Resumen:
Desde una mirada psicoanalítica, el presente artículo reflexiona sobre el puerperio a partir del análisis de la película Die, My Love (2025), dirigida por Lynne Ramsay. A propósito de los aportes de Bydlowski, Freud, Winnicott y Kaës, se comprende el puerperio como un período de reorganización subjetiva y de especial vulnerabilidad psíquica, en el que se reactivan experiencias ligadas al desamparo originario. El análisis muestra cómo la fragilidad de los vínculos significativos puede intensificar el sufrimiento materno cuando el sostén vincular resulta insuficiente. Finalmente, se enfatiza la importancia del sostén vincular y de la presencia de un otro capaz de reconocer y acompañar el proceso de devenir madre.
Palabras Clave: Puerperio | desamparo | vínculo | psicoanálisis
Helplessness and Relational Support in The Puerperium: A Psychoanalytic Reading of Die, My Love
Abstract:
From a psychoanalytic perspective, this article reflects on the puerperium through an analysis of the film Die, My Love (2025), directed by Lynne Ramsay. Drawing on the contributions of Bydlowski, Freud, Winnicott, and Kaës, the puerperium is understood as a period of subjective reorganization and heightened psychic vulnerability during which experiences related to primordial helplessness are reactivated. The analysis shows how the fragility of significant bonds can intensify maternal suffering when relational support proves insufficient. Finally, the article emphasizes the importance of relational support and the presence of another person capable of recognizing and accompanying the process of becoming a mother.
Keywords: Puerperium | helplessness | bond | psychoanalysis
Introducción
El embarazo, el parto y el puerperio marcan un momento trascendental en la vida de una mujer. Es un período en el que cambian el cuerpo, la mente y la forma de estar en el mundo. Nada vuelve a ser igual después de que nace un hijo, ya que hay una mujer que deviene madre.
A lo largo de los años la atención se ha focalizado en el embarazo, tanto social como institucionalmente. Ejemplo de ello es que en esos nueve meses se brinda seguimiento continuo, por tanto, una mujer podría llegar a tener entre 9 y 12 controles prenatales. Sin embargo, tras el nacimiento, la atención se concentra en los cuidados del bebé y su desarrollo, quedando la salud de la madre relegada a dos controles postnatales, incluso cuando más de la mitad de las muertes maternas se producen en el período posparto (Del Canto, 2023; Symonds, Vidler, Wiens, Omar, English, Ukah, Ansermino, Ngonzi, Bebell, Hwang, Christoffersen-Deb, Kissoon y Payne, 2023; Organización Mundial de la Salud, 2025). Esto resulta paradójico considerando que la salud materna y la salud neonatal están estrechamente relacionadas (Organización Mundial de la Salud, 2025).
Asimismo, ningún embarazo se produce por sí solo. La llegada de un hijo constituye una experiencia en la que participan otros, incluso en las diferentes configuraciones familiares. El embarazo, el parto y el puerperio se inscriben en una trama de relaciones humanas, lo que no significa que una mujer atraviese esta etapa de forma acompañada. Así, considerando la desprotección institucional que enfrentan las mujeres, particularmente durante el periodo posparto, resulta pertinente preguntarse por el lugar que ocupa ese otro en la experiencia puerperal y por la función que puede desempeñar como sostén en el proceso de devenir madre.
Con el propósito de abordar esa interrogante, el presente artículo busca profundizar en la experiencia puerperal desde una mirada psicoanalítica, a través del análisis de Die, My Love (2025), una película dirigida por Lynne Ramsay que retrata el progresivo sufrimiento psíquico de una mujer tras la llegada de su hijo, en el contexto de la fragilidad del vínculo de pareja. A partir de esta obra cinematográfica, se reflexiona sobre el lugar que ocupa el vínculo con un otro significativo como sostén en el proceso del puerperio y las implicancias cuando ese sostén se torna insuficiente.
La reorganización subjetiva durante el embarazo y el puerperio
El proceso de embarazo y posparto conlleva diversos cambios, ya sea físicos, fisiológicos, emocionales y sociales. Desde la perspectiva biologicista, se reconoce que hay modificaciones hormonales y cerebrales, las cuales se ponen al servicio del nacimiento del bebé, en tanto aumentan la sensibilidad del procesamiento emocional de la madre para dar respuesta a un hijo. Es “una adaptación evolutiva para preparar a las mujeres para las demandas de protección asociadas a la maternidad, aumentando su sensibilidad emocional general y su vigilancia hacia las señales emocionales de amenaza y agresión” (Coo, Mira, García y Zamudio, 2021, p.2). Estas alteraciones implican un estado de mayor vulnerabilidad biológica, y por consiguiente, afectiva (Coo, et al. 2021).
Desde la perspectiva psicoanalítica, se plantea que el embarazo y el posparto constituyen un momento de crisis vital. Bydlowski (2007) plantea que es un período en el que la mujer presenta un “estado psíquico particular, un estado de susceptibilidad” (p.100) denominado transparencia psíquica, el cual es semejante a la adolescencia. Esta constituye una crisis madurativa de conflictividad excesiva, puesto que comprende una movilización de energía psíquica y física. Además despierta ansiedad, angustia y conflictos latentes que dificultan el transcurso de este período, pero que a la vez presentan la posibilidad de transitar hacia “un compromiso con nuevas virtualidades”, es decir, es una crisis que conlleva una “capacidad evolutiva propia y contribuye al proceso de formación de una nueva identidad” (p.100).
En sus investigaciones, la autora señala que es posible advertir este estado ya que hay un equilibrio femenino que se ve sacudido. El grado de sensibilidad aumenta porque la barrera de la represión se vuelve difusa, y a partir de ello la vía regia al inconsciente es más expedita. Los contenidos inconscientes atraviesan con facilidad, puesto que “se trata en efecto de un momento en el que el niño, con su doble presencia y ausencia, es para la futura madre un objeto actual representable únicamente por elementos del pasado” (2007, p.72) permitiendo reminiscencias, y fantasías regresivas. Bydlowski explica que “ese fenómeno que, clínicamente, caracteriza a menudo graves afecciones, sobre todo las psicosis, se presenta en la mujer embarazada como un acontecimiento ordinario” (2007, p.100).
En consecuencia, desde el embarazo y durante el puerperio, es que se desarrolla “un estado relacional particular (…) una llamada de ayuda latente, ambivalente y casi permanente” (p.102) hacia un otro, en un contexto que en sí mismo provoca que la mayoría de las mujeres experimente un repliegue de las actividades externas, ya sea laborales, sociales, u otros, y una nueva configuración en el vínculo de pareja.
Así, el puerperio se comprende como un proceso de reorganización subjetiva en el que la mujer atraviesa una transformación que debe integrar no solo los cambios corporales, afectivos y vinculares relacionados con la llegada de un hijo, sino también con su propia historia y con la construcción de nuevas representaciones psíquicas de sí misma, de otros y del propio bebé. El nacimiento de un hijo conlleva el nacimiento psíquico de una madre (Paricio y Polo, 2020), por ello, y dada la vulnerabilidad configurada en este proceso, cabe preguntarse sobre las condiciones en que una mujer atraviesa esos períodos y por quién la acompaña en ese desafío (Bydlowski, 2007).
La vulnerabilidad psíquica y el desamparo
Cabe mencionar que la vulnerabilidad psíquica no es un fenómeno solo del embarazo y el puerperio, sino que responde a una condición originaria del ser humano. Desde el nacimiento, el otro adquiere un lugar relevante puesto que es un otro quien recibe al sujeto en el mundo, lo mira, lo sostiene, lo alimenta, y lo incorpora en una trama vincular.
Freud denominó “estado de desamparo” a la condición de dependencia absoluta del recién nacido, en tanto requiere de un otro que reduzca el exceso de tensión provocado por diferentes situaciones. Un ejemplo de ello es el hambre, cuya satisfacción da lugar a la primera vivencia de satisfacción, a partir de la cual el adulto que ampara esa necesidad, generalmente la madre, queda investido psíquicamente (Rodríguez, 2012). De esta manera, la respuesta de un otro cancela la tensión inmediata asociada a la necesidad, aunque la condición de desamparo permanezca como rasgo estructural de la subjetividad humana.
El desamparo se encuentra estrechamente relacionado con el origen de la angustia, puesto que confronta al sujeto con una situación que excede sus propios recursos para tramitarla por sí solo (Rodríguez, 2012). Dada esa condición de dependencia originaria, el desamparo adquiere una dimensión potencialmente traumática que queda inscrita en el psiquismo.
Así, en la adultez se puede reactivar la angustia del desamparo cuando el sujeto enfrenta acontecimientos que evocan esa experiencia originaria de desvalimiento. Como señala Rodríguez (2012)
la reactivación del desamparo se va a producir, aunque con diferente magnitud, al ser impactado el sujeto por un acontecimiento que haga eco en su marca traumática en el curso de su vida. Cada vez que algo abrupto irrumpa desde fuera o desde dentro ese episodio traumático entrará en conexión con el desamparo originario (Rodríguez, 2012, p.46).
De esta manera, la reactivación del desamparo evidencia que los contenidos inconscientes permanecen activos en la vida psíquica pudiendo retornar en determinadas circunstancias (Rodríguez, 2012). En consecuencia, el embarazo y el puerperio constituyen momentos particularmente propicios para que emerjan experiencias tempranas ligadas al desamparo. Bydlowski (2007) describe ese proceso explicando que la permeabilidad de la barrera de la represión permite el retorno de fantasías, angustias y conflictos primitivos, confrontando a la mujer con aspectos significativos de su historia.
El lugar del vínculo con un otro frente al desamparo
Desde el inicio de la vida, la respuesta frente al desamparo es un otro. Si el embarazo y el puerperio constituyen períodos de especial vulnerabilidad psíquica que propician la emergencia de las experiencias originarias de desamparo, entonces es posible pensar que la respuesta frente a dicha vulnerabilidad también puede encontrarse en el vínculo con un otro.
Diferentes autores han destacado la importancia de la presencia activa de un otro frente al desamparo del recién nacido. Bajo esta premisa, Winnicott (1960 citado en Guimón, 2011) postuló el concepto de holding y handling, los cuales se refieren al sostén físico y emocional que brinda la madre al bebé. Cuando estas funciones se ejercen en un entorno suficientemente bueno capaz de responder a sus necesidades, se favorece la integración del yo y su capacidad de entrar en relación con los objetos y los otros.
Posteriormente, Winnicott extiende esta idea a la clínica de los adultos desarrollando el concepto de management, que se refiere a las intervenciones de sostén necesarias en determinados momentos de crisis en que los recursos habituales del sujeto resultan insuficientes para enfrentar la situación que atraviesa. Así, puede requerirse un entorno que brinde condiciones de apoyo semejantes a las que necesitó en su desarrollo temprano (1960, citado en Guimón, 2011). Esta formulación es importante puesto que recalca la relevancia de un otro para permitir la integración y elaboración de una vivencia de crisis, como ocurre durante el puerperio.
Por otro lado, Kaës (2009) amplía esta comprensión al plantear que el psiquismo humano articula tres elementos: la sexualidad, la palabra y los vínculos intersubjetivos. Para los fines de este artículo interesa ese último punto, en tanto el autor plantea que el encuentro con un otro marca el inicio de un vínculo. Desde esta perspectiva, la dependencia inicial del recién nacido implica que la constitución psíquica se produzca en relación con un otro significativo. En este encuentro, la subjetividad de quien cuida participa del desarrollo del bebé constituyendo un vínculo entre él y quien lo sostiene.
Esta experiencia estructural se prolonga a través de los diferentes encuentros que el sujeto establece a lo largo de la vida. En este sentido, Kaës define vínculo como
la realidad psíquica específica inconsciente construida por el encuentro de dos o varios sujetos […] Esta noción necesita un desarrollo en términos de procesos: el vínculo es el movimiento más o menos estable de las investiduras, representaciones y acciones que asocian dos o más sujetos para la realización de algunos de sus deseos (2009, p.6-7).
Esta definición da cuenta de una dimensión entre los sujetos, ya que el encuentro tiene implicancias en cada uno de ellos de forma individual, pero también configura una realidad psíquica compartida. A esta dimensión Kaës la denomina intersubjetividad, definiéndola como una “estructura dinámica del espacio psíquico entre dos o varios sujetos. Este espacio comprende procesos, formaciones y experiencias específicos, cuyos efectos determinan el advenimiento de los sujetos del inconsciente y su devenir Yo en el seno de un Nosotros” (Kaës, 2007, p. 28).
Así, el vínculo no se reduce a una simple interacción, sino que adquiere una importancia estructural. En palabras de Kaës (2009), “nosotros no podemos vivir sin los vínculos, aunque ciertos vínculos, por exceso o por defecto, nos encadenan o nos impiden vivir, amar, conocer, jugar” (p.6). Por consiguiente, estos participan activamente del devenir psíquico del sujeto a lo largo de la vida. Sin embargo, ello no implica que todos sean favorecedores, puesto que las condiciones intersubjetivas también pueden ser fuente de sufrimiento psíquico.
En consecuencia, las condiciones vinculares en las que una mujer atraviesa un embarazo y un puerperio adquieren una relevancia fundamental, ya que constituyen periodos de reorganización subjetiva que favorecen la reactivación de experiencias tempranas de desamparo, de modo que el vínculo con un otro significativo puede constituirse tanto en una fuente de sostén como de sufrimiento psíquico. Así, comprender el puerperio exige considerar no solo la vulnerabilidad propia de este proceso, sino también de las condiciones vinculares en que transcurre la experiencia.
Die, My Love: desorganización psíquica y fragilidad de sostén vincular en la experiencia del puerperio
Die, My Love (Ramsay, 2025) es una película que narra la experiencia puerperal de Grace y Jackson, una pareja que se traslada a una casa heredada durante el último mes de embarazo con la intención de comenzar una nueva etapa vital. Previo al nacimiento del hijo se expone brevemente la relación de pareja; se observa a dos sujetos conectados emocional y sexualmente. Se muestran cómplices, vitales, deseantes el uno del otro, con proyectos individuales y compartidos, así como expectativas respecto del hijo que viene en camino.
Desde el comienzo del filme se introducen elementos asociados a la fragilidad, la pérdida y lo mortífero. Grace y Jackson soñaban con una vida en Nueva York, ciudad en la que esperaban desarrollarse como escritora y músico respectivamente. Sin embargo, se trasladan a un sector rural donde reside la familia de él instalándose en la casa heredada de un tío que se suicidó. Paralelamente, el padre de Jackson cursa una demencia, y su madre enfrenta la progresiva pérdida de su esposo (Ramsay, 2025).
De esta manera, el puerperio de Grace se desarrolla en un contexto que no coincide con su proyecto de vida. El traslado a un entorno rural la sitúa en una realidad que le resulta ajena y que la distancia de los proyectos que compartía con Jackson. A ello se suma la ausencia de figuras afectivas propias más allá de su pareja, configurando una experiencia de aislamiento. En este sentido, el aislamiento no es sólo geográfico sino también simbólico, en tanto da cuenta de lo distante que es la vida que proyectó junto a su pareja y aquella que habita posterior al nacimiento de su hijo.
La película no está narrada de forma lineal, sino que entremezcla el presente, los recuerdos, la fantasía y las pseudoalucinaciones, dificultándole al espectador la distinción de estos límites. Así, quien ve el filme, se ve enfrentado al intento de organizar una experiencia marcada por la incertidumbre y la confusión. La narración y la secuencia temporal de los acontecimientos aparecen fragmentados, tal como parece vivirse la experiencia puerperal.
Dado lo anterior, más allá del recurso estético, la estructura misma de la película sitúa al espectador en una posición similar a la de Grace, enfrentándolo a una experiencia confusa, incierta y difícil de organizar. De este modo, quien observa el filme comparte, en algún punto, la dificultad para distinguir entre la percepción del presente, la realidad, la fantasía y los recuerdos. La construcción narrativa puede pensarse en relación al concepto de transparencia psíquica planteado por Bydlowski (2007) como un estado en el que se vuelve más difusa la frontera de la barrera represiva, favoreciendo la emergencia de los contenidos inconscientes. Así, la fragmentación temporal y la confusión entre los distintos planos de la existencia parecen representar la reorganización subjetiva que atraviesa Grace en el puerperio.
La transparencia psíquica planteada por Bydlowski (2007) parece expresarse también en la intensidad con que se manifiestan las pulsiones de Grace a lo largo del filme. La protagonista se ve excedida por el deseo sexual, las fantasías, los impulsos agresivos y hostiles que irrumpen con escasa mediación. Así, Grace busca reiteradamente el contacto con Jackson, quien responde con distancia mientras ella se ve confrontada a experiencias internas intensas y contradictorias difíciles de integrar y elaborar (Ramsay, 2025). La película representa la emergencia de los contenidos inconscientes y los conflictos primitivos durante el puerperio evidenciando la complejidad de la reorganización subjetiva que vive la protagonista.
Por otro lado, es importante observar que el nacimiento de un hijo constituye una experiencia para ambos miembros de la pareja. No obstante, la película evidencia la diferencia entre los procesos, las exigencias y las subjetividades de ambos. Mientras Grace está inmersa en el cuidado del hijo, el insomnio, la falta de tiempo y las transformaciones asociadas a la maternidad, Jackson conserva cierta continuidad de su vida, en tanto mantiene espacios de trabajo y de autonomía que contrastan con la vida de Grace (Ramsay, 2025).
Esta asimetría se visualiza por ejemplo en las escenas nocturnas, las cuales se centran en ella. Mientras Jackson duerme, Grace permanece despierta junto a su hijo, meciéndolo, calmándolo, jugando con él o haciéndolo dormir. La protagonista vive una realidad paralela marcada por el insomnio, la soledad y las exigencias de la maternidad, una realidad a la cual Jackson no accede, porque a pesar de que está físicamente presente, la desconoce. Así, Grace intenta contactar en la noche con Jackson a través de lo sexual, pero él la rechaza continuamente. También intenta contactar con una parte de sí misma, cuando acude a la oficina donde imaginaba escribir su novela. Allí observa las páginas vacías de su cuaderno y dibuja unos garabatos mientras la leche materna cae y se mezcla con la tinta (Ramsay, 2025). Aquella imagen condensa el encuentro de las dos dimensiones subjetivas que intentan coexistir: el proyecto de escritora y la madre que emerge tras el nacimiento de su hijo. En este sentido la escena representa las tensiones propias de la reorganización subjetiva descrita por Bydlowski (2007), en la que nuevas identificaciones deben coexistir e integrarse con aspectos previos de sí misma.
De esta manera, la película sugiere que a pesar de que el nacimiento de un hijo constituye una experiencia compartida, no implica las mismas renuncias o exigencias para ambos, en tanto Jackson preserva aspectos significativos de su vida previa, mientras Grace enfrenta una transformación más radical de su subjetividad y su cuerpo. En este contexto, la posibilidad de reconocer y comprender la vulnerabilidad que atraviesa Grace adquiere una especial relevancia. Sin embargo, Jackson parece fracasar continuamente en esa tarea; es una presencia, pero una presencia desconectada que no logra vislumbrar la magnitud de la vulnerabilidad que atraviesa su pareja. La dificultad no radica en la falta de gestos, sino en la imposibilidad de situarse como un sostén para la vulnerabilidad psíquica propia del puerperio.
Esto es clave, puesto que Jackson no está ausente, pero su presencia es frágil en su capacidad de constituirse un soporte para la creciente vulnerabilidad de Grace. Está, pero no comprende. Así, intenta restituir el bienestar de Grace mediante soluciones concretas, como la compra de un perro y una propuesta de matrimonio. Sin embargo, esto no responde a las necesidades de Grace, quien progresivamente se siente más sola e incomprendida. Del mismo modo, el desencuentro sexual marcado por las infidelidades reiteradas de Jackson, adquiere mayor relevancia para ella, en tanto busca reconocimiento, cercanía afectiva y sostén emocional. Así, el filme muestra una presencia que, aun cuando no está ausente resulta insuficiente para sostener la experiencia subjetiva de Grace.
Ni el vínculo con Jackson, ni los otros vínculos familiares que la rodean logran constituir un sostén frente a la reorganización subjetiva de ella. De acuerdo a lo planteado por Winnicott (1960, citado en Guimón, 2011), no existe un management capaz de reconocer, alojar y contener la vulnerabilidad propia de ese período. Por el contrario, los vínculos aparecen asociados a experiencias de incomprensión, desencuentro y sufrimiento, intensificando la sensación de desamparo que vive la protagonista y dificultando el proceso de integración del yo y de elaboración de una crisis vital tan trascendente como la maternidad.
Es transversal a la película que todos los personajes que rodean a Grace advierten su malestar e intentan definir cómo se siente, cómo debería sentirse o qué debería hacer para sentirse mejor, pero escasean los espacios de una escucha real de su malestar y su experiencia puerperal. De esta forma, los vínculos pierden la posibilidad de constituirse como espacios de reconocimiento de su subjetividad, ya que los otros responden a su sufrimiento desde sus propias representaciones acerca de una experiencia ajena que no logran comprender. En lugar de propiciar un encuentro intersubjetivo, predominan las interpretaciones y respuestas que invisibilizan la singularidad de la vivencia, profundizando la sensación de incomprensión y aislamiento que vive Grace.
Finalmente, la escena más elocuente del filme ocurre durante la internación psiquiátrica. Hasta este momento, el hijo se mantiene al margen del conflicto principal, y Grace es contundente cuando, en el contexto de la atención clínica, afirma que no tiene problemas para vincularse con su hijo, que “él es perfecto pero lo que está jodido es todo lo demás” (Ramsay, 2025). Esa afirmación desplaza el foco del conflicto desde la maternidad hacia las condiciones vinculares en la que se desarrolla dicha experiencia. En este sentido, la sensación de desamparo que atraviesa no encuentra sostén ni en su pareja, ni en la familia de él ni en los clínicos que la atienden, existiendo una brecha importante en la posibilidad de los otros, de reconocer y alojar psíquicamente la profundidad del sufrimiento que ella cursa en el puerperio, dificultando la integración de una nueva identidad.
Así, la propia Grace desplaza el conflicto desde el hijo hacia las condiciones en las que transcurre su experiencia puerperal. Si el espectador atiende a aquello que la protagonista intenta transmitir a lo largo de la película, se sugiere que la desorganización psíquica de Grace no puede comprenderse únicamente como consecuencia del devenir madre, sino también de la fragilidad de los vínculos llamados a sostener en un período marcado por la vulnerabilidad psíquica.
Conclusiones
El puerperio puede comprenderse como un período de profunda reorganización subjetiva en el marco de una crisis que conlleva una alta vulnerabilidad psíquica. Esta etapa implica afrontar las demandas asociadas al cuidado de un recién nacido e imbrica la transformación de la propia subjetividad y de los vínculos que rodean a la mujer. Asimismo, es una experiencia que puede reactivar vivencias infantiles ligadas al desamparo originario, volviendo relevante la presencia de un otro capaz de brindar sostén afectivo en este período.
El análisis de Die, My Love (Ramsay, 2025) permite observar el sufrimiento de una mujer puérpera. Este malestar psíquico no responde únicamente a la maternidad o al vínculo con un hijo, sino que se desarrolla en un contexto de pérdidas personales y fragilidad vincular que favorece la progresiva desorganización de la protagonista. La profundidad de su angustia se relaciona también con la insuficiencia de los vínculos que podrían haberse constituido como un sostén frente a la vulnerabilidad psíquica propia de este período. De este modo, la película pone en relieve la importancia de la presencia activa de un otro capaz de reconocer, escuchar y alojar psíquicamente las dificultades de la reorganización subjetiva de la experiencia materna.
Esta reflexión enfatiza que el puerperio continúa siendo una etapa escasamente visibilizada dentro del proceso de convertirse en madre, tanto a nivel social como institucional, relegando las necesidades psíquicas y físicas de la madre a un segundo plano, o incluso, a la soledad misma.
Finalmente, es importante reconocer la complejidad del puerperio en el marco de los vínculos significativos, que pueden favorecer la elaboración de la vulnerabilidad o intensificar el sufrimiento. Esta tarea de acompañamiento del devenir madre también requiere del apoyo social e institucional, puesto que la presencia de un otro capaz de reconocer, alojar y sostener la experiencia subjetiva de la mujer es una condición fundamental para favorecer la elaboración de la vulnerabilidad propia de este período y la integración de la reorganización subjetiva implicada en el devenir madre.
Referencias:
Bydlowski, M. (2007). La deuda de vida: Itinerario psicoanalítico de la maternidad. Biblioteca Nueva.
Coo, S. Mira, A. García, M. Zamudio, P. (2021). Salud mental en madres en el período perinatal. Andes pediátrica, 92(5), 724-732.
Del Canto, G. (2023). Puerperio: una mirada desde la psicología perinatal. Enciclopedia Argentina de Salud Mental. http://enciclopediasaludmental.org.ar/mobile/trabajo.php?idt=191&idtt=109
Guimón, J. (2011). Winnicott como precursor del psicoanálisis relacional. Psicopatología y Salud Mental del Niño y del Adolescente, (18), 9–13.
Kaës, R. (2007). Un singular plural: El psicoanálisis ante la prueba del grupo. Amorrortu.
Kaës, R. (2009). La realidad psíquica del vínculo. Revista Internacional de Psicoanálisis de Pareja y Familia, (6), 1–15.
Organización Mundial de la Salud. (2025, 7 de abril). Mortalidad materna. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/maternal-mortality
Paricio, R. Polo, C. (2020). Maternidad e identidad materna: Deconstrucción terapéutica de narrativas dominantes. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 40(138), 33-51.
Ramsay, L. (Directora). (2025). Die, My Love [Película]. Excellent Cadaver; Black Label Media; Sikelia Productions
Rodríguez, M. (2012). El sujeto a la intemperie. La cuestión del desamparo en Freud y en Lorca. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 32(113), 43–57.
Symonds, N. Vidler, M. Wiens, M. Omar, S. English, L. Ukah, V. Ansermino, M. Ngonzi, J. Bebell, L. Hwang, B. Christoffersen-Deb, A. Kissoon, N. Payne, B. (2023). Risk factors for postpartum maternal mortality and hospital readmission in low- and middle-income countries: A systematic review. BMC Pregnancy and Childbirth, 23, 303.
NOTAS
FORUM
Película:Mátate, amor
Título Original:Die My Love
Director: Lynne Ramsay
Año: 2025
País: Estados Unidos
Otros comentarios del Autor: