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No hay relación sexual

por Patricia Gorocito

Entre el 30 de abril y el 3 de mayo de 2026 se realiza en París el XV Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.

Nos convoca el aforismo que titula este artículo: Il n’y a pas de rapport sexuel.

Desde que el tema comenzó a ser estudiado, no se ha dejado de hablar del amor. En todas las etapas de la historia, el deseo y el goce resisten a la barbarie de una humanidad desquiciada y violenta.

Hoy quiero servirme de una bella película, “El juego de las lágrimas” de Neil Jordán, estrenada en 1992, para hablar del amor en nuestros días. La película lleva el mismo nombre que la canción interpretada por Boy George que oficia de banda sonora.

A su vez, leemos en la primera página del Congreso, junto al original afiche, esta frase de Jacques-Alain Miller: “Entre los dos, ningún acuerdo ni armonía, no hay programa, nada prestablecido: todo está librado al azar”. El amor puede salvarnos, frase que es más profunda de lo que pensamos: lo profundo está en la superficie, dirá el ultimísimo Lacan.

La película es una historia de amor, narrada en clave de los años 90 del siglo pasado, pero con plena vigencia al día de hoy. Porque cada momento histórico inventa un artificio para soportar el ardiente deseo y la contingencia del juego del amor y de las lágrimas.

Estudiando el amor cortés, el amor romántico y el de la época victoriana, que al fin y al cabo dio sus frutos por el amor de transferencia y el discurso psicoanalítico. Freud allí hizo su invento.

Luego pasaron cosas, sí. Las dos guerras, las pandemias y de nuevo la guerra y el odio.

La revolución digital y la inteligencia artificial.

Hoy en este momento del capitalismo tardío donde parece, según palabras de Lacan, que el amor será forcluído, nos encontramos con los intentos del Discurso Amo y todos sus recursos para vencer el deseo, pero el deseo es indestructible.

Aparecen nuevos artificios y nuevas formas de amar que se multiplican frente a la resistencia de unos pocos que solo quieren odiadores seriales y crímenes de guerra.

En la película, ambientada en Irlanda en la época de la guerrilla del IRA, se dan los divinos detalles de amores que surgen sin que nadie los llame.

La película es un thriller, comedia romántica y suspenso.

Muy de fondo el conflicto entre el IRA y la Corona británica. Muy de fondo.

El director destaca lo esencial, como lo hace en todas sus películas, la desolación de sus personajes que no logran encajar en ningún lugar impuesto por el Gran Amo.

Lo que nos parece brillar y mostrar de manera profunda y conmovedora es el problema de las identidades a veces pensadas como rótulos sobre las personas, identidades de género, ideológicas, sexuales, de raza o nacionalidad.

La película trata de indagar sobre la naturaleza humana y es allí donde Jody, el prisionero, le cuenta a Fergus la fábula del escorpión que pide cruzar el río en el lomo de la rana, pero no logra renunciar a su naturaleza, y en mitad del trayecto le clava el aguijó, con la consecuencia de la muerte de ambos.

¿Por qué Jody le habla a Fergus de la naturaleza humana? ¿No es acaso porque Fergus se siente perdido y adhiere a identidades impostadas, como la nacionalidad, el rol sexual, la sexualidad o la filiación política?

Cuando Fergus entabla una relación de amistad con el soldado secuestrado comienza a interrogarse por estas cuestiones. Y cuando finalmente debe ejecutar al prisionero, ya no quiere hacerlo, Jody se escapa y muere atropellado por un camión del ejército británico. Pero antes de morir le pide a Fergus que después de su ejecución visite a su amante llamada Dil y que la lleve a tomar un trago al bar Metro y que cuide de ella. Que le diga que siempre la amó.

Y Fergus, que tuvo esa relación de amor con su secuestrado, cumple con la promesa. Lo que ocurre es que se enamora de Dil y queda así tomado por la doble culpa de la muerte de Jody y de enamorarse de la que fue su prometida.

Cuando inicia una relación con Dil y descubre que es una joven transexual, se horroriza y la rechaza. Pero a pesar de este rechazo consciente se siente fuertemente atraído por ella…

Luego la película continúa fiel a su estilo thriller. Aparece la que había sido novia de Fergus en su época de identidades preconcebidas y lo conmina a seguir en el IRA, pero cuando Fergus tiene que realizar una misión para el grupo terrorista ya está con Dil, amándola y protegiéndola a pesar suyo.

Finalmente, Dil mata a la ex novia de Fergus vengando así la muerte de Jody, su ex novio el soldado secuestrado por el IRA. Es allí cuando Fergus toma una decisión: borrar las huellas digitales de Dil sobre el arma y asumir la responsabilidad por el crimen.

En la última escena se nos muestra la cárcel donde Fergus está cumpliendo su condena y a Dil, que va a visitarlo: han decidido amarse sin rótulos de género, nacionalidad, identidades o ideologías.

Fergus le relata entonces la fábula del escorpión y la rana que escuchara de boca de Jody. La película habla así de la naturaleza humana, de aquello a lo que nunca debemos renunciar, nuestro deseo y nuestra forma de amar que muchas veces no coincide ni con contratos ni estereotipos de género ni de nada. Nos muestra que hay muchas formas de amor porque no hay relación sexual, es decir no hay de ella inscripción simbólica posible.

Lo único que podemos hacer es bordear el núcleo real de goce con alguna invención, una suplencia o artificio porque solo el amor permite al goce condescender al deseo.



NOTAS

Película:El juego de las lágrimas

Título Original:The Crying Game

Director: Neil Jordan

Año: 1992

País: Reino Unido

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