Resumen:
A dos décadas del estreno de V for Vendetta (McTeigue, 2005), este texto ofrece una lectura crítica del film como dispositivo que interpela la obediencia y la responsabilidad subjetiva en el umbral de una metacrisis civilizatoria. Partiendo de la pregunta clásica de Étienne de La Boétie –“¿por qué obedecemos, si podemos no hacerlo?”– y resonando con la reflexión de Georges Didi-Huberman sobre la construcción del consentimiento, exploramos cómo la lógica biopolítica se articuló en la distopía de la Inglaterra totalitaria y cómo, en 2025, la angustia ecológica y el colapso emergen en los márgenes de ese relato. En este recorrido dialogaremos con la servidumbre voluntaria, el “goce por lo que el otro no tiene” (Benbenaste, 1994) y las advertencias sobre biotecnología y algoritmos (Digilio, 2008; Eira Charquero, 2023), para concluir con las aportaciones de Flavia Broffoni en torno al colapso civilizatorio
Palabras clave: bioética | narrativa | biopolítica | venganza | memoria
Why Obey? 20 Years After V for Vendetta
Abstract:
Two decades after the release of V for Vendetta (McTeigue, 2005), this text offers a critical reading of the film as a device that questions obedience and subjective responsibility on the threshold of a civilizational metacrisis. Starting from Étienne de La Boétie’s classic question–"Why do we obey, if we can avoid it?"–and resonating with Georges Didi-Huberman’s reflection on the construction of consent, we explore how biopolitical logic was articulated in the dystopia of totalitarian England and how, in 2025, ecological anxiety and collapse emerge on the margins of that narrative. In this tour we will discuss voluntary servitude, the “enjoyment of what the other does not have” (Benbenaste, 1994) and the warnings about biotechnology and algorithms (Digilio, 2008; Eira Charquero, 2023), to conclude with the contributions of Flavia Broffoni regarding the collapse of civilization.
Keywords: bioethics | narrative | biopolitics | revenge | memory
¿Por qué obedecer? A 20 años de V for Vendetta
A dos décadas del estreno de V for Vendetta (McTeigue, 2005), la película persiste como un dispositivo de interpelación política y subjetiva, invitándonos a cuestionar la servidumbre voluntaria y la construcción del consentimiento en clave biopolítica. Partiendo de la pregunta fundante de Étienne de La Boétie –“¿por qué obedecemos, si podemos no hacerlo?” (La Boétie, 2020, p. 27)– y en diálogo con la teoría del consentimiento de Georges Didi-Huberman (2018), este texto ofrece una lectura situada del film. En primer lugar, examinaremos la “erótica de la servidumbre” y la estética del poder en la distopía orwelliana que recrea la Conspiración de la Pólvora de 1605. Luego, abordaremos la dialéctica entre obediencia y responsabilidad subjetiva, ilustrada en el itinerario simbólico de Evey Hammond. Finalmente, haremos una recorrida de la biopolítica y biopoder que atraviesa el relato y cómo la noción contemporánea de colapso civilizatorio (Broffoni, 2025) se inscribe en las tensiones que el film pone en escena. Al conjugar estos ejes –servilismo voluntario, el goce, la responsabilidad política, biotecnología y algoritmos– mostraremos que V for Vendetta conserva su relevancia como metáfora de la desobediencia civil, del actuar concretamente para lograr una transformación, una desobediencia responsable? en un mundo marcado por la metacrisis ecológica y la administración biotecnocrática de las vidas.
1. La servidumbre voluntaria y la estética del poder
El film abre con la implosión del Old Bailey, un plano secuencia de gran fuerza en el que la piedra histórica del sistema judicial británico se desmorona como un reloj de arena al revés. Este acto inaugural evoca la Conspiración de la Pólvora de 1605, donde Guy Fawkes (renombrado “Diego Fox” en la narración) pretendía volar el Parlamento y restaurar el catolicismo en Inglaterra. Sin embargo, el film no celebra al conspirador como héroe religioso, sino como pretexto para exponer la servidumbre voluntaria: una sumisión masiva que no depende exclusivamente de la fuerza coercitiva, sino de un consentimiento tácito logrado por el miedo, la propaganda y la (in)comodidad de renunciar a la libertad (La Boétie, 2020).
Étienne de La Boétie describió la servidumbre voluntaria como un hábito social tan arraigado que opera con mayor eficacia que la represión explícita. “No se puede creer que el pueblo, cuando es sometido, caiga tan repentinamente en un olvido tan grande de la libertad…” escribe La Boétie, destacando que la masiva adhesión al tirano obedece más a la inercia del confort que a la pugna física (La Boétie, 2020, p. 29). En V for Vendetta, la población londinense aplaude ejecuciones y arenga a la guardia de Sutler sin cuestionarse los motivos, reflejando esa “erótica de la servidumbre” en la que el sometido encuentra un placer paradójico: el alivio de no tener que decidir, de posponer el riesgo de la libertad.
El Alto Canciller Adam Sutler encarna esta estética del poder. Recluido en un búnker oscuro repleto de pantallas y micrófonos, Sutler disfruta del espectáculo de su propio dominio. La ausencia de un interlocutor real –unas masas que obedecen desde el anonimato– retroalimenta su goce. Narciso Benbenaste describe esta forma de satisfacción como “goce por lo que el otro no tiene”: no la apropiación de un objeto, sino la certeza de la falta impuesta al otro, la privación de palabra, visibilidad y autonomía (Benbenaste, 1994). Las pantallas que replican la imagen del Tirano funcionan como órganos artificiales del poder, capturando miradas y modelando un universo simbólico donde la obediencia se convierte en belleza sin estridencias.
La estética de la represión se completa con la propaganda omnipresente: los noticieros estatales reproducen ángulos seleccionados de la violencia, mientras los edificios de la ciudad lucen emblemas oficiales como recordatorios permanentes del miedo. Esta atmósfera recuerda los análisis de Boucheron y Robin (2019) sobre el miedo político: un afecto instrumentalizado para sostener la gobernabilidad institucional. V for Vendetta traslada esa coacción emocional a la pantalla, donde la estética de la obediencia se presenta envuelta en un barniz de seguridad. La soledad de Sutler, rodeado de su orquesta de pantallas, contrasta con la multitud que, aunque aparentemente segura, se mueve sin ver hacia su propia servidumbre. La distancia física y simbólica entre el Tirano y el pueblo refuerza la asimetría que Benbenaste denomina “Polo Estructurante”: aquel punto de goce que articula el campo de lo político a partir de la falta del Otro, erigido en un lugar de Poder.
V, sin embargo, subvierte esta poética del sometimiento al retomar el símbolo de Guy Fawkes como máscara de anonimato y resistencia. Al detonar la carga, V no reivindica una venganza religiosa, sino un acto de memoria activa: llama a “recordar, recordar”, convocando a una memoria colectiva olvidada. La máscara de Fawkes se transforma en objeto transicional (Winnicott, 1971): puente entre lo individual y lo comunitario, entre la nostalgia por un pasado de libertades y el deseo de una revuelta ética. El gesto teatral de V convierte la ruina del Old Bailey en obra de arte destructiva, un manifiesto performativo que expone las costuras de la servidumbre voluntaria y propone una estética de la resistencia.
2. Obediencia y responsabilidad subjetiva: Didi-Huberman y el sujeto político
Georges Didi-Huberman problematiza el consentimiento político como trama invisible que sostiene al tirano: no basta con la represión externa; el poder triunfa cuando es internalizado por el sujeto, quien asume la norma como propia hasta experimentar su obediencia como un acto de autocuidado. Hace una recorrida por la figura de Hitler y cómo fue parodiada, por aquellos que tuvieron el coraje de expresar públicamente, su postura crítica. Como el fotógrafo John Heartfield, con humor logra montajes fotográficos donde se ve a Hitler en pleno discurso como si se lo viese a través de una radiografía y se puede observar cómo se traga una cantidad de monedas de oro que representan toda la riqueza y tesoros que les arrebató a su pueblo y que obtiene de manera complaciente de los ricos dueños de sus industrias. Pero escribe el fotógrafo, que de lo que sale de su boca son sólo tonterías y mentiras (en Alemán, Reden Blench). Desde Estados Unidos, unos años después aparece la memorable versión de Charlie Chaplin, muy desopilante e hilarante, de los discursos de odio que pronunciaba Hitler. Ese mismo que lograba poner a sus súbditos con sus discursos “bajo su yugo”: bajo su poder, ni más ni menos que a sus órdenes. Hubo gente que no se dejó engañar por esas propuestas de escenas que intimidaban. Pensaban que esa gesticulación, a la vez tan autoritaria como sumisa, era al vez ridícula y muy peligrosa en sus alcances. Eran personajes públicos, periodistas, intelectuales, artistas, escritores, filósofos. Sus obras fueron quemadas o prohibidas una vez que el régimen del III Reich tomó el Poder. La obediencia implicaba toda una red, una cadena de obediencia imprescindible para hacer cumplir una orden que si bien abstracta, incluso arbitraria, dada por el soberano alcanzaba los cuerpos. El paroxismo afectivo logró ser un paroxismo efectivo, que llevaba a las personas a obedecer a una violencia totalitaria, masacrando a poblaciones enteras, incluyendo a mujeres niños, ancianos y a toda materia humana que fuera considerada despojo. Las puesta en escena filmadas y difundidas por toda Alemania por el ministro de propaganda del régimen hitleriano Joseph Goebbels, fueron parte de la maquinaria de exterminio. ¿Cómo se construye una arquitectura de obediencia a ordenes criminales? Analiza el caso de Adolf Eichmann y la lectura que hace Hanna Arendt a partir del juicio en Jerusalem. Recalca que al mismo tiempo que se llevaba a cabo el proceso judicial contra Eichmann, un psicólogo estadounidense llamado Stanley Milgram en la Universidad de Yale, puso en marcha un experimento destinado a medir el grado de obediencia que tienen los ciudadanos comunes cuando se les da una orden, cuyo foco estaba en el hacerles daño a otros. Incluso nos recuerda que el propio Milgram en su libro Sumisión a la autoridad, se refería a la matanza de My Lai, perpetrada en Vietnam por tropas del ejército estadounidense en 1968, concluyendo que bajo un régimen de democracia liberal o bajo un régimen dictatorial, la sumisión ciega a la autoridad conduce a perpetrar los crímenes más aberrantes (Didi-Huberman, 2018). La película plasma esta dinámica en el itinerario de Evey Hammond, joven inicialmente conformista que transita de la alienación a la responsabilidad subjetiva a través de la tortura psicológica y el encuentro con V.
En la secuencia del noticiario, Evey repite sin convicción los lemas del régimen: acata la orden de saludar, aprueba la ejecución de subversivos y cede su mirada al discurso oficial. Su cuerpo, tenso y retraído, revela un miedo latente; su voz, neutra y mecánica, delata la interiorización del mandato. Sin embargo, cuando es secuestrada y recluida en el sótano del Old Bailey, la cámara nos sumerge en un espacio despojado de referentes exteriores: paredes desnudas, goteo monótono y luz que apenas logra alumbrar la escena Allí, la tortura no busca una confesión, en los desfiladeros del arrasamiento subjetivo, desarticular los relatos que sostienen la subjetividad dócil: la certeza de que las instituciones protegen, el consuelo de la rutina, el refugio en la repetición de consignas.
El punto de giro se produce con el simulacro de ejecución: V la coloca sobre una plataforma elevada y anuncia su muerte. Ante el vacío, Evey enfrenta la disyuntiva extrema: obedecer para salvar la vida o asumir la responsabilidad absoluta de su libertad. Al elegir saltar, Evey despliega un acto que Didi-Huberman podría asociar con la interrupción del consentimiento: el sujeto reconoce su existencia más allá del mandato, recupera la potencia de su acto y se reapropia de su voz (Didi-Huberman, 2018). La caída, filmada en un travelling ascendente, la rescata de la oscuridad física y simbólica, ¿anticipándonos su metamorfosis subjetiva?
Cuando descubre que su muerte fue fingida, Evey emerge con la máscara en la mano y el ímpetu de su propia decisión. Es esa transformación de la víctima en cómplice lúcida. Lacan sugiere que cuando alguien sufre una situación extrema (como Evey bajo tortura), el propio proceso de escapar o sobrevivir puede llevarle a adoptar –aunque sea momentáneamente– las reglas y la lógica de quien le oprime. Al aceptar el juego del verdugo (confesar, obedecer órdenes) para evitar el dolor, la víctima acaba “colaborando” con su agresor, convirtiéndose en cómplice de ese mismo sistema que le lastima. Pero justo en ese instante de colaboración forzada, surge la posibilidad de interrumpir el mecanismo: si la víctima se da cuenta de que está repitiendo las demandas del opresor, puede decidir salirse de ese papel y recuperar su propia voz y autonomía de decisión. A la manera de un “sujeto extendido” convierte a Evey en continuadora del proyecto político de V. Su gesto de colocar la máscara simboliza el paso de la obediencia interna a la solidaridad insurgente: ya no se trata de renunciar a la vida, sino de comprometerla en acto colectivo de libertad.
La responsabilidad subjetiva, entendida como un horizonte en quiebra, la capacidad potencial y sin garantías de interrumpir el proceso de sometimiento, se contrapone en disyunción con la atribución de servidumbre voluntaria. Mientras Sutler practica el goce a través de la ausencia de interlocución, Evey impulsa una ética del cuidado colectivo: su libertad, alcanzada al saltar al vacío, se extiende como contagio de insurrección. En ese sentido, V for Vendetta articula una concepción foucaultiana de la biopolítica (Foucault, 2004): el poder circula no sólo en la represión, sino en la producción de subjetividades acríticas, y la resistencia exige tanto un quiebre externo como una decisión interna.
Ya algo de esto se vislumbra en la simbología que propone el film: E es la quinta letra del alfabeto (V es la quinta comenzando del final) V es 5 en números romanos, Y es la letra 25 (cuadrado de 5) Room V En código binario, 5 es 101, el cuarto de torturas de 1984 “Vi veri universum vivus vici” s una frase en latín, popularizada por Alan Moore en V for Vendetta, que significa: “Por el poder de la verdad, yo, estando vivo, he conquistado el universo.
3. Biopolítica, biotecnología y algoritmos: gestiones de la vida y el colapso
El régimen totalitario de V for Vendetta ejerce un biopoder extremo: la gestión de la vida y la muerte se sostiene sobre vigilancia, censura y experimentos genéticos clandestinos. En un laboratorio subterráneo, prisioneros son infectados con un virus que provoca mutaciones letales, mientras científicos estatales registran datos sin inhibición ni interpelaciones de su moral. Patricia Digilio advierte que la biotecnología contemporánea escapa a la predictibilidad y redefine la condición humana: “los efectos de estas intervenciones son imposibles de anticipar en su alcance biológico, social y político” (Digilio, 2008). El film ilustra esa advertencia con la imagen de cuerpos reducidos a frascos de ensayo, recordándonos que la vida se ha convertido en materia prima de un Estado que administra variables de existencia.
A esta biopolítica molecular se superpone una captura emocional y cognitiva basada en lógicas algorítmicas. Gabriel Eira Charquero enfatiza que los algoritmos diseñan ambientes de atención y deseo desde flujos de datos continuamente filtrados, dirigiendo conductas sin necesidad de uniformes ni tanques (Eira Charquero, 2023). En la película, la propaganda estatal se disemina a través de megacorporaciones mediáticas, cuyos noticieros uniformes proyectan discursos de conspiración que estigmatizan toda disidencia. En paralelo, nuestras plataformas digitales actuales moldean subjetividades a través de recomendaciones personalizadas, creando burbujas afectivas que refuerzan el statu quo y neutralizan la posibilidad de ruptura.
La confluencia de estas tecnologías de poder –la biotecnología y los algoritmos– revela un nuevo escenario de dominio: ya no basta con el miedo físico, el terror biopolítico y la cooptación digital garantizan la obediencia con mayor sutileza. En este sentido, V for Vendetta anticipa las luchas bioéticas de nuestro tiempo, en las que los desafíos no proceden sólo de la violencia estatal sino de las biotecnologías invisibilizadas que condicionan nuestras deseos y expectativas.
Cuando en 2025 la metacrisis ecológica y energética (desde el 3 de Julio la Argentina empieza a vivir a “crédito ecológico”) amenaza con llegar al colapso civilizatorio, como sostiene Rebelión o Extinción Argentina (2021), la película adquiere un nuevo significado bioético en términos de cuidado de las generaciones futuras. Para Broffoni el colapso es ante todo un proceso sistémico que conduce al derrumbe de las condiciones materiales y sociales necesarias para la vida tal como la conocemos. Es el instante en que la erosión de la biodiversidad, el cambio climático y los déficits en la satisfacción de las necesidades básicas –agua, alimentos, refugio– se combinan para dejar a la mayoría de la población sin acceso a esos recursos esenciales, marcando el umbral de una “metacrisis” civilizatoria ineludible (Broffoni, 2025). Frente a este escenario, la insurrección de V se convierte en metáfora de la responsabilidad colectiva: ya no es suficiente oponerse a un tirano, es necesario rechazar las lógicas que administran la vida y la esperanza para construir redes alternativas de solidaridad y autonomía para ampliar los márgenes de decisión sobre nuestras condiciones de vida: con incertidumbre, pero a la vez con esperanza y una firme voluntad de actuar para generar una transformación del horizonte civilizatorio.
V for Vendetta es una excusa para poner en interlocución la servidumbre voluntaria de La Boétie, el “goce por lo que el otro no tiene” de Benbenaste, la crítica al consentimiento de Didi-Huberman y las advertencias de Patricia Digilio y de Gabriel Eira Charquero. Cada escena –desde la implosión del Old Bailey hasta la transmisión televisiva subvertida– funciona como un diapasón de disidencia, afinando las alertas de la memoria histórica y la potencialidad de la decisión subjetiva. El film nos recuerda que la obediencia es un tejido de voluntades y que cada hilo puede desatarse con un acto de responsabilidad: un salto al vacío, un grito como un coro de voces o la memoria recuperada de un acto de justicia.
En última instancia, V for Vendetta sostiene que la libertad no es un don concedido por el poder, sino un proceso –a veces violento, siempre ético– de reapropiación de la vida propia y colectiva. (Žižek, 2005). Veinte años después, la máscara de Guy Fawkes sigue siendo puente entre pasado y futuro, convocándonos a preguntarnos cada día: ¿por qué obedecer, si podemos no hacerlo?
Referencias:
Benbenaste, N. (1994). Sujeto = política × tecnología / mercado. Universidad de Buenos Aires.
Benasayag, M. (2024). Contraofensiva: actuar y resistir en la complejidad (B. Cany, 1. ed.). Prometeo.
Benasayag, M., & Charlton, E. (1992). Crítica de la felicidad (Ed. original en francés, 1989). Nueva Visión.
Boucheron, P., & Robin, C. (2019). El miedo: Historia y usos políticos de una emoción (C. Robin, Trad.). Clave Intelectual.
Digilio, P. (2008). La biotecnología en los límites de la biopolítica. En G. Kaminsky et al. (Eds.), Bartleby: preferiría no. Lo bio-político, lo post-humano (pp. 73–80). La Cebra.
Didi-Huberman, G. (2024). ¿Por qué obedecer? (D. Cabrera & M. Goicochea, Trad.). Adriana Hidalgo. Este texto es la adaptación de tres capítulos de un libro que se titula La Fabrique des emotions disjointes (Fait d’affect,2) y que Editions du Minuit ha publicado en 2024.
Eira Charquero, G. (2023). Algoritmos y gobernanza emocional. Universidad de la República.
Foucault, M. (2004). Historia de la sexualidad. Vol. 1: La voluntad de saber. Siglo XXI.
La Boétie, É. de. (2020). La servidumbre voluntaria (L. González Castro, Trad.). Página Indómita. (Obra original publicada en 1576).
Michel Fariña, J. J. (2023). El otro y el robot. Aesthethika: Revista Internacional sobre Subjetividad, Política y Arte, 19(1), 1–3. https://www.aesthethika.org/IMG/pdf/aev19n1_01-03_editorial_el_otro_y_el_robot.pdf
Rebelión o Extinción Argentina. (2021, 4 de septiembre). ¿Qué es el colapso? Un colapso, según la definición de Yves Cochet, es “el proceso a partir del cual una mayoría de la población ya no cuenta con las necesidades básicas […]” [Publicación en Facebook]. Facebook.
Žižek, S.( 2005.). Contra los derechos humanos New Left Review. https://newleftreview.es/issues/34/articles/slavoj-zizek-contra-los-derechos-humanos.pdf
NOTAS
FORUM
El artículo es muy interesante. En él se menciona que hay un placer en ser sometido por tiranos, hay algo de confort al no tener que decidir o, agrego yo, pensar tanto en los actos propios y del grupo perteneciente. Como si dormir el pensamiento crítico fuese un lugar placentero, de adormecimiento permanente. Puedo relacionarlo con Pink Floyd y su glorioso tema “Comfortably Numb”.
Otro termino que me parece muy interesante en el articulo es el del “goce por lo que el otro no tiene”, que, a mi parecer, está en boga en estos tiempos que vivimos tanto en nuestro país como en el mundo. La apropiación de la palabra por parte de grupos dominantes en contraposición con grupos minoritarios que vuelven (quizá nunca se fueron de ese lugar) a ser castigados impunemente. Entonces, que el poder funciona cuando es internalizado por los sujetos, que creen que forman parte de una “élite” o de un grupo al que, en realidad, tampoco pertenecen. Es decir, podría pensarse que prefieren sentir que son algo que no son, para poder ubicarse, de manera virtual, por encima de grupos padecientes.
La importancia de V, no es un acto singular, es haber apelado a una memoria colectiva olvidada, a una solidaridad y responsabilidad colectiva para poder pensar y decidir con un pensamiento crítico.
Si en V for Vendetta la televisión era la única voz única que moldeaba la percepción de la realidad, hoy esa función la cumple el algoritmo, una nueva forma foucaultiana del poder invisible. Hoy en día, no nos imponen una verdad homogénea, sino que nos encierra en burbujas hechas a medida de nuestros gustos. Vemos solo lo que queremos ver, y eso nos impide encontrarnos con otras realidades. Este nuevo régimen de control no necesita de un Sutler que grite desde la pantalla; basta con que el algoritmo, una suma de ceros y unos en lenguaje scriptado que nos devuelva un reflejo complaciente. Así, la obediencia se vuelve más sutil: no hace falta censurar ni prohibir, basta con alimentar nuestra propia preferencia hasta volverla cárcel. El sujeto, creyendo elegir, termina cautivo en un paisaje hecho a su medida, sin posibilidad de confrontarse con lo diferente. En una época de “libertad” no esta de mas recordar esto.
Muchas Gracias Carlos!
Lo que planteás apunta al filo de la cuestión de las condiciones para poder elegir. En al actualidad la acción directa no violenta se presenta como una de las modalidades más eficaces de decir que NO activamente, pero no es la única. Podemos plantear a Bartleby
o la ambigüedad como resistencia frente al deseo del Otro. Melville propone respuestas que no afirman ni niegan, que no aceptan ni rechazan, como defensas en situaciones extremas. Como las de los veteranos de guerra, donde el encierro es la propia vivencia que se presenta como inabordable, si no generemos las condiciones como para poder elegir y ser partícipe de las decisiones en un tratamiento. Como se narra en el documental "Ayahuasca Now" (Ceijas, 2024). Un grupo de veteranos de Vietnam, Afganistán e Irak viaja a la Amazonía peruana para curar sus traumas sociales a partir de lo vivido en la guerra. Aquí también se nos presenta la cuestión de los márgenes de elección, las oportunidades que da la política pública sobre incidir en el propio tratamiento. Esa travesía pone al descubierto la intensidad del vivenciar de la persona humana. Ésta no puede pensarse por fuera de su entorno: es urgente. es ahora. El concepto de Una Salud (One Health) es multi-colaborativo e integral que busca optimizar la salud de las personas, los animales y el medio ambiente al reconocer su interdependencia en nuestro hogar que es la biosfera y que a su manera nos dice que paremos la mano, que no da paramás; esto no pudo ser indagado en este artículo y va ser incentivo para desarrollarlo en otro.
Me gusta mucho la película, pero también porque "1984" fue de los primeros libros que leí en la adolescencia y la historia me atrapó siempre. El hecho de que las personas en su totalidad están administradas por un estado que controla toda la existencia, incluso la vida y la Muerte.
Es interesante la relación que se plantea de acuerdo al control que no está ligado (únicamente) a la violencia estatal sino al concepto de biotecnología invisibilizadas, y como eso nos interpela en nuestra actualidad. Siendo el algoritmo una variable importante dirigiendo conductas y formas de pensar, las cuales deberían ser rechazadas para poder aspirar a una autonomía y ampliar nuestros márgenes de decisión.
Me pareció muy interesante el artículo, y muy profundo el análisis. Mientras lo leía, me preguntaba ¿cómo podría pensarse, con estas categorías de análisis, la última dictadura militar argentina? Con los distintos apartados, y los conceptos de servidumbre voluntaria, de obediencia, y el apartado sobre la propaganda de Goebbels y su importancia para sostener el régimen Nazi. En el caso argentino, pienso en la Obediencia Debida, o la propaganda que tomaba forma de letreros con la frase "El Silencio es Salud", el entretejido que fue armándose para intentar solapar las atrocidades cometidas por las fuerzas armadas, y cómo hasta el día de hoy, 50 años después incluso hay gente que sigue sosteniendo que en ese tiempo se vivía mejor. también, y para finalizar, pienso ¿podríamos en algún momento ser completamente libres?
Excelente articulo. Felicitaciones. Pienso que la máscara de Guy Fawkes nos invita a repensarnos. Siento que la verdadera libertad es elegir. Pero ¿Que pasa cuando se destruye ese concepto? ¿Cuando pierde sentido? Para seguir el debate.
Película:V de venganza
Título Original:V for Vendetta
Director: James McTeigue
Año: 2005
País: Estados Unidos
Otros comentarios del Autor: