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Construir(se) un futuro: Breve comentarios sobre la transición adolescente

por Mellano, Antonela Micaela

Universidad de Buenos Aires

Resumen

A partir del análisis de este film se intentará plantear el problema particular del personaje central, un adolescente, que se encuentra obstaculizado para realizar un proyecto de vida por una conflictiva no resuelta con respecto a la dificultad de elaborar la caída de la imago paterna como tal. El personaje responde a las problemáticas que debe afrontar a través de actings, poniéndose en riesgo a través del consumo de alcohol. A este problema central se le suma el amor de una joven como figura de alteridad, lo que implicaría aceptar la falta que condiciona enamorarse.
El tema que se pretende privilegiar es el pasaje de la adolescencia media a la juventud (o adolescencia tardía de acuerdo a otros autores). Si la entrada en la adolescencia implica un duelo por el cuerpo infantil, la entrada en la vida adulta implicaría un duelo por los ideales característicos de la adolescencia media: vínculos de masa, idealización. Sería la entrada a una realidad por fuera de lo familiar y lo ilusorio de la masa.

Palabras Clave: Adolescencia | actings | duelo | proyecto

When you were young and your heart was an open book
You used to say live and let live
(you know you did, you know you did, you know you did)
But if this ever changing world in which we’re living
Makes you give in and cry
Say live and let die

Paul and Linda McCartney

Sutter Keely es un entusiasta, carismático y divertido adolescente. Junto a su novia Cassidy son la vida de todas las fiestas, de esas en las que abundan el alcohol y las exaltaciones hormonales, hasta que ella decide dejarlo para cambiar su vida y planear un futuro. Cassidy y Sutter dejan de ser uno.

Sin rumbo y sin proyecto, su historia se narra en “El Espectacular Ahora” (“The Spectacular now”): donde Sutter perderá no solo la sobriedad etílica sino también la “sobriedad emocional”.

Susana Quiroga sostiene que el adolescente medio se caracteriza por terminar de estabilizar el proceso de crecimiento, para salir a la búsqueda de otro que no sea el familiar. Se dan los primeros noviazgos y formación de grupos en torno a un líder. Con Peter Blos entendemos a la adolescencia como un “segundo proceso de individuación”, consistente en lograr la independencia de los objetos internalizados y de su temprana influencia formativa sobre el yo y el Superyo. La adolescencia implica desprenderse de los lazos de dependencia familiares. El superyo Edípico pierde algo de su rigidez y de su poder, en tanto que la institución narcisista del ideal del yo cobra mayor influencia. Las representaciones del self y del objeto no adquieren estabilidad y límites firmes. Se podría pensar, entonces, que el personaje puede hacer elecciones de objeto, así como también integrarse a la masa, en este caso de las fiestas. Su elección de objeto, de tipo narcisista, haría que los límites de su yo y objeto se desdibujen. Él y su novia son uno, el alma de las fiestas, el ideal de la masa. El final de esta relación hace que Sutter se transforme en una unidad dañada, en busca de toda la diversión (forzada) que pueda reencauzar el rumbo. Se emborracha y maneja poniéndose en riesgo a sí mismo y a los que lo rodean. Sutter piensa que no vale la pena pensar en un futuro, que lo que cuenta es el ahora y hay que vivirlo.

Si bien Winnicott plantea una naturaleza de la inmadurez en la adolescencia, el hecho de emborracharse y manejar sin rumbo poniéndose en riesgo, podría pensarse como consecuencia de la ruptura de la relación, la cual se traduciría en una ruptura del self. Peter Blos, también, plantea al acting-out del adolescente como al servicio del desarrollo progresivo, que se estabiliza. Pero, también, puede conducir a una detención, fracaso. Este peligro de ruptura del self quizá podría pensarse como una regresión a la madre fálica propia de la adolescencia temprana y el acting como el escape al sometimiento y la pasividad, arrojándose al mundo de con una inclinación megalómana para gratificar sus necesidades narcisistas. Quizá creyéndose inmortal.

Como una piedra en el camino conocerá a una chica, Aimee Finecky, diferente a él, con objetivos, sueños y con una madre que la explota laboralmente. Sutter la toma como su nuevo proyecto adolescente a manera de superhéroe, le dice que enfrente a su madre, quiere ayudarla sin incluirse, quiere concentrarse en otra persona que no sea él (su gran desafío). No quiere estar con ella, no quiere amarla, quiere “rescatarla”. Él solo quiere volver con su ex, o la imagen idealizada de su ex, con la cual eran uno, con la cual las responsabilidades y la vida no importaban, solo las fiestas y el ahora. Winnicott postula que una de las cosas más estimulantes de los adolescentes es su idealismo. Como todavía no han conocido la desilusión, se encuentran en libertad para formular planes ideales. Podría pensarse este plan de “rescatar” a Aimee como un plan idealista, sin por eso implicarse, pudiendo mantener su unidad sin entrar en la falta que implica el amor, ya que el personaje solo ve la manera de tener una compañera como unidad, sin distinción yo-no yo.

El padre de Sutter no está, se fue cuando sólo tenía 6 ó 7 años. Él piensa que su madre lo echó, la culpa por esto y la misma le repite constantemente que se parece a su padre cuando hace las cosas mal. Él lo recuerda como una buena persona, graciosa, divertida, siempre de fiesta. Tiene una hermana mayor, casada, la cual está viviendo una vida muy distinta con un distinguido abogado. Su madre y su hermana lo protegen, ellas evitan que él se ponga en contacto con este padre, ya que piensan que no sería una buena influencia. El padre aparece como un fantasma, un recuerdo lejano, feliz, que es alejado por la fuerte presencia femenina en la familia. En esta transición adolescente donde se reactualiza la conflictiva edípica, el padre del personaje no está. Si para crecer hay que ocupar el lugar del padre, este no está presente, solo se actualiza en la imago del personaje, como idealizada: “Si en la fantasía del primer crecimiento hay un contenido de muerte, en la adolescencia el contenido será de asesinato” (Winnicott, 1982, p.186). Urribarri retomando a Blos plantea que no existe crecimiento ni desprendimiento posible sino se atraviesa por los desfiladeros de la des-idealización. Podría pensarse, entonces, que la dificultad para avanzar del personaje estaría enlazada a la dificultad para des-idealizar al padre.

A medida que transcurre el film puede verse que Sutter apela a sustitutos paternos que no hacen eficacia. Su profesor de matemáticas es quien quiere ayudarlo para que pueda egresar del secundario. Sutter le pregunta: ¿Para qué quiero graduarme? ¿Qué es lo bueno de crecer? ¿Ud. Es feliz siendo adulto? También el jefe del lugar donde trabaja lo aconseja para que deje de beber. Él insiste en que no puede dejar de hacerlo. Esto confirmaría que para el personaje un padre es un personaje idealizado, una persona que siempre está de fiesta y es divertida, no una persona que tiene responsabilidades, deseos y ambiciones. No podría considerar a un padre como deseante, sino que para él podría pensarse que un padre solo goza, como el padre de Tótem y tabú, y él como parte de la masa, goza también. Este padre aún no ha muerto ni se ha des-idealizado, por lo cual no podrían instaurarse la ley y el deseo. En Lacan podría pensarse como un padre privador, omnipotente que no da lugar al sujeto.

A medida que se desarrolla la relación con Aimee, se enfrentará con todos sus fantasmas, aún sin conocerlos, en un recorrido que hará que ese espectacular ahora sea repensado.

Con motivo de su transición adolescente Sutter comienza a hacerse preguntas por su padre. Es Aimee quien lo ayuda a ir en su búsqueda, a enfrentar a su madre para reclamar la presencia de un padre. Podría pensarse, entonces, la presencia de Aimee como la introducción de lo diferente, alguien que le propone ir a la búsqueda de un padre, para poder construir algo de esa historia que no conoce. Piera Aulagnier sostiene que en las tareas propias reorganizadoras de la transición de la adolescencia el trabajo de construcción y reconstrucción del pasado es necesaria para investir el presente. Podría inferirse que Sutter va en esa búsqueda de su padre para poder historizar un tiempo pasado que no conoce.

Finalmente constata que su padre es quien su madre dice ser y no solo eso, sino que su padre expresa las mismas teorías sobre cómo vivir la vida que él.

Cuando llega a verlo, el mismo no lo reconoce físicamente y no responde al llamado de papá. Si bien habían acordado telefónicamente encontrarse en la casa, los lleva a un bar (a beber).

Es en la charla que tienen en el bar que Sutter le confiesa que siempre lo defiende y que su madre nunca debería haberlo echado de la casa.

Allí su padre le confiesa que no fue así, que él se fue, que no lo quería dejar pero que no servía para ser padre, ya que bebía todo el tiempo y reincidía en constantes infidelidades. Le confiesa que él no vive en el pasado, que ya olvidó todo lo que pasó ya que considera que la culpa no es de él solamente. Al padre de Sutter le gusta vivir en el ahora (como él) y por eso brinda. Eiguer sostiene que un objeto transgeneracional es un ancestro que provoca fantasías e identificaciones en varios miembros de la familia. Las representaciones de objetos idealizados crean sentimientos de deuda y una identificación narcisista al objeto. Podría pensarse que si bien el personaje no sabía nada de este padre, se encontraba identificado a él, ya que si bien no circulaba por la vía de la palabra, estaba inscripto en el aparato psíquico.

Finalmente se va con una chica del bar, abandonando a Sutter y a su novia.

Esto quiebra la imagen que Sutter tenía de su padre, este padre idealizado, gracioso, que habría sido destituido del lugar de padre por las mujeres de la familia. Este padre ya no es quien él pensaba. Si bien esto quiebra la estabilidad emocional del personaje, no podría pensarse que puede hacer entrada al padre deseante, por el cual podría hacer una salida exogámica y un pasaje a la juventud. Podría inferirse que esto lo desestabiliza y que se caen los ideales de la adolescencia sin poder crear un proyecto identificatorio.

Al regreso a su casa Aimee confiesa el amor que tiene por él. Sutter La desestima, la ignora y la rebaja diciéndole que no lo puede amar. Es así que discuten en el auto, mientras él bebe, y tienen un accidente automovilístico que hospitaliza a Aimee. El médico que la atiende le da dos opciones de llamado a la autoridad: la policía o sus padres. Elige a su madre.

Egresada del hospital Aimee perdona a Sutter y le propone la convivencia en la ciudad donde ella aplicó para la universidad. Él accede.

Finalmente se aleja de Aimee, la deja esperando en la terminal de ómnibus y se va a un bar. Termina ebrio y chocando el buzón de su casa.

Su madre sale y le pregunta si está bien, que cuál es su problema. Sutter en su punto más grande de angustia le contesta que a ella no le importa, ya que le recuerda permanentemente que es igual a su padre. Es en esta escena que su madre le confiesa que él no se parece en nada a su padre, ya que es bueno, bondadoso con sus amigos y todo el mundo lo quiere. En cambio su padre es egoísta y no quiere a nadie. Sutter responde: “nadie me quiere”. Podría pensarse que su padre no lo quiera equivale a que nadie lo quiere. Es aquí que cabría preguntarse si la nueva significación que da la madre a su hijo, producen un viraje en él para que pueda dar entrada al amor, al deseo y por ende a la falta. Su madre le dice que él es capaz de amar. Esto inauguraría un nuevo estatuto de ser en la vida del personaje, desidealizando a este padre y dando entrada a la ley del deseo que en este caso es transmitida por la madre, apelando, en la teoría de Lacan, al significante del nombre del padre que está sujeto a la ley que transmite.

Estas últimas escenas marcarían un momento de escansión para el personaje. Finalmente accede a aplicar a la universidad y hace una reflexión final en donde da cuenta que lo bueno de vivir el ahora es que hay una mañana. Puede ver que nunca tuvo miedo a nada: de fracasar, de lastimar, de ser lastimado, ya que se cerró al dolor pero también al amor. El desafío más grande en su vida era él mismo. Este adolescente no podía ir hacia delante sin antes tomar contacto con su pasado no asimilado.

Esta reflexión hace que vaya en búsqueda de un futuro y de un proyecto, que vaya en búsqueda del amor y de la falta, que vaya en búsqueda de Aimee.

Bibliografia

Aulagnier, P. (1991). Construir(se) un pasado. En Revista de Psicoanálisis APdeBA (pp. 441-467), Vol. XIII, Nº3. (Publicación original en Journal de la Psychoanalyse de L`enfant, Nº7, 1989).

Blos, P. (1981) La transición adolescente. Amorrortu Eds. Cap 8.

Blos, P. (1981) Psicoanálisis de la Adolescencia Ed. J.Mortiz

Eiguer, A. Acerca de lo transgeneracional Revsita n/a N°2

Freud, S. (1905) Tres ensayos de teoría sexual. En Obras Completas Amorrortu E. Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1924) El sepultamiento del Complejo de Edipo. Buenos Aires En Obras Completas Amorrortu, E. Vol. 19, 1993. Buenos Aires: Amorrortu.

Lacan, J. (1957) El Seminario 5: Las Formaciones del Inconsciente (1957 – 1958). Ed. Paidós. Párrafos Seleccionados.

Lacan, J. (1964). El seminario 11- Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

Moreira, D. (2006) Ficha de cátedra: La adolescencia y las versiones del padre. Inédito

Quiroga, S. (1998) Adolescencia: del goce orgánico al hallazgo de objeto. Buenos Aires. Ed. Eudeba.

Urribarri, R. (1992) Acerca de la Identificación. En psicoanálisis con niños y adolescentes n°2

Winnicott, D. (1971) Realidad y juego. Barcelona. 1982. Gedisa. Cap. 11.


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Película:El espectacular ahora

Titulo Original:The Spectacular Now

Director: James Ponsoldt

Año: 2013

Pais: USA