sobre esta experiencia. Una teoría, establecida por psicólogos, dice que los individuos aprenden mejor y de una manera más eficaz, cuando saben que cada error significará un castigo. Una aplicación en la vida cotidiana es, por ejemplo, la paliza que dan los padres a los niños cuando se equivocan. Esperan que este castigo contribuya a que el niño recuerde mejor”.

Desde el comienzo mismo, la relación entre padres e hijos en la construcción de la moralidad y la educación del niño. El lugar del castigo y de la amenaza en la constitución del superyó. Una experiencia que tiene increíbles consecuencias políticas que tiene su basamento en el lazo filial, en un niño y un padre, en el origen de la moral, y una investigación que, sin quererlo, también investiga el lugar que ocupa el Otro filial en el origen de la moral.

El hombre de ciencia que busca la verdad, engaña, explica sus falsos preceptos a quien se oculta los verdaderos objetivos que no eran la cuestión de la memoria sino la obediencia a la autoridad y los conflictos frente a órdenes aberrantes. El fiscal observa y protagoniza en cámara Gesell esta experiencia (y nosotros con él). Le resulta increíble tanto lo que ve como los resultados globales de la investigación; que más del cincuenta por ciento de las personas hayan llegado a electrocutar (asesinar) al otro participante solamente por el hecho de cumplir con lo pautado con la investigación y apremiado por el investigador, delegando en el otro la responsabilidad de la decisión de mandar cargas eléctricas mortales, resulta tan escandaloso como aleccionador.

Luego de la experiencia vivida por el fiscal, que a pesar de estar por fuera de la experiencia, por fuera del vidrio, por fuera de la responsabilidad, también es interpretado por el psicólogo Naggara diciéndole que él solamente se había escandalizado y levantado a los 180 voltios, pasan a la oficina a hablar de la personalidad de Daslow. ¡Nadie está ajeno a esta delegación y fragmentación de la responsabilidad!

Naggara le muestra al fiscal lo que había grabado de Daslow quien, en el colmo de la ironía obscena, cuando le preguntan acerca de porque si la persona que recibía las descargas eléctricas ya no respondía a las 360 voltios, siguió hasta los 450.

- No le parece que eso podría haberle dado muerte -lo cuestionan.

- Si estaba muerto, no le haría nada -responde Daslow y agrega- Pensé que los profesores de aquí sabían lo que hacían. No soy quién para contradecirlos. No me corresponde a mí juzgar si me acto era cruel o si la víctima era inocente. Había una autoridad superior que podía hacerlo, yo hice lo que me pidieron que haga. Cuando se le pide a un piloto que tire una bomba sobre una ciudad, lo hace. No se pregunta si está mal o no lo que hace.

La investigación es tan controvertida por sus resultados que, a pesar de infringir enormes reparos en la investigación dentro de las ciencias humanas, sus resultados son basales para pensar el campo de la moral y la ética, de la estructuración de la moral en la niñez ligado a las relaciones filiales y en el campo político los límites éticos a sus implementaciones en sistemas de gobierno. Esta investigación ha dejado al descubierto como el campo de responsabilidad, su desarrollo y estructura es un punto vulnerable del hombre.

Cuando el fiscal escandalizado y inquieto por los resultados de la investigación, le pregunta cómo había sido posible que tantas personas durante el holocausto nazi hubieran participado de esas matanzas. El psicólogo Naggara le contesta:

- Dividiendo las responsabilidades. Un tirano necesita un millón de pequeños tiranos funcionarios ejecutando tareas triviales, sin remordimientos, ya que no se dan cuenta de que son la millonésima parte del acto final. Los que arrestan a las víctimas, las arrestan. Los que las conducen a los campos, cumplen son su oficio de conductores y el administrador del campo cumple con su deber de director de prisión. Los individuos más crueles se usan al final pero lo obediencia es fácil para todos.

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El diseño del experimento de Milgram comienza el julio de 1961, apenas unos meses después de que Adolpf Eichmann fuera juzgado y sentenciado a muerte en Israel por crímenes de lesa humanidad durante el régimen nazi. Eichmann había basado toda su defensa en que él no era responsable de la matanza judía, y que él simplemente había sido un administrativo importante que cumplía eficazmente sus tareas de logística organizando el transporte de los judíos a los campos de concentración.

Milgram ideó sus experiencias en psicología social en la universidad de Yale intentando responder a la pregunta: ¿Podría ser que Eichman y el millón de cómplices que tuvieron participación en el Holocausto sólo estuvieran cumpliendo sus deberes, siguiendo órdenes? ¿Podrían ser considerados cómplices?

El experimento de Milgram fue descrita en un artículo publicado en 1963 en la revista Journal of Abnormal and Social Psychology bajo el título “Behavioral Study of Obedience” (Estudio del comportamiento de la obediencia) y resumida en 1974 en su libro “Obedience to authority. An experimental view” (Obediencia a la autoridad. Un punto de vista experimental). El fin de la prueba era medir la disposición de un participante para obedecer las órdenes de una autoridad aun cuando éstas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal.

Escribe Stanley Milgram en el prefacio de su artículo de 1963:

“El tema de la obediencia, debido a su ubicuidad, resulta sencillo pasarlo por alto como un tema de investigación de la psicología social. Pero sin una apreciación de su papel en la conformación de la acción humana, una amplia gama de importantes comportamientos no se pueden comprender. Un acto llevado a cabo bajo el mando del otro es, psicológicamente, de un carácter profundamente diferente a la acción que resulta espontánea.

La persona que con convicción interna detesta el robo, el asesinato, asalto, realiza estos actos, con relativa facilidad cuando lo ordena la autoridad. Comportamientos que son impensables en una persona que actúe por su cuenta, se ejecutan sin vacilación efectuados en el marco de órdenes.

El dilema inherente a la obediencia a la autoridad es antigua, tan antigua como la historia de Abraham. Lo que el presente estudio intenta, es darle forma a este dilema contemporáneo, tratándola como materia para la investigación experimental, y con el propósito de comprender en lugar de juzgar desde un punto de vista moral.

Una cosa es hablar en abstracto sobre los respectivos derechos de la persona y de la autoridad y otra, muy distinta, examinar en una situación real una elección moral.

Todos sabemos de los problemas filosóficos de la libertad y la autoridad. Pero en todos los casos en que el problema no es meramente académico, hay una persona real que debe obedecer o desobedecer a la autoridad, y si esto se concreta, cuando el acto de desafío se produce, todos los actos de desobediencia son caracterizados por un momento de una acción decisiva.

Los experimentos se construyen alrededor de este concepto. Cuando pasamos al laboratorio, se estrecha el problema: si un experimentador le dice a un sujeto para actuar, que lleve a cabo el aumento de la severidad en contra de otra persona, ¿en qué condiciones se cumple la orden, y ??bajo qué condiciones se le desobedecen?

El problema laboratorio es vivo, intenso y real. No es algo aparte de la vida, sino que lleva a una conclusión de tendencias extremas -y muy lógica- inherente en el ordinario funcionamiento del mundo social.

La pregunta que surge es si existe alguna relación entre lo que hemos estudiado en el laboratorio y las formas de obediencia que tanto deploraba en la época nazi. Las diferencias en las dos situaciones son, por supuesto, enormes pero puede la diferencia de escala, números, y el contexto político llegar a ser relativamente poco importante, siempre y cuando ciertas características esenciales se mantengan. La esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona llega a verse a sí mismo como el instrumento para llevar a cabo los deseos de otra persona, y él ya no se refiere tanto a sí mismo como responsable de sus acciones.

Una vez que este cambio crítico de punto de vista se ha producido en la persona, todas las características esenciales de la obediencia resultan similares: el ajuste de pensamiento, la libertad de participar en conductas crueles, y los tipos de justificación que la persona experimenta son similares en esencia, si se producen en un laboratorio o en un campo de concentración [1]

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“Esta historia es totalmente verdadera puesto que yo la he imaginado de principio al fin". [2]

Esta es la cita de Boris Vian al comienzo de la película “I como Icaro”, una película que vuelve ficción una investigación llevada a cabo en laboratorio, que entrecruza la denuncia política por el asesinato de un presidente que se ha convertido en el primer golpe militar al modo norteamericano, un valioso testimonio que realiza la realidad de una época planteando los dilemas atrevesados durante la segunda mitad del siglo XX.

La épica tanto del fiscal Volney como del psicólogo Naggara resultan semejantes, tratan de desnudar los mecanismos que subyacen a un sistema que se sostiene en la delegación del poder y la fragmentación de la responsabilidad. Y también la de Stanley Milgram. Su investigación, aún cincuenta años después de realizada, sigue cuestionando a lo concerniente a la responsabilidad, punto central en el entrecruzamiento entre psicología y política, entre moral y ética, acentuando un punto polémico del ser humano, la que lleva a las personas a realizar actos crueles, de obediencia y delegación de responsabilidad que, puestos frente a su propia voluntad, autonomía, jamás realizarían.

Una investigación en laboratorio que capta la “esencia” de la obediencia, ese cambio del punto de vista, cuando una persona deja de ser responsable y pasa a formar parte de un mandato, a ser un instrumento del deseo del otro. Cuando la persona, dirá Milgram, “se entrega a la autoridad” y ya no se percibe a sí mismo más como un ser autónomo, no vislumbra más sus propias acciones como causa eficiente de su voluntad ni su responsabilidad.



NOTAS

[1El experimento de Milgram fue descrita en un artículo publicado en 1963 en la revista Journal of Abnormal and Social Psychology bajo el título “Behavioral Study of Obedience” (Estudio del comportamiento de la obediencia) y resumida en 1974 en su libro “Obedience to authority. An experimental view” (Obediencia a la autoridad. Un punto de vista experimental).

[2Vian, Boris:"Todos los muertos tienen la misma piel" (en francés "Les morts ont tous la même peau"), novela, 1947, publicada con el seudónimo de Vernon Sullivan.





COMENTARIOS

Mensaje de Eduardo Rodriguez  » 3 de noviembre de 2019 » edudarodriguez@gmail.com 

El film lo vi en su estreno (y quiero volver a verlo), pero hoy llegue a este comentario buscando informacion del mismo. Excelente y sugerente analisis. Muchas gracias



Mensaje de Reos Francisco   » 28 de agosto de 2013 » reos.francisco@gmail.com  

Es realmente muy interesante tanto la película como la articulación que Martín hace con diversos temas contemporáneos. Siempre la ficción sirvió como una regia herramienta para trasmitir y expresar lo que realmente estaba pasando -tal como la denuncia de Hamlet a su tío y madre montando una obra de teatro. Tramitar ciertas cosas por vía del arte y la ficción son sin duda un acto de sublimación y de denuncia. Creo que este articulo lo demuestre de forma maravillosa.
Francisco Reos



Mensaje de   » 9 de agosto de 2013 »  

Gracias por tus comentarios Roberto, un abrazo.



Mensaje de   » 9 de agosto de 2013 » fcasaroli@yahoo.com 

Exelente película!



Mensaje de Roberto Horacio Casanova   » 8 de agosto de 2013 » rhcasanova@gmail.com  

Es muy interesante el desarrollo y el camino que toma el autor para guiarnos por sus ideas, y no me deja de sorprender la actualidad de estas interrogaciones éticas (que como el autor dice, van más allá de la época o un dispositivo, experimento en sí). El tema de la responsabilidad es eje central y me permito pensar que en estas épocas es justamente evitar esta responsabilidad lo que muchos sujetos e instituciones (en su dialécticas) es lo que evitan. Sería un largo debate los motivos, por eso me gusto este artículo, abre nuevas líneas de trabajo, felicitaciones