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Los límites de lo privado

por Bogetti, Celeste

Universidad Nacional de Mar del Plata

Resumen

En este trabajo se presenta el análisis de uno de los episodios de la serie Black Mirror seleccionados como parte de la muestra de la tesis del Máster en Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona: “Shut up and dance” (Cállate y baila).
Se plantean como ejes principales del análisis: la relación entre lo público y lo privado, los efectos de la tecnología en la determinación de los límites entre estos espacios y el impacto que supone en la subjetividad.
A partir del análisis de este episodio podemos reflexionar en torno a que al involucrarnos con la tecnología dejamos algo de nuestra privacidad de lado.
Esto nos remite al hecho de que ya no importa la intención manifiesta de exponerse o no, de mostrar de modo público lo que pertenece al ámbito de nuestra privacidad-intimidad, el solo hecho de que participemos en nuestra vida cotidiana a los dispositivos tecnológicos, conlleva de por si un riesgo de que se produzca este despliegue con o sin nuestro consentimiento. Esto configura otra subjetividad, por un lado, inadvertida de la extensión del “peligro”, y por otro, exponiéndose constante y voluntariamente a él.

Palabras Clave: público | privado | black mirror

Introducción

El cine es definido por Gómez, Michel Fariña y Solbakk (2011) como “una vía regia para pensar los dilemas éticos de nuestro tiempo” (p. 11). Los autores lo exponen como un espacio ético-estético que permite una implicación y participación de los espectadores que da lugar a que se produzca un nuevo modo de reflexión (Gómez, Michel Fariña y Solbakk, 2011).

Cambra Badii (2016) plantea “la transmisión y el análisis de la complejidad bioética a través de la narrativa cinematográfica” (p.18). Dentro de la misma hace referencia a la llegada masiva que se da en la actualidad de series que despliegan dilemas éticos.

Esta cuestión del impacto de cine y la televisión es comentado por Ogando Díaz (2010): “El cine y la televisión, medios de gran impacto social, presentan muchas posibilidades de información, divulgación y reflexión colectiva” (p. 17).

Fariña y Solbakk (2012) nos plantean cómo el cine [podemos pensar otras muestras audiovisuales, como las series, dentro de esta categoría] promueve el pensamiento ético.

Desde esta perspectiva es que se plantea la posibilidad de trabajar cuestiones éticas y bioéticas a partir de capítulos de la serie Black Mirror.

Puedo iniciarse este trabajo reflexionando en torno a la denominación de la serie Black Mirror y el tipo de dilemas y preguntas que la misma busca suscitar.

Black Mirror o en español “espejo oscuro/negro” alude a las pantallas de los dispositivos (celulares, computadoras, televisores, tablets, etc.) que estando apagados o bloqueados reflejan una imagen, como un espejo. Un espejo que a diferencia de los usuales, no refleja con un fondo luminoso sino con uno oscuro.

Esto podría en principio permitirnos plantear algunos interrogantes ¿Qué reflejo de nosotros mismos nos devuelve el vínculo con estos dispositivos, con la tecnología? Y a la inversa, ¿Qué queremos reflejar cuando estamos operando a través de la tecnología?

Como recorte para este trabajo se propuso pensar la relación entre la bioética y la tecnología, teniendo como marco referencial los efectos de esta última en el ámbito de la vida privada.

Al involucrarnos con la tecnología, al reflejarnos y vernos reflejados en ella, dejamos algo de nuestra privacidad de lado, y queriéndolo o no, a veces también exponemos nuestra intimidad. Este cambio en los límites y las diferentes relaciones que se establecen entre la triada público-privado-íntimo tiene efectos que son sumamente interesantes desde el campo de la bioética, y abordando las historias concretas en situación que se presentan en el episodio “Shut up and dance”, se puede observar el análisis desde la ética del sujeto ¿Qué hace cuando se ve confrontado a los dilemas a que lo expone el uso de la tecnología?

Abordaje metodológico

En este trabajo se presenta el análisis de uno de los episodios seleccionados como parte de la muestra de la tesis de Máster en Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona.

El tipo de estudio es cualitativo con un diseño de caso único.

La muestra del estudio se compuso de un total de cuatro episodios de la serie televisiva Black Mirror. Los mismos son: “The entire history of you” o “Tu historia completa” (temporada 1 episodio 3), “Be right back” o “Vuelvo enseguida” (temporada 2 episodio 1), “Shut up and dance” o “Cállate y baila” (temporada 3 episodio 3) y “San Junípero” (temporada 3 episodio 4).

Este recorte se realizó luego de un análisis de todos los capítulos de la serie, hasta el momento de realización de la investigación, que eran en total 13. Estos se abordaron a partir de establecer una serie de puntos de análisis que permitieron realizar una clasificación. Los mismos se detallan a continuación: 1) Aspectos dilemáticos o problemáticos que puedan analizarse (en general); 2) Capítulos de la bioética que quedan indagados. Ejemplo: justicia, privacidad, consentimiento, Derechos Humanos; 3) Qué respuestas brindan los personajes frente a esos problemas (bio) éticos; 4) Tipo de escenario: real o futurista; 5) Elementos del derecho involucrados.

En este trabajo se presenta el análisis del episodio “shut up and dance” que se realizó desde la perspectiva metodológica provista por el modelo ético-clínico de análisis de filmes.

En cuanto al modo de lectura ético-analítico, Michel Fariña y Solbakk (2012) plantean la existencia de dos vías, que acompañan la lógica del movimiento de la ética contemporánea que se expresa en la dialéctica de lo particular y lo singular-universal. El primer movimiento va de la intuición moral al corpus de conocimientos que permite deducir el accionar deseable del individuo ante los dilemas. Podríamos pensar en el caso de la bioética las normas y regulaciones legales relacionadas con este campo (bioderecho) y también las declaraciones internacionales que se pronuncian sobre diversos tópicos del área. El segundo movimiento, que se considera suplementario del previo, da cuenta no del caso particular, sino de la singularidad en situación, no da cuenta de la pauta normativa, sino del “qué hacer” cuando no se puede acudir a los saberes.

Los nuevos límites entre lo público y lo privado

Lo público y lo privado son dos términos que se han ido delineando a largo del tiempo. Lo privado como tal no fue algo que haya existido siempre, sino que se configura en un cierto momento de la historia, que permite que el seres humanos salgan de la esfera de lo público y generen otro nuevo espacio, asociado a la privacidad.

Tomando las acepciones del término provistas por el Diccionario de la Real Académica Española, lo público se define como: “1. adj. Conocido o sabido por todos; 2. adj. Dicho de una cosa: Que se hace a la vista de todos; 3. adj. Perteneciente o relativo al Estado o a otra Administración.; 4. adj. Dicho de una cosa: Accesible a todos.”. Lo privado se define como: “1. adj. Que se ejecuta a vista de pocos, familiar y domésticamente, sin formalidad ni ceremonia alguna; 2. adj. Particular y personal de cada individuo; 3. adj. Que no es de propiedad pública o estatal, sino que pertenece a particulares”.

Desde el campo de la historia, se plantean dos cuestiones que hacen a esta división entre lo público y lo privado, la primera se refiere a un cambio de sociabilidad, de la vida pública a la vida privada, que refiere a la sociabilidad restringida en el seno de la familia y en el propio individuo como tal. La segunda refiere a la delimitación entre aquello en lo que el estado interviene, y aquello que queda fuera de su injerencia. Lo privado será esto segundo (Chartier, 2007).

Los aportes realizados por Garzón Váldez (2008), desde la filosofía de la moral y el derecho, establecen la privacidad como “el ámbito donde pueden imperar exclusivamente los deseos y preferencias individuales. Es condición necesaria del ejercicio de la libertad individual” (p. 17) (…) “la privacidad, tal como aquí es entendida, requiere necesariamente la presencia de, por lo menos, dos actores. Es la interacción entre ellos lo que impide la adopción de una total opacidad ya que ella volvería imposible toda comunicación.” (p.18). “Lo público está caracterizado por la libre accesibilidad de los comportamientos y decisiones de las personas en sociedad” (p. 17). Este autor introduce un aspecto más, que es el de lo íntimo, noción comúnmente considerada sinónimo de privacidad. Lo íntimo es el ámbito “donde el individuo ejerce plenamente su autonomía personal; es el reducto último de la personalidad, es allí "donde soy lo que soy" (p. 16).

La diferencia entre estos tres espacios será la máxima transparencia del ámbito público, una semi-opacidad del ámbito privado, y una opacidad completa del íntimo.

Este autor agregará luego como la cuestión pública y privada puede ser gradual, en tanto desde el plano del derecho pueden limitarse que es de índole público o privado de modo diferente. La esfera íntima quedará fuera de esta intromisión de la legalidad, lo cual no la protege de poder se irrumpida, sea por otro sujeto o por el propio individuo al revelar su intimidad.

En Black Mirror vemos como el impacto de la tecnología nos lleva de nuevo al ámbito de fusión o indivisión de estos tres espacios. No solo lo privado se vuelve público, sino también lo íntimo.

La tecnología y el acceso que las personas dan a su vida privada, y en casos íntima, a través de esta, genera esta (con)fusión entre espacios. Pareciera que este proceso de construcción que históricamente llevo años y condiciones que permitieran la aparición de tres espacios diferenciados, con la irrupción de la tecnología, comienza a retroceder y a deconstruirse.

Nos encontramos con la paradoja de la existencia de normativas que protegen nuestros datos personales y nuestra privacidad/intimidad –aquí tomadas como sinónimos- y a los portadores de esos derechos eligiendo dejarlos de lado para poner sus vidas en la esfera de lo público.

En Black Mirror vemos distintas situaciones, aquellos que dejan entrar lo público en sus esferas privadas-íntimas, o que, ponen en el ámbito público su vida privada-íntima. También las intrusiones desde lo público en la privacidad-intimidad de la vida, y la amenaza que esto supone para el individuo.

Con la irrupción de las tecnologías se va a dar lugar a que algo de lo privado, como mínimo, se pierda en todos los casos.

La concepción de lo público y lo privado en Black Mirror: “Shut up and dance” - “Cállate y baila” (Temporada 3- Capítulo 3)

Sinopsis del episodio

El personaje principal, Kenny, parece ser un adolescente cualquiera que tiene un trabajo en un restaurante de comidas rápidas, una familia compuesta por su hermana y su madre, y una vida bastante ordinaria.

Un día al volver del trabajo, se anoticia de que su hermana le había sacado la computadora. Cuando la recupera se da cuenta que tiene un virus. Descarga un programa para poder limpiar la computadora y luego de esto, sin que él se percate, se puede ver que alguien está observándolo a través de la cámara de su computadora. En principio no es claro que secreto tan oscuro puede tener Kenny, pero sí que hay conductas exageradas de su parte, por ejemplo cuando se da cuenta que su hermana tomo su computadora se preocupa en exceso por recuperarla pronto y luego termina por instalar un cerrojo en su puerta, para que ella no vuelva a poder tener acceso a la misma cuando él no está, lo cual nos introduce en la presencia de algo más profundo que una cuestión personal que pudiera avergonzar a cualquier adolescente.

A continuación se ve a Kenny ir a su cuarto, cerrar la puerta con llave, las cortinas, y escribir algo en un buscador de internet, que parece ser una referencia de búsqueda para algún material pornográfico o de esa índole, para masturbarse. Luego de eso va al baño, y al regresar ve en su computadora un e-mail de un remitente desconocido que dice “vimos lo que hiciste”. Allí empezará el derrotero de Kenny en la realización de una serie de acciones comandadas por estos hackers y extorsionadores, para que no se revele su secreto.

En todo este episodio, y al hacer las actividades que le indican, Kenny se va topando con diversas personas, algunas parecen tener encargos más sencillos, pero a él le tocan hacer los más duros y dilemáticos. Por un lapso importante del episodio está con otro personaje, que se encuentra amenazado de que se revele a su esposa que le ha sido infiel. Será con este con quien cometa un robo a un banco, luego de esto este otro personaje será “liberado” de sus encargos, y Kenny deberá continuar hacia el peor, una lucha a muerte con otro contrincante con el que se encuentra en medio de un bosque, y que será grabada por un dron. Luego nos enteramos que ambos peleadores son pedófilos.

Al finalizar el episodio se ve al hombre infiel entrando en su casa, yendo a ver a sus hijos, y recibiendo un mensaje de texto con una cara burlona sonriente, que significa que su secreto se reveló igual. Entra a su habitación y ve a su esposa sentada en la cama, llorando, con la computadora encendida. Luego se ve que llega el mensaje a una mujer, que es la tuvo que proporcionar el auto para que realizaran el robo. Sobre ella se reveló un e-mail racista (la mujer era CEO de una compañía). Después aparece la imagen de Kenny, todo golpeado (lo cual confirma que fue el ganador de la pelea). Recibe un llamada de su madre que gritando le dic que se ha enterado de su secreto, luego le llega el mensaje de la cara burlona y ve aparecer las luces de los autos de la policía y los oficiales que van a arrestarlo.

Cállate y baila

El título de este episodio hace referencia a la naturaleza de la situación en que se encuentran todos los personajes que vemos a lo largo del mismo, y especialmente el principal, Kenny. Todos tienen un secreto que no quieren que se conozca por diversos motivos, y son chantajeados por un hacker anónimo, que tiene pruebas de estos secretos y que les pide que hagan ciertas cosas (desde trasladar un paquete hasta robar un banco) para no revelar los mismos. El mandato “Cállate y baila” (como se titula el episodio), es otra forma de aludir a la situación de no tener opción, porque si los personajes no hacen lo pedido, se revela el secreto. Esto puede permitirnos reflexionar en principio sobre las nociones de heteronomía y autonomía de la voluntad.

Podemos plantear que el sujeto se encuentra frente a un dilema. Fridman define este concepto como “un problema, donde cualquier solución posible constituye un nuevo problema” (p. 34, 2008). En este caso Kenny se encuentra ante la siguiente situación: querer guardar su secreto, que implica un acto delictivo (posesión de fotos de menores, posiblemente pornografía infantil) ya que lo amenazan con que se den a conocer públicamente sus inclinaciones sexuales, o realizar una serie de actos (luego nos enteramos que son de tipo delictivos -robo, asesinato- pero en principio él no está al tanto del alcance los mismos) para que este secreto no se sepa. Frente a esta situación cabe plantearnos si este sujeto es autónomo, es decir, si tiene la opción de tomar una decisión, o si la situación de coerción le quita todo control sobre sus acciones –delegación de la responsabilidad por los actos- dejándolo en una posición meramente heterónoma.

Un tema central en este episodio es entonces el de la responsabilidad. Fridman (2008) nos habla de tres tipos de responsabilidad: la jurídica, la social y la subjetiva. La primera refiere a la respuesta que es requerida desde la justicia, la cual ningún ciudadano puede desconocer (la policía lo busca por un delito).

La social refiere a la respuesta en torno a los valores colectivamente aceptados y también íntimamente incorporados. Con respecto a esto vemos como el temor al rechazo social y familiar son los que mueven a Kenny a embarcarse en todo tipo de actividades transgresoras –como el robo al banco, la pelea-, a pesar de que él tiene registro de que estás son actividades condenadas desde la moralidad y la legalidad, incurre en ellas de todos modos, ya que tiene más peso sostener el secreto asociado a la transgresión en el plano íntimo (que tiene también implicancias de responsabilidad subjetiva, moral y legal) y evitar el rechazo familiar y social que se asocia a este último tipo de transgresión. En este personaje el efecto de responsabilidad social pareciera operar más por coerción que por incorporación o registro de los valores sociales.

Por último, la responsabilidad subjetiva se sostiene en la culpa. Esta última es la que brinda eficacia a las dos primeras, y es la que claramente falta en este personaje (Fridman, 2008). La culpa a la que se hace referencia no es la del sentido tradicional del sentimiento de culpa, sino que depende de una operación simbólica: la interpelación subjetiva (D’Amore, 2013). “La culpa hace a la retroacción, hace que se retorne sobre la acción por la que se “debe” responder” (D’Amore, 2013, p. 40)

No solamente no podemos evidenciar culpa en Kenny por el primer acto que lo lleva a la situación de ser pasible de extorsión (la pedofilia), sino que con el fin de proteger oculto ese acto seguirá transgrediendo la ley y la moral: robando un banco, involucrándose en una pelea y asesinando a otra persona. No podemos pensar que esté en condiciones subjetivas de asumir el castigo, dado que parece no haber podido aceptar sus faltas.

Puede plantearse que en estas situaciones ante las que se encuentran confrontados los personajes, especialmente Kenny, hay una decisión ética, más allá de que las opciones sean escasas –develar el secreto por sí mismo o enfrentarse a las peticiones de los extorsionadores hasta el punto de confrontarse con la posibilidad de la propia muerte-. En este caso la elección que se hace es la de proteger el secreto. Siguiendo a Fridman (2008) “hay ética donde hay elección, la elección siempre reconoce un marco, un límite de posibilidades, pero en ese marco (por más amplio o limitado que sea), es obligado a ocupar una posición, definir un lugar, del que se es responsable” (p. 36).

Retomando el modelo de Michel Fariña y Solbakk (2012) vemos en un primer movimiento a este sujeto, Kenny, confrontado con una situación de ilegalidad de su parte –sin quedar clara la extensión de la misma- y un acto de ilegalidad por parte de quienes lo extorsionan. Frente a esto hay una respuesta desde la normativa: denunciar que está siendo chantajeado y buscar ayuda para su problemática, aunque le conlleve alguna responsabilidad penal. Por otro lado, también está la opción de acatar lo que le exigen (que en principio desconoce lo que es). Frente a esto, y ante la inminencia de tener que revelar su secreto, lo cual el sujeto considera la situación más temida sobre todo por los efectos sociales (podríamos suponer también porque podría dificultarle continuar satisfaciendo sus necesidades), toma un camino más allá de la ley, y accede al requerimiento de los extorsionadores, pero con esa aceptación se termina embarcando en algo que vas allá de lo esperado por él y termina transgrediendo lo que, por lo que se observa de su personalidad –por ejemplo cuando los compañeros de trabajo lo maltratan, no se defiende-, parecieran ser límites infranqueables, como es causar la muerte de otra persona.

Teniendo en cuenta el paradigma de la bioética narrativa, que recupera en la toma de decisiones y análisis de decisiones morales aspectos como el contexto y las emociones (Feito Grande, 2013), vemos que la decisión frente a este problema moral que se presenta al sujeto, está tomada no desde una postura ética abstracta, formal e imparcial, sino desde una posicionamiento particular; contextual, tanto por los factores que influyen, principalmente la tecnología, como lo que parece motivar fuertemente la decisión de Kenny, que es evitar el escarnio social; y por último se encuentra muy presente el factor emocional, sobre todo el temor.

Por otro lado, es interesante desde dónde se posicionan estos hackers que imponen sanciones a personas por ciertas conductas inmorales e ilegales, abarcando desde situaciones que son más bien de índole personal, como es el caso del hombre que cometió una infidelidad, o de la de Kenny, quien presenta tendencias perversas y ha visto fotos de niños – no termina de quedar claro si era pornografía o no, lo cual tiene implicancias legales-, aunque parece no haber actuado nunca esas fantasías.

La figura de estos hackers aparece entonces como una conciencia moral externa de los personajes, pero con una faceta netamente punitiva, y que plantea la imposibilidad del resarcimiento, ya que a pesar de hacer todo lo solicitado igual se impone el castigo de la develación del secreto.

Este grupo funciona como una organización que, desde lo que parece ser un posicionamiento moral, se ubica en un lugar de administrar una versión perversa de la justicia que se basa en un castigo signado por la futilidad de cualquier intento de evitarlo. Su versión de la justicia se pervierte en tres sentidos, primero porque se administra a través de actos que en sí mismos son injustos y provocan daño a terceros (por ejemplo el robo del banco); en segunda medida porque no tienen la función reparatoria que debe esperarse de la sanción en el marco de un acto de justicia. En este caso no hay modo de reparar, resarcir, pagar la deuda (no importa lo que haga el sujeto, será castigado igual), y tampoco se busca que haya una asunción subjetiva de la culpa. En tercera instancia porque plantean administrar una justicia que esta por fuera de los márgenes del Estado. Son un grupo social que se arroga estas funciones que no corresponden a los particulares, sino a la colectividad, que delega esta facultad en uno de los organismos del Estado.

En esta misma línea de pensamiento, otra lectura posible es que la única forma de “expiar” una culpa moral es a través de la responsabilidad por el acto, por la emergencia de un sentimiento de culpa y la toma de acciones reparatorias (aunque en principio esta opción no estaba dada por los extorsionadores, no sabemos que hubieran hecho si los extorsionados tomaban este camino).

Fridman (2008) plantea que, frente a las situaciones que acontecen, de lo que se trata es “de hacerse cargo del acto, y de sus consecuencias. Dichas consecuencias no están predeterminadas, derivan del acto que las produjo, pero no pueden conocerse en su totalidad, ni siquiera anticiparse” (p.36). En este caso, el acto de Kenny, el tomar como objetos sexuales a niños, aspecto de su vida que hasta el momento vive de modo íntimo, no parece tener que traerle consecuencias de ser mantenido así. Pero en la medida en que el acto en el que incurre cae fuera de moral de su época y su sociedad, y de la legalidad, él se verá siempre confrontado con la incertidumbre de las consecuencias del mismo.

Además de las cuestiones morales y legales que se plantean, puede hacerse alusión a las cuestiones clínicas ligadas a la pedofilia y al consumo de pornografía infantil. Salomone (2016) en un trabajo sobre estás temáticas en el ámbito de la psicología clínica, invita a reflexionar sobre si estas acciones conllevan implicancias éticas o solo de índole moral y legal.

Particularmente el planteo de la autora se encuentra en sintonía con lo que se relata en el episodio de Black Mirror ya que no parece que Kenny actué sus fantasías pedófilas. En este sentido se puede rescatar la pregunta que la autora propone “¿es la fantasía un delito?” (p. 2, Salomone, 2016).

Con respecto a esto Salomone plantea la diferencia entre “ser” y “hacer”. Aclara que en el marco del Derecho y la Justicia, las personas son condenadas por sus actos, y no por sus pensamientos, fantasías o intenciones. Esto último se entrama con la cuestión del respeto a la intimidad. Desde el plano subjetivo esto reviste una diferencia, ya que allí sí se configura una responsabilidad por lo que proviene de nuestra esfera íntima (Salomone, 2016).

En todos los casos la angustia aparece por el temor de la revelación del acto íntimo o privado, según la historia de cada personaje, que se reconoce como incorrecto moralmente (legalmente también según el caso, y con implicancias éticas) y las consecuencias devenidas de eso (sobre todo las consecuencias sociales, que parecen sobrepasar en importancia a las legales, al menos desde el punto de vista de estos personajes).

En ningún caso los personajes se angustian por los actos que han cometido, sino por haber sido descubiertos. No hay culpa y no hay necesidad ni intención de reparación ni rehabilitación. Las acciones realizadas, y el llegar al punto de llevar a cabo cualquier acción para proteger el secreto, y los motivos para hacerlo (el temor al escarnio público o familiar) dan cuenta de la inexistente elaboración moral y ética que hacen estos sujetos de los problemas a los que se enfrentan.

En cuanto a la cuestión de lo público, lo privado y lo íntimo, que puede observarse con claridad en este episodio, podemos retomar el planteo de Garzón Valdéz (2008). Vemos la vida pública de Kenny en su trabajo, donde se ve un buen desempeño como empleado, una dificultad en sus relaciones interpersonales con otros compañeros de trabajo, y su cordialidad con los clientes. En el ámbito privado interactúa con su hermana y su madre. En este ámbito existen reglas de convivencia: cuidar de la hermana, cenar en familia, etc. Lo íntimo se expresa en las conductas que realiza en su habitación. Él tiene tal celo en proteger este espacio, que dada la situación en que su hermana ha tomado sin su permiso su computadora, lo cual podría considerarse una ruptura de las reglas propias del ámbito de la privacidad hogareña, pasa a generar una barrera mayor entre su habitación –poner un candado en su puerta-, espacio de despliegue de su intimidad y de conductas que no puede desarrollar más allá de este ámbito.

Con respecto a esto Salomone (2016) propone el interrogante sobre si la tenencia de material de pornografía se puede considerar de igual carácter que tener una cierta fantasía. La autora plantea la reflexión a través de preguntas: “¿Corresponde esto al ámbito de las acciones privadas? ¿Puede ser ponderado jurídicamente de igual modo que las fantasías, los pensamientos, las tentaciones?” (p. 5, Salomone, 2016).
En tanto actividad que se desarrolla en la vida privada de Kenny, ¿constituye el uso de pornografía infantil algo que va más allá de la privacidad y que debe ser tomado en consideración por el orden público?

Salomone (2016) nos orienta en la respuesta a este interrogante haciendo foco en el daño que se oculta detrás de la pornografía infantil, en tanto la misma implica el abuso sexual, físico y psicológico de niños/as y adolescentes.

Es en este sentido que hay algo que vas allá de la intimidad y se vincula con el orden social, en el cual se encuentra moral y legalmente sancionado el involucramiento de niños en cualquier tipo de situación de índole sexual. Al consumir pornografía infantil, Kenny no solo realiza un acto íntimo en ámbito de la privacidad, no solo permite satisfacer en algún nivel las fantasías –con la responsabilidad subjetiva que esto conlleva, como se ha mencionado-, sino que afecta el orden social en tanto sexualiza a sujetos que no se encuentran en condiciones de responder ante a esta situación, y trastorna, con esto, la “representación de la infancia” (Salomone, 2016, p. 9) que una sociedad sostiene.

Esta intimidad se verá conmovida por los hackers que lo espían y amenazan con poner al descubierto su secreto, eso de él que no quiere que se sepa. En principio parece que lo que no quiere que se sepa tiene que ver con el orden la conducta sexual que desarrolla, la masturbación, pero luego veremos que la necesidad de retener el secreto está ligada al objeto sexual con el realiza ese acto. No necesariamente puede entenderse esto únicamente en relación a la vergüenza que podría suponer, sino sobre todo, independientemente de la presencia de culpa o no por su acción, del reconocimiento de que la publicidad del acto lo expone a las reglas de lo público, es decir a la Ley.

La Ley, en tanto mediación simbólica que vincula a los seres humanos entre sí y articula la posibilidad de convivir en sociedad, supone el establecimiento de los límites acerca de lo que se puede y no se puede hacer para poder formar parte de la sociedad. En ese sentido, el someterse a la Ley implica que no puede hacerse lo que cada uno quiere, sino que existen pautas comunes que deben respetarse para pertenecer a un conjunto social (y si esas pautas se transgreden, como en el caso de Kenny, aparece la faz sancionatoria de la Ley).

Comentarios finales

En “Shut up and dance” (Cállate y baila) vemos una situación de invasión de la privacidad, pero también de la intimidad. Los extorsionadores no sólo interfieren con la vida personal y familiar de Kenny, sino que se involucran en el plano de su deseo y su sexualidad, cuestión que nunca termina de ser clara en cuanto a sus alcances (¿ha actuado Kenny sus deseos y fantasías? ¿Es un consumidor de pornografía infantil?), y lo amenazan justamente con la exposición pública de algo que si bien el vivencia como su vida privada, es del orden de lo público, en tanto su elección de objeto sexual afecta a los sujetos que son objeto de la misma (a partir de lo que implica la producción de la pornografía infantil, que él supuestamente consume), y también a la representación misma de niñez que es propia de esa sociedad.

En el caso de la historia de “Shut up and dance”, hay un traspaso de un límite de la privacidad e intimidad que Kenny establece, ya que él no comparte ni tiene intención de compartir sus actos con otros, o al menos eso parece, pero el intermediario que utiliza para conseguir el material que le permite desarrollar su actividad sexual, en internet, presenta de por sí un riesgo.

Esto último nos remite a que ya no importa la intención manifiesta de exponerse o no, de mostrar de modo público lo que pertenece al ámbito de nuestra privacidad-intimidad, el solo hecho de que participemos en nuestra vida cotidiana a los dispositivos tecnológicos, conlleva de por si un riesgo de que se produzca este despliegue con o sin nuestro consentimiento.

Esto configura otra subjetividad, por un lado, inadvertida de la extensión del “peligro”, y por otro, exponiéndose constante y voluntariamente a él.

Este recorte y este análisis dan cuenta de que la serie Black Mirror, como otras narrativas audiovisuales, tiene la particularidad de brindar una estructura que habilita la emergencia de dilemas morales y que permite ver no solo las respuestas dadas en el marco de lo universal (primer movimiento de la ética), sino aquellas singulares (segundo movimiento de la ética).

Referencias

Chartier, R. (2007). Lo público y lo privado. Construcción histórica de una dicotomía. Co-herencia, 7(4), 65-81.

Cambra Badii, I. (2016). Psicología, bioética y narrativa cinematográfica: un análisis cualitativo de producciones de estudiantes sobre conflictos bioéticos relacionados con la identidad. Revista Latinoamericana de Bioética, 16(2), 16-39.

D’Amore, O. (2013). Responsabilidad subjetiva y culpa. Aesthethika, 8(3), 34-51.

Feito Grande, L. (2013). Bioética narrativa. Butlletí del Comitè de Bioètica de Catalunya, 9, 1-7.

Fridman, P. (2009). Los principios de la bioética en salud mental y psicoanálisis. En Bioética, Salud Mental y Psicoanálisis [Fantin, J.C. y Fridman, P. Comps.] Polemos: Argentina.

Garzón Valdéz, E. (2008). Lo íntimo, lo privado y lo público. Dirección General de Atención a la Sociedad y Relaciones Institucionales y Dirección General de Comunicación Social: México. Disponible en: http://187.216.193.232/biblos-imdf/sites/default/files/archivos/00482CuadernosdetransparenciaIFAI06.pdf

Gómez, M., Michel Fariña, J. J. & Solbakk, J. H. (2011). Ética y Cine: un moderno teatro griego. Journal de Ética y Cine, 1(1), 9-12.

Michel Fariña, J. J. & Solbakk, J. H. (2012). (Bio)ética: el cine como moderno teatro griego. En (Bio)ética y cine: tragedia griega y acontecimiento del cuerpo, Michel Fariña, J. J. & Solbakk, J. H [Comps.]. Buenos Aires: Letra Viva.

Ogando Díaz, B. (2010). El cine como herramienta docente en bioética y tanatología. Tesis de Doctorado. Universidad Complutense de Madrid, Servicio de Publicaciones.

Salomone, G. Z. (2016). Pornografía infantil: algunas consideraciones sobre los derechos de los niños y la concepción de la infancia. Material interno de cátedra. Cátedra I Psicología, Ética y Derechos Humanos. Facultad de Psicología, UBA. Recuperado de: http://api.ning.com/files/Iyalt0vMldGC8Xuah0azBLZn6LwKb5NTfYSr7ygXZCalu7mRnRO6DfaP9rlg9MOolFCAFe6-AfcULeO0Ao2OeHSkaa0oQrR4/Pornografainfantil.pdf



NOTAS





COMENTARIOS

Mensaje de Liza  » 9 de septiembre de 2019 » lizamurlender@gmail.com 

Muy interesante el análisis de este capítulo tan fuerte de Black Mirror. Lleva también a pensar no solo en la información que nos pueden "robar" de nuestras redes sociales y de cuánto-cómo-por qué-dónde navegamos la web, sino también la que entregamos consciente o inconscientemente para acceder a ciertos sitios/apps (dando clicks en "Bases y condiciones" que jamás leemos), y sobretodo, cuáles son los efectos y los costos de todo esto en nuestra subjetividad, ya sea en forma de filter bubbles o publicidades basadas en nuestros dichos-actos-gustos-localización, expresados cuando navegamos por internet, ignorando o queriendo ignorar las consecuencias que tiene-tendrá, incluso luego de advertencias como las que nos hace Black Mirror.



Mensaje de patricio cabas  » 4 de septiembre de 2019 » cabaspatricio9@gmail.com 

El articulo resulta muy interesante para reflexionar sobre la trascendencia, que implican las novedosas tecnologías, a nivel de la subjetividad. La actualidad esta signada por una lógica de exposición constante, que a modo de panóptico, arrasa con la intimidad, dando lugar a nuevas modalidades de control social y subjetivación. La hegemonía imaginaria de la época (sostenida en aplicaciones exitosas tales como Instagram, por ejemplo) conlleva a fortalecer un movimiento donde lo publico se instaura como el factor común de la existencia, destruyendo espacios en donde el sujeto, antaño, solo reservada para si mismo.
En relación a la responsabilidad subjetiva, el artículo también dispara elucidaciones posibles. El personaje central no parece asumir su implicancia en ello y, en su afán por encubrir su modalidad de goce prohibida, en términos morales, despliega una serie de conductas que lo sumergen aún más en la criminalidad. El posicionamiento ético se refleja. Kenny elige no entregar su intimidad al dominio del universo publico.



Mensaje de Federico Salvo  » 1ro de septiembre de 2019 » federicogsalvo@gmail.com 

El final, con la comisión del asesinato y la intervención policial en la escena, pone en el centro la cuestión sobre la culpa y sus alcances más allá del discurso del derecho. Señala los alcances de la ley en la constitución subjetiva e introduciendo una hiancia fundamental entre el registro imaginario y el simbólico.



Mensaje de Federico Salvo  » 1ro de septiembre de 2019 » federicogsalvo@gmail.com 

Muy interesante para repensar “el malestar en la cultura” en la actualidad en articulación con un abordaje foucaultiano de las redes sociales en la construcción de un cuerpo sexuado, poniendo en cuestión el límite entre el afuera y el adentro; lo más íntimo se torna éxtimo a partir de una otredad que enmarca el deseo y sanciona modos de goce.
La introducción de las nuevas tecnologías, al producir nuevos modos de goce, requiere regulación, control. Allí la imagen del “troll”/verdugo al final del capítulo viene a explicitar algo en torno a la nueva comedia que se produce en nuestros tiempos. Difícil no trazar por ej. la comparación entre la escena que representa el capitulo y los “escraches” masivos que se producen en la actualidad a modo de legitimación y de adecuación a discursos emergentes.



Película:Black Mirror

Titulo Original:Black Mirror

Director: James Watkins - Charlie Brooker

Año: 2016

Pais: Reino Unido

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