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El hilo de la cólera

por Ariel, Alejo, Chiodi, Sofía

Genealogía, escritura y responsabilidad

I. Incendies comienza con la lectura de una carta y termina con un nuevo escrito, que da lugar al grabado de un nombre sobre una tumba, antes anónima.
La simetría de la estructura da cuenta de una insistencia. Algo insiste en esa repetición: la escritura.

Una madre muere de modo enigmático. Antes de morir, alcanza a escribir una carta para sus hijos. Encomienda a un escribano, quien ha sido su empleador y amigo durante años, que se la entregue tras su deceso.

A pesar de su inicial desacuerdo, el notario se compromete. Allí no está en juego su opinión sino su palabra empeñada. “Para un notario una promesa está cerca de ser algo sagrado”. Es el guardián del lugar de la palabra. Desde allí, regula la escena, reparte las cartas que dinamizan el drama.

El testamento comienza con una sentencia temible: “Entiérrenme desnuda, con la cara sobre la tierra, de espaldas al mundo, sin velorio, sin rezos, sin tumba ni epitafio”. A continuación, una tarea es encomendada a los hijos gemelos, Simon y Jeanne. Deberán entregar dos sobres: uno a su padre, a quien creían muerto y otro a su hermano, cuya existencia desconocían. Nuevamente, se trata de cartas. Solo cuando lo hayan hecho “una promesa será cumplida y un nombre grabado sobre la tumba”.
El misterio se edifica. Retorna una imagen siniestra: la cara de su madre, descolocada, descentrada, casi destituida, al borde de la pileta, minutos antes de su internación en el hospital. Lo siniestro de la imagen se anuda ahora a una interrogación que las cartas abren. Es el tiempo de la pregunta.

La hija decide comenzar a investigar. Sin saberlo, lo ha hecho toda la vida. Así nos lo deja saber el profesor de matemática junto al que trabaja, cuando define su labor como “una tarea inútil, que nos lleva de un problema sin solución a otro problema sin solución (…) La matemática pura es el país de la soledad”. Ella interroga, en el misterio de la vida de su madre, el enigma de su propia existencia.

A partir de unas pocas pistas, y bajo la égida de la mirada del notario, viaja al país natal de su madre, en un intento de reconstruir su historia. Pero el saber no será la única vía para recuperar lo perdido de la historiamaterna. Vivirá el desgarro, la grieta en su propio cuerpo. La búsqueda se despliega en el límite, en el borde mismo entre el conocer y el revivir, entre el saber y la repetición. Los espectadores asistimos a la historia de la madre en el cuerpo de la hija.

II. La vida de esa madre, Nawall, está marcada, desde el inicio, por las consecuencias nefastas de la guerra religiosa y los crímenes inhumanos entre los hombres. Su marido, un musulmán, es asesinado por sus propios hermanos. Ella es desterrada de la familia, acusada de traición. Su abuela consigue salvar su vida. Para hacerlo debe dejar el pueblo e ir a estudiar a la ciudad junto a su tío. Pero antes, debe poner término a su embarazo y dejar a su hijo en un orfanato, para ocultar su origen indigno. Tras el parto, la anciana marca al recién nacido en el talón. Al quedar a solas con su hijo, Nawall susurra: “Un día te encontraré, lo prometo”. Esta es la última imagen de ella junto a su hijo.

Luego la encontramos en la principal ciudad de la región, Daresh. Vive en casa de su tío y asiste a la universidad. Los enfrentamientosentre grupos religiosos continúan. La universidad cierra. La radio anuncia que varios pueblos han sido atacados por rebeldes musulmanes, entre ellos su pueblo natal.

Nawall decide volver para buscar a su hijo. Encuentra su casa destruida. Un hombre le indica que los sobrevivientes han sido llevados por los musulmanes a un campo de refugiados.Cruza el país para llegar hasta allí. Se hace pasar por musulmana o por cristiana, sin distinción, para salvar su vida. El problema religioso le resultaindiferente.

Llega al campo de refugiados, la masacre deviene omnipresente. La ciudad está asolada. Pierde la esperanza, resignada. Se precipita a la venganza. Protagoniza un atentado. Asesina, sin piedad, a un líder cristiano. Inevitablemente, es enviada a la cárcel. Es torturada y violada, a repetición. En lugar de gritar de horror, canta. Queda embarazada. Se golpea el vientre, intenta varias veces abortar. Finalmente, pare en la prisión. Son dos gemelos. La partera pide conservarlos, y ellos se salvan de la muerte.

Tras más de quince años en la cárcel, Nawall es liberada. Estamos frente a una mujer arrasada, de mirada perdida.
Un hombre se le acerca, la recoge y le dice: “Nos ayudaste mucho, ahora te ayudaremos nosotros a ti. Saldrás del país y llevarás a tus hijos. Los niños te ayudarán, ya verás”. Ella, llorando, se niega: “No puede pedirme eso”. Pero el hombre insiste: “Tus hijos son tus hijos. Nosotros siempre estaremos ahí para ustedes”.

III. Nawall nada en una pileta junto a sus hijos gemelos, ya adultos. Se acerca al borde y observa, a unos metros, el talón de un hombre con la marca inequívoca de su hijo.Temblorosa, sale de la pileta y se acerca. Reconoce junto a esa marca en el talón, el rostro igualmente inolvidable de su violador.Se trata de una contingencia funesta.

Él no la reconoce, ni como madre ni como víctima. Ella pide disculpas, casi sin voz. Se aleja y cae, perdida, sobre la reposera.

IV. Se quiebra el silencio. Los hermanos enuncian, en esa lengua extraña de la matemática, la singularidad de la verdad que ha nacido para ellos: “Uno más uno, puede dar uno”.

Entregan los sobres encomendados por su madre. A continuación, el notario abre, ante ellos, una nueva carta. Esta vez será la última.

Nueva luz ilumina las viejas iniquidades impunes. Los crímenes que han presidido la genealogía son revelados. Una promesa ha sido cumplida. Una piedra se pone sobre la sepultura y un nombre se graba en ella.

La legalidad se restituye para la descendencia. El cuerpo de la madre es sustraído como pérdida en esta operación. Su muerte pone en movimiento al destino, anteriormente sepultado, oculto. Las cartas, que configuran propiamente un circuito, enuncian una verdad (esa verdad que la madre no pudo soportar en vida, y que pagó con su muerte), dando lugar a la trasmisión de una historia, y a una escritura. Escritura que da lugar que a la emergencia de una nueva verdad para sus tres hijos.

V. Intentaremos utilizar el “circuito de la responsabilidad” para pensar la responsabilidad subjetiva de Nawall en relación a la maternidad. A partir de este análisis esbozaremos una hipótesis clínica sobre el deseo inconciente como fundamento del circuito. A su vez, dimensionaremos en la historia los elementos de necesidad y azar, así como sus grietas (en las que un sujeto es posible). Por último, pensaremos los momentos determinantes de la historia utilizando las categorías de lo particular, lo universal y lo singular. Para ello, hemos decidido recortar el período que comienza con el exilio de Nawall tras su condena en prisión, y que acaba con su muerte y posterior sepultura.

Tiempo 1. Abandona su país de origen y viaja a Canadá. A pesar de su reticencia inicial, decide llevar con ella a sus hijos, siguiendo el consejo del hombre que ha gestionado su exilio.Los hijos la “ayudarán a sobrevivir”. No se esgrimen otros motivos que funden su decisión. Aún no sabe si podrá quererlos. Se trata entonces de una apuesta. Apuesta cuyo resultado es, al comienzo, incierto.

Tiempo 2. Descubre la tragedia. Una marca y un rostro inolvidables se conjugan para precipitarla a una conclusión insoportable.El universo particular sobre el que se sostenía su historia es cuestionado por la emergencia de esta revelación singular, heterogénea. Se desvanece el frágil equilibrio genealógico (ese que la ayuda a sobrevivir) montado a partir de la acción del primer tiempo. Cae aquella versión que suponía a su primer hijo muerto y a sus dos hijos gemelos como hijos de una violación anónima.Se abre un abismo.Ya no se sabe quién es. La identidadcae, a partir del exceso que la imagen le devuelve. Esa diferencia le atañe, la interpela.

Ante su rostro descentrado, sus hijos la llaman. Ella no responde. Es el tiempo de la destitución.

Tiempo 3. Antes de morir, alcanza a dictar unas palabras para sus hijos.Se trata de una respuesta también singular, un acto, que entraña la dimensión de la responsabilidad subjetiva. En ella, toda la potencia de un gesto de universalización, de extensión del universo previo, para integrar el elemento heterogéneo. Las cartas inician un movimiento que acaba, como hemos anticipado, con el grabado de su nombre en la tumba. La escritura inscribe el destino ominoso. Después del sismo del segundo tiempo, algo se labra, se funda.El nuevo edificio genealógico no será una repetición del anterior, el universo simbólico que es su historia se ha expandido.

El azar posibilita ambos encuentros, determinantes, con su primer hijo (en la prisión y en la pileta). La necesidad prescribe las consecuencias inevitables de ciertas acciones (la elección amorosa de un enemigo religioso la lleva al destierro familiar; el asesinato de un político a la prisión; las violaciones repetidas al embarazo; elembarazo, al parto). Pero ni necesidad ni azar son capaces de explicar su respuesta.Frente a la fatalidad del destino, ella responde con la escritura. Escritura que inscribe lo que le ha tocado en suerte, pero que le permite posicionarse subjetivamente frente a ello con una elección. Elección que abre una grieta entre necesidad y azar. Decisión a solas que se configura como acto ético.

Se trata, pues, de operaciones de escritura, en las que un nuevo sujeto adviene. Intentaremos dar cuenta de ellas, a partir de un análisis textual. Tomamos en primer lugar la carta dirigida a los hermanos gemelos:
“¿Donde comienza su historia? Si comienza con su nacimiento, es una historia de horror; Si comienza con el nacimiento de su padre, es una historia de amor. Yo digo que comienza con una promesa, la de romper el hilo de la cólera. Cerca de ustedes logré finalmente hacerlo. Se rompió el hilo (…) Nada es más bello que estar embarazada. Los amo, Nawall”.

En un comienzo (tiempo uno) Nawall lleva a sus hijos junto a ella, sin estar segura de quererlos, casi como un consuelo. Al escribir las cartas (tiempo tres), como respuesta subjetiva frente al exceso (tiempo dos), resignifica la acción emprendida. Tenemos ahora el verdadero valor de esa acción que había nacido como apuesta y que ahora se evidencia sustancial para su existencia: llevar con ella a sus hijos gemelos se inscribe, en el texto materno, como habiendo sido lo que posibilitó la ruptura del hilo de la cólera en las generacionesy la restitución de la legalidad en la genealogía: “cerca de ustedes logré hacerlo. Se rompió el hilo (de la cólera)”.

Esta afirmación se sostiene, a su vez, en que son ellos quienes entregan las dos cartas redactadas por su madre a quien había sido su hijo y su violador, echando luz sobre el núcleo trágico de la historia. El hecho de que sean dos cartas, y no una sola, tiene aquí un valor determinante. Esta duplicidad lleva adelante una separación: separa al violador del hijo. Pero también separa dos facetas de ella misma: la puta y la madre. Por eso firma la carta al violador como “La puta 72”, mientras que rubrica la carta al hijo como “Tu madre, la prisionera 72”.

La carta al violador y padre, es una carta de despedida: “Pronto te irás, lo sé”. Esta despedida no necesariamente trata de la muerte biológica y se dirige tanto a él como a ella misma:se despide del violador, en la medida que apuesta a la posibilidad de que un destino diverso se abra para él. Pero tambiénse despide de la “puta” que ella fue para ese violador, en orden de poder instituirse como madre.

La carta al hijo ratifica la operación de separación: “Le hablo al hijo, no al verdugo”. A continuación da cuenta de la dimensión del amor que presidió su nacimiento. Y en esa línea lo inscribe en el linaje como hermano de sus hermanos, hermanados todos por el amor. “Naciste del amor. Tu hermano y tu hermana son hijos del amor”.

La carta concluye con una afirmación: “Nada es más bello que estar embarazada”. Idéntica frase encontramos en la carta dirigida a los gemelos. Esta insistencia no es casual. Por un lado, nos anoticia de que los gemelos y el primer hijo son ubicados ahora en un registro común. Pero también da cuenta de que en esa madre ha habido lugar para la creación, para el dar a luz algo nuevo. En ese espacio vacío, en ese lugar para la palabra por venir, podemos pensar la dimensión inextricable del inconciente.

La frase concluye el tiempo 3 y nos acerca una pista sobre el deseo inconciente que fundamenta el circuito. El amor por los hijos se sostiene, en su dimensión más íntima, en su deseo de ser madre, en su deseo de creación (más allá de la batalla religiosa). Deseo que sostiene la escritura como respuesta singular.Deseo que podría dar cuenta del sentido de la apuesta jugada en el tiempo primero, que ahora deviene, retrospectivamente, acto.

Bibliografía

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NOTAS





COMENTARIOS

Mensaje de Mariana Pazo  » 30 de octubre de 2012 » nuevadirec2@hotmail.com 

Conmovedora película, que deja al espectador con un nudo en la garganta, ese tipo de películas que pasan horas y horas y uno aún sigue tratando de re-elaborarla. Reconozco como espectadora, que al principio, se tarda en entrar en la película, que las primeras escenas parecen no llevar a ningún lugar que sea medianamente interesante, más que a otra historia de guerra, y sus consecuencias. Sin llegar a imaginar el desenlace, que resulta ser sorprendente, que rememora a una tragedia griega, una historia de héroes de tragedia, que asumen la fatalidad del origen de su historia.
De unos hijos que deciden realizar este viaje, hacia el origen del odio de esta madre, y que como todo conocimiento, que no es sin consecuencias, tiene un precio, aunque doloroso, necesario.
La búsqueda de la verdad y los orígenes, la búsqueda de una hija buscando a un padre que siempre dio por muerto. La búsqueda desesperada de una madre del hijo que le arrebataron de las manos al nacer.
La búsqueda de dos hermanos, debiendo afrontar el terrible secreto de su propio origen, quizás demasiado real para soportarlo. Quizás comprender el porque de la relación distante y poco afectuosa de su madre hacia ellos. Les permita entender el porque de su mutismo y su odio.
Aun así, me pregunto porque esta madre después de su muerte, les devuelve a estos hijos, de esta manera, por la vía de un mandato, lo violento que constituyó para ella engendrarlos como producto de la tortura y la violación. Por qué no pudo compartir su secreto del pasado con ellos sin obligarles a pasar por semejante calvario para poder desentrañarlo?



Película:Incendies

Titulo Original:Incendies

Director: Denis Villeneuve

Año: 2010

Pais: Canadá - Francia

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