Universidad de Buenos Aires
Resumen:
En el presente trabajo se aborda el recorrido de la escucha y la intervención clínica, desde el marco del psicoanálisis, en relación a lo disruptivo del cine. Esta articulación se establece tomando como material el cortometraje “Candela” de Hilda Catz y como propuesta de lo trabajado en el curso “Lo disruptivo en el cine. Intervenciones ético-clínicas con películas y series”, a cargo del profesor Juan Michel Fariña. El film transcurre en un consultorio durante una entrevista a los padres de una niña de 4 años que presenta mutismo selectivo. La analista llevará a cabo el método abductivo para intervenir y echar luz sobre aquello que no se habla y es encarnado en una trama transgeneracional. Este giro posibilitará poner en palabras lo traumático ocurrido durante la dictadura militar en Argentina, logrando un pasaje a la narrativa y su elaboración en transferencia.
Palabras Clave: Disruptivo | Mutismo | Intervención | Narrativa
The Disruptive: From Mutism to Narrative
Abstract:
This paper explores the path of listening and clinical intervention, within the framework of psychoanalysis, in relation to the disruptive nature of cinema. This connection is established using the short film Candela by Hilda Catz as material, and as part of the work proposed in the course The Disruptive in Cinema: Ethical-Clinical Interventions with Films and Series, taught by Professor Juan Michel Fariña. The film takes place in a consulting room during an interview with the parents of a 4-year-old girl who suffers from selective mutism. The analyst employs the abductive method to intervene and shed light on what is unspoken and embodied in a transgenerational plot. This shift enables the traumatic events of the Argentine military dictatorship to be put into words, allowing for a transition to narrative and its working through in transference.
Keywords: Disruptive | Mutism | Intervention | Narrative
El silencio. Un llamado
El cortometraje Candela, de Hilda Catz con la colaboración de Ignacio Steimberg, de una duración de casi 13 minutos, se escenifica principalmente en el consultorio de una psicoanalista, Fabiana. Este film trata sobre una madre, Ana Lorenzo, y un padre, sin nombrar, que consultan preocupados porque su hija de 4 años no habla y esto sería un problema para el ingreso a preescolar. A lo largo de la entrevista y las preguntas de la psicoanalista se va desplegando sobre qué trata este mutismo selectivo relacionado al horror, encarnado en la trama transgeneracional.
La primera escena comienza con una música suave de piano sonando y la cámara recorriendo imágenes que sumergen y permiten la entrada del espectador en un consultorio. Se observa en la pared un diploma enmarcado con palabras en inglés “The International Psychoanalytical Association”. Luego se direcciona el foco a los ojos de un retrato dibujado y se detiene unos segundos en este punto, podríamos decir que nos encontramos desde la mirada del psicoanálisis.
Un cuaderno abierto, una hoja en blanco, una lapicera en una mano dispuesta a escribir, un llamado que es atendido y escuchado por una analista.
Una voz femenina, curiosa y expectante del otro lado del teléfono pregunta por la Doctora e indica que la recomendaron para que la pudiera ayudar. Ahora la cámara se enfoca en la mirada de Fabiana, quien escucha atentamente mientras la madre de Candela se presenta y le pide un turno. Al mismo tiempo que la analista pide si puede adelantarle el tema de su consulta, la imagen que aparece en el plano es la portada del libro de Robert Antelme “La especie humana”; como una puesta en abismo, se introduce una obra dentro de otra y la película nos adelanta en silencio aquello por revelar. En este libro él pudo escribir y narrar el horror en los campos de concentración. "Apenas empezábamos a hablar, nos ahogábamos. Lo que teníamos que decir empezaba entonces a parecernos a nosotros mismos inimaginable".
“Tenemos un problema con nuestra nena de 4 años, Candela. No habla”. Así introduce y recorta Ana, la madre, lo que ella lee y habita en el plano intrafamiliar.
La niña está por comenzar el preescolar y los padres se encuentran en una encrucijada con el colegio: “en estas condiciones no la van a aceptar”. Se hace un silencio y aparece una escena muda donde conversan Ana y la maestra. Solo se oye más fuerte la música del piano, como un tapón que ensordece y oculta. Lo que no se escucha en escena pareciera enmarcar que lo mudo no puede entrar, así como Candela al preescolar si no habla. El silencio como síntoma, imposibilita y obstaculiza. Se establece una condición de posibilidad entre lo no dicho y una salida a un exterior, a un encuentro con otros.
Fabiana hace la primera pregunta ante este síntoma que describe la madre: “¿Candela alguna vez habló?”.
Ana indica que Candela habla con las personas que ella elige. “Sabe hablar”. “Dice muy pocas palabras”. Fabiana escribe en sus notas lo que interpretó: “mutismo selectivo”. Luego pregunta si ya probaron algún tratamiento.
Desde hace dos años Candela se encuentra en tratamiento con un fonoaudiólogo y una psicopedagoga, desde que dejó de hablar, pero aún así no saben por qué no habla.
Las siguientes preguntas de la psicoanalista son si Ana se encuentra casada con el padre de Candela y si con ellos tampoco habla. La madre indica que está casada con el padre y que la niña dice solo lo necesario: Por ejemplo: agua, frío, chocolate”. Podríamos decir aquello relacionado con lo más primitivo: la alimentación y sensaciones corporales.
Fabiana continúa preguntando si Candela habla con alguien más. Ana responde que habla con sus compañeritos y maestras, pero dice “palabras sueltas”, “las mínimas”. Se podría pensar que aquí las máximas del terror recaen sobre un acuerdo inconsciente, cultural y social, en el cual no está permitido hablar como condición para seguir viviendo.
La siguiente pregunta es si a la madre le parece que Candela entiende cuando le hablan. “Sí, entiende todo”. Se deja entrever que a través de su mutismo selectivo se “entiende” y transmite que hay algo imposible de decir.
Dicho por la madre, aflora por parte de su marido el miedo de que sea autista. Relata que se encuentran desesperados, ya no saben qué hacer. Mientras se escucha la voz de la madre respondiendo a la analista, aparece en primerísimo primer plano el rostro de una niña, ahora son sus ojos donde se pone el foco: la mirada de Candela. Esto genera una pregunta en el espectador por ese universo íntimo de la niña, hasta entonces un misterio, algo desconocido y extraño. De nuevo la cámara recorre dibujos y retratos de miradas, entre ellos un hombre con anteojos oscuros. Se podría pensar que aun algo secreto se oculta y no se deja ver. Lo ominoso entra en juego desde los silencios y la oscuridad, aquello familiar se vuelve extraño (Freud, 1919).
La analista indica que necesita conocerlos solo a ellos dos, los padres. Ante este pedido se la escucha inquieta a la madre, quien pregunta si no quiere que lleve a Candela. Fabiana responde que no, para no exponerla, y solicita dibujos hechos por la niña.
Como parte de otra escena, ahora aparecen en el plano los dibujos de Candela, entregados por Ana a la analista, entonces pregunta “¿Cómo es Candela?”.
En otro plano aparecen ambos padres sonriendo, denotando cariño y ternura. La madre responde que es cariñosa, muy buena. Y el padre agrega que es muy dulce.
La analista hace las preguntas “obligadas”, consulta por el embarazo, la lactancia y el destete: todo fue normal. Tampoco hubo alguna enfermedad, la niña es muy sana.
Luego infiere y hace otro recorrido. “¿Hubo alguna muerte en la familia? ¿algo que pueda haber impactado en el núcleo familiar de manera específica?”. Esta pregunta la hará nuevamente, ya que tiene una hipótesis.
Fabiana continúa preguntando si tiene hermanos: es hija única.
Pregunta también si hubo algún aborto espontáneo o provocado y Ana responde que no.
La psicoanalista observa con voz en off, este elemento cinematográfico, entre diegético y extradiegético, pareciera mezclarse y envolverse en un mismo campo como una banda de Moebius, mostrando que algo pareciera quedar por fuera de la escena del caso, pero se encuentra inmerso en lo más profundo para al fin ser oído. Aquello externo se entrama con lo íntimo.
Esta voz de la analista dice: la única que habla es la madre. “El padre guarda silencio”. En ese instante la escena muestra a la analista observando los dibujos de Candela, quien no usa colores. Le gusta en blanco y negro ante la posibilidad de elegir.
Se ven tres rostros sobre el papel, de los cuales dos tienen una cruz en la boca. Por las características, formas y tamaños, se puede deducir que aquellas bocas silenciadas se tratan sobre la boca enmudecida de Candela y el silencio de su padre, que aún él tampoco puede saber qué tiene para decir. Aquello reprimido aguarda ser llamado.
Ese silencio del padre es participativo, observa Fabiana, se lo nota interesado en la entrevista. Hasta el momento el padre no fue llamado por su nombre y apellido en este film, eso denotaría también ese punto desdibujado o marcado con cruz, donde no se puede nombrar y narrar lo traumático.
Fabiana indica que esos dibujos son acordes a la edad de la niña e incluso avanzados, es decir, no habría indicios de una dificultad, más bien la transmisión de un silencio. Esto alivia a la madre, quien habla una vez más por el padre, indicando que él tenía miedo que no fuera inteligente.
Fabiana observa los dibujos nuevamente y se pregunta por aquellas bocas cerradas con cruces. La pregunta vuelve otra vez: “¿Hubo alguna muerte? ¿Algo que los pueda haber afectado íntimamente?”. Y la misma respuesta: “No”.
La analista sigue indagando, ahora por la familia ampliada. De allí se conoce que con los abuelos paternos Candela “no habla, ni los mira”, “El mutismo es absoluto”. La voz en off de Fabiana observa y acota que el pensamiento del padre busca alojarse en la mente de un pensador en la sesión. “La tensión crece de manera subterránea”. Un pensamiento, una imagen en la analista irrumpe “como un flash”. La puesta en abismo funciona una vez más para fotografiar y enmarcar un recorte de película sobre esta obra. Una escena de la película Brasil aparece en transferencia como un rayo que atraviesa y echa luz sobre aquello encriptado para dar una salida posible.
En este flash que recorta, una máquina succionadora aspira a un padre que juega con sus hijos. El padre es secuestrado por un comando militar. Desaparece. Se observa en esa imagen el terror y la desesperación de una madre con niños abrazándose y aferrándose entre ellos mientras acontece lo trágico. Aquello que se presenta como disruptivo se revela.
Se escenifica a través de la analista lo que el padre de Candela no puede decir sobre la escena terrorífica que ha vivido con su propio padre. Como una banda de Moebius (Lacan, 1962) hay una continuidad entre un interior y un exterior, en este sentido se podría tomar esta puesta en abismo como una curva que se dirige y bordea en transferencia para llegar, en movimiento, en dirección a aquello enmudecido en un juego de luces y sombras, y permite la intervención de la analista para dar un nuevo recorrido a ser narrado.
El espectador es testigo de este horror y en él se siembra la incertidumbre y la confusión a través del juego de luces, claras y oscuras, las tomas cortas y rápidas. Hace vivenciar estas imágenes como propias.
Ni una sola palabra: un pacto transgeneracional
Es en ese “flash” donde se abre en la analista a través de la palabra una invitación a hablar de aquello oculto. Cierra su cuaderno dando lugar a que un secreto emerja en la calidez e intimidad de ese espacio. “¿Quién de ustedes o los dos atravesó algún suceso que los haya dejado mudos? Algo que haya pasado y arrasado que no hayan podido hablar con nadie, ni con familia, ni amigos, ni con sus vecinos, incluso conmigo ahora”.
A partir de esta pregunta, se puede ubicar el método abductivo de Peirce (1903) que la analista sostuvo en el recorrido de la entrevista a través de sus preguntas y observaciones, entendiendo por abducción al proceso de formar una hipótesis explicativa. Esta operación lógica introduce alguna idea nueva, como esta inquietud sobre un hecho traumático que haya operado sobre alguno de los padres y que repercute ahora en la voz de Candela.
Ante la pregunta el padre de Candela se quiebra, se angustia, aparece aquello no dicho, por primera vez para él y para quienes se encuentran allí: su mujer y la analista.
Relata que su padre fue secuestrado por los militares cuando él tenía 5 años, casi la misma edad de Candela. Se lo llevaron al padre. A él y a su madre no. Menciona que cuando su padre regresa se lleva a su familia a Europa, menos a él que queda con sus abuelos para que pudiera terminar el secundario Buenos Aires.
Ana se sorprende en esa extrañeza, aparece una historia que había sido sepultada, un relato que desconoce de su marido y se lo cuestiona: “¿cómo no me dijiste nada?”. Mira a Fabiana como si buscara una respuesta en ella o en él: “nunca me dijo nada.”
Una vez más lo ominoso toma lugar en el plano familiar.
Narrar y elaborar
“No te dijo nada porque no pudo. De eso no se podía hablar con nadie. Tenías que olvidarlo para poder sobrevivir. Por eso no te lo contó” dice la analista.
En esta escena se podría ubicar lo disruptivo propuesto y definido por Moty Benyakar (2014) como los impactos fácticos que impactan en el psiquismo y producen transformaciones psíquicas. Este evento ocurrido, el secuestro del padre, fue un disparador disruptivo que conmovió, devino traumático y desestabilizó al punto de encerrar aquel recuerdo y dejarlo mudo.
Al mismo tiempo lo disruptivo del cine se produce a partir de la puesta en abismo, de aquella imagen de un film, una escena de un secuestro de la que se sirve la analista para poner en movimiento lo que circulaba en el consultorio entre respuestas y silencios.
Aquí toma valor la función del cine en términos del control sobre lo que no puede ser nombrado para tramitar algo de lo real y ponerlo a trabajar través de lo simbólico.
Sin dudas la analista introduce el “saber hacer ahí con” eso, en términos de Lacan (1973), para que el trabajo de elaboración se ponga en marcha.
Es interesante cómo es pensado el caso por la analista. La voz en off dice: “pensé que su hija a través de la elocuencia de su síntoma lo estaba contando. Estaba pidiendo que esa historia sea narrada para poder ser elaborada. Una parte de su vida que permanecía como en suspenso detenida en la trama de un pacto transgeneracional de silencio y terror.
Como plantea Lewcowicz (2009), se puede pensar el trauma como esquema de un desborde, un desmadre cuantitativo que inunda, que colapsa temporariamente la capacidad de procesamiento.
Fabiana le pregunta si se analiza. Él responde que sí, pero no ha hablado de esto. Le gustaría hablarlo con su familia pero piensa que sería imposible. “Nadie recuerda nada de lo que pasó. Ni una sola palabra”.
A partir de ese momento la analista sugiere que hay muchas cosas para hablar entre ellos, de esto que no se habla, e interviene indicando que de esta manera van a poder ayudar a Candela. Se podría marcar nuevamente en esta intervención de la analista lo que Lacan (1973) llama “savoir faire”, es decir, un saber hacer en situación con lo real. Como menciona Fariña (2016) ella se sitúa del lado del acto creador, con la entrada de la singularidad situacional. A partir de su pregunta acertada sobre quién de los padres había atravesado un suceso que haya dejado sin habla, está marcando y enhebrando la aguja que permitirá entrelazar los hilos para comenzar a narrar los acontecimientos, dar sentido y entramar una historia que estaba callada.
La madre pregunta: “¿La seguimos torturando a Cande para que hable?”.
La analista responde que Candela puede no hablar. “Tienen que escuchar su silencio y respetarlo”. Luego indica que van a seguir charlando sólo entre ellos tres, ante la pregunta de Ana de llevar a Candela a la sesión. La analista le quita este peso del horror y la exposición a Candela, donde encarna la transmisión traumática generacional desde su abuelo y su padre, para ubicar a los padres en un nuevo discurso y así dar lugar a la voz de Candela. Sus síntomas remitieron a partir de este trabajo con los padres y este poder decir del padre.
“Candela hizo luz sobre el dolor oculto y secreto que ahogaba a su padre y volvió a hablar porque él habló”.
Conclusiones
Desde lo expuesto del film “Candela” se podría pensar que la singularidad surca su camino a partir de acontecimientos o eventos traumáticos. Un hecho histórico social puede marcar de forma subjetiva generando como efecto un trauma, como en este caso el mutismo de Candela a partir de la vivencia del padre durante el secuestro del abuelo de la niña y esta transmisión silenciosa de lo ocurrido.
Como punta del iceberg el síntoma asoma y aparece una pregunta, un nudo apretado que puede comenzar a desarmarse a partir de la escucha y la intervención, generando un espacio donde desplegar aquello reprimido.
El mutismo como cruz en la boca y la tortura como expresión para insistir en el hablar de Candela se habían anudado en esta trama familiar. El significante “tortura” brota en esta instancia para decir algo más, como las imágenes en “flash” de un film intentando poner sentido a la escena. La intervención de la analista pudiendo tomar lo que ve, instaura un nuevo recorrido, como una vela ilumina ese camino silencioso.
El cine se vuelve disruptivo en cuanto abre una posibilidad de salida al marcar una escena que permita elaborar aquello que se repite y se transmite, en este caso de una generación a otra, para ponerlo a trabajar. De esta manera se pudo comenzar a construir y a narrar la historia para desarmar con palabras la cruz de la boca.
Referencias:
Charles Peirce, Lecciones de Harvard sobre el pragmatismo. Lección VI: Tres tipos de razonamiento, 1903. Traducción al castellano y notas de José Vericat, 1988,
https://www.unav.es/gep/OnThreeTypesReasoning.html
Freud, S. (2012). De la historia de una neurosis infantil (el “Hombre de los Lobos”). Amorrortu, Buenos Aires. (Original publicado en 1917-1919).
Gutiérrez, C. y Lewkowicz, I. (2009). El desastre y su procesamiento. Aesthethika, 4(2) https://aesthethika.org/El-desastre-y-su-procesamiento
Lacan, J. (1961-1962) El Seminario, libro 9, La Identificación, Buenos Aires, Versión inédita, 2009.
Lacan, J. (1972-73) El Seminario, libro 20, Aún. Barcelona, Paidós, 1981, https://www.lacanterafreudiana.com.ar/2.1.9.13%20CLASE%20-13%20%20S20.pdf
Michel Fariña, J. J. Notas presentadas por el autor en ocasión de la exhibición del corto en la Asociación Psicoanalítica Argentina, 2016.
https://www.eticaycine.org/Candela
NOTAS
FORUM
Película:Candela
Título Original:Candela
Director: Hilda Catz
Año: 2015
País: Argentina
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