Universidad de Buenos Aires
Resumen:
El presente trabajo propone una lectura psicoanalítica de la miniserie Adolescence (Barantini, et al., 2025) con el objetivo de indagar acerca del lugar que ocupan las redes sociales en los procesos constitutivos de la adolescencia. Para ello, el análisis se centra en una serie de recortes de la miniserie que funcionan como disparadores para la reflexión clínica y conceptual. A partir de ellos, se analizan distintos momentos que permiten pensar cómo procesos fundamentales de la adolescencia, como la búsqueda exogámica y las identificaciones, se despliegan actualmente en las plataformas digitales. Se concluye que las redes sociales ya no constituyen un espacio paralelo a la vida adolescente, sino un escenario donde hoy tiene lugar procesos centrales de la constitución subjetiva, configurando nuevos modos de vinculación, pertenencia y reconocimiento.
Palabras Clave: redes sociales | adolescencia | identificaciones
Adolescence in The Age of Social Media
Abstract:
This paper proposes a psychoanalytic lecture of the miniseries Adolescence (Barantini, et, al., 2025) with the objective of researching about the place that social media takes in the constitution process of adolescence. For this purpose, the analysis centers on a series of footage cuts from the miniseries that function as shooting points for clinical and conceptual reflection. From them, different moments that allow us to think about how fundamental processes of adolescence, like the exogamic search and identifications, are currently deployed in digital platforms, are analysed. It is concluded that social media no longer constitutes a parallel space for adolescent life, but a scenery where the main processes of subjective constitution take place today, configuring new ways of bonding, belonging and recognition.
Keywords: social media | adolescence | identifications
Introducción
El presente artículo, se deriva de la tesis de grado de la carrera de Licenciatura en Psicología titulada: “Adolescence: el uso compulsivo de redes sociales y el pasaje al acto en la adolescencia”. Sin embargo, en esta oportunidad el foco no estará puesto en las motivaciones al pasaje al acto, sino en otra problemática que emergió con especial fuerza durante el desarrollo de la investigación: el lugar que ocupan las redes sociales en los procesos constitutivos de la adolescencia. A partir de una lectura psicoanalítica de la miniserie Adolescence (Barantini, et al., 2025), el trabajo se propone analizar cómo estas plataformas adquieren un papel determinante en la construcción de la subjetividad adolescente.
La trama de la serie sigue a Jamie, un adolescente de 13 años acusado y arrestado por el asesinato de una compañera de colegio en Inglaterra. Mientras los detectives y los familiares intentan comprender qué lo llevó a cometer el crimen, la serie deja entrever otro elemento que atraviesa toda la historia: gran parte de los vínculos, conflictos y humillaciones del protagonista se desarrollan en las redes sociales. Estas aparecen no sólo como un medio de comunicación, sino como el espacio donde Jamie busca reconocimiento, recibe rechazo, donde busca lugares de pertenencia y donde se desarrolla gran parte de su cotidianidad.
A partir de la reconstrucción y análisis de distintos recortes de la serie, se buscará mostrar cómo procesos constitutivos de la adolescencia, como las identificaciones y la búsqueda exogámica, se despliegan a través de las redes sociales. La hipótesis que orienta este trabajo sostiene que dichas plataformas ya no constituyen un espacio paralelo a la vida adolescente, sino un escenario privilegiado donde hoy tienen lugar procesos centrales de constitución subjetiva.
Desarrollo
Las redes sociales como nueva realidad
Gran parte de lo que se conoce de Jamie en la serie no proviene de su vida cotidiana en la escuela o en su casa, sino de aquello que publica en las redes sociales. Resulta llamativo que el protagonista solo aparezca físicamente en dos de los cuatro capítulos y que, en ambos casos, lo haga bajo la lógica del interrogatorio: primero frente a la policía y luego frente a la psicóloga. Tanto los detectives como la profesional reconstruyen aspectos fundamentales de su historia a partir de publicaciones, comentarios e interacciones digitales. Se le pregunta por las imágenes que compartía, sobre supuestos amigos que aparecían en sus publicaciones y por los comentarios de Katie en su perfil. Es decir, que los adultos (los policías y la psicóloga) reconstruyen la vida del protagonista a partir de lo que dejó registrado en la red.
Esta forma de reconstruir al personaje permite pensar a las redes sociales no sólo como un medio de comunicación sino también como un espacio donde el sujeto representa aspectos de sí mismo. En este sentido, Blanco (2024) sostiene que los individuos crean un mundo virtual en el que plasman representaciones de su realidad psíquica. Sin embargo, dicha representación es fragmentada, inmediata y superficial, privilegiando aquello que puede ser mostrado, la imagen, por sobre la complejidad de la experiencia subjetiva.
En este punto, la serie parece sugerir que comprender quién es Jamie implica necesariamente comprender su presencia en las redes sociales. Ya no basta con reconstruir sus vínculos presenciales o interrogar a quienes lo rodean; conocer al adolescente supone también interpretar aquello que publica, comenta y consume en lo digital.
Los posteos [1] y los comentarios que realiza Jamie funcionan a modo de expresión pero también como espacios donde busca reconocimiento, establece vínculos y entra en contacto con discursos e identificaciones propias de la cultura digital. De esta manera, las redes sociales dejan de constituirse como un escenario secundario y pasan a introducirse como espacios donde se despliegan los procesos fundamentales de la adolescencia. Los próximos apartados pretenden mostrar cómo esto sucede en lo que respecta a la búsqueda del Otro y a las nuevas formas de identificación.
El encuentro con el Otro en tiempos de redes sociales
La adolescencia constituye un tiempo lógico en el que el sujeto reorganiza sus identificaciones y comienza a orientarse por fuera del entramado familiar. En este camino cobra especial importancia el encuentro con el Otro, ya que la pulsión que hasta entonces era autoerótica, pasa a buscar un objeto en el cual satisfacerse (Freud, 1905). La serie pone en escena este proceso a través del vínculo que Jamie intenta establecer con Katie.
Tras la humillación pública que sufre Katie por la difusión de fotos íntimas por parte de un compañero, Jamie decide acercarse a ella para confesarle su interés. Frente a esta declaración, la joven responde a modo de burla diciendo “No estoy tan desesperada” (Barantini, et. al., 2025). Con esa frase, ubica al joven en un lugar de desvalorización exponiéndolo frente a los demás y dejándolo desamparado. Este acercamiento hacia Katie puede pensarse como un intento de responder al interrogante del deseo del Otro, movimiento característico del proceso adolescente. Sin embargo, aquello que comienza siendo como una búsqueda de reconocimiento se transforma rápidamente en una experiencia de humillación.
Lo particular de esta situación es que el rechazo no termina en ese intercambio entre ambos. El rechazo íntimo se transforma en un rechazo público y masificado, comienzan a aparecer comentarios en las redes sociales que lo vinculan con los incels [2] y con la “teoría del 80/20” [3], exponiéndolo frente a cientos de compañeros. Por consiguiente, lo que en principio forma parte del proceso adolescente esperable de búsqueda y encuentro, queda atravesado por una lógica digital que transforma una experiencia íntima en un acontecimiento colectivo que continúa y se replica constantemente, intensificando la angustia y la capacidad de simbolizarla.
El rechazo amoroso no constituye una novedad en la adolescencia; lo novedoso es que hoy ese rechazo puede permanecer disponible, ser comentado y adquirir nuevas significaciones en un espacio digital que prolonga indefinidamente la escena inicial.
Nuevas identificaciones adolescentes en el escenario digital
Otro aspecto relevante para comprender el alcance de las redes sociales en la vida del adolescente protagonista es la manera en que las comunidades virtuales se convierten en espacios identificatorios. Tradicionalmente, estas identificaciones podían encontrarse en otros espacios sociales, como la escuela, el deporte o distintos adultos significativos (docentes, familiares o referentes cercanos). Sin embargo, la serie permite pensar cómo hoy gran parte de estas búsquedas también se despliegan en las plataformas digitales, donde circulan comunidades que ofrecen modos de pertenencia e interpretaciones acerca de cómo entender y pensar el mundo y el lugar que cada uno ocupa en él.
Los compañeros de colegio vinculaban a Jamie con categorías como incels o la “teoría del 80/20”, etiquetas que circulan en foros y comunidades virtuales con fuerte carga ideológica, muchas veces misógina y violenta. Durante la entrevista con la psicóloga, el propio joven comenta que no le gustó lo que encontró en esos espacios. Aun así, reconoce estar de acuerdo con algunas de sus ideas, y su reacción de ira al hablar de Katie permite entrever cómo esas marcas lo atraviesan.
En la adolescencia, estas comunidades pueden ofrecer lugares de pertenencia en un momento en que el sujeto se encuentra en búsqueda de nuevas identificaciones exogámicas (Lauru, 2005). En el caso del protagonista, estos espacios parecen ofrecer una explicación para el malestar que atraviesa y funcionan como un modo de sostener una posición subjetiva frente a la angustia. De todas formas, cuando estas identificaciones se organizan en torno a discursos cerrados y homogéneos, dificultan la posibilidad de nuevas elaboraciones. Como señalan Barrionuevo y Cibeira (2023), en una época donde la violencia se presenta también como un objeto de consumo, estos modos de pertenencia pueden favorecer respuestas impulsivas frente a situaciones que confrontan al sujeto con su falta.
Reflexiones finales
En conclusión, el análisis permitió mostrar cómo las redes sociales se constituyen como una nueva realidad donde hoy se despliegan procesos fundamentales de la adolescencia, como la búsqueda exogámica y las identificaciones. En el caso de Jamie, estas plataformas no funcionan únicamente como un medio de comunicación, sino como el escenario principal donde se construyen vínculos, se buscan referentes identificatorios y se experimentan formas de reconocimiento y rechazo.
Al mismo tiempo, la lógica propia de las redes sociales, caracterizada por la inmediatez, la exposición permanente y la circulación acelerada de discursos e imágenes, deja poco lugar para la pausa, la pregunta y la espera, elementos fundamentales para la elaboración y para atravesar los procesos psíquicos que la adolescencia conlleva.
Por último, este trabajo no busca demonizar las redes sociales, sino que propone reconocer el lugar central que ocupan en la vida cotidiana de los adolescentes para promover un uso más crítico y responsable. En una etapa donde la subjetividad se encuentra en pleno proceso de construcción, resulta fundamental generar espacios de reflexión que permitan a los adolescentes cuestionar los discursos que circulan en las plataformas y construir herramientas para posicionarse frente a ellos, en lugar de incorporarlos de manera acrítica.
Referencias:
Baratini, P., Feller, E., Gardner, D., Graham, S., Herbert, M., Kleiner, J., Pitt, B., Thorne, J., Walters, H., & Wolarsky, N. (Productores ejecutivos). (2025). Adolescence [Miniserie de TV]. Netflix; It’s All Made Up Productions; Plan B Entertainment; Warp Films.
Barrionuevo, J y Cibeira, A. (2023). Patologías del acto en la adolescencia: aportes desde el psicoanálisis. Letra Viva.
Blanco, S.J. (2024). Psicopatología de la Virtualidad cotidiana. Letra Viva.
Freud, S. (1905). Las metamorfosis de la pubertad. En Obras Completas, Vol VII. Amorrortu.
FundéuRAE. (7 de mayo de 2018). FundéuRAE. Fundación del Español Urgente; FundéuRAE. https://www.fundeu.es/consulta/incel
Laurú, D. (2005) La locura adolescente. Psicoanálisis de una edad en crisis. (pp. 18 a 24). Nueva visión.
NOTAS
[1] Refiere a publicaciones, generalmente redes sociales. Es un extranjerismo castellanizado de la palabra en inglés “post” que significa publicar.
[2] El término inglés incel, acrónimo de involuntary celibates, se utiliza para referirse a personas, especialmente hombres, que forman parte de una comunidad en línea que, por causas ajenas a su voluntad, no logran mantener relaciones sexuales (FundéuRAE, 2018).
[3] La “teoría del 80/20” es una creencia popular en foros de internet que sostiene que el 80% de las mujeres solo se relacionaría con el 20% de los hombres.
FORUM
Me parece muy interesante la lectura que propone el ensayo sobre la serie Adolescencia, particularmente porque nos invita a pensar el lugar que ocupan las redes sociales en la construcción de la subjetividad de los jóvenes. Coincido con la idea de que estos espacios han dejado de ser simples medios de comunicación para convertirse en escenarios donde los adolescentes construyen parte de su identidad, buscan reconocimiento y establecen vínculos con los otros. Sin embargo, considero que esta reflexión puede llevarnos un poco más lejos, especialmente si intentamos comprender los acontecimientos de violencia que hemos presenciado recientemente en algunos planteles de la UNAM.
Mientras leía el ensayo, me resultaba inevitable pensar en el contexto educativo reciente mexicano, específicamente el ocurrido en septiembre de 2025 en el CCH Sur, el cual es una institución del bachillerato universitario, es decir, del nivel medio superior de la Universidad Nacional Autónoma de México. Y es importante recordar que la tragedia de aquel día no fue la finalización de la violencia en el bachillerato mecicano, sino que continuó en forma de amenazas posteriores que circularon en redes sociales y que provocaron temor e incertidumbre en distintas comunidades universitarias. Desde luego, sería equivocado establecer una relación directa y simplista entre la historia de Jamie, el protagonista de la serie, y lo sucedido en la universidad. Cada acontecimiento tiene sus propias circunstancias. No obstante, considero que ambos casos nos obligan a formular preguntas semejantes: ¿qué está sucediendo con las formas de vinculación entre los jóvenes?, ¿qué lugar ocupa el reconocimiento del otro en la construcción de su identidad? y, sobre todo, ¿cómo es que ciertas experiencias de frustración, rechazo o exclusión pueden encontrar en determinados discursos una justificación para ejercer violencia?
En este punto, me parece pertinente recuperar a Freud, particularmente sus reflexiones en El malestar en la cultura. Freud nos recuerda que la agresividad no constituye un fenómeno ajeno a la condición humana, sino una posibilidad que atraviesa nuestras relaciones con los demás. La cultura, en ese sentido, representa también un esfuerzo por establecer límites a esa agresividad y hacer posible la convivencia. Sin embargo, esto no significa que toda frustración conduzca necesariamente a la violencia, ni mucho menos que podamos explicar un asesinato únicamente a partir de los conflictos emocionales de quien lo comete.
Creo que aquí encontramos una cuestión fundamental: no basta con preguntarnos qué sintió un adolescente antes de cometer un acto violento; también necesitamos comprender qué hizo con ese sentimiento, qué significados encontró disponibles para interpretarlo y qué condiciones favorecieron que su malestar se transformara en una agresión hacia otra persona.
La serie muestra con bastante claridad cómo Jamie experimenta el rechazo, la vergüenza y la humillación, pero también cómo esas experiencias se encuentran atravesadas por discursos que circulan en las redes sociales. Particularmente inquietante resulta la presencia de las comunidades conocidas como incels, en las que determinadas experiencias de frustración afectiva o sexual pueden ser interpretadas desde una perspectiva de resentimiento hacia las mujeres.
Aquí encuentro una relación interesante con el pensamiento de René Girard. Si consideramos que el deseo humano no se construye de manera completamente individual, sino que se encuentra mediado por los otros, podemos comprender que aquello que deseamos, así como la manera en que interpretamos nuestras frustraciones, también está influido por los modelos y referentes con los que nos identificamos.
Desde esta perspectiva, las comunidades digitales no solamente ofrecen explicaciones acerca del mundo, sino también modelos de identificación. Un adolescente que experimenta rechazo puede encontrar espacios donde ese sufrimiento sea escuchado y elaborado, pero también otros donde se le ofrezca una interpretación que transforme su frustración en resentimiento y coloque a las mujeres como responsables de su malestar.
Me parece que esta distinción es importante, porque el problema no es que los jóvenes experimenten frustración, enojo o rechazo. Todos, de alguna manera, atravesamos estas experiencias a lo largo de nuestra vida. El problema aparece cuando ciertos discursos convierten ese malestar en una supuesta legitimación de la violencia, anulando la posibilidad de reconocer al otro como alguien con deseos, decisiones y derechos propios.
Quizá uno de los aspectos más inquietantes de ciertas comunidades misóginas sea precisamente esa dificultad para reconocer la autonomía del otro. La mujer deja de aparecer como un sujeto con deseos propios y comienza a ser representada como alguien que debe satisfacer determinadas expectativas masculinas. Cuando esto no ocurre, el rechazo puede ser interpretado como una injusticia que merece ser castigada.
En este sentido, considero que la serie nos ofrece una oportunidad para reflexionar sobre las formas de masculinidad que estamos construyendo y reproduciendo socialmente. No se trata de afirmar que los adolescentes varones sean potencialmente violentos, sino de preguntarnos qué ideales de masculinidad siguen asociando el valor personal con la conquista, el dominio, la aceptación sexual o la incapacidad para mostrar vulnerabilidad.
El caso del CCH Sur vuelve especialmente urgente esta discusión. Los mensajes misóginos y las referencias a comunidades incel que se atribuyeron al agresor, así como las expresiones posteriores de apoyo a la violencia que circularon en internet, nos muestran que estos discursos no son necesariamente ajenos a nuestra realidad universitaria. Sin embargo, también considero que debemos evitar explicaciones reduccionistas que atribuyan todo a las redes sociales, a un diagnóstico psicológico o a una supuesta crisis individual.
Hay algo profundamente social en estas formas de violencia que no podemos ignorar.
Aquí me gustaría recuperar una idea de Hannah Arendt, particularmente su preocupación por la pérdida de un mundo común. Aunque sus reflexiones se desarrollan en contextos diferentes, considero que pueden ayudarnos a pensar qué sucede cuando dejamos de reconocer a los otros como personas con quienes compartimos un espacio de convivencia, incluso cuando pensamos, deseamos o vivimos de maneras distintas.
Las redes sociales pueden favorecer el encuentro y la construcción de comunidades, pero también pueden producir espacios cerrados donde determinadas ideas se repiten y refuerzan continuamente, haciendo cada vez más difícil escuchar perspectivas diferentes. En esos escenarios, el otro puede dejar de ser alguien con quien dialogar para convertirse en un enemigo, una amenaza o un objeto sobre el cual descargar el propio malestar.
Ahora bien, hay un aspecto del ensayo sobre el que me gustaría detenerme críticamente. Aunque coincido con la importancia que se concede a las redes sociales en la constitución subjetiva adolescente, considero que debemos tener cuidado de no atribuirles un poder excesivamente determinante. Las redes sociales no producen por sí mismas la violencia, ni todos los jóvenes que participan en comunidades digitales desarrollan las mismas identificaciones.
Quizá sería pertinente preguntarnos por qué ciertos discursos encuentran condiciones favorables para ser incorporados por algunos adolescentes y no por otros. Esto nos permitiría reconocer la importancia de las historias personales, los vínculos familiares, las relaciones escolares y las condiciones sociales en las que cada sujeto construye su identidad.
Muchas gracias a la autora por abordar el tema y el analisis de la serie con gran pertinencia y abriendo preguntas que podemos seguir pensando,
Es una serie fantástica. Identificás un punto central de la transformación concreta de la experiencia adolescente hoy en día, que pese a lo que se piensa y dice no todo pasa por internet.
Se convive con un enorme desconocimiento. Creo que no alcanza sostener que las redes intervienen en la constitución subjetiva, no alcanza con describirlas como espacios de encuentro. ¿Qué formas de reconocimiento promueven? ¿Qué premian con visibilidad? ¿Cómo convierten la atención y el conflicto en negocio? Tu noción de “colonización de la subjetividad” introduce una dimensión de poder que merece darle más entidad.
Jamie se acerca a Katy después de la circulación de imágenes íntimas. Conviene examinar qué supone él que esa exposición vuelve posible: ¿imagina que ella estará más disponible porque ha sido humillada? Eso permitiría analizar su posición frente a una chica con deseos propios, además de su sufrimiento por el rechazo. Katie corre el riesgo de quedar reducida a quien lo rechaza. Expresiones como “dejándolo desamparado” concentran el peso de la escena en el daño que ella le produce. Recuperar a Katie como sujeto, cuya intimidad ya había sido vulnerada, sería importante.
Los adultos aparecen poco interrogados. El texto describe lo que policías y psicóloga llegan a conocer, pero podría preguntar cómo escuchan, qué presuponen y qué no pueden reconocer. Ahí tu nota aporta una pregunta: ¿qué entendemos por cuidar cuando creemos que alcanza con que un hijo esté dentro de casa?
La conclusión es más general que el desarrollo. “Promover un uso crítico y responsable”. Queda corto después de sostener que las plataformas intervienen en procesos constitutivos.
Y te marcaría una diferencia que puede enriquecer también tu lectura: el artículo permite pensar las redes como lugares de pertenencia y elaboración, además de sometimiento. Tu perspectiva gana fuerza si “colonización” deja abierta la pregunta por lo que los adolescentes hacen con eso que reciben, incluidas sus resistencias. Así evitamos que queden explicados enteramente por las pantallas y podemos escuchar qué hace cada uno con ellas.
Un aspecto interesante del artículo es cómo las redes sociales han dejado de ser un espacio de entretenimiento para convertirse en el escenario principal donde se construye la identidad y la subjetividad adolescente. A través del análisis del caso de Jamie, el texto ilustra que los procesos fundamentales de esta etapa, como la búsqueda de reconocimiento y el encuentro con el Otro, ahora se despliegan y se reconstruyen en el plano digital. Lo complejo de esta transición es que las experiencias dolorosas y cotidianas, como un rechazo amoroso, ya no quedan en el ámbito de lo privado: la lógica de las plataformas las transforma en un acontecimiento colectivo. Esta exposición e inmediatez digital anula el tiempo de pausa y espera necesario para que el joven pueda elaborar psíquicamente su angustia, lo que puede llegar a empujarlo a buscar pertenencia en comunidades virtuales de discursos cerrados y violentos (como los grupos de incels) para intentar dar un sentido rápido a su malestar.
Película:Adolescencia
Título Original:Adolescence
Director: Jack Thorne, Stephen Graham, Philip Barantini
Año: 2025
País: Reino Unido
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