Universidad de Buenos Aires
Resumen:
El trabajo analiza la película Un lugar en el mundo (1992) desde una perspectiva humanista, integrando aportes de Viktor Frankl, Carl Rogers y Abraham Maslow con el enfoque clínico-analítico de lectura de films. A través del recorrido subjetivo del personaje de Ernesto, se exploran conceptos como el vacío existencial, la voluntad de sentido, la incongruencia del self y el proceso de autorrealización. El regreso de Ernesto a su pueblo natal es interpretado como una búsqueda simbólica de identidad y sentido vital, impulsada por una crisis interna. La figura de su padre funciona como un modelo ético que lo interpela y lo impulsa a revisar sus valores y decisiones. El análisis articula recursos cinematográficos (planos, música, encuadres) con procesos psicológicos complejos, mostrando cómo el cine puede expresar la vida psíquica en transformación. Así, se concluye que la construcción de sentido es un proceso dinámico, relacional y profundamente humano, donde el personaje no repite el camino de otros, sino que lo resignifica desde su singularidad. El trabajo propone al cine como una herramienta valiosa para pensar la clínica y los procesos de subjetivación.
Palabras Clave: logoterapia | autorrealización | identidad | cine
Returning to Find Oneself
Abstract:
This paper analyzes the film A Place in the World (1992) from a humanistic perspective, integrating the theoretical contributions of Viktor Frankl, Carl Rogers, and Abraham Maslow with the clinical-analytical approach to film reading. Through the subjective journey of the character Ernesto, key concepts such as existential vacuum, will to meaning, self-incongruence, and self-actualization are explored. Ernesto’s return to his childhood town is interpreted as a symbolic search for identity and life purpose, driven by an internal crisis. His father’s figure serves as an ethical model that prompts him to revisit his values and decisions. The analysis combines cinematic resources (framing, music, editing) with psychological processes, showing how film can express the inner life and transformation of a character. The study concludes that meaning-making is a dynamic, relational, and deeply human process, in which Ernesto does not simply replicate his father’s path, but re-signifies it from his own singularity. The work highlights cinema as a valuable tool for understanding clinical processes and subjectivity.
Keywords: meaning | subjectivity | film | psychology
Introducción
El presente trabajo constituye el escrito final de la práctica de Cine y Psicología. En él se aborda la dimensión metodológica-analítica, a partir del análisis de películas y series contemporáneas, considerando al cine como un lenguaje capaz de expresar estados psíquicos complejos a través de recursos narrativos y visuales. Desde esta perspectiva, se propone analizar la obra cinematográfica “Un lugar en el mundo” (1992), del director argentino Adolfo Aristarain, a partir de los aportes de la psicología humanista, con el objetivo de indagar sobre cómo se construye el sentido de vida y se despliega el proceso de desarrollo personal en los sujetos.
El eje de análisis está centrado en el personaje de Ernesto, quien a lo largo de la película transita una búsqueda existencial marcada por la necesidad de reencontrarse con su identidad, sus valores y su deseo de ocupar un lugar propio en el mundo. El regreso al pueblo de su infancia funciona como un punto de inflexión emocional que activa una serie de recuerdos, interrogantes y resignificaciones, especialmente en relación con la figura de su padre, Mario. Este último encarna un modelo ético y existencial cuya presencia opera como catalizador del proceso subjetivo que Ernesto atraviesa. Desde esta perspectiva, se formula la pregunta central de investigación: ¿Cómo puede pensarse la construcción del sentido de vida y el desarrollo personal desde la psicología humanista, a partir del recorrido subjetivo de Ernesto en la película “Un lugar en el mundo”?
Para abordar esta problemática se articulan los aportes de tres autores referentes de la psicología humanista. Por un lado, Viktor Frankl quien nos permite comprender el malestar del personaje desde el concepto de vacío existencial y pensar su evolución a partir de la voluntad de sentido, la libertad interior y la responsabilidad personal ante la vida. Por otro lado, Carl Rogers, desde quien se analizan los movimientos internos de Ernesto en relación con el proceso de convertirse en persona, atendiendo a los momentos de incongruencia entre el self real y el ideal, así como a los climas vinculares que permiten reorganizar su subjetividad. Finalmente, se incorpora la perspectiva de Abraham Maslow, cuya teoría de la motivación y la autorrealización aporta herramientas para pensar cómo Ernesto transita sus necesidades y motivaciones de crecimiento. El análisis integra estos marcos conceptuales, con una lectura cinematográfica que considera al film como una construcción simbólica que expresa, mediante recursos visuales y sonoros, los conflictos y transformaciones del personaje. De este modo, se busca mostrar cómo el cine puede funcionar como medio para explorar y pensar procesos psicológicos.
Desarrollo
El enfoque clínico-analítico de lectura de films considera a una película como una construcción narrativa cargada de subjetividad, en la que los recursos técnicos como el montaje, la música, el encuadre o el silencio, contribuyen a expresar los procesos psíquicos de los personajes, de manera similar al trabajo clínico con casos. Así, el film se convierte en un texto complejo que puede ser abordado desde herramientas tanto cinematográficas como psicológicas (Fariña y Maier, 2011; Cambra Badii, 2016). A partir de la aplicación del enfoque clínico-analítico de lectura de films, se propone analizar el recorrido subjetivo del personaje de Ernesto, quien atraviesa una búsqueda personal que lo lleva a rememorar su pasado y resignificarlo para poder avanzar. Con este objetivo, se seleccionaron tres momentos clave de la película que permiten construir y comprender las transformaciones que experimenta el personaje a lo largo de la trama.
Volver sin saber por qué
El primer momento del análisis se sitúa en el presente narrativo de la película, donde se presenta a Ernesto en su adultez. La escena lo muestra dentro de un micro, retratado en un plano cerrado mientras observa hacia el exterior a través de la ventana. La imagen está acompañada por una melodía de guitarra suave y melancólica. Esta combinación de encuadre, sonido y mirada genera un clima afectivo de aislamiento y desconexión. Visualmente, el plano cerrado encuadra a Ernesto, marcando un límite con el entorno. Esta sensación se ve reforzada por la música, que contribuye a una atmósfera emocional densa, de introspección. Al final de su monólogo en voz en off, el propio Ernesto expresa su desconcierto: “No sé por qué vuelvo”. Esa afirmación instala desde el comienzo una pregunta existencial que atraviesa la trama, una búsqueda aún no formulada del todo, pero que moviliza al personaje desde un lugar profundamente emocional.
Desde el marco de la logoterapia, Viktor Frankl (2001, 2003) sostiene que el ser humano está motivado por la necesidad de encontrar sentido a su vida. En este sentido, el regreso de Ernesto puede pensarse como expresión de esa voluntad de sentido, un impulso existencial que, aunque no todavía consciente ni verbalizado, orienta sus decisiones. La sensación de extrañamiento que lo atraviesa, su desconexión con el entorno y el vacío que lo habita, responden a lo que Frankl conceptualiza como vacío existencial, una forma de sufrimiento psicológico que surge cuando los vínculos con el sentido personal se debilitan. Volver al pueblo de su infancia, entonces, no parece ser una decisión racional, sino el primer acto de una búsqueda más profunda, que necesita revisar el pasado para reconstruir un futuro.
En esta línea, el estado de desconcierto que atraviesa Ernesto también puede comprenderse como una manifestación de lo que Frankl denomina frustración existencial. Este concepto hace referencia a las consecuencias psíquicas que se producen cuando la persona no logra encontrar un sentido vital, lo que puede derivar en desorientación, vacío o incluso comportamientos autodestructivos. Como advierte el autor, “lo primario no es el deseo de placer ni de poder, sino el deseo de sentido. Y sólo cuando éste desaparece, hacen acto de presencia aquéllos” (Frankl, 2022, citado en Revista de Espiritualidad, p. 264). Esta idea se refleja en la escena del viaje en micro, el aislamiento emocional de Ernesto, su mirada distante y su voz en off evidencian que su regreso está guiado por una necesidad existencial más profunda. La crisis que lo habita puede entenderse como la expresión inicial de esa frustración existencial que da lugar a su recorrido subjetivo.
Desde la psicología humanista, Carl Rogers (1961) denomina incongruencia al estado de malestar que se produce cuando existe un desajuste entre el self real, las emociones y necesidades auténticas del sujeto, y el self ideal, construido en base a expectativas externas. En Ernesto, esta incongruencia se expresa no de manera directa, sino a través de su postura corporal retraída, su mirada lejana, la falta de interacción con otros personajes, la voz en off que invita a la reflexión y la forma en que el lenguaje visual lo enmarca. No es casual que se le muestre solo, deambulando por su pueblo natal en aislamiento. Todos estos elementos refuerzan la sensación de encierro y la disociación interna que vive el personaje. Ernesto aparece desconectado de sí mismo, en un punto de quiebre que marca el inicio de un proceso de transformación subjetiva.
Desde la mirada de Abraham Maslow (1954), el estado en el que se encuentra Ernesto puede pensarse como una manifestación de motivaciones deficitarias. Su malestar y su desconexión con el entorno son indicios de que no están siendo satisfechas las necesidades psicológicas fundamentales, las cuales son la pertenencia, el autoestima y la orientación. Maslow propone que el desarrollo humano sólo puede orientarse a la autorrealización cuando se cuenta con una base emocional suficientemente sólida. En esta escena, Ernesto aparece todavía lejos de ese nivel, no se vincula desde el deseo de crecer, sino desde la necesidad de reparar una falta profunda de sentido y dirección.
Maslow (1968) también plantea que más allá de las necesidades básicas, existen niveles superiores de motivación, ligados a lo que denomina metanecesidades. Estas no refieren a carencias, sino a aspiraciones profundas del ser humano hacia valores universales como la verdad, la belleza, la justicia, la bondad y la integridad. Su satisfacción permite al sujeto desplegar su potencial pleno, en un proceso de autorrealización. Sin embargo, cuando estas necesidades elevadas no encuentran condiciones para expresarse, surgen estados emocionales y existenciales de malestar, a los que el autor llama metapatologías. Estas se manifiestan en formas como la apatía, la alienación, el vacío existencial o el cinismo, y reflejan el sufrimiento psíquico derivado de no poder vivir de acuerdo con esos valores. En este sentido, el desconcierto que atraviesa Ernesto puede comprenderse no sólo como expresión de necesidades deficitarias insatisfechas, sino también como el efecto de una metapatología. Su aislamiento y su actitud, revelan que no está motivado por un proyecto de vida, sino habitado por una sensación de desorientación que da cuenta de una ruptura interna. Su regreso al pueblo puede pensarse como el intento de reencontrarse con esas dimensiones más elevadas de la existencia, y así poder retomar un camino hacia la coherencia y la plenitud.
Como sostienen Michael Fariña y Tomas Maier (2011), el cine tiene la capacidad de expresar la subjetividad a través de recursos formales como los planos, el montaje, el sonido, el ritmo narrativo, que condensan estados emocionales sin necesidad de explicitar lo psíquico en palabras. El encuadre cerrado, la música introspectiva y la voz en off no solo contextualizan al personaje sino que son herramientas que permiten que el espectador perciba su mundo interno, incluso antes de que el personaje pueda ponerlo en palabras.
Es por esto que en este primer momento del personaje, se instala una visión de Ernesto como un sujeto que transita una crisis existencial. Se trata de un retorno a su antiguo pueblo que no obedece a razones prácticas, sino a una necesidad vital de reencuentro con su historia, con aquello que alguna vez le dio sentido a su vida. Aunque aún no lo comprenda del todo, su regreso marca el inicio de un recorrido interior que lo enfrentará con sus vínculos, con su identidad y con su propia búsqueda personal.
El eco de una vida con propósito
Este segundo momento se activa a través de un salto temporal hacia el pasado que, lejos de responder a un orden cronológico, se organiza según la lógica emocional del protagonista. Tal como plantea Cambra Badii (2016), este tipo de estructura narrativa está guiada por el tiempo subjetivo, donde los recuerdos no se presentan como reconstrucción fiel de los hechos, sino como escenas movilizadas por una necesidad de resignificación. En este sentido, el recuerdo funciona como un recurso para reelaborar lo vivido y abrir posibilidades de transformación. Lo que emerge no es todo lo que pasó en su pasado, sino lo que aún necesita ser comprendido y elaborado por Ernesto en su presente.
En este retorno a la infancia, Ernesto rememora a su padre, Mario, y comienza a reconstruir esta figura a partir de lo que había quedado en su memoria. El recuerdo pone en juego una tensión interna en el protagonista. Mario aparece como una figura íntegra y coherente, cuya vida estuvo orientada por valores éticos y comunitarios. Mario fue el que creó una escuela rural, donde enseñaba a los más chicos del pueblo y también impulsó la creación de una cooperativa entre los vecinos para sostener la economía del lugar. Cada gesto de él transmitía sentido. Desde la mirada de Viktor Frankl (2001), la vida adquiere sentido cuando se orienta hacia algo que nos trasciende, y muchas veces, ese sentido se construye con y para los otros. En esta línea, Mario encarna un propósito vital claro, está comprometido con la transformación de su entorno y eso le otorga dirección y plenitud a su existencia.
Este vínculo con un modelo vital tan claro y comprometido también despierta en Ernesto una interpelación ética profunda. En términos de Frankl, este momento representa el comienzo de una toma de conciencia respecto de su responsabilidad existencial, entendida como la capacidad y el deber de responder a las circunstancias de la vida con libertad, compromiso y sentido. Para Frankl, esta responsabilidad no es una carga impuesta desde fuera, sino el fundamento mismo de una existencia auténtica. Cada elección, incluso por más pequeña que sea, es una respuesta única y personal ante lo que la vida plantea. El legado de Mario no actúa como una exigencia externa, sino como una invitación a que Ernesto comience a asumir esa responsabilidad, eligiendo de forma consciente cómo quiere posicionarse frente al mundo y a su propia historia (Etchebehere, 2014).
Ernesto, al revivir estos recuerdos, no solo observa la vida de su padre, sino que también se enfrenta a un modelo ético que lo interpela. No se trata de una idealización, sino de un punto de comparación que pone en evidencia la brecha entre su self actual y su self ideal, en términos de Carl Rogers (1961). Esta distancia genera una tensión interna que queda expresada a través de silencios, miradas y gestos del personaje. Como sugiere el autor, el proceso de convertirse en persona implica tomar conciencia de esas incongruencias y reorganizar el self en función de una experiencia más auténtica. En este caso, Mario no impone un código de conducta, sino que, a través de su presencia, representa una forma de estar en el mundo que actúa como referente significativo para su hijo.
Mario encarna lo que Rogers (1961) define como una persona plenamente funcional, alguien que vive en apertura a la experiencia, con libertad interior, congruencia y creatividad. Además, la forma en que Mario se vincula tanto con Ernesto como con la comunidad permite identificar en él las condiciones facilitadoras que son fundamentales para propiciar el crecimiento personal en el otro. Su modo de vivir refleja una congruencia profunda, en la que hay coherencia entre lo que piensa, siente y hace. Ofrece una aceptación positiva incondicional, especialmente hacia su hijo y quienes lo rodean, y ejerce una empatía genuina, visible en su capacidad de escuchar con atención, respeto y ausencia de juicio. Este clima afectivo no solo fortalece el vínculo padre-hijo, sino que crea las bases para que Ernesto reorganice su self, se conecte con sus propios valores y avance en su desarrollo subjetivo. Así, el lazo entre ambos se configura como una relación de ayuda transformadora, que permite al protagonista encontrar recursos internos que habían quedado en suspenso.
Desde la mirada de Abraham Maslow (1954, 1968), Mario puede ser comprendido como una figura que ha alcanzado un nivel elevado de autorrealización. Su vida se orienta por lo que el autor denomina metavalores, es decir, principios éticos trascendentes como la justicia, la verdad y la solidaridad. Este tipo de orientación no responde a la búsqueda de seguridad o reconocimiento, sino a un impulso genuino de crecimiento personal y sentido vital. En este contexto, los recuerdos que Ernesto tiene de su padre pueden pensarse como experiencias cumbre, es decir, momentos intensos y significativos que condensan un sentido de plenitud, pertenencia y conexión profunda. Aunque reconstruidos desde la memoria, estas escenas funcionan como faros simbólicos en el presente de Ernesto, activando un movimiento interior que lo lleva a resignificar su historia, proyectarse con mayor coherencia y encontrar, lentamente, su propio lugar en el mundo.
Desde el lenguaje cinematográfico, la transmisión de este legado ético se construye a través de recursos cinematográficos que permiten expresar la transformación subjetiva sin necesidad de explicitar verbalmente. En las escenas que muestran a Mario enseñando o dialogando con su hijo, la cámara utiliza planos cerrados, centrados en los gestos, miradas y silencios compartidos, que intensifican la dimensión afectiva del vínculo.
Este segundo momento muestra cómo Ernesto, al reencontrarse con la figura de su padre, se enfrenta a un modelo de vida en el que el sentido está ligado al compromiso, la coherencia y la responsabilidad. Esa imagen paterna cercana y ética, actúa como un espejo que no impone, pero sí moviliza. No se trata de repetir lo vivido por Mario, sino de apropiarse de su legado como parte de la reconstrucción de su propio camino. El recuerdo, entonces, se vuelve punto de apoyo en la búsqueda de sentido que Ernesto ha comenzado a transitar.
Hacia un lugar propio
En este tercer momento del relato, se nos revela que Ernesto ha recibido una beca para irse a estudiar a España. Esta noticia, lejos de funcionar como un simple logro académico, actúa como el disparador existencial que motivó el regreso del personaje al pueblo de su infancia. Este viaje no tiene como objetivo despedirse, sino confrontarse con su historia, sus vínculos y sus valores más íntimos. Así, se inicia un proceso de transición subjetiva, en el que Ernesto deja de ubicarse en la admiración idealizada o en la oposición al modelo paterno, para empezar a resignificar ese legado desde una búsqueda propia, más madura y reflexiva.
A lo largo del film, distintas escenas del pasado, reconstruidas desde la memoria de Ernesto, nos permiten entender cómo se fue formando la subjetividad de este. Lo vemos acompañando a su padre en tareas comunitarias, enseñando a Luciana a leer o participando en acciones solidarias. Aunque esas experiencias no pertenecen al presente narrativo de este momento, funcionan como huellas emocionales que reaparecen para ser reinterpretadas a la luz del presente. Estas imágenes no sólo reconstruyen el vínculo con Mario, sino que le devuelve a Ernesto una parte de sí mismo que había quedado silenciada. La escena en la que recuerda las palabras de su padre: “Cuando uno encuentra su lugar, ya no puede irse”, cobra ahora un nuevo peso afectivo, ya no se trata de decidir irse o quedarse, sino de comprender qué lugar desea habitar y desde qué valores quiere construir su futuro.
Viktor Frankl (2001) sostiene que el sentido de vida se descubre cuando el sujeto asume la responsabilidad existencial de elegir su actitud frente a las circunstancias. En este sentido, Ernesto no renuncia al viaje por temor ni lo acepta de manera automática, sino que se permite revisar su pasado, sus valores y sus vínculos para tomar una decisión consciente, lo que evidencia un ejercicio de libertad interior. Esta actitud coincide con lo que el autor llama elección existencial, en la que el sujeto no responde a un guion ajeno, sino que se compromete con el rumbo que elige darle a su vida.
Desde Carl Rogers (1961), este momento expresa un avance en el proceso de convertirse en persona. Ernesto comienza a actuar en función de su self real, ese núcleo interno que empieza a expresarse con autenticidad. Sus decisiones ya no responden al deber o a las expectativas externas, sino que emergen del contacto genuino con sus necesidades más profundas. Los valores que observamos construirse en su infancia se reflejan ahora en sus actos, evidenciando cómo hoy logra tomar una elección auténtica que lo acerca a su verdad personal.
Desde la perspectiva de Abraham Maslow (1954, 1968), este pasaje puede pensarse como una transición desde las motivaciones de carencia hacia motivaciones de crecimiento. La posibilidad de elegir irse o quedarse ya no se basa únicamente en lo que debe hacer, sino en lo que realmente desea y valora. Al conectar con su deseo de habitar un lugar con sentido, Ernesto comienza a activar procesos de autorrealización, entendido no como un logro estático, sino como un camino vital hacia la plenitud y la coherencia interna.
En términos cinematográficos, este momento se construye mediante escenas cargadas de simbolismo emocional y visual. Ernesto visita la tumba de su padre y le habla sobre los años transcurridos desde su muerte, en un gesto íntimo de cierre. A su vez, los planos que muestran a Mario contemplando las montañas, recuperados desde el recuerdo, refuerzan la dimensión introspectiva del legado que Ernesto intenta integrar.
La escena final, acompañada por la voz en off del protagonista, condensa su estado interno: “Me gustaría saber cómo hace uno para saber cuál es su lugar. Yo por ahora no lo tengo. Supongo que me voy a dar cuenta cuando esté en un lugar y no me pueda ir. Ya va a aparecer, todavía tengo tiempo de encontrarlo.” Lejos de cerrar el conflicto, estas palabras expresan que la búsqueda sigue abierta, pero ya no desde la confusión, sino desde una disposición más libre y esperanzada. Esta reflexión no demuestra indecisión, sino el comienzo de un camino hacia un sentido propio, construido en diálogo con su historia y con una nueva forma de estar en el mundo.
Conclusión
A lo largo del análisis, se exploró el recorrido subjetivo de Ernesto desde una perspectiva humanista, articulando los aportes de Viktor Frankl, Carl Rogers y Abraham Maslow con una lectura clínica y simbólica del lenguaje cinematográfico. Este enfoque permitió indagar cómo, a partir de una crisis existencial, el personaje inicia un proceso de búsqueda y transformación que lo lleva a resignificar su historia, sus vínculos y sus valores.
Desde la mirada de Viktor Frankl, el proceso que atraviesa Ernesto puede comprenderse como una respuesta al vacío existencial, una experiencia de desconexión que marca el inicio de una búsqueda de sentido. Esta transformación se vuelve posible cuando el sujeto asume su libertad y responsabilidad existencial para construir una vida con propósito, en lugar de seguir caminos impuestos o automáticos. Por su parte, Carl Rogers permite interpretar las tensiones internas de Ernesto como el efecto de una incongruencia entre su self real y su self ideal. Esa distancia genera malestar, pero también abre la posibilidad de cambio cuando el entorno ofrece condiciones de aceptación, empatía y autenticidad, como las que representa la figura de su padre. Finalmente, desde la teoría de Abraham Maslow, puede pensarse que el recorrido de Ernesto implica un pasaje desde motivaciones centradas en la carencia, como la inseguridad o la necesidad de pertenencia, hacia una motivación orientada al crecimiento personal y la autorrealización. En esta etapa, sus acciones ya no responden solo a lo que falta, sino que comienzan a estar guiadas por un deseo genuino de coherencia vital, plenitud y conexión con valores trascendentes.
En conjunto, lo postulado por los diferentes autores, integrados con los recursos expresivos del cine, permiten comprender que la construcción del sentido no es un acto estático ni individual, sino un proceso dinámico, relacional y profundamente humano. Ernesto no repite el camino de su padre ni lo rechaza, sino que lo resignifica, lo transforma y lo incorpora desde su singularidad. De este modo, no encuentra un sentido definitivo, pero comienza a trazar una dirección vital que lo conecta con su deseo, su historia y sus valores. Así, en ese retorno simbólico a sus orígenes, se habilita la posibilidad de volver para encontrarse y comenzar a habitar un lugar propio con mayor libertad y autenticidad.
Referencias:
Cambra Badii, M. (2016). Cine y subjetividad: El método clínico-analítico de lectura de filmes. Universidad Nacional de las Artes.
Etchebehere, L. (2014). La responsabilidad como categoría existencial en la logoterapia de Viktor Frankl. Recuperado de http://www.logoterapia.net/uploads/18_etchebehere_2014_responsabilidad.pdf
Fariña, M., & Maier, T. (2011). Cómo leer un film: Introducción al análisis clínico de películas. Letra Viva.
Frankl, V. E. (2001). El hombre en busca de sentido. Herder.
Frankl, V. E. (2003). El vacío existencial. Paidós.
Frankl, V. E. (2022). El deseo de sentido como motivación primaria: Una visión antropológica existencial (A. Botella, trad.). Revista de Espiritualidad, 81(271), 259–269. Recuperado de https://www.revistadeespiritualidad.com/upload/pdf/1779articulo.pdf
Maslow, A. H. (1954). Motivación y personalidad. Nueva York: Harper & Row.
Maslow, A. H. (1968). Toward a Psychology of Being (2.ª ed.). Van Nostrand Reinhold.
Rogers, C. R. (1961). El proceso de convertirse en persona. Buenos Aires: Paidós.
NOTAS
FORUM
Película:Un lugar en el mundo
Título Original:Un lugar en el mundo
Director: Adolfo Aristarain
Año: 1992
País: Argentina
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