Resumen:
El artículo reflexiona sobre el uso del cine como una puesta en abismo en sí misma cuando es utilizado como una intervención dentro del espacio psicoterapeutico, profundizando en la imposibilidad de metodologizar su utilización junto con las posibilidades que puede brindar para movilizar y poner en marcha el trabajo analítico. Asimismo, se busca comprender el cine como pasador de lo real a partir de lo que cómo la mirada del paciente es punzada por algo del material audiovisual que le ofrecimos en un intento por acceder a algo del deseo y cómo se posiciona ante él. Aquí es donde reside algo que el analista no puede prever sobre los efectos de la intervención realizada, demandando un acto de humildad por parte del terapeuta y de restitución del saber en la relación transferencial donde el terapeuta se deja impresionar por algo que desconoce del propio paciente o que no había visto con anterioridad. Finalmente, se ejemplifica lo elaborado teóricamente con una breve viñeta asociada a la utilización de la película Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock como puesta en abismo en un caso de estrago materno.
Palabras Clave: cine | puesta-en-abismo | punctumn | psicoanálisis
What Pierces the Eye: The Use of Cinema in Psychotherapy as a Mise en Abyme
Abstract:
This article reflects on the use of cinema as a mise en abyme in itself when used as an intervention within the psychotherapeutic space, delving into the impossibility of methodologizing its use along with the possibilities it can offer to mobilize and set in motion the analytic work. It also seeks to understand cinema as a passer of real, based on how the patient’s gaze is pierced by something in the audiovisual material we offer in an attempt to access something of desire, and how they positions themselves in relation to it. This is where something the analyst cannot foresee about the effects of the intervention lies, demanding an act of humility on the part of the therapist and the restitution of knowledge in the transference relationship, where the therapist allows themselves to be impressed by something unknown about the patient or something they hadn´t seen before. Finally, the theoretical work is exemplified with a brief vignette associated with the use of Alfred Hitchcock’s film Psycho (1960) as a mise en abyme in a case of maternal ravage.
Keywords: cinema | mise-en-abyme | punctumn | psychanalyses
Históricamente el psicoanálisis se ha servido de la Antigua Grecia para explicar a través de analogías conflictos y procesos intrapsíquicos, conceptos como los mitos –como Edipo o Narciso–, el montaje de escenas (acting out o pasaje al acto), la catarsis, entre otros, son centrales para comprender la teoría fundada por Freud. Así, el psicoanálisis y el arte se encuentran íntimamente interrelacionados desde sus orígenes, donde ambas disciplinas se constituyen en torno a la tramitación de algo que se encuentra reprimido y que necesita ser develado. Dado esto, no es de extrañar que ambos oficios se puedan enlazar dentro del espacio psicoterapéutico en pos de la liberación emocional.
Cuando nos encontramos frente a una imagen algo de la mirada se relocaliza en el recorte que el sujeto hace de lo observado, de este modo, las artes ponen en la mesa algo que el lenguaje no logra simbolizar a cabalidad y va más allá de lo consciente. Al igual que cuando un paciente nos trae un sueño –o incluso una escena de un recuerdo– lo que nos importa es lo que cuenta este sobre él, pues la trama no reside en lo visual sino en el discurso que lo acompaña. Aquí, la fantasía asociada a dicha imagen nos permite adentrarnos en la experiencia subjetiva y singular del paciente, siendo crucial entender que “no se puede huir a la fantasía, pero la fantasía es la vía por la que el deseo se soporta y puede orientarse para motivar a un acto en el mundo” (Fariña y Laso, 2024, p.17).
Las bellas artes integran una amplia diversidad de materias, entre ellas podemos encontrar: pintura, música, literatura, danza, cine, y muchas más. Sin embargo, se hace importante estudiar la potencialidad de la última para movilizar el trabajo analítico, no sólo por su popularidad transversal, sino porque adopta la posición que en la Antigüedad tuvo el teatro griego al “recupera[r] así algo de la experiencia trágica, de esa mímesis de una praxis para producir en el auditorio un efecto de catarsis” (Gómez et. al., 2011, p. 11).
El uso del cine en psicoterapia es –a mi parecer– imposible de estandarizar o tipificar, por lo que los intentos por construir una metodología rigurosa de cómo emplear este dispositivo en la clínica como si existiera una única y correcta forma no es sólo contraproducente, sino una manera de opresión tanto del analista como del paciente en lo que respecta a su creatividad y apertura a la sorpresa. Se edifica como un intento de homogeneizar algo que es inherentemente singular, propio de cada sujeto, constriñendo el potencial creativo de estos dispositivos relacionales y coartando el surgimiento de la diferencia y novedad en la transferencia. El demarcar cómo los integrantes del espacio terapéutico se acercan al elemento artístico, incluso, atenta contra la misma esencia del arte –evocar algo en el espectador que resuena con las propias vivencias–.
Dicho esto, se hace necesario abordar dos conceptos centrales para comprender el lugar en el que se puede asentar el cine dentro del espacio terapéutico y para desarrollar la capacidad de dicho dispositivo de re-mirar, recortar y reelaborar los conflictos que acontecen al paciente. En primer lugar, encontramos la puesta en abismo, “concepto que refiere a una obra al interior de otra, cuando la segunda establece un diálogo con la primera y arroja una nueva luz sobre ella” (Fariña y Laso, 2024, p.14), para esclarecer elementos de la trama que anteriormente se mantenían en penumbras. Así, la idea de una escena dentro de una escena se esboza como una analogía clínica, en la cual el paciente recrea en la transferencia algo de su vida fuera de la consulta. Simultáneamente, el ofrecerle un film al paciente en un intento por esclarecer algo que lo aqueja es una puesta en abismo en sí misma, dado que la película es una escena que permite iluminar la trama principal que sería la vivencia del paciente. De esta manera, podemos entender el espacio terapéutico como una puesta en abismo a modo de analogía y el uso del cine en dicho espacio como una puesta en abismo de manera literal.
A partir de lo anterior, surge la noción del cine como “pasador de lo real a lo simbólico a través de las imágenes" (Laso y Fariña, 2020, p. 87). Este es el segundo concepto –cine como pasador de lo real– imperante a considerar, puesto que nos invita a pensar que este recurso audiovisual “cuando no está al servicio de promover un fetichismo de la imagen, se presta a la empresa de dar palabras e imágenes al acontecimiento catastrófico que opera como real traumático social y así simbolizarlo” (Laso y Fariña, 2020, p. 89). Así, el cine se constituye como un dispositivo movilizador del proceso analítico, pues “en esta tarea de hacer pasar lo real a su inscripción, y por vías diferentes, el trabajo del análisis y la creación estética cruzan sus caminos” (Laso y Fariña, 2020, p. 88).
Profundizaremos entonces en el uso del cine como puesta en abismo que permite que aparezca algo de lo real en el espacio terapéutico. Ofrecer la visualización de una película, como intervención terapéutica, permitiría evocar el deseo no sólo como un despertar de este, sino como un medio por el cual podemos “domesticarlo, hacerlo palpable y mantenerlo a una distancia prudente” (Fariña y Laso, 2024, p.16) al brindar una lectura de lo que en el fondo le está ocurriendo al paciente. Sin embargo, en su uso hay algo que se escapa del propio saber del analista respecto al efecto de dicha intervención en el paciente como sujeto único y singular. Asimismo, hay algo de nosotros, de nuestra propia subjetividad, que se pone en juego y cuela en la elección del material a partir de lo que surge en el espacio transferencial y contratransferencial. Pues cada terapeuta interviene a partir del propio universo simbólico que se porta y, por más que quiera representar o movilizar algo específico en el paciente, es imposible saber a ciencia cierta cómo esta pieza audiovisual va a interpelar o atravesar al sujeto, dejando algo de su efecto a la suerte. En función de este salto de fe que el analista da al intervenir con una película, se hace importante hablar del concepto de punctumn acuñado por Roland Barthes que alude a “hacia dónde se desvía la mirada, dónde el ojo es punzado o llamado a mirar” (Galimany, 2023, p. 121). Este foco atencional donde se deposita la mirada no es casual, por el contrario, permite develar algo singular de cada observador, específicamente “contenidos psíquicos que por alguna razón no se pudieron metabolizar y se encuentran congelados, prestos a ser gatillados y salir para ser elaborados y otorgarles alguna significación” (Galimany, 2023, p. 121). Siendo imperante que como terapeutas nos encontremos abiertos a lo que narra el paciente de la película vista, más que imponer una lectura de cómo dicho material audiovisual se relaciona con el malestar de quien tenemos enfrente. Esto demanda un acto de humildad por parte del terapeuta y de restitución del saber en la relación transferencial donde el terapeuta se deja impresionar por algo que desconoce del propio paciente o que no había visto con anterioridad. Así, y de manera similar que la fotografía, el cine
puede constituirse como una herramienta de trabajo con la contratransferencia y procesamiento psíquico del terapeuta. Muchas veces con la foto, el o la psicoterapeuta puede percibir cosas que de otra manera no lo habría hecho; también sirve para poder cotejar y comparar entre realidad psíquica del paciente y realidad concreta. Puede evidenciar al terapeuta un antes y después del paciente y lograr entenderlo mejor; asimismo, da la oportunidad al terapeuta de captar algo que no puede ser dicho en palabras de parte del paciente, dando chance de elaborar dichos contenidos psíquicos. (Galimany, 2023, p. 119)
A partir de lo teorizado, me gustaría reflexionar brevemente sobre la utilización del cine –específicamente del film Psicosis (1960) de Alfred Hitchcock– como puesta en abismo en un caso de estrago materno. Lacan (1992) postula en El Seminario XVII que el deseo de la madre siempre produce estragos, “es estar dentro de la boca de un cocodrilo (...) no se sabe qué mosca puede llegar a picarle de repente y va y cierra la boca” (p. 118), pero es el falo el que funciona como palo que mantiene la boca de la madre abierta para no ser engullido. Así, el estrago materno se aprecia en plena voracidad cuando la función paterna se manifiesta al servicio del capricho de la madre, quien se vuelve abrasadora y aniquilante.
Paulina –nombre ficticio– se encuentra asistiendo a terapia hace alrededor de un año, periodo en el cual se ha trabajado en torno a la relación con su madre y cómo por más de 30 años ha estado dispuesta a hacerse devorar por ella para complacerla y completarla, incluso si esto implica su muerte subjetiva. Dinámica relacional que la paciente no había sido capaz de cuestionar incluso tras el reconocimiento de esta forma de sometimiento y subyugación en la que ella decidía mantenerse. Sin embargo, durante una de las sesiones tras la narración de una escena traumática de su infancia fui embestida por la imagen de Norman Bates conversando con Marion sobre la relación con su madre (Hitchcock, 1960, 00:37:03). Ante esta resonancia –que interpreto como una imagen que surge en la transferencia– se sugiere la visualización del film con la fantasía de que algo de esa relación entre madre-hijo movilice algo del deseo de la paciente para salir de esta posición objetal en la cual se encontraba atrapada y que se sienta interpelada por la ambivalencia emocional que el mismo protagonista deja entrever hacia su madre.
Para mi sorpresa, lo que punzó la mirada de Paulina poco tenía que ver con Norman y sus emociones, sino con la casa misma que habitaba Madre, configurándose como un territorio mítico y transformador. Así, la paciente construye un puente entre la casa de la película y la casa de sus propios padres al referir que “entrar en esa casa es entrar en la locura” tomando una postura frente a su malestar y deseo: decide que no puede seguir entrando a esa locura.
Si bien, esto no era lo que fantaseé que ocurriría, la utilización de la película permitió anudar algo que se encuentra desconectado en Paulina, conformándose como la puerta de entrada a experiencias que no habían sido asimiladas hasta el momento y permitiendo destejer algo de ese goce que se encontraba ligado a una madre estragante. Así, de manera conjunta pudimos acceder a algo del orden del deseo –del decir y de la identificación con el símbolo ligado a la casa– instalando el poder de decisión sobre este deseo como un acto de liberación subjetiva.
Con esta breve viñeta pretendo ilustrar lo imprevisible del uso del cine como dispositivo movilizador del trabajo analítico, el cual implica un riesgo y cuyo efecto es imposible de predeterminar, mas tiene el potencial de iluminar algo que es desconocido tanto para el terapeuta como para el paciente. Y adicionalmente exige que el terapeuta esté abierto a ser sorprendido por lo que punza la mirada del paciente, pudiendo desechar la construcción que uno confecciona a partir del propio universo simbólico sobre la relación que tiene el film con la experiencia subjetiva del paciente.
Referencias:
Fariña, J. J. M. y Laso, E. (2024). Acting: La puesta en abismo en el cine como recurso de la clínica analítica. Ética & Cine Journal, 14(2), pp. 13-19. https://journal.eticaycine.org/IMG/pdf/acting.pdf
Galimany, J. (2023). La Fotografía como herramienta en la Psicología (y más allá de esta). Revista Imagen Social, (6), pp. 116-125.
Gómez, M., Fariña, J. J. M., Solbakk, J. H. (2011). Ética y Cine: un moderno teatro griego. Ética y Cine Journal, 1(1), pp. 9-12. http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=564459989001
Hitchcock, A. (1960) (Director). Psicosis [Película]. Paramount Pictures
Lacan, J. (1992). El Seminario. Libro 17. El reverso del psicoanálisis. Paidós.
Laso, E. y Fariña, J. J. M. (2020). El cine como pasador de lo real. Ética & Cine Journal, 10(1), pp. 87-93. https://www.redalyc.org/journal/5644/564464532009/html/
NOTAS
FORUM
En el texto “Lo que punza la mirada: el uso del cine en la psicoterapia como puesta en abismo”, se plantea que el cine no es solo un objeto de análisis sino también una herramienta clínica con potencia. Funciona como un dispositivo que permite hacer emerger lo real en el espacio terapéutico y, a la vez, "domesticar" el deseo, llevándolo a una distancia que permite su trabajo simbólico y transformador. Lo fascinante es que ese uso del cine no se basa en certezas: no sabemos cómo atravesará al sujeto, porque cada terapeuta, con su propia sensibilidad, interactúa con esa película en un momento clínico irrepetible
Me parece una visión y un planteo muy interesantes la idea de tomar una película y proponerla en el espacio terapéutico, similar a lo que se podría hacer con el análisis de un sueño que traiga el paciente.
La posibilidad de ya conocer la trama en el caso de la película puede facilitar, de parte del profesional, las temáticas que se pueden llegar a trabajar pero siempre con el detalle de que el paciente pondrá el foco en aquello que, consciente o inconscientemente, le llame mas la atención. Es una decisión que a la vez de arriesgada, siento que puede traer grandes conclusiones o elucubraciones que, incluso sorprendiendo al analista, pueden dar mucho de que hablar y trabajar.
Tal vez seria una forma muy utópica de pensar, pero incluso podría venir a destrabar algo de aquello que se resiste a aparecer en el dialogo terapéutico, dando la posibilidad al paciente de visualizar desde otro plano, con otro punto de vista, escenas o problemáticas que podrían llegar a interpelarlo al estar relacionadas con su tema de consulta.
El cuidado y la responsabilidad son muy necesarios, creo yo, a la hora de recomendar una obra artística con el fin de interpelar al sujeto, pero creo que también el arte en todas sus formas, y en este caso el cine, tienen recursos que tocan y abarcan otras aristas de las problemáticas que al espacio terapéutico se le escapan.
Película:Psicosis
Título Original:Psycho
Director: Alfred Hitchcock
Año: 1960
País: Estados Unidos
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