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Acerca de la certeza de una vida posterior a la muerte

por Radonde, Erika

Universidad de Buenos Aires

Resumen

A partir del film El Descubrimiento (2017), dirigido por Charlie McDowell, se abren interrogantes acerca de la responsabilidad del Dr. Harber, quien prueba la existencia de la vida posterior a la muerte. Por consiguiente, se trabajará sobre las consecuencias de las innovaciones tecnocientíficas, a partir de su nivel de afectación de la condición humana. En un sentido más específico, cabe la pregunta acerca de los efectos que podrían acontecer desde la obtención de certeza respecto de la existencia más allá de la muerte. A fines de evaluar estos interrogantes desde una perspectiva ética, se realizará una articulación entre las innovaciones tecnocientíficas y la teoría psicoanalítica.

Palabras Clave: Psicoanálisis | ética | tecnología | muerte

About the certainty of a life after death

Abstract

The film The Discovery (2017), directed by Charlie McDowell, raises questions about the responsibility of Dr. Harber, who proves the existence of life after death. Therefore, the consequences of techno-scientific innovations will be explored, based on its level of impact on the human condition. In a more specific sense, there is a question that is worth asking about the effects that could arise from obtaining certainty about existence beyond death. In order to evaluate these issues from an ethical perspective, an articulation will be made between techno-scientific innovations and psychoanalytic theory.

Keywords: Psychoanalysis | ethics | technology | death

Introducción: Otro plano de existencia

“¿No cree que su descubrimiento era demasiado peligroso para compartirlo con el mundo?”

Así comienza la entrevista en la cual, el Dr. Thomas Harber se predispone por primera vez y luego de seis meses desde el Descubrimiento, a conversar públicamente sobre su hallazgo. Su respuesta es una repregunta: si, al llegarse a un consenso científico, habría razón para ocultar un hallazgo tan vital para la existencia humana. Es así como se presenta el problema que plantea el conocimiento al que arribó, es decir, el Descubrimiento: que posterior a la muerte se ha comprobado “otro plano de existencia”.

En este futuro distópico, para tal acontecimiento se evidencian, rápidamente, las consecuencias de su divulgación: en dos años, la tasa de suicidios ha aumentado de forma que, más de cuatro millones de personas lo han realizado, al tener la garantía de una vida post mortem. Sin embargo, el Dr. Harber, no satisfecho con tales acontecimientos, se encuentra actualmente investigando sobre cómo sería aquel “otro plano de existencia”, tal como él lo nomina.

De esta manera, se abren interrogantes acerca de la responsabilidad del personaje a lo largo del film. Por consiguiente, se trabajará también sobre las consecuencias de las innovaciones tecnocientíficas, a partir de su nivel de afectación de la condición humana. En un sentido más específico, cabe la pregunta acerca de los efectos que podrían acontecer desde la obtención de certeza respecto de la existencia más allá de la muerte. A fines de evaluar estos interrogantes desde una perspectiva ética, se realizará una articulación entre las innovaciones tecnocientíficas y la teoría psicoanalítica.

De la responsabilidad subjetiva del Dr. Harber

Es a lo largo del film, que se pueden evidenciar diversas situaciones donde el Dr. Harber podría encontrarse interpelado. Ya en la primera escena se distinguen preguntas inquisitivas por parte de la entrevistadora, para las cuales aquel no manifestaría incomodidad, lo que es congruente con que sea él quien eligió cuándo, dónde y cómo se daría la entrevista. Los interrogantes refieren tanto acerca de la peligrosidad de divulgar su descubrimiento, para lo cual responde desde su yo, defendiéndose a partir del argumento de que frente al consenso científico sobre un asunto, no habría motivos para que tal no sea divulgado. Como también, la pregunta por su tardanza de seis meses para asistir a una entrevista pública desde El Descubrimiento, que a su vez coincide con el alcance de un millón de suicidios desde la divulgación del mismo, lo que el Dr. Harber justifica precisamente como intento de calmar las aguas. Sin embargo, más tarde afirma no sentirse responsable por ello. Es así como se corrobora que el sujeto ya se encontraba preparado y decidido respecto de lo que sucedería en la entrevista, de forma que no podría conmover su posición subjetiva.

A pesar de ello, el giro final y trágico de esta escena ocurre al suicidarse un trabajador del set de filmación. El mismo le indica: “Gracias Dr. Harber, por mi nuevo comienzo”. Acto siguiente, toda la sala entra en pánico, se escuchan los gritos de la entrevistadora pidiendo auxilio y reprochándole, a modo de lamento, explicaciones al fallecido. Frente a esto, el Dr. Harber no se levanta de su silla ni en un acto reflejo, pero su expresión facial da cuenta de una pista: su boca se encuentra abierta, mira a sus alrededores y cómo los demás se movilizan, pero no aparenta intención o por lo menos, capacidad de colaborar. Finalmente, ya no mira hacia la tragedia, sino que se encuentra perplejo y pensante. Rápidamente, en la siguiente escena, se anoticia al espectador que aquella fue la primera y única entrevista que dió.

A simple vista, se podría pensar, que el Dr. Harber no se sintió afectado por las consecuencias del Descubrimiento. De hecho, continúa investigando para saber de qué se trata ese otro plano de existencia. Sin embargo, que haya decidido dar una entrevista al llegar al millón de muertos, bajo el fundamento de “calmar las aguas”, da la pauta de que se siente, en algún punto, responsable de ello, y por lo tanto, de quien se espera una respuesta (D’Amore, 2006). Por lo cual, aún cuando el Dr. Harber no sea consciente de lo que hace ni se haga cargo de lo que dice, se podría comprender su acceso a ser entrevistado, en términos de que hay algo de lo acontecido que lo ha obligado a responder: la culpa (D’Amore, 2006).

En consecuencia, que Thomas haya insistido en no sentirse responsable de los suicidios, que defienda estoicamente el discurso de la ciencia, no tiene nada que ver con el sujeto dividido al que hace referencia la responsabilidad subjetiva. En tal punto, es evidente que se ha visto interpelado y por tanto, se siente culpable, es decir, en deuda y obligado a responder, aunque de ello reniegue (D’Amore, 2006). Que el taponamiento de esta culpa se intente a través de la negación de su responsabilidad o la intelectualización referida al consenso de la ciencia, sólo llevaría a la misma conclusión: es una respuesta que dice sí a la interpelación (D’Amore, 2006). De hecho, a partir de la conmoción que ha socavado en él aquel suicidio en su presencia, ha decidido no aparecer públicamente desde entonces. ¿Qué otra prueba de su perplejidad ante las consecuencias de sus dichos y acciones son necesarias para establecer que hubo interpelación?

No obstante, esta posición renegadora se observa en otras varias escenas del film. Por ejemplo, su hijo llamado Will, es quien ha decidido ir a verlo, luego de haber dejado durante años de trabajar con él, con la intención de detenerlo. Explícitamente le pide que ponga fin a la investigación, indicando que estaba equivocado y así, retractarse de lo dicho. En este punto, la respuesta yoica evitativa de la responsabilidad subjetiva vuelve a ser la de la intelectualización en base al discurso científico: “No puedo retractarme Will, porque es la verdad”. Pero además, utiliza otra evasiva al proyectar sobre el hijo aquello que le pertenece: “¿No tienes curiosidad?”. Sin embargo, la posición de Will es inflexible y a su vez, reconociendo su parte en la situación, suplica: “Nos equivocamos, papá. Nos equivocamos porque mucha gente murió, y muchos más se van a suicidar mientras tú experimentas en esta ridícula fortaleza”.

Toda esta situación no hace mella en Thomas, indicando que si se detuviera, haría parecer que él fue responsable por los suicidios que se produjeron a partir de la divulgación de este otro plano de existencia. Agrega que no considera haber ido lo suficientemente lejos, sino más bien, que ha conseguido abrirle la puerta a las personas que ahora pueden saber que aquel otro plano de existencia es real. Por lo tanto, se predispone a continuar con su trabajo de demostrar qué sucede en él.

De esta manera, se podría pensar que su accionar consciente responde a realizar un descubrimiento científico de gran importancia, pero aquello no medido, no calculado, es consecuencia del mismo: los suicidios. De este resto, el sujeto no se hace cargo, y aquí tampoco se trata de una perspectiva moral, ya que no se lo considera culpable de ello. En este punto, existe una diferencia entre responsabilidad y culpabilidad, en contraposición al discurso jurídico (D’Amore, 2006). Más bien, interesan las consecuencias de aquello que acontece, pero a nivel de la subjetividad de Thomas, es decir, qué hace el sujeto con ello (Mosca, 1998). Este roce con lo real, con los suicidios masivos, quizás impensado e inesperado, igualmente lo toca, al punto de no volver a dar una entrevista pública y también, al rechazar toda intención de dar a conocer cuáles son sus investigaciones actuales (Mosca, 1998).

Para esta escena del film en la que discute con el hijo, han pasado dos años del Descubrimiento y ya se han realizado más de cuatro millones de suicidios a causa de este. Sin embargo, lo que el sujeto hace con ello es ocultarse en una fortaleza para construir un vasto laboratorio en el que continúa investigando, pero ahora con la intención de revelar aquello que acontece en la existencia más allá de la vida.

Más adelante, se anoticia al espectador de que la esposa del Dr. Harber se ha suicidado, pero con anterioridad al Descubrimiento. Particularmente, es su hijo Will, quien lo culpabiliza por ello mientras lo conversa con Isla, a quien ha conocido en el viaje en ferry para llegar a donde se encuentra trabajando su padre. Le comenta cómo sucedió el hecho: la esposa de Thomas había preparado una cena por el aniversario de la pareja, por la que claramente se había esmerado y, como el padre de Will ni siquiera salió de su oficina, aquella subió, se tomó un baño y a la mañana siguiente, su hijo la encuentra, ya fallecida.

¿Y si Thomas se hubiera detenido en su trabajo, aunque sea por esa noche? ¿Y si ahora se detuviera en su accionar y se retractase para detener los suicidios? ¿Por qué hacerlo implicaría pensar que su labor ha sido en vano? En este punto, sus cuarenta años de trabajo, su insaciable búsqueda de certeza y exploración sobre este otro plano de existencia (y a pesar de que ello desencadenó, en gran medida, el suicidio de su esposa y el de millones de personas más), demostrarían que el sujeto no ha podido hacer otra cosa que renunciar al deseo para someterse al Superyó. Lo cual conlleva a una paradoja ya que, cuanto más renuncia, más se acomoda a las demandas superyoicas y, a su vez, más culpable se siente (Mosca, 1998). Como se observa, lo aquí descripto implicaría un goce del sometimiento al Superyó, al hipotetizar que Thomas trabajó insaciablemente hasta convertirse en el reconocido científico que descubrió la existencia de un más allá. El discurso de la ciencia como el Otro al que el Dr. Harber se aliena, es un buen escondite para el sujeto (Mosca, 1998). En este punto, se podría subrayar, entonces, un déficit de sujeto, en contraposición y a su vez, en consecuencia de aquella mascarada imaginaria de identificación de su éxito profesional (Mosca, 1998). Porque, aunque la única cosa de la que se puede ser culpable es de haber actuado en conformidad con el deseo, tampoco implicaría que con tal de no ceder ante él, vale todo (D’Amore, 2006). Más bien, aquello se presentará de una manera u otra, y en definitiva, tal como se ha recalcado, lo que interesa es qué hace el sujeto con ello.

En ese sentido, cabe preguntarse ¿Por qué no detuvo su trabajo aún después del suicidio de su esposa? ¿Por qué si lo hiciera significaría que fue responsable de ello? Ya que el mismo argumento utiliza sobre los suicidios masivos, detenerse para este sujeto podría implicar dejar el espacio para que se produzca alguna pregunta y, por lo tanto, también dejar espacio para la falta, para el deseo (Salomone, 2006). Es en caso de que se pueda sostener y propiciar el punto de inconsistencia del yo, que será posible hacer lugar a la responsabilidad subjetiva fundadora del efecto sujeto (Salomone, 2006). Es decir, no se lo hace responsable de su trabajo, más bien de no haber podido establecer un límite para ello, en tanto sea insaciable aquel sometimiento al Superyó.

¿Encontrará el Dr. Harber algún tope en este film? En principio, podría pensarse que no, ya que el resto de la trama se avoca a los diversos caminos que se encuentra recorriendo para finalmente grabar lo que sucede en ese otro plano de existencia. Entre ellos, la escena en que se le advierte a Will que el Dr. Harber se encuentra experimentando en su propio cuerpo, quitándose la vida por unos segundos y que esto resulta un procedimiento habitual. A ningún colaborador de Thomas le parece extraño, pero su hijo advierte sobre aquel límite del que a nadie le apetece escuchar. Otro ejemplo de ello se corrobora cuando la indicación médica le prohibió al Dr. Harber seguir realizando estas pruebas y, de todas formas, se somete a ellas para demostrar que su máquina videograbadora funciona, arriesgando así, su propia vida. En otra escena, incluso utiliza el cuerpo de una persona fallecida para realizar experimentos. Lo cual recuerda a los inicios de la perspectiva eugenésica, desde la cual la ciencia moderna comienza a relativizar el precepto hipocrático primum non nocere (lo primero es no hacer daño), en pos de los beneficios que una acción médica podría traer a la humanidad (Michel Fariña, 2009). Si bien hoy en día existen reparos éticos y regulaciones jurídicas al respecto, esta actuación del Dr. Harber es un ejemplo más de lo ilimitado de su sometimiento superyoico, ya que incluso, va más allá de aquello ya consensuado científicamente.

De la afectación del núcleo real

Justamente, interesa indagar a partir de una producción de ciencia ficción, acerca de una posible asignación de un límite a la innovación tecnocientífica, en este caso, esta es la demostración de que partículas subatómicas se liberan del cuerpo post mortem o la grabación en vídeo de ese otro plano de existencia. Se intenta que este límite diferencie cuáles de los cambios producidos por la ciencia, que ocasionan una transformación de lo simbólico propio de la variabilidad humana o una afectación del núcleo real, es decir, aquello que determina la condición de esta especie (Kletnicki, 2000).

Debido a esta vocación totalizadora de la ciencia, se llega al momento en que su progreso, si no es ordenado por leyes que comprendan las determinaciones estructurales que constituyen al ser humano y con ello, a la subjetividad, se verificará una nueva lógica que por lo menos, conlleva al empobrecimiento subjetivo (Kletnicki, 2000). Sin embargo, es habitual que la intervención de las leyes sea siempre tardía respecto de la rapidez de las novedades surgidas del campo científico-tecnológico, no permitiendo así, la posibilidad de ser simbolizadas por los sujetos (Kletnicki, 2000).

Es así como, la pregunta de la entrevistadora resulta pertinente: “¿No cree que su descubrimiento era demasiado peligroso para compartirlo con el mundo?” Quizás, antes de dar conocimiento al público de su hallazgo, algo que debió ser regulado, sopesado, a fin de poder accionar preventivamente sobre algunas consecuencias que se visualizan en el film. En consecuencia, solo se observan una serie de carteles que contabilizan en diversas locaciones, la cantidad de muertes desde la fecha del Descubrimiento y que incluyen la frase: “el suicidio no es el camino, elige la vida”. No se podría pensar que tales intervenciones tengan el suficiente efecto como para poder evitar aquellos actos. En definitiva, porque la certeza respecto de la existencia más allá de la muerte, implica una modificación que atañe al campo de la subjetividad, que transgrede la propia condición humana. Es así como, a lo largo del film, se evidencian diversas manifestaciones de la afectación del núcleo real.

Por ejemplo, el trabajo del duelo es una operación constitutiva, estructural de lo humano, ya que comparte, con otras operaciones fundantes de la subjetividad, la pretensión de producir ligadura o inscripción simbólica de aquello real que irrumpe (Kletnicki, 2000). Frente a toda esta cantidad de pérdidas a las que la humanidad se ha visto confrontada a partir del Descubrimiento, pareciera que el sentido del duelo empieza a transformarse. ¿Para qué inscribir una ausencia cuando ya no es tal, sino que “se ha trasladado a otro plano”? ¿Cuál es el sentido de asistir a tantos funerales que ya no simbolizan una pérdida sino más bien, la decisión de “llegar allá”? Para Toby, uno de los hijos de Thomas, es demasiado tortuoso seguir asistiendo a estos eventos, e incluso le parece en algún punto redundante y casi impensado, por ejemplo, cuando se entera del fallecimiento de un amigo. En ese sentido, es Isla quien aclara “Una muerte solía ser algo con lo que teníamos que vivir. Ahora es una manera conveniente de escapar del dolor”.

Por otra parte, en contraposición con la función subjetiva del duelo, aparecen los suicidios grupales: un grupo de porristas ha tomado pastillas luego de emprender una carrera, un padre y su hija han aparecido colgados (dejando a otra de sus hijas por fuera del suicidio familiar). También, podría empezar a justificarse el asesinato a otras personas, tal como indica una de las colaboradoras del Dr. Thomas, a partir del argumento de haber trasladado a una persona luego de cometer tal crimen. Se agrega como eventos habituales de este futuro distópico, la situación de personas desaparecidas, a quienes los familiares buscan por ejemplo en aquellas no identificadas en las morgues.

A partir de tales situaciones, se considera que hay suficiente evidencia para establecer que el Descubrimiento en tanto tal, y su posible grabación, implican el atravesamiento de ciertos límites, fomentando un aplastamiento simbólico (Kletnicki, 2000). Es decir, no hay nada de este Descubrimiento que produzca una valiosa mediación instrumental, entre el ser humano respecto de sus necesidades y su dependencia con la naturaleza (Kletnicki, 2000). Sin embargo, a partir de este film, lo que se puede establecer es que lo real, planteado como la muerte, ya no es imposible, entonces la trama de lo simbólico que construye sentido e invención, como aquella característica antropológica relativa de la especie para intentar inscribir lo real, pierde sentido (Kletnicki, 2000). ¿Qué otra cosa seríamos si no fuéramos puro intento de recubrir aquello que no podemos explicar, que no podemos entender? Sea esto a través de mitos, fábulas, cuentos o ilusiones.

De la ilusión a la certeza

Se evidencia entonces que, en este Segundo Aniversario del Descubrimiento, tal como lo nominan en el film, hay toda una serie de sucesos que atraviesan a la condición humana. Por un lado, el no-saber del Otro, en relación al origen de la vida o en este caso, a lo que sucede después de ella, determina al sujeto al punto de constituirlo como tal, es decir, en tanto dividido (Gutiérrez, 2000). Es así como, frente a la pregunta por el origen o por la muerte, siempre hay una falta de respuesta que se recubre con un mito (Gutiérrez, 2000). De forma que este último, tendrá por función ser un intento de recubrir aquello real (Kletnicki, 2000). En palabras de Will: “Creo que es nuestro instinto de buscar significado, cuando no hay ninguno, es nuestro instinto crear sentido. Y acabamos mintiéndonos a nosotros mismos”.

Que la realidad humana está fundada por el orden simbólico y que este implique un carácter ficcional no significa que por ello sea una mentira o una farsa, más bien, habla de su eficacia, en tanto conjunto de significantes que operan para que el sujeto se sitúe en un mundo y a su vez, tenga existencia (Gutiérrez y Montesano, 2008). En este punto, es gracias a la función creadora del significante, en tanto el símbolo es la muerte de la cosa, que la negatividad del discurso hace ser a lo que no es, de forma que le debe a la realidad de la muerte el no-ser (la ausencia, la falta, la nada) que se manifiesta en lo simbólico (Rabinovich, 1986). De manera que, a partir del discurso frente al no ser o la nada sobre el origen o la muerte, como se indicó anteriormente, se crea una construcción simbólica; por ejemplo un mito. También estas producciones discursivas pueden ejecutarse como ilusiones. Al decir de Freud (1984) éstas funcionan como cumplimiento de los deseos más antiguos, más intensos, más urgentes de la humanidad y, a su vez, cumplen una triple misión: “desterrar los terrores de la naturaleza, reconciliar con la crueldad del destino, en particular como se presenta en la muerte, y resarcir por las penas y privaciones que la convivencia cultural impone al hombre” (p. 14). Para ello, por ejemplo se construyen las representaciones religiosas que en definitiva, se motorizan a partir de la necesidad de intentar brindar sentido a aquello real imposible de atrapar completamente.

Si bien el film no se aboca a la religión en particular, es pertinente nombrar a esta imagen de “llegar allá” en paralelo con la vida más allá de la muerte que plantea la cultura judeocristiana. Es así como incluso, Thomas debe aclarar que aquello nombrado por él como “otro plano de existencia”, no debe relacionarse con el purgatorio, ya que lo único que científicamente puede declarar es que al morir el cuerpo, una parte de la conciencia lo abandona y viaja a un nuevo plano. Sin embargo, es evidente que por más reparos que aquel intente subrayar, la tasa de suicidios en aumento puede significar algo que escapa a las objetivaciones lógicas de la ciencia.

En definitiva, nada de la ficción, el mito o la ilusión, ocurre a partir de la instalación de una certeza que se podría pensar en términos de tapón o desaparición de lo real, o de una parte significativa de él. Tal como comenta Will, cuando una de sus pacientes se anoticia de que enferma de cáncer cerebral, lo que para él podría relacionarse con la tristeza, aquella actuaba como si hubiera ganado la lotería. Aunque ello no se debía a que la paciente pensara que fuera a ir a un lugar mejor, sino porque el Descubrimiento le hizo pensar que estaba garantizado. Se rompe de esta manera con la ilusión o con el mito que explicaría lo que sucede después de la muerte, porque ya no es necesaria su construcción para calmar la angustia frente a la presentación de lo real. Por consiguiente, una vez construida la certeza a partir del discurso científico, como si este no tuviera sus propias falencias, agujeros y baches, ya no interesa cuáles son sus consecuencias, sino más bien, la tranquilidad de tener algún tipo de garantía en él.

Ya en la contemporaneidad de Freud (1984), la religión no influía de la misma manera que antes sobre las personas, viéndose así, reemplazada por el fortalecimiento del espíritu científico. En este punto, en que la ciencia se encuentra endiosada, que se haya comprobado la existencia posterior a la muerte, no es sin consecuencias. A partir del afán de la misma en tanto saber absoluto y consciente, ya no se advierte aquello que el Otro no sabe, su falta, su ausencia y en consecuencia, la propia estructura de sujeto que remarca una imposibilidad: frente a esta certeza existen límites a la posibilidad de significación (Kletnicki, 2000). ¿Cómo significar todas estas muertes si ya se evidencia la ausencia de necesidad de inscripción de aquello real que acontece en todo duelo? ¿Cómo significar la vida de forma que continúe teniendo sentido para aquellos que deciden vivirla?

Que la religión, los mitos, las ilusiones se construyan como base constitutiva para la existencia humana simbólica, permitiría corroborar que este Descubrimiento tracciona en sentido contrario, es decir, afectando el núcleo real. De manera que, se verifica la necesidad de fijar posición sobre la conservación de este núcleo, como aquello que no debe ser tocado, en la medida en que su permanencia decide lo propio de la condición humana (Kletnicki, 2000).

De un posible acto ético

¿Será necesario entonces, para Thomas, seguir investigando acerca de la existencia posterior a la muerte? En principio, la videograbadora finalmente funciona para registrar aquello que acontece una vez que una persona muere. Es así como, experimentan primero con el cuerpo de un fallecido, debido a que Thomas ya no podía experimentar con él mismo. Sin embargo, este no llega a ver los resultados, ya que Will logra tomar la grabación antes de que el equipo del laboratorio la vea. En este caso, el video recabado trata de este difunto llamado Pat Philipps, que llega a un hospital una noche de lluvia. Posteriormente, se encuentra con una mujer que sale de una habitación de este establecimiento y se da el siguiente diálogo:

– ¿Vas a verlo? ¿O simplemente seguirás ignorándolo?

– Pat responde: Perdón… no puedo.

– Por supuesto que no puedes, es la historia de tu (...) vida, te vas y me dejas lidiando con los problemas.

Frente a estos datos, Will, con la ayuda de Isla, continúa investigando acerca de la vida de este sujeto para intentar descifrar si se trata de un recuerdo o de otra cosa. Para ello, consiguen dar con la casa de la hermana de Pat. La misma confiesa que aquel la abandonó cuando su padre se encontraba postrado padeciendo un cáncer y cuando su madre comenzó a enfermar de Alzheimer. Lo más importante, igualmente, es que en verdad, Pat nunca visitó al padre cuando se encontraba en el Hospital, por lo cual, aquello grabado no se trataba de un recuerdo. De esta manera, queda confirmado que si bien, se trata de algo que no aconteció, lo que se produjo es una modificación del relato.

Más adelante, debido a que para el Dr. Harber, la máquina que él había construido parecía no funcionar, decidió probarla en él mismo a fin de verificar lo contrario ya que, como se informó, su hijo había hurtado la grabación antes de que todo el equipo la viera. Acto siguiente, Toby y Will asisten a la sala donde se encuentra su padre, para poder detenerlo debido al riesgo que esto implicaba para su salud, pero ya es muy tarde. La máquina comienza a mostrar aquello que su padre vería si hubiera fallecido. Se puede presenciar entonces el siguiente diálogo:

– Esposa de Thomas: es hora de dejar eso. Vuelve a la realidad. Regresa a casa.

– Thomas: lo que hago es realidad. Necesito terminar. Es importante, ¿lo entiendes?

– Esposa de Thomas: voy a subir.

– Thomas: no seas dramática. Terminaré pronto. Después cenaremos.

Se ve como el Dr. Harber va al living y ve la mesa preparada para la cena, lo cual se observa que ha llevado un gran esmero por parte de su esposa. Luego, se dirige a la escalera y la ve subiendo. Sin embargo, aquí se produce el giro:

– T: Cariño, espera. Capaz el trabajo puede esperar. ¿Te parece si cenamos?

Nuevamente, se constata que aquello que acontece en estas grabaciones no es necesariamente lo sucedido efectivamente. En este punto, parece necesario detenerse sobre el cumplimiento del deseo que parecieran desarrollarse en estas grabaciones y por lo tanto, en la vida más allá de la muerte. Por un lado, Pat Philipps asistiendo a ver a aquel padre que falleció, realizando aquello que nunca pudo. Por otro lado, Thomas, volviendo sobre sus pasos, poniendo un límite a su trabajo, para poder salvar la vida de su esposa.

De esta manera, pareciera que en este otro plano de existencia, el trabajo es similar a aquel que realiza el sueño. Para Freud (1987), este es alucinatorio ya que revive las marcas de la memoria, en un sentido regrediente, a partir de la tensión que surge frente al principio de placer. Es decir, se trata del trabajo del sueño para producir placer. Además, aparece un recuerdo modificado justamente para configurarse en pos de un deseo inconsciente que se cumple al volver a evocarse la memoria.

En este punto, interesa preguntarse ¿Cuántas personas más se suicidarían en el caso de que aquella existencia sea justamente la forma en que pudieran redimirse de sus errores? Sobre todo, estableciendo como punto de partida que en dos años, cuatro millones de personas se han suicidado sin saber de ello, es decir, únicamente con la garantía de este otro plano de existencia post mortem. Es probable que esta tasa aumente exponencialmente al punto de llegar a la pregunta: ¿Cuántos seguirán vivos?

¿Podría ser esto lo que lleva al Dr. Harber a realizar algo distinto al goce superyoico? Cabe la interrogación ya que el conocimiento sobre esta otra forma de existencia y debido a que esta funciona al modo de cumplimiento de deseo, coincidiendo, en definitiva, con el purgatorio de las representaciones religiosas, se podría haber realizado una verdadera interpelación sobre Thomas. Desde aquella entrevista inicial en la que presenció un suicidio, ya se puede ubicar un cierto movimiento subjetivo. Porque, si bien, es a partir del cual decide ocultarse y solamente comentar a un grupo selecto acerca de la investigación para grabar aquello que sucede en este otro plano de existencia, es ahora cuando decide detenerse.

¿Se podría vislumbrar como un acto ético el hecho de que decida poner un límite a su trabajo y destruir la máquina que graba aquello que sucede en la vida más allá de la muerte? Lo mismo se sustentaría en la clínica psicoanalítica, ya que se trata de abrir la posibilidad de experimentar una relación más ética con el deseo a partir de establecer un límite a la vocación imparable del Dr. Harber, al goce que implica el sometimiento a las demandas del Superyó (Mosca, 1998).

Que exista ahora la posibilidad para este sujeto de pensar en detenerse, dejando de ocultarse detrás de su labor científica, aparentaría ser una ampliación de su universo de forma que ello no implique necesariamente que su trabajo fue en vano (Mosca, 1998). De hecho, lo mismo se evidencia por ejemplo, a partir del diálogo con sus hijos, posteriormente a haber observado aquello que pudo grabarse:

– Will: Si es así, no tendríamos que limitarnos a aceptar nuestros remordimientos… Después de la muerte podría cambiar…

– Toby: Aunque repita lo que ya es obvio, si tienes razón y esto se sabe…

– Thomas: Debemos destruir la máquina.

Que el hijo de a entender que si esto se llega a conocer públicamente, los estragos serán arrasadores, pero a su vez, esperando que su padre no considere la opción de mantenerlo en secreto, advierte sobre la sorpresa respecto de que ocurre lo contrario sobre la decisión de Thomas. ¿Se podría evidenciar una singularidad ética que aparenta desfallecer el particular previo del Dr. Harber, ya que antes era impensado que tome una decisión de ese estilo? (D’Amore, 2006). Dejar de someterse a las exigencias del Superyó y detenerse respecto de su investigación, permite entonces evidenciarse que quizás, nada de sus acciones tenían que ver con aquel prestigio que perseguía por ser quien descubriera ese otro plano de existencia.

Ahora bien, podría pensarse que el Dr. Harber más bien, necesitaba, en palabras de Toby: “que ella logró llegar a algún lado”. Pero entonces, si se tratara del caso en que toda la investigación realizada sobre la videograbación de ese otro plano, se motorizaba a partir de esta intención consciente de satisfacer la calma del Dr. Harber, respecto de su culpabilidad por la muerte de su esposa, se encuentra nuevamente una motivación en el plano de lo particular. Se recalca que, lo que interesa entonces es la lógica que sigue el sujeto y no el contenido de sus acciones; en definitiva, sus argumentaciones (D’Amore, 2006). Entonces, ¿se trata realmente de un cambio de posición del sujeto frente a las circunstancias? ¿O en verdad de haber llegado al punto que buscaba: la certeza y por lo tanto, la tranquilidad de que su esposa se encontraría en ese otro plano?

En conclusión, no se puede corroborar que aquello se trate efectivamente de un acto ético, más aún considerando una de las últimas indicaciones que le da a Toby: “Tenemos que dejarlo ir por un tiempo”. Es así como se evidencia, que incluso no tiene intenciones de detenerse, de preguntarse por su deseo, sino más bien, que esta interrupción sea momentánea. De forma que, aun habiendo conseguido la certeza de aquella interpretación que Toby realiza sobre su padre, en referencia a la necesidad de saber que su esposa se encontraba en otro plano, probablemente el sujeto no vaya a interrumpir más que brevemente su investigación.

Utópicamente, quizás se detendría para averiguar más profundamente acerca de ello antes de darlo a conocer públicamente, sobre todo para sopesar las consecuencias y actuar a partir de regulaciones simbólicas a fin de que la condición humana no sea vea afectada tan gravemente como sucedió efectivamente con el Descubrimiento. Sin embargo, de estas conjeturas no se anoticia al espectador, por lo cual, quedará abierta la pregunta acerca de si el Dr. Harber ha podido actuar o no en conformidad con su deseo. Más bien, no se observan indicadores de ello, sino en concordancia con lo ya descripto, una clínica del Superyó, y en consecuencia, una renuncia al deseo.

De algunas reflexiones finales

A partir de la grabación en video de lo que sucede cuando Will se conecta a la máquina, en un acto de desesperación al fallecer Isla, con quien estaba comenzando una relación, lo que se sabía de ese otro plano de existencia se amplía. Se muestra así, que en verdad, no se trata de una simple realidad alternativa, sino más bien, parece funcionar al modo de un bucle. El mismo implicaría además ciertos cambios que producen cortes en estos círculos viciosos, donde las personas incluso afectan la existencia de las otras en este plano. De esta manera, el cumplimiento de deseo sigue vigente para transformar tanto la realidad propia como la de otros sujetos, a los fines de resolver aquellos remordimientos que surgieron a partir de lo acontecido en vida.

Si bien, este final es quizás inesperado, se podría tener ciertos reparos en el punto donde este otro plano de existencia resulta tan similar a la religión judeocristiana, a partir de resultar aquel estado de purificación de las almas para resarcirse de los pecados acontecidos en vida. En ello se evidencia la mirada etnocéntrica de occidente que considera como universal aquello que postula en su ideología, ya que al parecer lo que se comprueba es el purgatorio de la religión judeocristiana (Mairet, 1980). Es una de las formas en que se evidencia aquella necesidad de brindarle un sentido a lo real de la experiencia humana, aunque ello sea desde una visión particular occidental donde la existencia posterior a la muerte tendría algún tipo de finalidad. Porque en definitiva, las representaciones religiosas tienen por función el cumplimiento de los deseos más antiguos y urgentes de la humanidad, es esperable que coincidan con la doctrina cristiana y occidental, ya que la producción de este film responde a la moral de este discurso simbólico.

Por otro lado, respecto de la responsabilidad subjetiva del Dr. Thomas Harber, no se ha establecido que la misma se haya producido. A partir de que el motivo de investigación se revela como una intención consciente de apaciguar la culpa del sujeto, ya no se puede hablar en términos de deseo inconsciente. Además, se han trabajado las diversas respuestas que el Dr. Harber pudo brindar, sosteniendo desde el inicio una posición de negación sobre su división subjetiva. No obstante, lo que interesa es que, con aquella última decisión, por más yoica que ella sea, acerca de detener momentáneamente la investigación y destruir la máquina, podría funcionar como aquello que brinde un espacio para la construcción simbólica de una regulación.

Por último, respecto de lo hasta aquí trabajado acerca de este film de ciencia ficción para pensar en las consecuencias de la innovación tecnocientífica sobre la subjetividad, interesa destacar lo ya indicado por Kletnicki (2000), en relación a que, los desarrollos de las mismas seguirán avanzando. Sin embargo, lo que resalta es si la posesión del conocimiento implica la necesariedad de su uso, si aquello que puede ser sabido o hecho, debe entonces realizarse o darse a conocer. Ya que en definitiva, las posibilidades técnicas de producir o descubrir un fenómeno no refieren al plano de la necesariedad ética, cabe el espacio para las preguntas sobre sus consecuencias (Kletnicki, 2000). De forma que, con su posible regulación simbólica, sopesando aquello que está en juego de la condición humana, se pueda trabajar a fin de resguardar aquello que no debe ser tocado (Kletnicki, 2000). Ya que que los mitos, las ilusiones y todas aquellas construcciones simbólicas permiten brindar sentido a lo real y así, se fundamentan como base constitutiva para la existencia humana simbólica, este Descubrimiento en tanto se hipotetiza como certeza, tracciona en sentido contrario, es decir, afectando el núcleo real. Por lo tanto, cabe la interrogación acerca de si es posible sostener una condición humana como tal, una vez que tal conocimiento ha sido revelado. Debido a que, incluso pudiendo realizar una regulación sobre ello, para resguardar el núcleo real, ¿qué garantías pueden darse de que funcione para preservar aquello que constituye al sujeto cuando esto es justamente lo trastocado?

Finalmente, es así como, desde una perspectiva ética, se permite la apertura de toda una serie de interrogantes, frente al avance irrefrenable de la ciencia. A partir de ciertos lineamientos trabajados, lo que interesa es que las preguntas conduzcan a un esclarecimiento sobre los posibles límites que protegerían aquello necesario para continuar refiriéndose a la especie humana como tal. Concluyendo así, que el Descubrimiento, si se diera como tal en la actualidad, quizás no debería ser divulgado, o por lo menos, sin tener en cuenta aquello que se encuentra en juego.

Referencias

D’Amore, O. (2006). Responsabilidad y culpa. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos, Letra Viva, Buenos Aires.

Freud, S. (1984). “El porvenir de una Ilusión”. En J.L. Etcheverry (Traduc.) Obras Completas Freud S. (Vol. 21 pp. 5-55) Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1987). La interpretación de los sueños (segunda parte). En J.L. Etcheverry (Traduc.) Obras Completas Freud S. (Vol. 5 pp. 504-598) Buenos Aires: Amorrortu.

Gutiérrez, C. (2000). Saber creacionista y ficción fundadora. En La encrucijada de la filiación. Tecnologías reproductivas y restitución de niños, Lumen/Humanitas, Buenos Aires.

Gutiérrez, C. y Montesano, H. (2008). Farsa y ficción. En Filiación: ciencia y arte. La restitución como problema epistemológico y como acto creador. Aesthethika, Vol. 4 Número 1, Junio 2008. Versión online en: http://aesthethika.org/Farsa-y-ficcion-Usurpacion-y

Kletnicki, A. (2000). Un deseo que no sea anónimo. Tecnologías reproductivas: transformación de lo simbólico y afectación del núcleo real. En La encrucijada de la filiación. Tecnologías reproductivas y restitución de niños, Lumen/Humanitas, Buenos Aires.

Mairet, G. (1980) “La ideología en occidente, significado de un mito orgánico”. En Chatelet, F. y Mairet, G. (Eds.) Historia de las ideologías (pp. 232-241). Madrid: Akal.

Michel Fariña, J. J. (2009). De la eugenesia a los crímenes nazis. En Michel Fariña, J. J.; Salomone, G. Z.: Dossier de Ética y Cine: Ética y ciencia. De la eugenesia al tratamiento contemporáneo de las diferencias humanas. Proyecto IBIS / Aesthethika©, Grupo Blanco ediciones, Buenos Aires. http://eticayddhh.ning.com/page/zona-de-textos

Mosca, J. C. (1998). Responsabilidad, otro nombre del sujeto. En Ética: un horizonte en quiebra, Eudeba, Buenos Aires.

Rabinovich, D. (1986). La palabra, la muerte y la ley de la alianza. En Sexualidad y significante. (Cap. 1) ob.cit.

Salomone, G. Z. (2006). El sujeto dividido y la responsabilidad. En La transmisión de la ética. Clínica y deontología. Vol. I: Fundamentos, Letra Viva, Buenos Aires.


NOTAS





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Película:El descubrimiento

Titulo Original:The Discovery

Director: Charlie McDowell

Año: 2017

Pais: Estados Unidos

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