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La función materna: ¿Misterio u olvido en los albores de la degeneración catastrófica?

por Domínguez, María Elena

Siempre ha sido un misterio, en especial para el macho, el lazo que une a la madre con su cría. Lazo alimentario, lazo de cuidados, instinto maternal. Muchos nombres han intentado develar esa trama pero sin éxito alguno. The Forgotten tal el título original del film retoma el lugar que dicho lazo tiene en la estructura. No se trata de la inconfundible foto de la triangulación edípica: madre, padre e hijo y los deseos incestuosos fantasmáticos que allí se conjuran, sino del lugar que la madre ofrece para situar a su cría. El lazo que ella teje para ligarla al nombre del padre.

Se ha emparentado a este film, por su relación con los fenómenos extraterrestres, con la serie televisiva X-Files. La crítica ha acentuado también la ausencia de misterio en la obsesiva trama, pero es allí dónde ésta se detiene. Algo queda forcluido, abducido como sucede con alguno de los personajes fílmicos. Y bien sabemos que si algo queda forcluido del sistema de simbolización retorna, que aquello no inscripto en lo simbólico retorna en lo real [1]. En efecto, aquí se trata de una forclusión en la lectura, pero, entonces ¿qué retorna?

Si volvemos al título: Los Olvidados -tal su fiel traducción- hallaremos una vía para desentrañar la trabazón existente entre el experimento perpetrado sobre la memoria de estos padres y el lugar asignado a un hijo por la madre.

La trama parece detenerse en la imposibilidad materna de olvidar a su cría: Sam de 9 años, supuestamente fallecida en un accidente de avión hace catorce meses, y los intentos fallidos que ella labra para soportar su falta. A partir de allí la historia vira. Psiquiatra y marido coinciden en la versión de la inexistencia del niño. La triangulación edípica, la foto familiar se desvanece, el padre no oficia de padre, olvida su paternidad. Se intenta confundir a Telly con el nacimiento de un niño muerto, de allí su existencia, el nombre asignado, y su recuerdo, pretendido artilugio para conservarlo en la memoria. Sin embargo hay algo en ella que no puede ser borrado. Su cuerpo lleva la marca de haberla alojado. Ella misma es cifra de ello. Signo de un deseo materno metaforizado por la ley paterna pero sobre todo signo de amor, el gran olvidado.

La protagonista del film es una madre: Telly Paretta. Es muy interesante que esta madre porte el Nombre del Padre: Paretta (Jim Paretta), metáfora del lugar que ella hace al nombre en la estructura, pero la crítica no ha rozado siquiera el anudamiento que la madre crea para ligar el amor al Nombre del Padre. Efectivamente el film revela la otra cara [2] del lazo, aquella ligada al amor.

Como vemos son varios los olvidos en esta trama [3]. Pero, entonces, la pregunta que origina el experimento: ¿cuál es el lazo que une a una madre con su cría? mutará en: ¿cómo lograr que ésta madre la olvide? y para ser más precisos: ¿de qué deberá olvidarse una madre para olvidarla? Por un lado, diremos que tiene que olvidarse de transmitir su castración, es decir, de sostener en su decir la ley del padre que castra a ambos madre y niño en el segundo tiempo del complejo de Edipo. Pero además, como esa madre habla, debe acuñar ese nombre[4], traducirlo. No ya en términos de metáfora paterna, la sustitución de un significante por otro y la articulación con la significación fálica, sino en términos de amor, de “un amor ejercitable con un lugar en la estructuración” [4].

Efectivamente de qué trata el film sino de un amor ejercitable para el sujeto. Y vaya ejercicio que esta madre hace para no olvidarlo. Ejercicio que no hace sola sino con un padre que la acompaña en esa empresa. De hecho, “lo que hace que el amor sea más o menos ejercitable [y no se transforme en mortífero] es su anudamiento con el Nombre del Padre, es decir un anudamiento a una identificación” [5]. Un padre que aunque no sea el padre biológico de su hijo no haya olvidado su función. Pero, no perdamos de vista que su existencia es posible sólo si es sostenida en la palabra de la madre; él mismo puede ser abducido, desaparecido pero no olvidado. Es ella la que encarnando en su cuerpo ese decir traduce ese nombre, la que hace lugar a su función (la paterna) con un redoblamiento: ella interpreta.

La función materna se torna doble, produce una doble ligadura para enlazar a la cría: soportando la ley de la palabra del padre, transmitiéndola y ligándolo a él por amor, amor a la cría posible solo por amor a un hombre. En efecto, la mujer deviene madre por el deseo que la enlaza a un hombre, allí donde ella misma no-toda debe estar tomada por el lazo que teje.

La ausencia de Sam, evoca las acontecidas en nuestro país, en la última dictadura militar. Sin rastros legales que acrediten el nacimiento, sin fotos, sin registro del accidente. Sin embargo, la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), al tanto de su existencia, acecha a la madre. Al igual que a las Abuelas [6], otras madres, que no sólo se niegan a olvidar a sus hijos sino que intentan re-anudar la trama enlazando en ella a sus nietos ausentes. Pero, Telly pareciera no hallar salida a la encrucijada [7], es sólo madre. Si ella no debe olvidar su castración, tampoco debe estar toda tomada por ser madre, debe ausentarse para dar lugar al deseo, para que el vacío que el No introduce en relación con el todo de goce sea traducido en términos de amor, un amor que se sostiene de su deseo por un hombre. Entonces, si el padre opera por ausencia, no se tratará de la ausencia del deseo de la madre respecto de aquél, como pareciera sucederle a nuestra protagonista [8], sino de cómo ella anude al lazo esa palabra que porta aún en su ausencia.

La escena que precipita el desenlace: el extraño encuentro entre Telly y el ser extraterrestre, nos permite recortar, en el último y desesperado intento que pretende borrar a Sam, un lugar para el amor. El recuerdo elegido será el del parto, momento supuesto por aquél como fundante del lazo. Sin embargo, no logra arrebatarlo, queda de ello una marca sin rostro sostenida del amor: la imagen de Telly acariciando su panza, nombrando a su cría, tejiendo ese lazo aún antes de nacida. Una madre que en ese último reducto sostendrá un No. Un último cabeceo que le permitirá retenerla y sujetarla. Si es la madre la que traduce un nombre (en francés nom) por un no (non) [9] y esto es decisivo para anudarlo al nombre del padre es porque ella, no-toda tomada por lo fálico, puede crear un espacio para…el amor.

Entonces, lo que retorna para suplir el nombre del padre, allí dónde hay un punto forclusivo, diremos ahora en la crianza de los hijos, ¿es signo de la degeneración catastrófica de la función materna? [10] Allí dónde ella, la madre no acuña bien, ese nombre el orden de hierro venido de lo real lo suplirá “nombrando a su cría para”…un experimento. [11]

Si de olvidos trata el film, la pluralidad indica que hay aquello que no debe olvidarse [12] pero hay también el olvido que se debe producir para que una mujer devenida en madre por amor a un hombre anude la ley por amor, amor al nombre del padre soportada del deseo por el padre del nombre.

BIBLIOGRAFÍA:

- INDART, Juan Carlos (2003) “El signo de una degeneración catastrófica” en Huellas, Revista de Psicoanálisis de San Luis, Año III, Número 1(5), Biblioteca de Psicoanálisis de San Luis “Eugenia Sokolnicka”, Diciembre de 2003, 26-55

- LACAN, Jacques (1955-56) El seminario. Libro 3: “Las psicosis”, Buenos Aires, Paidós, 1992.

- LACAN, Jacques (1974) El seminario. Libro 21:“Los no incautos yerran”, Inédito.



NOTAS

[1LACAN, J. El seminario. Libro 3. “Las Psicosis”, Pág. 126.

[2Si hablamos de otra cara esto indica que ya existe una, la más conocida, aquella que hace a la ley, la ley paterna. En efecto, es el Nombre del Padre el que con su doble prohibición en el segundo tiempo del complejo de Edipo instaura la ley traduciendo el deseo materno como deseo de falo en la operatoria que Lacan nomina: metáfora paterna. A partir de allí el goce será goce fálico si bien hay un resto que evidencia lo fallido de esta operación.

[3Es interesante retomar el plural en el título supuestamente referido a los niños olvidados por el experimento extraterrestre pero puede permitirnos otra lectura la de la pluralidad de los olvidos.

[4INDART, J. C. “El signo de una degeneración catastrófica”, Pág. 35.

[5Op. Cit. Pág. 33.

[6Esta referencia alude a las Abuelas de Plaza de Mayo, quienes en sus rondas de los jueves por la Plaza, en esos círculos interminables también ejercitan su amor.

[7Ella es sólo una madre que cree en su perseguidor: un ser de otro mundo, Robert Shinner presidente de Air Quest, de allí su búsqueda en el aire desde el comienzo de la búsqueda-persecusión.

[8Este es otro punto que emparenta a Telly, las Abuelas y las Madres de Plaza de Mayo, son las mujeres, devenidas madres las que reclaman por el no olvido de sus hijos, pero no hay datos respecto del los hombres que las acompañan. En el caso de Telly su hombre la ha olvidado y ella ha consentido dicho olvido, olvido que, como sabemos, no será sin consecuencias para la cría.

[9Esto puede observarse en el film cuando Telly le dice a Ash que pronuncie el nombre de su hija: Lauren y así no la olvidará o mejor dicho la recordará. Este recurso, que sostiene un No, vuelve a aparecer en su encuentro con Robert Shinner cuando le grita: “su nombre es Sam” en un último No que logra en el mismo acto enlazarlo en la trama y desbaratar el experimento.

[10Lacan sostiene que la degeneración catastrófica acontece en la cría, en el hijo, producto de su pronta colocación en el mundo siendo “nombrado para”; ello verifica entonces la falla en la traducción de ese Nombre por la madre. De allí nuestro planteo sobre la degeneración catastrófica de su función ya sea por olvido o por volvérsele un misterio a la mujer.

[11Efectivamente tal como Telly lo intuye la desaparición de los niños tenía como fin su robo sino dilucidar el lazo que une a la madre con su cría en una suerte de experimento ideado por Robert Shinner: el extraterrestre que busca comprender el misterio de la función materna.

[12Señalado anteriormente por la negativa en respuesta a la pregunta ¿de qué debe olvidarse una madre para olvidar a su cría?