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Destino, pronto y silencio. De la culpa a la responsabilidad

por Martínez, Delfina, Smolarchik Brenner, Maia

Universidad de Buenos Aires. Facultad de psicología

Resumen

Alice Munro escribe “Destino”, “Pronto” y “Silencio” en su libro Escapada. Estos relatos inspirarán años más tarde a Pedro Almodóvar para la realización de su film “Julieta”. En los cuentos, Munro relata los avatares de Juliet y sus elecciones de vida, las cuales pueden ser leídas a través del circuito de la responsabilidad. La repetición de puntos ciegos evidencia respuestas fantasmáticas que velan un real insoportable. En Destino, por cuestiones del azar, Juliet conoce al hombre que se convertirá, luego, en el padre de su hija Penélope. Este primer tiempo antecede a un segundo tiempo ubicado entre Pronto y Silencio, en el cual Juliet se ve doblemente interpelada. Tanto el encuentro con sus padres a quienes no veía hace años, como la decisión de su hija de irse para no volver, la conducen a una serie de reflexiones envueltas en culpa y autoreproches que la llevan a una espera mortificante. Finalmente, ante una noticia inesperada se produce un cambio de posición subjetiva en la protagonista de esta historia.

Palabras Clave: Culpa | responsabilidad | subjetividad | fantasma

No se fracasa todo el tiempo, ni en todo, y yo pienso que vale la pena, al menos pienso que lo vale. Pero es como llegar a un acuerdo con cosas con las que una puede lidiar sólo parcialmente. Esto suena de lo más desesperanzado. Pero yo no me siento en absoluto desesperanzada”. [1]

En la recopilación de cuentos Escapada, Alice Munro presenta a su personaje emblemático: Juliet, una mujer que inspirará años más tarde a Pedro Almodóvar para la realización de su último film “Julieta”. La narrativa de Munro exige al lector una atención y una lucidez particular que bascula en movimientos de avance y retroceso de lectura e interpretación. Siguiendo los acontecimientos ordenados de manera cronológica y con el fin de vincularlos luego con circuito de la responsabilidad, se realizó el siguiente recorte de cada uno de los cuentos:

En Destino , el primer cuento de la trilogía seleccionada, Juliet es presentada como maestra de Lenguas clásicas y emprende un viaje en tren hacia Vancouver desde donde es contratada por una escuela para cubrir una vacante inesperada. Durante el viaje, se sienta en un asiento doble. Un hombre ocupa el lugar disponible e intenta entablar una conversación. Las respuestas evasivas de Juliet conducen al momento en que finalmente se pasa a otro sector del tren. Allí conoce a otro pasajero con quien sí tiene el gusto de conversar. Se da otro encuentro, azaroso y de índole amorosa. Aún no lo sabe, pero en ese emblemático, pasional y fatal viaje en tren, conoce a quien será su pareja durante los próximos años. Eric le cuenta que estaba casado. Ann, su mujer, había sufrido un accidente de tráfico y había quedado, desde allí, en coma. Unos minutos después, el tren se frena. El primer hombre que se había sentado en el otro vagón se había suicidado, hecho que hace sentir responsable a Juliet. Meses más tarde, a partir de una carta que Eric le ha enviado, Juliet decide ir a visitarlo. Da la casualidad que llega justo el mismo día del entierro de su mujer. A partir de entonces, comienza el principio de una relación.

En Pronto , nos anoticiamos que la pareja ha tenido una beba. Juliet la lleva a sus trece meses a conocer a sus abuelos. Ella no veía a sus padres desde hacía años. El encuentro es contundente, surgen reproches y sucesos del pasado así como un presente distinto en cada uno de ellos. Sam, su papá, había decidido dejar la docencia para meterse en el negocio de vender verduras. Por su parte, Sara, padecía de una enfermedad grave, la cual la hacía dependiente de su marido. Vivía con ellos otra mujer, Irene, quien los ayudaba con las tareas del hogar y en los cuidados de Sara. Juliet ve cómo el padre mira a Irene como algo más que una empelada y luego se temrina enterando que entre ellos había una relación de índole amorosa. Juliet cuestiona las decisiones de su padre y ella es cuestionada, a su vez, por sus progenitores. Ambos le preguntan por Eric, por su profesión, si se había casado con su mujer anterior. Algo de esto resuena en Juliet, quien menciona con cierto recelo que Ann fue su única mujer.

En Silencio, el relato va y viene en el tiempo hasta llegar al punto en que Eric muere. Alrededor de los 13 años de Penélope, Juliet se entera que Eric le había sido infiel. Si bien sabía que con esta mujer había tenido un amorío durante el matrimonio con su ex esposa, ahora se entera que también lo ha tenido estando con ella. Una noche de tormenta, luego de mantener una discusión sobre lo acontecido, él se va a pescar al mar y sufre un fatal accidente. Juliet le cuenta lo sucedido a Penélope, ocultando la discusión previa que habían tenido, para transmitírselo luego cuando ella ya es más grande. Penélope, a sus veintiún años, decide realizar un retiro espiritual de seis meses, del cual nunca vuelve. Juliet se reprocha por esto. En un primer momento la busca. Luego pasa años en una espera angustiosa y culposa. Después, la culpa hecha silencio. Mientras, Juliet cambia de trabajo varias veces, vuelve al estudio de las lenguas clásicas y se muda, soltera, a un piso diferente. Se convierte en una aficionada de la jardinería y pasa mucho tiempo reflexionando acerca de su vida y del paradero de su hija. A través de una vieja amiga de Penélope, un buen día, recibe noticias. Penélope también había sido madre. Dos varones y tres mujeres. Juliet no vuelve a ver a su hija nunca más. Continúa con su vida. Luego de este encuentro y de largas reflexiones en silencio, ya no se aferra a la triste pasión de la esperanza sin sentido. Aún la espera, sí, pero de otro modo.

El circuito de la responsabilidad en los relatos

A partir de este recorte hemos podido ubicar los dos primeros tiempos del circuito de la responsabilidad. En Destino ubicamos el tiempo uno, mientras que el segundo tiempo lo podemos hallar en una doble interpelación ubicada entre Pronto y Silencio.

En Destino nos encontramos en un principio con ciertas cuestiones del orden del azar y la necesidad. En primer lugar, surge el encuentro con un hombre que intenta entablar una conversación con ella y luego se suicida. Por más que Juliet se haya sentido responsable-posiblemente por haber evadido la conversación con el hombre-, este acontecimiento era una clara cuestión de destino, inexorable: “(…) efectivamente la muerte es un ejemplo del orden de necesidad. No sabemos cómo ni cuándo, pero hasta nuevo aviso todos sabemos que algún día vamos a morir” [2]. Por lo expuesto, rige hasta aquí, un hecho de índole de la necesidad. En este sentido, no es pertinente- aun- la pregunta por la responsabilidad.

Por otro lado, surge el encuentro con Eric, el cual en un primer momento es azaroso y aparece en el momento en el cual el amor podría velar el agujero de la pérdida, tanto de la mujer de Eric, como del hombre que había decidido acabar con su vida. Es recién cuando Juliet toma la decisión de ir a buscarlo con la intención de entablar una relación amorosa, donde podemos ubicar el primer tiempo del circuito. Realiza una acción con determinado fin, entendiendo que ésta se agota en esos objetivos para los cuales fue concebida.

En Pronto adviene un tiempo dos, es decir, una interpelación que el sujeto recibe a partir de indicadores que lo ponen sobre aviso de que algo anduvo mal respecto al tiempo uno. Llevan a registrar ese primer tiempo, constituido ahora como tal. Juliet decide ir a visitar a sus padres a quienes no veía hace años. En ese encuentro, que la advierte de cosas del presente y le revive y resignifica cuestiones del pasado, Juliet se ve interpelada. Durante una conversación que mantiene con su padre, ella repasa su vida entera hasta llegar al momento en que conoce a Eric. Es entonces cuando Sam le pregunta “¿Estaba casado con su primera mujer?” [3]. Inmediatamente, Juliet se encuentra implicada y queda perpleja. Cuando en otra ocasión la madre menciona a “la otra mujer de Eric”, ella aclara con ímpetu “su única mujer”, para agregar luego que es todo lo feliz que se puede cuando se vive en pecado. Aquí concluye el relato de Pronto, sin ahondar en las repuestas que da Juliet ante esta interpelación.

Del paso de Pronto a Silencio, transcurren varios años, sin dar cuenta de lo que ocurre en ese tramo. El último cuento comienza con la huida de Penélope, situación en la que podría ubicarse una segunda interpelación. Juliet se pregunta los motivos por los cuales su hija desparece y comienzan una serie de reflexiones acerca de las decisiones que había tomado en el tiempo uno. Esta segunda interpelación le da más sustento a la primera, resignificando nuevamente el primer tiempo y llevándola a dar una respuesta. Respuesta que ahora, en Silencio, se hace más notoria. Ya no puede volver al mismo lugar que antes. Ese tiempo que se agotaba en sus fines, ahora está más acá o más allá.

Culpa y responsabilidad

Como hemos mencionado, en Silencio, surgen las respuestas de Juliet ante la interpelación de la huida de su hija. Vemos como en un primer momento estas giran en torno a la culpa, para luego presenciar un cambio en la posición subjetiva de la protagonista de esta historia.

En Silencio, en un principio aparece la culpa ante la muerte de Eric, que la lleva por un tiempo a ocultarle a su hija la discusión previa al accidente. También podría plantearse la culpa por la elección de un hombre que engañaba a su mujer, quién finalmente también terminó haciéndoselo a ella. Luego, ante la decisión de Penélope de irse a un retiro espiritual del cual nunca vuelve, surge el autoreproche de no haberle transmitido a su hija algo en relación a la fe. “Si la hubiera mandado a la escuela dominical y le hubiera enseñado a rezar sus oraciones diarias es posible que esto no hubiera pasado”. Debí haberlo hecho”. [4] El reproche y la culpa en tanto déficit aparecen aquí en su máximo esplendor. Por un tiempo la busca y luego, en silencio, la espera. Deja de hablar de ella, guarda todas sus cosas, se muda a un departamento de soltera, vuelve al estudio de las lenguas clásicas y se convierte en una aficionada a la jardinería. En este silencio aún se encuentra reflexionando en secreto sobre su vida y el paradero de su hija. Llega al punto de preguntarse “¿Por qué sigo empecinada en que ha sido culpa mía?” [5]. Sin embargo, aún no puede deshacerse de la misma. Es más adelante, cuando recibe la noticia de que su hija había formado familia, y luego de algunas reflexiones más, que Juliet decide no continuar con esa espera que la atormenta. Espera de otro modo, aceptando el paso del tiempo, la adultez de su hija y las decisiones que ella pueda tomar excediéndola como sujeto. De todos modos, esto no implica que se haya resignado. Pasa de una espera desesperada dentro un silencio culposo a otro modo de espera, dentro también, de otro tipo de silencio. Espera quieta, calma, en un silencio en soledad. Silencio que, como dice A. Ariel (2001), es lo propio. Responde al “qué soy”. Juliet se encuentra ahora despojada de culpas y más allá de las estructuras que la determinan, más allá de los otros, más allá de su hija. Podemos agregar también, más allá de su pareja y de sus padres. Ella sigue esperando, pero ahora lo hace sosteniendo el punto de inconsistencia de la ausencia de su hija desaparecida. Se ubica en este punto de viraje de la culpa a la responsabilidad, un tiempo tres en el que esta evocación a la falta, a su falta, es la que da lugar a la responsabilidad subjetiva. Responsabilidad presente en todo el circuito pero puesta en evidencia en el tercer tiempo. El silencio es como Ariel llama a la castración. Y ese silencio es aquello que le permite el pasaje de creado a creador. Juliet deja de ser hablada, deja de repetir, deja de vivir con la culpa por las decisiones que ha tomado, para hacerse responsable de ellas. Juliet se reconecta con su profesión e incursiona nuevos ámbitos. En este tercer tiempo, Juliet se encuentra en soledad, apostando únicamente a su propio presente y futuro cercano. Juliet comienza a crear. “Quizá la respuesta se encuentre a solas. A solas se tiene la convicción de la existencia”. [6] Y asumir la condición de su acto, de su condición a solas “¿No será esto, aquello que pone en paz a un sujeto con su existencia, más allá de las demandas con que ha sido hecho?” [7].

Significantes que alienan

Una hipótesis posible es que Juliet se encuentra identificada a la madre, quien por la enfermedad que la aqueja ya no es mirada por su marido como mujer. En cambio, mira a otra (Irene). Juliet se ve interpelada ante la pregunta del padre “¿Estaba casada con su primera mujer?”. Es en ese momento que queda perpleja. Pero más adelante podrá responderle a su madre que “la otra mujer de Eric” fue su única mujer. ¿Qué quiere decir con esto Juliet? ¿Ella no se siente, entonces, mujer de Eric? Desde este punto de vista, se ve la distancia que ubica entre ella y Ann. La diferencia entre la mujer casada y la no casada. ¿Una amada y la otra no? De todos modos, ¿no hay lugar también para pensar que queda, por otro lado, identificada a la Ann en coma, mujer engañada por su esposo? Surge la pregunta de por qué Juliet eligió una pareja de quién sabía que había engañado a su anterior esposa. ¿Por qué se sorprendió tanto cuándo la engañó a ella con la misma mujer que había engañado a Ann?

Teniendo en cuenta estas preguntas que surgen a partir de los relatos de Juliet y de cómo la interpelación ubicada en el encuentro con sus padres conmovió en ella algo en relación a su vínculo con Eric, establecida en el tiempo uno, ahora constituido como tal, nos lleva a pensar en una posible hipótesis en la que Juliet se encuentra identificada a los significantes “mujer inválida”, “mujer no deseada”. Así como su madre, así como Ann. Mediante la alienación a estos significantes y las identificaciones imaginarias descriptas anteriormente se da conocer su fantasma que vela la pregunta histérica qué es ser una mujer. Este armado le permite no confrontarse con ese real insoportable, resguardándose en su propia realidad sostenida por la escena fantasmática. “Si nuestra experiencia de la realidad está estructurada por el fantasma, y si es el fantasma sirve como pantalla que nos protege del peso insoportable de lo real, entonces la realidad misma puede funcionar como fuga del encuentro con lo real” [8]

La segunda interpelación que se ha ubicado en el circuito de responsabilidad es cuando Penélope se va de la casa para nunca más regresar. ¿Por qué esto interpela a Juliet? Podemos señalar nuevamente aquí una posible identificación con la madre, en tanto su hija la abandona, así como ella había abandonado a su madre. Sara le dice: “Cuando las cosas se ponen de verdad feas para mí…, cuando se ponen tan feas… ¿sabes lo que pienso en esos momentos? Pienso, muy bien. Pienso… «Pronto. Pronto veré a Juliet»”. [9] Juliet queda arrepentida de no haberle respondido. Una vez más, identificación que la ubica en un lugar de mujer no deseada, ni como mujer, ni como madre.

Se puede observar como estas identificaciones llevan a Juliet a repetir la historia: elige un hombre que la engaña y tiene una hija que la abandona. A su vez la espera, podríamos pensar, de un modo similar al que esperaba a ella su propia madre… “Pienso… «Pronto. Pronto veré a Juliet»”, se decía la madre de la protagonista. De este modo, queda en evidencia el deseo como insatisfecho.

Finalmente, en Silencio, algo de esta identificación parece desarticularse. La culpa, que la llevaba a cuestionarse una y otra vez sobre su relación con Eric y sobre la huida de su hija, desaparece para dejar surgir algo del orden suplementario. Toma una postura superadora, en el mejor sentido de la palabra. Toma la decisión de seguir esperando, no se resigna, pero no se aferra a aquello del pasado. No continúa con la serie de repeticiones en las cuales se veía implicada sin siquiera darse cuenta. Ante las interpelaciones mencionadas fueron apareciendo otras respuestas. Ahora Juliet se encuentra en soledad, en silencio, en falta, en existencia, creándose a ella.

Bibliografia

Ariel, A. (2001). La responsabilidad ante el aborto. Ficha de cátedra. Mimeo. Disponible en la página web de la cátedra http://eticayddhh.org/index.php/textos-y articulos.

Artículo del Diario La Nación “Alice Munro: “Las mujeres necesitan interpretar la vida verbalmente”. Viernes 18 de octubre del 2013.

Fariña, Michel (s/f). Responsabilidad. Entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires.

Munro, Alice (2004) Runaway. Canadá. Editor digital: Titivillus e-Pub.

Salomone y Dominguez (2006). La transmisión de la ética. Clínica y Deontología. Letra Viva. Oscar D´Amore, "Responsabilidad subjetiva y culpa.

Žižek, S. (2008). Cómo leer a Lacan. Buenos Aires: Paidós.



NOTAS

[1Artículo del Diario La Nación (2013) “Alice Munro: “Las mujeres necesitan interpretar la vida verbalmente”.

[2Fariña, Michel (s/f). Responsabilidad. Entre necesidad y azar. Ficha de cátedra. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires. Pág. 2

[3Alice Munro (2004). Escapada, Pronto. Pág. 60

[4Alice Munro (2004). Escapada, Silencio. Pág. 86

[5Ibid., Silencio. Pág. 93

[6Alejandro Ariel (2001). Clase teórica. Pág. 7

[7Ibid

[8Žižek, S. (2008). Cómo leer a Lacan. Buenos Aires: Paidós

[9Alice Munro (2004). Escapada, Silencio. Página 78





COMENTARIOS

Mensaje de maria laura gonzalez  » 6 de octubre de 2017 » mlauragonzalez@ħotmail.es 

El siguiente analisis de la pelicula Julieta me parece muy bien desarrollado ya que postula el silencio como una forma de interpretar su mundo. ERIC es una figura que influye mucho en la vida de Julieta, pues el matiz de la culpa el silencio y el autoreproche parecen simples pero complejos modos de llamar la atencion con sutileza pero con un toque de grito en busca de una identoficacion con la madre.
En conclusion me gusto mucho este analisis ya que aborda una manera distinta ante la mirada del otro.
Muchas gracias por este analisis.



Mensaje de camila larocca  » 2 de octubre de 2017 » laroccacf@hotmail.com 

Una película que da para pensar muchas cosas. Conmovedora de principio a fin. Me gustó mucho como se expone la fantasmática de la protagonista, permitiendo pensar el pasaje de la culpa a la responsabilidad subjetiva.



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Película:Julieta

Titulo Original:Julieta

Director: Pedro Almodóvar

Año: 2016

Pais: España

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