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Alcohol, suicidio o algún límite para la ausencia

por Altavilla, Diana

Resumen

Es en la muerte que la interrogación sobre el amor (de/a un padre) se hace presente. La adolescencia marca ese espacio entre la pérdida del niño que se era y la promesa de una adultez que no llega. Si el amor está presente en ese tramo, las versiones de la muerte son factibles de ser toleradas y pensadas. Cuando el amor es vacilante o incierto, la muerte puede ser próxima. El protagonista adolescente de On the Edge se pregunta por el amor de un padre que muere antes de tiempo: entre el alcoholismo presente que hace a la función de padre ausente y la ausencia física por la muerte, parece que este padre no está a la altura de dejar coordenadas de vida para su hijo. Antes de ello no habrá padre presente y luego no habrá posibilidad de padre presente nunca más. La muerte de los padres deja a los hijos instalados en un vacío pues aquello de que se esperaba de ellos ya nunca será y la ilusión instalada será algo a perder o metabolizar inexorablemente. Futuros a construir. Paternidades a realizar. Padre a renunciar es alcanzar la posibilidad de una vida que pueda ser vivida con esos retazos que haya dejado un progenitor. Es la construcción de un padre con los retazos que ese ha dejado (hermano, médico, etc.) que Jonathan podrá asumir su ausencia física y una posibilidad para construir amor allí donde parece no haberlo.

Palabras clave: suicidio | adolescencia | duelo | muerte

Alcohol, suicide, or any limit to loss

Abstract

It is in death that the question about love (from / to a father) becomes present. Adolescence marks that space between the loss of the child that once was and the promise of an adulthood that does not come. If love is present in that stretch, the versions of death are feasible to be tolerated and thought about. When love is hesitant or uncertain, death may be near. The adolescent protagonist of On the Edge wonders about the love of a father who dies before his time: between the present alcoholism that makes the role of an absent father and the physical absence due to death, it seems that this father is not up to the task to leave life coordinates for your child. Before that there will be no father present and then there will be no possibility of father present anymore. The death of the parents leaves the children installed in a void because what was expected of them will never be and the illusion installed will be something to lose or inexorably metabolize. Futures to build. Paternities to be carried out. Father to renounce is to reach the possibility of a life that can be lived with those remnants left by a parent. It is the construction of a father with the scraps that he has left (brother, doctor, etc.) that Jonathan will be able to assume his physical absence and a possibility to build love where there seems to be none.

Keywords: suicide | adolescence | grief | death | alcohol.

¡Un hombre al mar! ¡Qué importa!
El buque no se detiene por eso. El viento sopla;
el barco tiene una senda trazada, que debe recorrer necesariamente.
El hombre desaparece y vuelve a aparecer;
se sumerge y sube a la superficie; llama;
tiende los brazos, pero no es oído:
la nave, temblando al impulso del huracán,
continúa sus maniobras; los marineros y los pasajeros no ven al hombre sumergido;
su miserable cabeza no es más que un punto en la inmensidad de las olas.
Víctor Hugo. “Los Miserables. [1]

VI La ola y la sombra

La histeria no es tanto una enfermedad,
sino más bien una técnica para permanecer en blanco y
ausente de uno mismo,
que utiliza síntomas como sustitutos
para encubrir esa ausencia”
Masud Khan “Locura y soledad:
entre la teoría y la práctica psicoanalítica” [2]

Contacto. ¿Cuál es el límite del contacto?

Escena primigenia que nos mete de lleno en terreno lodoso donde el amor y la muerte se conjugan todo el tiempo. Esta película irlandesa de 2001 fue co-escrita y dirigida por John Carney, quien insiste en temas donde el conjuro se plantea.

Jonathan (Gillian Murphy) entra tarde al funeral de su padre donde lo espera su hermano mayor Mikey (Paul Hickey), su cuñada y unos pocos asistentes en la iglesia casi vacía. Avanza a paso enérgico hasta el cajón, golpea y dice: “No…no hay nadie allí”. Voltea hacia su hermano que lo mira con rechazo. Vuelve sobre el cajón, apoya su mano firme sobre este y apenas acaricia con el dedo pulgar la madera reluciente.

¿Cómo sufrir por un padre alcohólico? ¿Cómo llegar a él a través de la madera gruesa? Final. ¿Final? ¿Hay un final? ¿Es la muerte un final o un límite? ¿Habrá un padre allí o solo es una ilusión? ¿Quién puede instalar algo de una terceridad que oriente a un hijo en el mundo? ¿Es para Jonathan un límite o es que la muerte del padre pone un límite real al que no puede hacerle frente porque algo reclama, demanda, requiere y necesita?

Hay algo que sale a buscar a paso firme luego unos segundos después.

Su mal gastado traje habla de un joven de diecinueve años sin mucho horizonte en una Dublín de clase baja con trabajos mal pagos y buenos tragos. El alcohol es un compañero para sortear futuros inciertos donde queda solo fundar familias, tener bebés no siempre buscados y extraviarse en bares por las noches con desconocidos. Sale a buscar. Quiere buscar drogas, no le dejan entrar al bar. Pide a una desconocida drogarse e irse a tener sexo. Ella acepta. Roba un auto y se va con ella. Cuenta de la muerte del padre, de su alcoholismo, de la advertencia del médico por la cirrosis, de la indiferencia del padre y de la inevitable muerte. Habla con serenidad y su ocasional compañera se ve extrañada como si la muerte le fuera algo frívolo que él niega: “La muerte es algo muy serio para mí.” Tan seria es que unas horas después llega a casa de su hermano y se lleva la urna con las cenizas del padre. Todo con amabilidad. Nada es brusco. Nada es incorrecto. La calma es una constante, la decisión también. Con la urna con las cenizas del padre y una desconocida dormida en su auto conduce esa madrugada por alrededores del pueblo son una melodía en la radio que no acompaña hasta que se detiene en una bifurcación. Despierta a su casual compañera de juerga nocturna y le pide que se baje en medio del campo, abre la puerta y la alienta a bajar. Extrañada baja del auto. Jonathan cierra la puerta, sigue su viaje y pasando una curva a unos metros busca respuestas arrojándose con el auto en un acantilado. No hay contacto. Habrá que tirarse con la urna con las cenizas de su padre robadas a su hermano para que el aire acaricie su rostro y le diga que ni en la muerte el contacto se encuentra.

Sale prácticamente ileso. No atarse el cinturón de seguridad significó no un descuido sino una salvación. Hubiera quedado desnucado al final del acantilado y del mar. Solo un meñique del pie quebrado le figura un símbolo.

Dado la situación emocional el juez impone una pena de cárcel o noventa días de reclusión en una institución psiquiátrica. Los diecinueve años y una situación dolorosa menguan el castigo del juez, pero le permiten pasar una navidad distinta sin dolores familiares. El dolor de no estar con una familia con ausencia de un padre hubiera sido insoportable dice al entrar al hospital. Casi inexpresivo, casi alegre, casi sonriente, casi calmo, casi entusiasta, siempre “casi”.

Alojarse en un lugar donde las coordenadas de la locura o la rebeldía son más tremendas que las propias es atípico para él. No entiende. Quiere entender. Supone que él debiera ser el loco porque afuera el loco era él y los demás eran cuerdos. Aquí parece que los demás no encajan. Busca coordenadas para desencajar. Sus locuras empiezan a resultarle mínimas frente a la paranoia, los fetiches o las paradojas de los demás, de las entendidas medidas de la rehabilitación estatal. Los pijamas ajenos que le dan de vestimenta y delimitan a los internos de los médicos serán un reflejo de los desajustes de la coherencia de un sistema de salud más lejos de la inclusión y más cerca de la in-sensatez.

Tres sesiones obligadas de terapia grupal a la semana con el Dr. Figure (Stephen Rea) lo dejan conocer a sus compañeros juveniles de internación: Rachel (Tricia Vessey) Toby (Jonathan Jackson), Nick (Tomas O’Súilleabháin) y Leslie (Marcella Plunkett). Se resiste a esas sesiones. Le parecen tontas, inútiles. Ni siquiera puede presuponer por qué otros están internados. Intuye que son razones graves dado algunos comentarios desde las primeras sesiones: pensamientos obsesivos, fetiches, miradas demasiado esquivas, miedo que llega al pánico inmotivado.

Los otros están internados, él trata de pasar esos noventa días lo más rápido posible. Quiere perder tiempo. “Juguemos”, piensa, pero no hay juegos que puedan jugarse en ese predio. Lo que pasa ahí adentro es cosa seria. Los intentos eróticos de seducir a Rachel lo distraen pero lo incluyen en la realidad loca de los otros. La sangre que un beso/mordida de Rachel lo anida en una realidad de muerte nuevamente. ¿Amor letal? ¿Quiere morir o quiere que algo muera? ¿Qué quiere ella de él? ¿Qué quiere él de ella? ¿Quiere ella un beso o quiere su sangre que derrama sobre si misma antes de dejarlo? Desconcierto. Otra vez el desconcierto que el otro le deja. Vuelve otra vez a buscar algo después del desconcierto. No puede quedarse con el desconcierto. El desconcierto lo retuerce y se debate entre dejarse estrangular por el dolor o buscar una respuesta. Busca respuesta para sí y para sus compañeros de internado. Una fuga es lo mejor. Una fuga a un bar es lo mejor.

Las respuestas a las pérdidas pueden darse de mil modos: a la muerte de su madre a sus diez años el “historial” de depresiones masculinas de la familia de Jonathan son una buena manera de buscar la luz. Cada vez mejora las respuestas. Desde los cortes en las muñecas hasta el alcohol, drogas, sexo, acantilados o ventanales de un internado, todas serían una buena forma de encontrar algo pero el problema parece ser que no se sabe cuál es la pregunta.

Los intentos de suicidio de sus compañeros de grupo terapéutico señalan lo no señalable en él mismo: que no quiere matarse. Querer retener al otro era algo que ordena su vida pero no lo ordenará matándose. Amor o desamor. Tendrá de los dos en el curso de la internación.

El Dr. Figure pondrá el tema del amor en forma de demanda al pedir acuerdo a todos de no matarse hasta después de Año Nuevo. ¿Condición para salir o para desear en un mientras tanto?

El trabajo analítico podrá permitirle al sujeto transformar la significación de esas experiencias, relativizar el impacto e imputarles otras causalidades [3] dice Piera Aulagnier sobre la intervención a realizar con cualquier impacto disruptivo, con un evento que puede venir del entorno (familia, comunidad, etc.) o del cuerpo (enfermedad, daño por accidente, daño por lesiones provocadas, etc.)
Si un recuerdo genera alucinaciones y displacer masivo es porque las catexias del Yo no han influido suficientemente en el recuerdo y predomina el proceso primario” (Aulagnier, P. op. cit., 1986)

El amor se precipita entre Jonathan y Rachel sin medir las consecuencias que en Toby –su mejor amigo allí- le desata. El desamor de Rachel inunda a Toby y lo lanzan a otro acantilado. Otra vez la muerte por desamor. La culpa se instala en todos de alguna forma pero se presenta en algunos en forma de construcción de un nombre que los nombre. La habitación vacía de Toby le permite a Jonathan llorar por primera vez. Llorar por un amor/desamor de amigo, llorar por un amor/desamor del padre.

¿A qué le tiene miedo Jonathan?

El Dr. Figure acierta cuando le afirma que solo puede ayudar a alguien enfermo de verdad y que aun así la mitad de las veces no funciona.

La ventana lo sostiene.
Puede mirar hacia afuera y hacia adentro.

Es la anciana también internada que conoció a su ingreso al hospital quien hace las veces de conciencia: ¿qué estas mirando? le pregunta. Nada, responde Jonathan y ella continúa: ¿Estás ciego? Si no tienes que estar mirando algo…Ya se lo que pasa por tu cabeza”. ¿Lo sabe? le replica Jonathan y ella responde que si ¿Qué haces aquí mirando por la ventana? encuadra un reto pertinaz de un sentido de realidad inalcanzable aun a él. De cualquier manera … esta es MI ventana realmente, prosigue el reto de la mujer, todo el mundo lo sabe! ... y al oído de Jonathan cómplice le susurra: Estoy aquí hace años.

¿Son los intentos de suicidio una narración muda frente al dolor o pueden ser una forma de pictografía moderna al sinsentido del discurso contemporáneo?

¿Son los formatos ad-hoc los que ocasionan un antes y un después en vías de dirección de cura y salida del sinsentido?

“…el camino de poder “dialogar” con un padre a partir del abrazo que la contenga (a Chieco) luego de mostrarse desnuda (ante él), algo que le haga “piel, que detenga la fragmentación y haga alguna forma de corporalidad”. [4]

En su magnífico relato “La muerte de un padre” Walter Benjamin nos introduce en lo que insistentemente refiere como el arte de contar historias, y hace palpar el desconcierto, la incertidumbre, lo inenarrable de un momento crucial en la vida de cualquiera: la muerte del que dio vida.

Dice: “A partir de ese día, sin embargo, trabajó con mayores inseguridades. Notó deficiencias, y empezaron a preocuparle los problemas de fondo que hasta ahora había pasado prolijamente por alto. Pedía libros sin medida ni propósito. Rodeado de pilas de revistas, las examinaba con absurda meticulosidad en busca de datos más intrascendentes. Pero si interrumpía la lectura, nunca dejaba de sentirse como una persona a la que la ropa le quedaba demasiado grande. Al arrojar tierra en la fosa de su padre, entendió la relación entre la oración fúnebre, la interminable fila de conocidos y su propio vacío mental.”

“…cuando alguien muere es muy fácil que hacer con el dinero y las joyas, el problema es que hacer con los zapatos viejos, los anteojos que quedaron, con lo que no sirve. Hay una cierta sacralización. Un autor decía que el problema del objeto reliquia es que convoca a la reverencia pero tiene algo de siniestro” [5]

Cuando Jacques Rigaut antes de su final determinado escribe El suicidio como destino (1928), y alerta:

La autodestrucción como acto de fe,
como bandera,
como norte total e inexcusable,
como justa rebelión,
como protesta,
como arma letal contra uno mismo,
como risa final,
como método justo de vaciarse,
como máscara o pose –que es lo mismo–,
como efecto aceptado, irreversible,
como par de la vida,
como guerra interior no declarada,
como peligro urgente y necesario,
como razón del justo y el tirano,
como expresión moderna y muy en boga,
como lucha interior introspectiva,
como forma de crítica al sistema,
como terapia absurda y consecuente,
como remedio justo contra el cáncer,
como claudicación,
como mordaza,
como final también,
como principio…
Como negocio, en fin,
seguro y cierto.
Se admiten asociados
en cómodo sistema de franquicia
o accionistas solventes sin escrúpulos.

Como cualquier situación que se presenta como inesperada, impensable y/o abrupta al psiquismo, el suicidio genera en las personas próximas un exceso que el psiquismo intenta procesar. Procesar implica en primera instancia reingresarlo en la trama significante, es decir, volverlo comprensible, entendible y/o aceptable transitando adecuadamente el dolor y angustia vivenciados.

La muerte es para el ser humano algo que se sitúa entre estas coordenadas dado que, como se desconoce en su esencia por no tener acceso a ella, los humanos apenas pueden encuadrarla en alguna categoría que las vuelva aceptable y les alivie el dolor que la pérdida les provoca. Por ello las personas intentan explicaciones a lo que la muerte es: “el final del ser humano”, “el final del cuerpo y la permanencia del alma”, “una transición hacia otra forma de existencia”, “una mutación completa”, etc. Todas formas que aliadas o no a concepciones respecto de la vida, permiten psicológicamente poner a la muerte en algún lugar pensable. [6]

El mundo literario: Chamfort, Jacques Vaché, Horacio Quiroga, Ernest Hemingway, La Rochelle, Alfonsina Storni, Leopoldo Lugones, Stefan Zweig toman prestado sus decires para ponernos en la senda de la demanda de muerte.

El cine pone a nuestra disposición un algoritmo de imágenes que una a una hacen huella en la transmisión del dolor psíquico y de su demanda al otro.

“… la construcción de momentos (en un film) no es tan ajena a la construcción de identidad que en la adolescencia pasa desde la pubertad a la adolescencia propiamente dicha y la juventud en un recorrido con aristas dolorosas donde las pérdidas y los movimientos anterógrados y retrógrados se presentan todo el tiempo” (Altavilla, D. op. cit., 2020)

Jonathan termina sus noventa días de encierro voluntario. Sale casi como había entrado: a paso firme. Mientras el Dr. Figure mira a través de la ventana del primer piso Jonathan desata una bicicleta y se larga. El aviso por parlante dice solamente: “Seguridad, hay un joven que acaba de robarse una bicicleta. Va a pasar por la puerta principal en un minuto o dos. Tiene puesto un abrigo verde y un gorro…Déjenlo pasar

El acantilado vuelve a ser un punto de inflexión. Rachel está parada viendo el mar cuando Jonathan se le acerca. Ella le dice que es hermoso ese lugar.

Jonathan responde y se dice: “No puedes culparte por eso” (se refiere al suicidio de Toby) a lo que ella le responde con una sonrisa socarrona: “¿Así que ahora estás curado? Demasiadas experiencias con la muerte. Empiezas a pensar dos veces” Jonathan mira el fondo del acantilado, el agua y las olas que rompen. “¿Quieres saber la verdad? ¿Si todo es cuestión de vida o muerte entre gente como tu y yo? Entonces quiero sobrevivirte y ver como terminas porque me gustas”. Ella contesta que no puede y él continúa: “Nos veo juntos de acá a un año. Rachel pregunta si hay amor, Jonathan cree que si, pero la obliga a elegir.

“La obra cinematográfica nos permite introducirnos en aquello que del relato de la experiencia el sujeto va entretejiendo, realizando una trama, cierto “zurcido” en torno del agujero negro que el evento suicida produce. Los relatos, hablados o narrados en imágenes de una trama secuencial, darán cuenta de la singularidad del que lo transita como del que lo escucha. Los analistas que puedan ver en estos relatos singulares (los relatos de cada sujeto) o películas (al modo del relato social) una pregunta que lo interroga sobre el evento suicida, estarán más advertidos para posibilitar algún alojamiento del tema y no dejarlo sancionado como de un ‘afuera’ precautorio para el oyente”. [7]

Rachel elige. Elige seguir con él. Elige el camino, no el acantilado.

Saliendo al paso a la carretera compra dos paletas de helado. Naranjas ambas, iguales, idénticas. Son dos gotas de agua. Lágrimas de lo real que Rachel llora, como el camino que los une. La culpa y el dolor por un padre/madre perdidos. Por un deseo de ser cuidados y cuidar de otro.

Ambos extraviados y encontrados.
Como todos.

Referencias

Víctor Hugo. “Los Miserables”.

Khan, Masud. Locura y soledad: entre la teoría y la práctica psicoanalítica. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Lugar editorial, 1991

Benjamin, Walter. Historias desde la soledad y otras narraciones. 1 ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: el Cuenco de Plata, 2013. Pág. 59.

Bleichmar, Silvia. El desmantelamiento de la subjetividad: estallido del Yo. Topia Revista: Buenos Aires, 2010 Pag.52.

Aulagnier, Piera. Un interprète en quête de sens, Préface de Maurice Dayan, Paris, Psychanalyse, Ramsay, 1986.

Horstein, Luis. Intersubjetividad y clínica Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Paidós, 2010.

Altavilla, Diana. Suicidio y autolesiones: impacto, consecuencias y estrategias clínicas. 1 ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: RV Editores, 2019. Pag.29.

Altavilla, Diana. “Babel. Cuando el silencio marca el desborde” en Educación sexual integral en una sociedad hiperconectada: estratégicas didácticas para el trabajo con cine y series en el nivel medio / Ormart, E y otro (comp.) Ciudad autónoma de Buenos Aires: SB, 2020. Pág. 177.

Benyakar, Moty, Michel Fariña, Juan Jorge. (comp.) Lo disruptivo en el cine: Ensayos ético-psicoanalíticos – 1er. Ed. – Buenos Aires- Letra Viva, 2014. "Lo que el cine nos enseña sobre el suicidio de un hijo" (Altavilla) Pág. 99.



NOTAS

[1Víctor Hugo. “Los Miserables”.

[2Khan, Masud. Locura y soledad: entre la teoría y la práctica psicoanalítica. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Lugar editorial, 1991

[3Aulagnier, Piera. Un interprète en quête de sens, Préface de Maurice Dayan, Paris, Psychanalyse, Ramsay, 1986

[4Altavilla, Diana. “Babel. Cuando el silencio marca el desborde” en Educación sexual integral en una sociedad hiperconectada: estratégicas didácticas para el trabajo con cine y series en el nivel medio / Ormart, E y otro (comp.) Ciudad autónoma de Buenos Aires: SB, 2020. Pág. 177

[5Benjamin, Walter. Historias desde la soledad y otras narraciones. 1 ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: el Cuenco de Plata, 2013. Pág. 59

[6Altavilla, Diana. Suicidio y autolesiones: impacto, consecuencias y estrategias clínicas. 1 ed. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: RV Editores, 2019. Pag.29

[7Benyakar, Moty, Michel Fariña, Juan Jorge. (comp.) Lo disruptivo en el cine: Ensayos ético-psicoanalíticos – 1er. Ed. – Buenos Aires- Letra Viva, 2014. "Lo que el cine nos enseña sobre el suicidio de un hijo" (Altavilla) Pág. 99.





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Película:On the Edge

Titulo Original:On the Edge

Director: John Carney

Año: 2001

Pais: Irlanda

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