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¿Quién aparece en la foto? Coordenadas afectivo-emocionales del deseo de hijo

por Defea, Anabel, Lima, Natacha Salomé

CONICET - Universidad de Buenos Aires

Resumen

El film Vida Privada [Private Lifes] de Tamara Jenkins (2018) muestra las dificultades por las que atraviesa una pareja en el laberinto de la reproducción asistida. Al modo de una obra de teatro hemos estructurado este escrito en dos actos: el primero, describe el elevado costo psíquico que experimenta una pareja cuando se somete a los tratamientos de reproducción asistida, agravado por la ausencia de profesionales de la psicología idóneos, capaces de acompañar y alojar los altibajos de la desventura reproductiva. El segundo acto comienza con la frustración de no poder concebir con los propios óvulos y el desafío de buscar una donante en el sistema altamente mercantilizado de los Estados Unidos y el anhelo de encontrar en lo familiar la consecución de un proyecto digno de la ciencia ficción.

Palabras Clave: infertilidad | donación-intrafamiliar | evaluación psicológica

Who´s in the picture? Affective-emotional coordinates of the child-wish in the film private life

Abstract

The film Private Life produced by Tamara Jenkins (2018) shows the difficulties that a couple goes through in the labyrinth of assisted reproduction. Like a play, we have structured the text in two acts: the first one describes the heavy psychic burden that the couple experiences when undergoing assisted reproductive treatments, exacerbated by the lack of qualified psychologists capable of accompanying the process and the ups and downs of the couple during their reproductive misadventure. The second act begins with the frustration of not being able to conceive with own eggs and the challenge of looking for a donor in the United States highly commercialized system and the desire to find a donor within the family for a procedure worthy of science fiction.

Keywords: infertility | intrafamiliar-donation | psychological evaluation
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Acto I: La transformación de la vida cotidiana mediada por los tratamientos de reproducción asistida

Richard y Rachel son una pareja de dramaturgos que se dedicaron a consolidar su profesión, a terminar la publicación de sus libros, postergando así la búsqueda de un embarazo que hasta el momento no había llegado de modo espontáneo. No poder concebir de forma “natural” aparece como un quiebre en el curso vital proyectado (Ariza, 2014). Esta imposibilidad, que puede traducirse como una crisis vital (Veiga et al., 2013; Espada & Moreno-Rosset, 2008) genera elevados montos de estrés, angustia, ansiedad y depresión (Moreno Rosset et al., 2009).

Richard y Rachel son, lo que se considera una “pareja añosa” –en la clínica de la reproducción asistida la edad de la mujer es uno de los criterios para indicar la realización de tratamientos de reproducción asistida. A medida que aumenta la edad de la mujer disminuye la probabilidad de concebir espontáneamente con un declive más pronunciado a partir de los 35-38 años (Pesce et al., 2017), aunque no es igual en todas las mujeres. Con este panorama, y ante la imposibilidad de concebir de modo espontáneo, la pareja se sumerge en el tsunami de inyecciones, hormonas y relaciones programadas sin éxito. La estimulación hormonal –una inyección que Richard le da a Rachel durante varias noches– desplaza la escena sexual de la pareja. Las dudas de Rachel acerca de si será ético traer niños a un mundo como éste en el momento en que está por entrar al quirófano donde le realizaran la punción ovárica, demuestran algunas vacilaciones en su deseo materno, pero sobre todo una confrontación con la artificialidad de los procedimientos y la lógica resultadista que intuye desde el inicio.

La estafa emocional que sufrieron al verse frustrado su deseo de adoptar a un niño, parece haberlos conducido hacia la clínica de la reproducción asistida. Por medio de un sistema bastante informal, conocen a una joven dispuesta a dar a su hijo en adopción al momento del nacimiento. Durante varios meses, se produce con la joven madre un intercambio virtual por video llamada. La joven les enviaba imágenes ecográficas, mientras sostenían largas charlas. Al momento de acordar una fecha para el encuentro presencial y al fin conocerse personalmente, la mujer no se presenta a la cita.

Cuando Richard y Rachel regresan al hogar descubren, en las ecografías que tenían pegadas en la heladera, que estas no tenían ni nombres ni fechas. El “enamoramiento” que parecen haber vivido entre ellos y la mujer que les daría a su hijo en adopción –a quién apenas conocen por video llamadas– demuestra cómo el plano cognitivo puede verse afectado, o nublado por el plano emocional. El deseo de hijo puede velar la realidad y es en esos momentos donde algo de ese deseo puede virar hacia la pasión (Alkolombre, 2008) es decir hacia los aspectos más gozosos y también más mortificantes.

El cuerpo de Rachel pasa a ser un “espacio de intervención pública”: “todo lo anterior ilustra que los cuerpos de las mujeres que se someten a la reproducción asistida se convierten en ‘lugares de intervención pública’, en este caso no con fines eróticos o sexuales, sino para dar cumplimento de lo que se dice está inscrito en la naturaleza femenina: ‘la maternidad’” (Cambrón, 2001:10). La rutina de las inyecciones, los cambios de humor y el desgaste emocional que producen los tratamientos de reproducción comienzan a afectar profundamente la vida íntima de la pareja.

Cuando el acto de la procreación se transforma en un terreno público, se disocia del cuerpo de los amantes y pasa a formar parte de los técnicos de la reproducción (Lima & Ormart, 2014). La acechanza sobre el cuerpo que se pone en primer plano, junto a una disminución de la libido, genera una alteración o transformación de las rutinas. La pareja ya no disfruta lo que antes vivía como placentero. Los encuentros familiares, las preguntas, tener que abstenerse de tomar alcohol por la medicación, hacen que sus vidas cobren un sentido que por momentos parece desconocido para ellos.

Este primer acto culmina con una escena en donde Rachel despierta de la anestesia, luego de que le extrajeran los ovocitos por medio de una punción ovárica –que es el procedimiento habitual para poder manipular los óvulos y realizar el procedimiento de fecundación in vitro–. En su confuso despertar se entera que su marido no tiene espermatozoides en el eyaculado. Algo de la performance clínica (Viera Cherro, 2020) falló. Al tratarse de una pareja, ambos deben ser estudiados desde el primer momento de la consulta, justamente para evitar este tipo de situaciones. “La performance clínica alude a la espectacularidad que cobran algunas instancias en el proceso procreativo. El arte de la performance navega entre la improvisación y la sorpresa de lo espontáneo, al tiempo que recurre a fórmulas que, a partir de la reiteración, brindan un piso para la improvisación” (Viera Cherro, 2020: 189-190).

Esta falla en la coordinación de los procesos visibiliza los sesgos que todavía aparecen cuando a la mujer se le imputa toda la responsabilidad por el devenir del proceso reproductivo, sin advertir el problema del marido. Tratar primero y únicamente a la mujer, demuestra como todavía es el cuerpo femenino el principal objeto sobre el que recae todo el poder biomédico. La medicina suele encontrar respuestas frente a los acontecimientos desfavorables, pero en ese mismo acto puede dejar a los pacientes en el lugar de objeto. Ante el problema del marido, el médico encuentra una solución: la derivación con un especialista, pero la decisión de concertar una nueva cita debe ser tomada en ese momento y a un costo elevado. La pareja queda desconcertada, sin entender con claridad de qué se trata este nuevo diagnóstico, pero aun así siguen adelante. No aparece ningún reclamo o pedido de explicaciones cuando queda en evidencia que los tratamientos fallaban por causas que no habían sido diagnosticadas. En el único momento en que Richard plantea una queja el médico amenaza con “llamar a la seguridad”.

Tras un nuevo embate de resultados negativos, se abre un fuego cruzado: él le reclama que tal vez esperaron demasiado… y ahora los óvulos ya no sirven; ella le dice que, en el momento en que más lo necesitaba “sus espermatozoides se tomaron un año sabático.” La indicación médica es, en este punto, recurrir a la donación de óvulos y realizar en Richard una punción testicular para extraer espermatozoides y así llevar a cabo un ICSI [1]. La indicación de ovodonación golpea fuertemente a Rachel que se siente súbitamente “excluida” del proyecto parental, dice que “el médico está loco y que ni muerta lo haría”. Richard, en cambio, piensa en intentarlo y le dice que ya lo había considerado pero que no quería presionarla en hacer algo con lo que tendría que vivir el resto de su vida. Rachel le responde que creía que ambos pensaban lo mismo acerca de la donación de óvulos, y agrega que suponía que “el límite era esto, la ciencia ficción”.

La elección de ese significante para definir el procedimiento no es casual; llamarlo ciencia-ficción –se trata de algo a lo que la pareja, de alguna manera, se dedica– introduce nuevamente el aspecto artificial, maleable, ese Frankenstein que supone según Rachel “meterse partes de otra persona en su útero.” Y, a pesar de la gestación, del parto y del amamantamiento como instancias subjetivantes para la consolidación del vínculo afectivo con el/la niño/a por venir, la donación de óvulos se presenta inicialmente bajo un carácter “ominoso”, ajeno, incluso intrusivo. Este modo de pensar la donación de gametos (óvulos/espermatozoides) difiere de la posición que anteriormente tuvo Rachel acerca de la adopción; el carácter de espectacularidad que le agrega lo que ella llama “ciencia ficción” la confronta nuevamente con la vacilación de su deseo materno.

Acto II: La búsqueda de la donante

En este momento se abre todo un nuevo escenario. Las fantasías asociadas a qué supone, para cada uno de ellos, la involucración de un tercero en la constitución del proyecto familiar dan cuenta del peso que aún tienen las significaciones asociadas a la genética como soporte del vínculo parental. El antropólogo catalán Joan Bestard (1998) plantea que las tecnologías de reproducción asistida, al disociar los componentes biológicos, genéticos y volitivos subvierten las bases del parentesco occidental: la cópula sexual y el vínculo consanguíneo. Esto plantea una modificación a la idea “tradicional de familia” conformada por la genética y por la genealogía. A partir de las técnicas se abren paso la diversidad de elecciones para armar familias. Bestard (1998) refiere que “el parentesco es un hecho social. […] Los padres reales son en definitiva aquellos que planearon tener un/a hijo/a, mientras que los donantes quedan como los que pusieron el material genético o hicieron posible el proceso.” (Bestard, 1998: 204-205)

Pero ¿qué sucede cuándo la participación de este tercero “anónimo” deja paso a la elección de alguien conocido o familiar? Elegir a alguien “conocido y familiar” abre interrogantes respecto de los determinantes que subyacen a esa elección. Poder indagar qué significa, en cada caso, la no vinculación genética con alguno de los progenitores y elaborar esa “pérdida de continuidad genética” o esa ausencia, –lo que comúnmente se llama elaborar o atravesar el “duelo genético”–, supone asumir que hay allí algo que adquiere el estatuto de una pérdida. Recientemente se ha cuestionado el énfasis puesto en conservar la propia genética en desmedro del vínculo social, la crianza y la seguridad de los procedimientos de FIV (Kirkman-Brown & Martins, 2020). ¿Qué es lo que se pierde cuando se resigna la genética propia? ¿Qué es aquello que parece re-encontrarse en “lo familiar”? Desde los estudios antropológicos se ha enfatizado que el modo de elaborar estas decisiones puede repercutir en el vínculo futuro, y condicionar la no revelación del origen genético si la infertilidad es percibida como un tabú (Jociles, 2016).

Que Richard conserve el vínculo genético –a partir de la aportación de su espermatozoide– y Rachel recurra a la donación de un óvulo de una donante genera un nuevo cambio de posición y fricción en la pareja. La duda en Rachel es que ante la ausencia de su genética, no sea parte. Desde una perspectiva psicoanalítica podríamos decir que no hay identidad, sino identificaciones, como parte de una trama simbólica que antecede a la gestación, donde se involucran deseos, miedos, frustraciones, expectativas de los padres, que luego serán parte del legado representacional que investirá al niño/a. De este modo, la constitución genética es solo un parte de la identidad, revestida por cuestiones imaginarias que muchas veces pueden impedir o dificultar el pleno ejercicio de la función simbólica.

Rachel acusa a Richard de “fantasear” con la donante y ambos empiezan con una búsqueda, que en Estados Unidos, se oferta por medio de sitios webs donde se publica la foto de la donante junto con algunas características de su perfil sociodemográfico y sus gustos. Los prejuicios acerca de quiénes son estas mujeres que “donan” sus óvulos y por qué razón lo hacen, aparecen en Rachel cuando refiere “no me extraña que done sus óvulos, no tiene trabajo.” Las fantasías que giran en torno a la donante, a sus motivaciones, a su apariencia, a las características que transmitirá al proyecto de hijo que Richard y Rachel fantasean, se conjugan con un anhelo de Rachel: “sería diferente si al menos tuviera una hermana menor, una prima, una amiga de la familia, alguien con quien tuviéramos una conexión real. No tendríamos que explotar el cuerpo de mujeres desconocidas”. La clínica de reproducción les había entregado un folleto que decía “para formar una familia a veces se necesitan tres” haciendo alusión a la necesidad de recurrir a un tercero en calidad de aportante del material reproductivo.

En Estados Unidos gran parte de la población está a favor de que la mujer pueda donar sus óvulos para un miembro de la familia. En una encuesta realizada en 2018 a la población en general, el 74% de los encuestados estuvo a favor de la donación intrafamiliar de óvulos (Bortolleto et al., 2018). El deseo de ayudar a un miembro de la familia fue la motivación más frecuentemente referida (79%) para la donación. Y sólo un 8% de los encuestados estuvieron en contra, ya que consideraban que este tipo de procedimientos podría ser negativo para el/la niño/a. El estudio concluye que la mayoría de los estadounidenses apoyan la donación de óvulos, sin embargo el apoyo varía según las características demográficas.

En el momento en que la pareja se encontraba transitando estas vicisitudes aparece en sus vidas Sadie, la sobrina política de Richard. Sadie es hija de la mujer que está casada con el hermano de Richard. Richard y Rachel son sus tíos políticos y son referentes afectivos de Sadie. La joven aparece en la casa de la pareja en un momento de vacilación acerca de su futuro, de sus elecciones profesionales, buscando el apoyo de sus tíos, a quienes considera “desprejuiciados” y ubica como modelo. Sadie inviste a sus tíos desde una posición parental, en un momento donde ellos no logran convertirse en padres. En ese contexto, se les ocurre pedirle a Sadie que sea la donante de óvulos. Se trata de un pedido que les cuesta formalizar, no encontrando el modo o el momento adecuado para hacerlo. Esto pareciera indicar que inconscientemente algo de la pareja se juega en el lugar de lo ominoso; eso familiar que termina resultando extraño.

Sadie, sin pensarlo dos veces, accede al pedido de sus tíos. “¿Qué podría ser más gratificante que ayudar a dos personas que amo a tener un bebé? Siempre fueron modelos a seguir para mí, son tan comprensivos y no me juzgan. Van a ser unos padres increíbles, mejores que los míos.” Y, de este modo, cree ayudarlos a lograr su tan ansiado proyecto, y a su vez ella encuentra un motivo para su vida. Algo que su madre le reclamaba hacía tiempo.

El entramado fantasmático que se arma donde Sadie se posiciona como hija de la pareja que recibirá sus óvulos, pero también actúa movida por los dichos de su madre que la insta a buscar un propósito en su vida, identificándose con Rachel a partir del ideal de “buena madre”, demuestra un “pegoteo” donde no quedan claros los lugares que ocupará cada uno de ellos en este “proyecto de tres”. Ese “pegoteo” puede ser un indicador para desalentar el procedimiento. ¿Pero quién lo desalentaría? ¿El médico tratante? Nuevamente se constata la necesidad del psicólogo para advertir estas dinámicas tan singulares, cómo poder alojar y confrontar el lugar que cada uno de ellos asume en el devenir de los diferentes posicionamientos fantasmáticos, cómo se juega la deuda simbólica, y los posibles efectos de esta elección sobre la familia ampliada. Ellos no parecen ser capaces ni siquiera de ponerlo en palabras, y fijar un marco a esta situación tan novedosa para todos.

En el Reino Unido se llevó a cabo un estudio longitudinal donde se entrevistó a mujeres que fueron madres por medio de la donación de óvulos de un familiar (hermanas o cuñadas) cuando sus hijos tuvieron 1, 3, 7 y 10 años (Jadva et al., 2011). La mayoría de las madres reportaron relaciones familiares positivas, muchas de ellas estuvieron conformes con el grado de involucramiento de la donante con los/as niños/as y ambas mujeres continuaron desempeñando sus roles sociales, es decir como madre y tía respectivamente. El estudio concluyó que la donación intrafamiliar entre hermanas o cuñadas puede ser una experiencia positiva para los receptores durante los primeros 10 años luego del nacimiento de los hijos. En el caso de este estudio, se trató de donaciones intrageneracionales, es decir dentro de la misma generación.

En el caso de Rachel, Richard y Sadie al ser una donación intergeneracional se agrega un componente de coerción simbólica, tal vez no explícita, para cumplir con el cometido. Aparece un imperativo superyoico donde, si bien Sadie no se identifica con la maternidad como un destino para ella, desea la maternidad en Rachel. Y este deseo la lleva a pensar en un hijo “de ellas”. En un momento Sadie le pregunta a Rachel –“¿te imaginas como será nuestro bebé?” Y Rachel contesta: –“¿El tuyo y el de Sam (el novio de Sadie)”?– “No”, responde Sadie y agrega: “El tuyo y el mío.” Nuevamente aparece lo que se oculta, lo no dicho, como una sensación de extrañeza frente a la realidad que Sadie le plantea con la frase “nuestro bebé”. La sexualidad aparece velada por el vínculo afectivo, como si el bebé fuera producto del “amor romántico”. ¿Por qué Rachel no pudo aclarar en ese momento cómo iban a ser los roles y las funciones de cada uno? ¿Qué hubiera pasado? Quizás algo de esa ilusión sobre el tratamiento y el lugar que Sadie le asigna al ovocito se hubiera desarmado, hubiera pasado al plano de la realidad, generando un retroceso frente a las decisiones tomadas. El involucramiento emocional de la joven con el proyecto reproductivo de sus tíos hace que exista una exigencia en ella con un desenlace que puede ser muy perjudicial.

Las exigencias de Sadie para generar ovocitos de buena calidad, la llevan a poner en peligro su salud. La decisión desafortunada de sobre estimularse sin el conocimiento del médico muestra nuevamente la poca preparación que tenía para afrontar el procedimiento, y demuestra no solo su impulsividad, sino también la baja tolerancia a la frustración al recibir una noticia desfavorable (sus ovarios no respondieron a la medicación, es decir que por su edad debería haber producido más ovocitos). El impacto al comunicar que el procedimiento no había sido exitoso, luego de la punción, pone en juego nuevamente distintas emociones que atraviesan la trama familiar y son vividas por Sadie como una nueva decepción para sus tíos.

En los casos de donaciones intrafamiliares los lazos afectivos juegan un doble rol: por un lado, gracias al afecto, la persona que va a donar sus óvulos tiene un interés en querer ayudar a los receptores, y a la vez estos desean elegir a la persona que aportará los gametos. ¿Qué papel juega lo afectivo?, ¿por qué presenta más dificultades que donar a personas desconocidas? ¿Por qué se eligen donantes con un lazo afectivo? ¿Será que la donación intrafamiliar involucra al componente genético como algo “ajeno” pero a la vez “familiar” de un modo más marcado que en una donación anónima? ¿Se reemplaza verdaderamente algo que ya está perdido o que se intenta reencontrar en el familiar escogido? ¿Por qué cuesta tanto encontrarse con la falta propia, sobre todo cuando se trata de procrear? ¿Qué es aquello que se transmite e insiste en el legado familiar?

En el discurso de Rachel y Richard no hay lugar a preguntas, de esta manera no logran identificar una posición subjetiva que vaya más allá de las técnicas de reproducción asistida. Siguiendo a Ansermet (2018), el psicoanálisis viene a dar cuenta de la “invención” subjetiva más allá de las técnicas de reproducción, pero acá la búsqueda no se sabe bien hacia dónde va, el deseo aparece de manera errante, cualquier camino hacia la búsqueda del hijo aparece como posible y factible, aunque no hacen más que encontrarse con una nueva imposibilidad. No poder elaborar las frustraciones y las sucesivas pérdidas parece condenarlos a vivir la repetición.

Consideraciones finales

Cuando el embarazo no llega de modo espontáneo se produce una disrupción del proyecto vital. Recurrir a la medicina reproductiva puede ser un proceso arduo que conlleva un desgaste emocional, que puede exacerbarse con el paso del tiempo y los resultados negativos. La indicación médica de recurrir a la recepción de óvulos donados genera fricciones en la pareja e interroga la verdad de los vínculos producidos por las biotecnologías reproductivas. Este proceso resultó complejo y desestabilizador, ante la necesidad de resignificar y reelaborar pérdidas y posiciones subjetivas para poder dar lugar a nuevas posibilidades. Las implicancias emocionales que atraviesan Rachel y Richard al momento de proyectar la llegada de un hijo, tanto desde el camino frustrado de la adopción, como desde los tratamientos de reproducción, resultan desbastadores ya que aparecen muchas exigencias puestas en jugo. En las diferentes etapas de los tratamientos de fertilidad, pareciera haber una entrega a la palabra y al saber médico, sometiéndose a todo tipo de intervenciones, sin que aparezcan alguna pregunta o elaboración acerca de sus posiciones subjetivas frente a las reiteradas perdidas. Siempre van por más.

Uno de los temas más resonantes para la pareja fue tener que asumir que necesitarían una donación de ovocitos. A partir de las dificultades que tuvieron para pensar en una donante, que no sea ajena a ellos, se topan, casi sin intención, con la posibilidad de una donante familiar. Este camino que inicialmente parecía más fácil de recorrer, por tratarse de alguien conocida donde primara lo afectivo en ese triángulo, termina siendo mucho más complejo de lo esperado. El problema no radica solo en el aspecto familiar, sino que además está en juego la diferencia generacional entre tía y sobrina. El pegoteo de los lugares y la indiferenciación de roles se complejizan a tal punto que hacen tambalear el tratamiento. Una escucha atenta y comprometida –totalmente ausente en la película– tal vez hubiera podido advertir cómo estas dinámicas pueden poner en peligro los vínculos de la familia ampliada, arriesgando el éxito del tratamiento; esta pareja no encontró en su devenir reproductivo la posibilidad de hacer una pausa, una escansión en esa vorágine.

La donación intrafamiliar en sí misma no es conflictiva, si se evalúa caso por caso. Porque en ese proceso la pareja puede entender que la donación por fuera de lo familiar tiene sus beneficios.

Desde el inicio hubiera sido necesaria la intervención psicológica con un profesional idóneo, no solo para alojar a la pareja con sus dudas e incertidumbres, sino que es de suma importancia poder acompañar todo este proceso en base a una buena comunicación. Esto implica favorecer el espacio psicológico para que la pareja pueda elaborar miedos, expresar distintos sentimientos y poder hacer acuerdos en función de la toma de las decisiones; como así también promover una adecuada comunicación entre el grupo interdisciplinario de profesionales intervinientes.

Ansermet (2018) realiza una diferencia entre el querer y el desear, y ubica la ambivalencia del lado del deseo. En esta pareja la ambivalencia propia del deseo no aparece, lo único que tienen claro es querer un hijo de cualquier modo, no cabe otra respuesta. Al no haber preguntas en ellos se convierten en objeto de la medicina. Hay un empuje permanente del negocio de las clínicas que impulsa a la pareja a estar siempre intentando y no darse nunca por vencidos. Esto genera una desregulación emocional que los impulsa a ir por más.

El discurso sobre la genética insiste. El escenario analizado refuerza la idea de que el parentesco continúa anclado en la genética y por tanto la biología aparece como el componente más valorado para la formación de los lazos parentales (Straw, 2013). En este sentido la compatibilización de rasgos fenotípicos o incluso la idea de recurrir a un familiar podría promover la idea de conservar esa “continuidad” perdida. Las sociedades científicas que analizaron esta temática (ASRM, 2012) han sugerido la necesidad de evaluar la existencia de una distancia emocional que promueva el consentimiento sin coerción. Ubican también que las donaciones intergeneracionales –como el caso analizado– presentan mayores riesgos. El dolor emocional de la donante, el reconocimiento que se espera por la contribución, los acuerdos implícitos o explícitos, y la idea de deuda simbólica son aspectos que deben ponderarse en casos de donación intrafamiliar. Se requiere un tiempo para evaluar estos arreglos intrafamiliares donde el rol del psicólogo pueda funcionar efectuando una escansión, una pausa, un límite al vértigo, un freno a la escalada gozosa que le ofrece la maquinaria reproductiva.

La donación intrafamiliar (tanto inter o intra-generacional) presenta desafíos y retos para la labor del psicólogo. Mientras que en nuestro país el Código de Ética de SAMER sugiere que la donación sea anónima, algunos estudios en Estados Unidos y en el Reino Unido encontraron que la donación intra-familiar puede no ser tan negativa como intuitivamente parece. Cada sociedad deberá analizar esta opción teniendo en cuenta sus propios arreglos familiares.

Referencias

Alkolombre, P. (2008). Deseo de hijo. Pasión de hijo: Esterilidad y técnicas reproductivas a la luz del psicoanálisis. Buenos Aires, Argentina: Letra Viva.

Ansermet, F. (2018). La fabricación de los hijos. Un vértigo tecnológico. Unsam Edita.

American Society for Reproductive Medicine (ASRM, 2012) Using family members as gamete donor or surrogates -Fertility and Sterility. Volumen 98, Nro 4, 797-803.

Ariza, L. (2014). La construcción narrativa de la infertilidad. Mujeres que narran la experiencia de no poder concebir. Sexualidad, Salud y Sociedad (Rio de Janeiro), (18), 41-73.

Bestard Camps, J. (1998). Parentesco y modernidad. Cáp. 5. Artificial y natural: ¿Qué queda de la naturaleza? Barcelona: Paidós.

Bortoletto, P., Farland, L. V., Ginsburg, E. S., & Goldman, R. H. (2018). Public support for intergenerational oocyte donation in the United States. Fertility and sterility, 109(2), 343-348.

Cambrón, A. (2001). Fecundación in vitro y agresiones al cuerpo de la mujer: una aproximación desde la perspectiva de los derechos. Reproducción asistida: promesas, normas y realidad, Trotta, Madrid, 165-210.

Espada, A. Á., & Moreno-Rosset, C. (2008). La intervención psicológica en infertilidad: orientaciones para un protocolo de actuación clínica. Papeles del psicólogo, 29(2), 186-196.

Jadva, V., Casey, P., Readings, J., Blake, L., & Golombok, S. (2011). A longitudinal study of recipients’ views and experiences of intra-family egg donation. Human Reproduction, 26(10), 2777-2782.

Jociles, M.I. (Ed.). (2016). Revelaciones, filiaciones y biotecnologías. Una etnografía sobre la comunicación de los orígenes a los hijos e hijas concebidos mediante donación reproductiva. Barcelona: Ediciones Bellaterra.

Kirkman-Brown, J. C., & Martins, M. (2020). "Genes versus children": if the goal is parenthood, are we using the optimal approach? Human Reproduction, 35 (1):5–11.

Lima, N. S., & Ormart, E. B. (2014). El cuerpo femenino: entre las demandas sociales y la racionalidad tecnocientífica. Anuario de investigaciones, 21, 225-232.

Moreno Rosset, C., Antequera Jurado, R., Jenaro Río, C., & Gómez Sánchez, Y. (2009). La Psicología de la Reproducción: la necesidad del psicólogo en las Unidades de Reproducción Humana. Clínica y Salud, 20(1), 79-90.

Pesce, R., Marconi, M., Vélez, C., Marconi, G., Glujovsky, D., Baronio, M., Coscia, A. (2017) “Preservación de la fertilidad”. Reproducción; 32:34-39.

Straw, C. (2013) El parentesco en contextos tecnológicos: compatibilidades y contradicciones en mujeres de sectores populares, Área Metropolitana de Buenos Aires - VII Jornadas Santiago Wallace de Investigación en Antropología Social. Sección de Antropología Social. Instituto de Ciencias Antropológicas. Facultad de Filosofía y Letras, UBA, Buenos Aires, 2013.

Veiga, M., Puccio, M., y Tamburelli, V. (2013). ¿Qué relación existe entre estrés, ansiedad e infertilidad? Reproducción, 28(3), 79-89.

Viera Cherro, M. (2020). Capítulo 11. El anonimato de la provisión de gametos en Uruguay: un consenso implícito que se evidencia y reafirma en la performance clínica. En Desafíos actuales en la clínica de la reproducción humana asistida. Comp. Lima & Rossi. Editorial NEU Nueve Editorial Universitaria. San Luis.

Zaia, M. (2019). Ovodonación intrafamiliar e intergeneracional en el film Vida Privada. Tesis de Licenciatura en Psicología. Faculta de Psicología. Universidad de Buenos Aires.



NOTAS

[1La inyección intracitoplasmática de espermatozoide o ICSI es un procedimiento de alta complejidad reproductiva donde, manualmente y de forma in vitro, se inserta un único esperma en el citoplasma del ovocito para fecundarlo. Es un procedimiento que suele utilizarse en casos severos donde se encuentran espermatozoides viables.





COMENTARIOS

Mensaje de FANNY NOELIA LEMOS\  » 26 de septiembre de 2020 » fannylemos@yahoo.com.ar 

Muy elaborado el análisis de la temática. Es interesante observar, como lo han hecho las autoras, la ausencia de intervalos entre tratamientos, entrevistas para la adopción, intervenciones médicas, etc. Da la sensación de un "seguir intentando" sin solución de continuidad, donde no hay lugar para duelar las pérdidas en ningún sentido, y la negación de las imposibilidades de ambos.
Da cuenta la película, además, de la ausencia de ética en el abordaje médico de los procedimientos, y del no lugar a lo meramente subjetivo y singular que deben atravesar quienes deseen ser madres y/o padres.
En relación a la primera reacción de Rachel frente a la posibilidad de acceder a la donación de óvulos, podría pensarse que es allí donde declina su supuesto deseo de maternar; ya que si no es propio genéticamente hablando no sería su hijo/a. Lo cual habla de los mandatos aún fuertemente presentes en el imaginario social acerca del peso de lo biológico por sobre la crianza, aunque sepamos como se plantea en el análisis, que quienes desean, y cumplen las funciones de crianzas serán aquellas/os que alojen a un sujeto como hijo/a, producto del Donar, justamente algo que no se tiene.



Mensaje de Adriana Godoy  » 2 de septiembre de 2020 » adricedoy@gmail.com 

Excelente trabajo sobre una temática interesante y actual, por la que atraviesan cada vez más parejas debido al estilo de vida que se impone. Muchas veces, por consolidarse en una profesión, se posterga la búsqueda de un hijo y cuando se desea lograr un embarazo, éste no llega. Esto desencadena una crisis vital en las personas, que hace que sus vidas sólo se enfoquen en un solo objetivo: el deseo de tener un hijo; no pudiendo ver otros aspectos de la realidad e intentando ir por más, a pesar de las adversidades.
El diagnóstico de infertilidad provoca un impacto emocional importante. Es vivenciado como una pérdida, un duelo, que tendrá etapas.
Como bien destacan las autoras en el análisis, me parece de suma importancia el acompañamiento de profesionales de la psicología a las parejas en el tránsito por los tratamientos de fertilidad como así también en la aceptación, en algunos casos, del duelo genético y ante una ovodonación, el posicionamiento de lugares que ocupan las personas.
Personalmente, considero que debe visibilizarse el tema de la infertilidad, ya que muchas veces es algo de lo que no se pone en palabras, y del mismo modo estudiar desde un principio, a la pareja y no sólo a la mujer.
Mis felicitaciones a las autoras!!



Mensaje de Gabriela Decroce  » 21 de agosto de 2020 » gabrieladecroce@gmail.com 

Muy profundo el análisis de la película Vida Privada. Permite reflexionar sobre muchos temas. Los que más me interesaron fueron los relacionados con los mandatos patriarcales que pesan sobre las mujeres y que también se evidencian en las prácticas médicas; la necesidad de la humanizar la medicina y, finalmente, la importancia de un acompañamiento psicológico realizado por profesionales empáticos y capacitados para el abordaje de la problemática. Excelente análisis!




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Película:Vida privada

Titulo Original:Private Life

Director: Tamara Jenkins

Año: 2018

Pais: Estados Unidos