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Lo que no se ve también importa

por Montoya, Fernando

Corporación Universitaria Minuto de Dios (UNIMINUTO)

Resumen:

Invisible es una serie de la plataforma Netflix ambientada en Sudáfrica. La historia gira en torno a Zenzi Mwale, una mujer negra que inicia una búsqueda desesperada por su esposo, quien, tras cumplir una condena en prisión y ser puesto en libertad, desaparece sin dejar rastro.

A lo largo de su búsqueda incansable, Zenzi se enfrenta a innumerables obstáculos marcados por la violencia, la corrupción y la criminalidad. La falta de respuestas por parte de las instituciones –la indiferencia, el silencio burocrático, la desprotección– empujan su vida hacia los márgenes del sistema, donde la ilegalidad se vuelve, muchas veces, el único camino para obtener justicia o verdad.

El dolor por la muerte de su pequeño hijo, y el anhelo de reencontrarse con su esposo, la llevan a transitar territorios desconocidos y peligrosos. En cuestión de segundos, su vida cruza la delgada línea entre la legalidad y la ilegalidad, dejando claro que la desesperación y la exclusión pueden convertir a cualquier persona en alguien vulnerable a las redes del crimen.

Palabras Clave: Invisible | reconocimiento social | pobreza

What Is Not Seen Also Matters

Abstract:

Invisible is a Netflix series set in South Africa. The story follows Zenzi Mwale, a Black woman who embarks on a desperate search for her husband, who disappears without a trace after serving a prison sentence and being released.

Throughout her relentless search, Zenzi encounters numerous obstacles shaped by violence, corruption, and criminality. The lack of institutional support – the indifference, the silence, the absence of protection – gradually pushes her into the margins of society, where illegality often becomes the only viable path to justice or truth.

Haunted by the truth behind her young son’s death and driven by the hope of finding her beloved husband, Zenzi is forced to enter unfamiliar and dangerous worlds. In the blink of an eye, she crosses the thin line between legality and illegality, revealing how desperation and social abandonment can turn anyone into a victim of criminal networks.

Keywords: Invisible | social recognition | poverty


Desarrollo

La invisibilidad retratada en la serie evidencia cómo las instituciones fallan al no ver (o al no querer ver) ciertas realidades. Cuando Zenzi (la protagonista de la serie) acude a la cárcel a esperar la salida de su esposo, permanece sentada durante largas horas en la entrada sin recibir atención ni respuesta a su pregunta más básica: saber si su esposo aún se encuentra allí. Sola, enfrentando el frío de la noche y la indiferencia del portero (quien no le brinda información oportuna), esta mujer se ve obligada a esperar sin sentido, atrapada en la incertidumbre. Se vuelve invisible ante la institución carcelaria, ante un funcionario, ante toda una sociedad.

Esta es la realidad de cientos, quizá miles, de ciudadanos que, frente a instituciones como hospitales, empresas prestadoras de salud, entidades bancarias o dependencias gubernamentales, pasan horas, días e incluso años esperando una respuesta. No buscan favores ni privilegios, simplemente anhelan una palabra que les permita continuar su camino. En muchos casos, ni siquiera esperan una solución definitiva –porque ya han aprendido que en esos espacios muchas veces no se encuentra–, pero sí una orientación, una señal que les diga qué hacer, hacia dónde dirigirse, cómo resignificar su espera.

Esta espera sin respuesta es una forma de violencia institucional silenciosa, que se alimenta de la indiferencia, de la burocracia, de la deshumanización de quienes deberían garantizar derechos y no reproducir ausencias. Y es también una forma de exclusión: cuando no se responde, se niega la existencia del otro.

¿Cuántas personas, en América Latina, caminan durante años tocando puertas, buscando el paradero de sus seres queridos desaparecidos por la violencia? ¿Cuántas madres, hermanas, hijos, han sido convertidos en sombras, en figuras que deambulan por oficinas, pasillos, despachos, rogando por una verdad que el Estado no quiere ver, que la sociedad prefiere no escuchar?

La invisibilidad no es solo un estado simbólico; es una consecuencia concreta del abandono institucional y de la negación sistemática de la dignidad humana. Hacerse invisible ante el sistema es perder el derecho a ser escuchado, a ser reconocido, a ser ciudadano. Dentro de las frases atribuidas a Sócrates encontramos lo que este griego expresa y que puede recoger en buena parte el sentimiento de quien es invisibilizado: “Ser ignorado es peor que ser odiado, porque al menos el odio reconoce tu existencia.”

En una de las escenas más simbólicas de la serie, Zenzi ingresa a una obra en construcción para encontrarse con su casero, quien la ha citado en ese lugar apartado y en apariencia inofensivo. A plena luz del día, atraviesa el espacio donde un grupo de obreros toma su receso. Camina frente a ellos y ninguno parece notarla. Nadie pregunta, nadie se inmuta, nadie se detiene a observarla. Su paso es tan silencioso como su presencia: invisible.

Este momento, aparentemente menor, expone de forma poderosa un fenómeno social profundamente arraigado: la capacidad que tiene una sociedad de invisibilizar a ciertos sujetos. Zenzi, como muchas otras mujeres racializadas, pobres y migrantes, puede pasar desapercibida incluso en medio de una multitud. Puede atravesar espacios públicos sin ser vista, sin generar sospecha, sin dejar huella. Y, en ese caso particular, su invisibilidad juega a su favor: le permite entrar sin restricciones, sin testigos, sin consecuencias inmediatas. Pero ¿cuál es el costo de esa invisibilidad cotidiana?

La escena no solo retrata la indiferencia, sino que denuncia cómo hemos naturalizado el no ver. Porque en muchos contextos, no ver al otro –especialmente si es una mujer, si es negra, si es pobre, si no tiene poder– se convierte en una forma de negar su existencia. Invisibilizar a alguien es más que ignorarlo: es negarle la condición de sujeto, su derecho a ser reconocido, a ser tenido en cuenta, a tener agencia en el mundo que habita.

¿Alguna vez has sentido que caminas por el mundo sin ser visto? ¿Qué sales cada mañana al trabajo, vuelves a casa al atardecer, y parece que no dejaste rastro, que tu paso fue neutro, indiferente, irrelevante para los demás? Esa es la experiencia de millones de personas en nuestras sociedades: vivir sin ser reconocidas, transitar espacios sin ser nombradas, existir sin ser escuchadas.

Vivimos en una sociedad que convierte en visibles solo a quienes sobresalen por el escándalo, el delito, la controversia o el espectáculo. La visibilidad, entonces, se vuelve un privilegio reservado para quienes rompen el molde –a veces para bien, muchas veces para mal–, mientras la mayoría queda sumida en una existencia anónima, silenciada, periférica.

La invisibilidad social no es solo un efecto de la indiferencia individual; es también una consecuencia de estructuras históricas de poder, de género, de raza, de clase. Y en ese marco, la escena de Zenzi adquiere una fuerza devastadora: no solo muestra a una mujer que puede entrar sin ser vista, sino que nos interroga sobre nuestra propia ceguera colectiva.

¿A cuántas personas dejamos de ver cada día? ¿A cuántos rostros no miramos, a cuántas voces no escuchamos? ¿Cuántas Zenzi caminan entre nosotros y preferimos no notarlas?

Es posible que muchas personas, hoy en día, recurran a las redes sociales como una forma de decirle al mundo que están aquí, que existen. Tal vez se trate de un grito contemporáneo de existencia, una expresión social del Dasein heideggeriano –ese "ser-ahí" que no se conforma solo con estar, sino que anhela ser reconocido, habitando el mundo con conciencia de sí.

En la lógica de Heidegger (1927), el Dasein no es simplemente la presencia física de un ser humano, sino la manifestación de su singularidad, su apertura al mundo, su búsqueda de sentido. En este contexto, publicar una foto, compartir una reflexión o simplemente “estar en línea” puede leerse como una forma de afirmar: "Estoy aquí, soy alguien, no soy invisible".

El ser humano se resiste a ser ignorado. No quiere simplemente existir de forma biológica o funcional; desea ser visto, notado, validado en su totalidad, en su corporeidad, en su subjetividad, en su diferencia. Por eso, el Dasein es también un gesto de rebelión contra la invisibilidad.

Ese gesto contrasta radicalmente con la experiencia de Zenzi, cuya presencia –en distintos momentos de la serie– no es reconocida por nadie, ni siquiera cuando transita espacios públicos, ni cuando espera en una institución. Su existencia se borra del paisaje social. En ella no hay Dasein que se exprese ni se afirme: hay silencio, hay ausencia, hay olvido.

El Dasein, en este caso, se convierte en un concepto que nos permite leer dos formas de estar en el mundo: una que lucha por hacerse visible en el ruido de lo digital, y otra que es silenciada por las estructuras sociales que deciden a quién ver y a quién no. Zenzi, invisibilizada por su entorno, es el reverso trágico del Dasein: no el ser que se proyecta hacia el mundo, sino aquel al que el mundo decide no mirar.

La mayor consecuencia de no sentirse visible no se manifiesta necesariamente en el plano físico, sino en el ámbito emocional. La invisibilidad social duele más en el corazón que en el cuerpo. Sus efectos se reflejan en la autoestima, en la percepción del valor personal, en la construcción misma de la identidad. Ser ignorado, no ser nombrado, no ser tenido en cuenta, deja marcas profundas que erosionan el sentido de pertenencia y dignidad. Para Lévinas: “El otro me mira, y su mirada es una llamada. Ser visto por el otro es el comienzo de toda responsabilidad.” (Lévinas, 1961, p. 215). Acá se trata de la existencia misma. No se trata solo de que me vean sino que exista. Esta es la ética de Lévinas el reconocimiento de los otros. Cuando no se reconoce al otro le quita dignidad.

Uno de los momentos más desgarradores de la serie es cuando la protagonista grita con desesperación: “No quiero ser invisible, quiero que me vean.” Esa frase no es solo un lamento individual; es un grito colectivo, una súplica que muchas personas silencian día tras día en medio de la indiferencia social. La invisibilidad duele porque contradice una necesidad humana fundamental: ser reconocido por los otros. Bien lo expresa el filósofo alemán de la escuela de Frankfurt, Axel Honneth (1997), cuando dice que: “El ser humano sólo puede desarrollarse íntegramente si cuenta con relaciones de reconocimiento que le aseguren el amor, el respeto y la estima social.” (p. 184)

Rara vez la invisibilidad es una elección. En la mayoría de los casos, el ser humano actúa, se expresa, lucha, crea y participa con la esperanza de ser visto, de ser validado. Quiere que su presencia tenga sentido, que su historia importe, que su voz sea escuchada. Por eso, muchas veces las luchas personales se transforman en luchas colectivas: porque al unirse a las causas de otros, se construye una red de apoyo mutuo que permite que cada uno deje de sentirse solo, aislado, irrelevante.

Zenzi, como tantas otras personas, no quiere pasar inadvertida. Su grito al borde del camino –“…quiero que me vean”– resuena como un eco profundo del dolor de quienes han sido sistemáticamente ignorados por el Estado, las instituciones, sus comunidades e incluso por la vida misma. Es el clamor de quienes han sido reducidos a la invisibilidad, no por elección, sino por la indiferencia estructural que los rodea. Tal vez tú también, alguna vez, has lanzado ese grito, aunque nadie lo haya escuchado.

El filósofo Charles Taylor sostiene que la identidad no se construye en el aislamiento, sino en diálogo constante con los otros. El reconocimiento social no es un gesto superficial, sino una necesidad fundamental para la formación del yo. En sus palabras: “La demanda de reconocimiento se ve urgida por la suposición de que una persona o un grupo de personas pueden sufrir daños reales, una distorsión real, si las personas o la sociedad que los rodean les devuelven una imagen limitada, degradante o despreciable de sí mismos” (Taylor, 1994, p. 25).

Así, el grito de Zenzi no es solo un acto de desesperación individual, sino una expresión legítima de resistencia frente a un sistema que ha negado su existencia. Pedir ser visto es, en este sentido, un acto profundamente humano: una exigencia de dignidad, de reconocimiento, de identidad.

La delincuencia y la ilegalidad no deben justificarse exclusivamente desde las condiciones sociales, pero sí es necesario comprender que muchas de sus raíces están estrechamente ligadas al desconocimiento sistemático del otro y de sus realidades. En palabras de Pierre Bourdieu, “la miseria del mundo no es solo económica, es también simbólica” (Bourdieu, 1999, p. 12). Es decir, no basta con la pobreza material: el no reconocimiento, la humillación social y la indiferencia institucional también alimentan las condiciones que propician la ruptura del pacto social.

De manera similar, Axel Honneth sostiene que “las personas que se ven privadas del reconocimiento adecuado pierden también la posibilidad de relacionarse consigo mismas de forma positiva, lo cual puede derivar en actitudes hostiles hacia la sociedad” (Honneth, 1997, p. 162). Desde esta perspectiva, la exclusión social y la invisibilización del otro no solo generan sufrimiento emocional o simbólico, sino que también pueden incubar respuestas violentas o desviadas como intentos de recuperar valor o presencia ante un entorno que los niega.

Además, Frantz Fanon, en su análisis del sujeto colonizado y marginado, afirma que “la violencia es el único camino que le queda al oprimido para recuperar su humanidad negada” (Fanon, 2009, p. 41). Aunque esta afirmación es extrema, permite comprender que, en contextos de negación sistemática, algunos sujetos acuden a formas ilegales o violentas no como elección moral, sino como única vía de visibilización o supervivencia.

Por ello, no se trata de justificar la ilegalidad, sino de comprender que los males sociales no surgen en el vacío, sino en contextos donde la exclusión, la humillación y la falta de reconocimiento son terreno fértil para su reproducción. Como sociedad, no podemos seguir ignorando las condiciones que propician el delito y la marginalidad si aspiramos a construir un orden verdaderamente justo e inclusivo.

Conclusiones

La serie Invisible ofrece una representación cruda y profunda de las múltiples formas en que opera la invisibilidad social en contextos marcados por la desigualdad, el abandono institucional y la indiferencia colectiva. A partir del análisis de la experiencia de Zenzi, protagonista de esta historia, se derivan varias conclusiones que resultan relevantes para la comprensión de fenómenos sociales contemporáneos en América Latina y otros contextos globales.

En primer lugar, la invisibilidad no puede entenderse únicamente como una metáfora o estado simbólico; se manifiesta como una forma concreta de violencia estructural. La falta de respuesta institucional, la ausencia de información oportuna y el trato despersonalizado constituyen expresiones de una violencia silenciosa que niega derechos y perpetúa exclusiones.

En segundo lugar, el reconocimiento social emerge como una condición fundamental para el desarrollo pleno de la identidad humana. Tal como lo han argumentado autores como Axel Honneth, Charles Taylor y Emmanuel Lévinas, el ser humano no solo necesita existir, sino ser visto, escuchado y validado por los otros. La ausencia de reconocimiento genera daños reales en la autoestima, la percepción del valor personal y la dignidad, afectando profundamente el sentido de pertenencia.

En tercer lugar, se evidencia que la omisión del Estado y de otras instituciones sociales en el cumplimiento de sus funciones esenciales no solo agrava la exclusión, sino que contribuye a la naturalización de la indiferencia. La burocracia, el trato impersonal y la negligencia institucional reproducen una forma de ceguera colectiva ante quienes habitan los márgenes sociales.

Asimismo, la invisibilidad cotidiana puede convertirse en un factor que, lejos de justificar, sí permite comprender las motivaciones detrás de ciertas conductas ilegales o violentas. Autores como Pierre Bourdieu, Frantz Fanon y el propio Honneth han advertido cómo la exclusión sostenida y la negación simbólica pueden derivar en respuestas desesperadas, en intentos por hacerse visibles ante una sociedad que ha decidido no mirar.

Finalmente, este análisis invita a repensar el rol del reconocimiento en la vida social. La visibilidad no debe ser un privilegio reservado para quienes destacan por el escándalo o la controversia; debe ser un derecho vinculado a la condición misma de ciudadanía. En este sentido, Invisible interpela tanto al espectador como al lector, llamando a una reflexión ética sobre nuestras propias prácticas de mirada, escucha y reconocimiento.

Referencias:

Bourdieu, P. (1999). La miseria del mundo. Fondo de Cultura Económica.

Fanon, F. (2009). Los condenados de la tierra. Akal. (Obra original publicada en 1961).

Heidegger, M. (2012). Ser y tiempo. (J. Gaos, Trad.). Trotta.

Honneth, A. (1997). La lucha por el reconocimiento: Por una gramática moral de los conflictos sociales (J. M. Ripalda, Trad.). Crítica.

Lévinas, E. (1961). Totalité et infini. Essai sur l’extériorité. La Haye: Martinus Nijhoff.

Taylor, C. (1994). The politics of recognition. In A. Gutmann (Ed.), Multiculturalism: Examining the politics of recognition (pp. 25–73). Princeton University Press.



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Message from Noemi Recabarren  » 26 de agosto de 2025 » nbrecabarren@yahoo.com.ar 

Invisible narra la historia de Zenzi Mwale, una mujer negra en Sudáfrica que busca desesperadamente a su esposo, desaparecido tras salir de prisión, enfrentando obstáculos sociales y personales en su búsqueda.
El marco de analisis propuesto por Ariel (1999) sobre Casablanca ilustra sobre niveles de interpretación de la peripecia de los protagonistas, que pueden vincularse directamente con la experiencia de Zenzi en Invisible. Ariel (1999) destaca el acontecimiento y la singularidad de la decisión ética de Rick, que rompe con la reiteración de su carácter previo, escéptico ,aparentemente indiferente genera un gesto casi invisible pero transformador; de manera análoga, Zenzi enfrenta momentos en que su acción singular frente a la injusticia y la violencia altera su trayectoria vital y revela su integridad moral.
La trama de Zenzi permite observar cómo las elecciones en contextos de violencia y exclusión adquieren una dimensión ética, en línea con lo señalado por Ariel (1999) al analizar Casablanca, donde el amor y el deber se entrecruzan en decisiones de profundo impacto moral. Siguiendo a Cambra Badii (2018), la película podria pensanse como una matriz metodológica para pensar la subjetividad en contextos de vulnerabilidad y exclusión, mostrando el valor del cine como herramienta crítica de lo social.
Lo vivido por Zenzi en Invisible muestra cómo su subjetividad se enfrenta a estructuras de violencia y corrupción social, lo que condiciona sus decisiones y plantea dilemas éticos sobre legalidad y justicia. De manera análoga, Casas (1999) muestra cómo, en Casablanca, la caída de la máscara escéptica de Rick revela su integridad y justicia; así, la perseverancia de Zenzi frente a la opresión expresa un proceso ético similar donde sostiene sus principios y subjetividad pese a contextos adversos.
A disposción.



Película:Invisible

Título Original:Unseen

Director: Ozgur Onurme

Año: 2023

País: Sudáfrica

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