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Dialéctica entre identidad e identificación

por Ormart, Elizabeth, Pena, Federico

Universidad de Buenos Aires

Resumen

En el presente escrito se trabaja sobre el interjuego de la identidad, la historia y la memoria apuntando a problematizar los modos, los circuitos del reconocimiento identitario. ¿Cómo nos aseguramos quiénes somos? ¿Qué cosas hablan de nosotros? En esta oportunidad esta reflexión, amplia y con innumerables antecedentes bibliográficos, se centra en la cuestión de la identidad de los donantes de gametos, cuestionando la importancia del dato genético en la constitución de una subjetividad. Las preguntas que en el trabajo nos hacemos se ven impulsadas, facilitadas y alimentadas por la potencia que viene con la ficción, en este caso esa apoyatura ficcional viene dada por la serie estadounidense Blindspot. Luego de trabajar sobre el argumento de la serie y los interrogantes que trae a escena, el desarrollo del escrito gira hacia la teorización sobre el sujeto y la identidad. Trabajamos finalmente sobre los riesgos y las derivas desubjetivantes que se esconden tras los reduccionismos que suponen una identidad estática, jugada desde el nacimiento y construida con datos que para todos valen lo mismo.

Palabras Clave: Identidad | Donantes | gametos

Dialectic between identity and identification

Abstract

In the present essay we work on the interplay of identity, history and memory, aiming to problematize the circuits of identity recognition. How do we make sure who we are? What things talk about us? On this occasion, this broad reflection with innumerable bibliographic antecedents focuses on the question of the identity of gamete donors, questioning the importance of genetic data in the constitution of a subjectivity. The questions that we ask ourselves are driven, facilitated and fed by the opportunities that come with fiction, in this case that fictional prop is given by the American series Blindspot. After working on the plot of the series and the questions it brings to the stage, the development of the essay turns towards theorizing about the subject and identity. Finally, we work on the risks and the desubjetivantes drifts that hide behind the reductionisms that suppose a static identity, played from birth and built with universal data that means the same for everyone.

Keywords: Identity | Gamete | Donors | History
- 

En el lugar que ocupa cada hombre,
con los mismos materiales de carne y de espíritu,
una diversidad de personalidades son posibles.
Uno se cree el mismo, pero nunca es el mismo;
ese mismo no existe”.
Paul Valery.

Introducción

En el presente escrito partimos de una hipótesis inquietante: la identidad de los niños concebidos con gametos donados está en parte expresada en los datos de un ADN que es propio pero al mismo tiempo no les pertenece.

El dato del ADN les muestra a los niños concebidos por gametos heterólogos su pasaje por las técnicas de reproducción asistida y los une a “donantes desconocidos”. Parte de lo que son (identidad estática) es aportado por un sujeto que luego queda fuera del conjunto de identificaciones que conforman su subjetividad (identidad dinámica). Lo escindido del proceso donde buscar un origen facilita, quizás, la ilusión de un dato que unifique, explique o construya una identidad.

Hay marcas que conforman su identidad pero desconectadas de los afectos que le dan una historia a sus lazos sociales. Marcas descarnadas, marcas sin sujeto. Una premisa sólo imaginable en el marco de una ficción. Y allí nos condujo este supuesto, a la serie norteamericana Blindspot.

La premisa del punto ciego

Blindspot –literalmente punto ciego– es una serie norteamericana creada por Martin Gero y protagonizada por Jaimie Alexander y Sullivan Stapleton, que fue estrenada en el 2015 por la cadena NBC y que se encuentra disponible en la plataforma Netflix. La trama inicia con una misteriosa mujer tatuada que aparece sorpresivamente en Time Square y que ha perdido la memoria –no recuerda su nombre ni su pasado– y el FBI descubre que cada tatuaje que ella tiene en su cuerpo representa una pista para un crimen que tendrán que resolver. Estos tatuajes son leídos por la agencia federal norteamericana como indicador objetivo que permite reconstruir el camino hacia un crimen, mientras que para Jane tienen el valor indiciario de una marca de goce en su cuerpo, marcas sin historia, desasidas de su origen. Mientras que en el primer caso, son referentes empíricos de una verdad objetiva, en el segundo son las piezas que componen la melodía subjetiva de Jane. Esta ruptura entre el cuerpo y la letra, no está originada por la represión de un saber rechazado por el sujeto sino a través de un procedimiento farmacológico que le quita a Jane la memoria. Similar a lo que ocurre en Matrix, cuando Neo ingiere la pastilla y descubre otro mundo que se esconde detrás del que cree la realidad. Esta analogía es interesante porque al tiempo que el sujeto se construye como yo, construye el mundo como imagen reflejada de sí mismo. Es el punto especular en el que la alienación a la imagen unificada de sí mismo en el espejo le devuelve un yo y un no yo (a y a’) La constitución del yo es solidaria al mundo como realidad externa.

Freud a principios del siglo XX nos muestra el síntoma como punto de desconexión entre las representaciones y el monto de afecto. Al tiempo que nos señala el camino, vía la asociación libre, para recomponer el nexo perdido por efecto de la represión.

Para Lacan el sujeto es efecto del lenguaje. Es un entramado de marcas que el lenguaje deja en el cuerpo y cuya lectura hace surgir como efecto un sujeto. Pero qué ocurre cuando encontramos las marcas sin historia, sin una lectura de ellas. Un cáscara vacía, un semblante sin cuerpo, un saber sin sujeto. Al estilo de lo que explica Lacan (1966) en La subversión del sujeto, se trata de un sujeto que porta “un saber que no comporta el menor conocimiento, (…) que está inscripto en un discurso del cual, a la manera del esclavo-mensajero del uso antiguo, el sujeto que lleva bajo su cabellera su codicilo que le condena a muerte no sabe ni su sentido ni su texto, ni en qué lengua está escrito, ni siquiera que lo han tatuado en su cuero cabelludo rasurado mientras dormía.”

Un mensaje que en el ser humano se trata de la muerte, en dos sentidos: por su finitud biológica pero también por el efecto mortífero de las marcas significantes en el cuerpo como sustancia de goce. El lenguaje mata la cosa y es la primera pérdida (muerte) que sufrimos como vivientes, anuncio de la que vendrá después, definitiva.

Este es el estado de Jane, una mujer completamente tatuada, que porta un mensaje sin sentido. Jane, la protagonista de Blindspot es una buena metáfora del sujeto lacaniano, pues porta en su cuerpo marcas del discurso del Otro. Y ella quiere, a partir de la lectura de estas marcas, responder a la pregunta ¿Quién soy yo?

La respuesta a esta pregunta le confiere a Jane lo que le falta: identidad.

En el epígrafe mismo de este escrito se pone a jugar una dificultad inherente a la temática, es decir, qué constituye el “ser”. Una polaridad posible, entre otras, es si está explicado por nuestras experiencias, que lo conforman y nos “estabilizan” o si acaso es algo “anterior” e independiente de ellas. Este punto, simplificado al extremo, es problemático para el pensamiento occidental en general y para el psicoanálisis en particular. Blindspot, por su parte, elige no resolverlo y jugar en ambos campos. Por un lado, Jane Doe, literalmente sin nombre, nomen nescio en Latín, impresiona ser un ente sin ser, un vacío incluso en sus actitudes y emociones, es decir, está el esfuerzo por hacerla tábula rasa, ausencia total, ¿es bondadosa? ¿malvada? ¿envidiosa? ¿dadivosa? ¿generosa? Pareciera ser ninguna, neutra, aunque impresiona que esta neutralidad se parezca a la inocencia y al bien más que a cualquier otra inclinación. Por otro lado, hay algo de su ser que parece no depender de su “historia significante” sino de un orden, anterior e independiente, que podemos llamar historia corporal, o, más bien –en la medida en que no tiene las cualidades de las que está hecha una historia, como la imprecisión o la contradicción– reflejos aprendidos. Eso está en juego cada vez que Jane o NN ve su cuerpo en peligro y éste último responde con inusitada habilidad. Por momentos, en esos instantes justamente, la trama se ve llevada de todos modos a vincular ese uso corporal a una memoria, reconectando, de un modo quizás excesivamente lineal, lo que parecía estar escindido, algo de su historia, reducida aquí a la versión del flashback, tiene que venir a explicarlo. Si su cuerpo recuerda, el olvido no puede ser total. En este punto, pareciera que la historia es el destino, nueva trampa ideológica.

Si retomamos este punto es para interrogar uno de los ejes de las discusiones contemporáneas en torno a las identidades, su origen, sus dinamismos. Ha sido muy cara al psicoanálisis la distinción entre un soma y lo simbólico, lo corporal y lo significante. Convoca una serie de condiciones temporales, a veces llamadas lógicas, que aclaran poco lo insalvable de la discusión; ¿cómo saber de modo unívoco que hay algo anterior y algo posterior? ¿Cómo se comprueba? ¿Dónde? Quizás sea más fructífero considerar que no hay nada anterior ni posterior, sino que el sujeto que nos importa es una creación ex-nihilo, indivisible de su condición de ser de lenguaje. Eso no implica ninguna descreencia de lo corporal, sino que todo lo que podemos formular de ello será necesariamente lingüístico, histórico-cultural. Sin embargo esta postura no es la que prima y nuestras sociedades se ven llevadas ¿cada vez más? a buscar una identidad somática de la que no se pueda dudar, certera y con garantía. Y el saber científico vía el ADN es la respuesta que busca cerrar cualquier pregunta. Sin embargo, algo insiste.

Identidad sin sujeto

La identidad es la fachada que muestra el sujeto ante ese punto ciego (blind spot) que constituyen las huellas en el cuerpo. Toda instancia psíquica yoica busca construir una identidad a partir del cuerpo propio, de la historia autobiográfica y/o la memoria individual y colectiva. La identidad es entonces la máscara que vela el punto ciego, lo que aparece en lugar del agujero. Lo que hace consistir la nada misma. Pero no le quitemos importancia a los semblantes. En el caso de Jane, “FBI” será para ella el primer significante de su ¿nueva? historia. De qué otra forma explicar el detenimiento, la profundidad, la meticulosidad con que es examinada desde el primer momento, cuántos sujetos no pueden responder por su historia; eso no concierne generalmente a los organismos de seguridad. En su caso lo que convoca el escrupuloso examen de la agencia no es tanto que ella no sepa decir de sí, sino que vino al mundo en un bolso que dice FBI, y desde allí todo está dicho ya.

La ciencia pretende “decir la verdad última” de la identidad apoyándose en los caracteres únicos del ADN, una verdad unívoca y objetiva y por lo tanto sin valor para el sujeto. En la serie vemos que el FBI, munido del semblante científico se presenta como Otro completo y sin barrar, que detenta un saber consistente. La agencia federal lee el ADN de Jane y le dice su nombre: “a partir de ahora sos Taylor Swift”. Sin embargo, para ella este saber no tiene significado. Es un saber descarnado. Una cáscara sin relleno. Interesante metáfora de la identidad, que literalmente significa máscara. Es significativo en este punto la ambivalencia que la serie no logra resolver entre un proceso totalmente tecnificado y desubjetivado (“su sangre nos dirá de ella”) y otro, que por cierto sorprende ver en un agente del FBI, que podríamos llamar ¿sugestivo? en el momento en que Kurt sugiere que al tocarlo, probablemente se acuerde de él.

En el terreno de las técnicas de la reproducción asistida miles de niños buscan su identidad genética. ¿Será que buscan en esa marca calmar el sufrimiento del encuentro con el agujero en lo real? Para cada sujeto esa marca tiene un valor diferente, no nos apuremos a hacer generalizaciones. Ahora bien, ¿hay coincidencia entre lo que para cada uno de nosotros puede tomar valor significante y lo que debe importar en el campo del derecho? Es decir, la identidad del donante, ¿dice para todos los casos algo de la identidad del niño/a? Este punto es de un interesante debate bioético donde si bien el eje parece estar puesto en la confidencialidad y la distinción de funciones donantes/padres el tema de fondo, es el del valor que le damos a ese dato. Los guionistas juegan sus cartas a favor de la versión que diríamos predominante, hay algo del cuerpo que es independiente o permanece indomesticado por la cultura y si bien dice de uno, de la identidad de uno, no depende de ninguna variable conocida, simplemente es así. El ejemplo más claro se juega en la escena del test del café/té, la consigna y su desarrollo son simples –toma té y café, ¿cuál te gusta más?– Café. Sos una coffee person. Eso suple la memoria de Jane, como si dijera “quizás no recuerdes, y no puedas decir de vos, pero tu cuerpo no se equivoca y te define”.

La identidad del donante, entonces, se puede constituir en una marca que rellene la división subjetiva y dé consistencia al yo, o bien, en una marca que a posteriori podrá ser subjetivada en un camino singular que pasara por el des-encuentro con el enigma del origen.

Lacan sostiene que el discurso del Otro es un “el sistema de convenciones significantes que componen la mítica del inconsciente y que marca al individuo prefigurando su ubicación desde el nacimiento. Es un sistema parental y simbólico que determina la posición del sujeto” (Vallejo y Helguero, 1987). Cuando este discurso no hace lazo, no anuda, no deja las marcas de un linaje, el sujeto pierde toda referencia simbólica. ¿Qué anudamientos se juegan en el encuentro con los donantes, son parte de la familia, son significantes privilegiados en la vida de los niños nacidos por material heterólogo?

El lazo social

La identificación es el principio fundamental que hace posible dos hechos fundamentales de la cultura humana: la vida psíquica y el lazo social.

“El malestar en la cultura se manifiesta hoy en la preocupación por la identidad, lo que resulta evidente hasta el punto de ser inquietante […] Sospechamos que si se la problematiza así en la plaza pública, es porque debe de ser además un velo de alguna otra cosa”. (Correa González, E 2016)

Si hay gran preocupación sobre las incidencias de la mundialización sobre las identidades individuales y nacionales, o acerca de los efectos de la identidad genética, es porque se ve amenazada la particularidad, y ello es debido a la ciencia y a la invención tecnológica, que modifican los agrupamientos colectivos.

Se afirma que la sociedad en la que actualmente vivimos está marcada por la voracidad de un consumismo a todo precio, por la alianza férrea entre desarrollo tecnocientífico y mercado, por la presencia de inéditas formas de violencia y segregación, por una manipulación de subjetividades y control de los cuerpos, esta manipulación se realiza en Jane de forma literal. Su cuerpo tatuado y su historia borrada como efecto de una poderosa droga. La matriz tecnocientífica modela el cuerpo de Jane. La droga para olvidar y el ADN para recordar son las soluciones que la maquinaria tecnocientífica le da a Jane para des-conocer su historia.

Este avance de la industria farmacológica sobre la subjetividad es moneda corriente en el campo de la psicología.

De la identidad al sujeto

El concepto de Sujeto en Lacan denota ya un límite, frente al cual el yo aparece como síntoma de la falla simbólica en la cual está insertado parcialmente el Sujeto. Pensar entonces al Sujeto como unidad, individuo, indivisible, es pensarlo desde una resbaladiza posición imaginaria, posición que tiene el mismo carácter en que se sostiene el yo, imaginaria porque desconoce la falta como aquello que está en su origen.

En los años 60’ Lacan formaliza una de las definiciones más canónicas del sujeto, aquella que dice que “un sujeto es lo que representa un significante para otro significante”. De esta definición se desprenden varias consecuencias, nos limitaremos a aislar alguna de ellas. Si el sujeto no es más que entre significantes, es porque, en definitiva, el sujeto no es, no tiene ser, no hay en la estructura un significante que lo represente, no hay para el sujeto identidad. Ningún sujeto, podemos decir, es causa de sí. Lacan, en el seminario sobre la identificación, sostiene el lugar del Otro como fallado primordialmente, “la deficiencia fundamental del Otro como lugar de la palabra”; (Lacan, 1961 - 1962) el lugar del Otro, tesoro de los significantes, desde donde el sujeto se constituye, está fallado, no contiene el significante que representaría al sujeto, dándole de esta forma identidad, ésa es la estructura con la que tratamos. Hay distintos modos en que se sostiene este principio fundamental desde la obra de Lacan, muy tempranamente, sostiene que “no hay metalenguaje”, tenemos después otras, como ser “no hay Otro del Otro”. En palabras de Le Gauffey: “El Otro (...) está sellado por una falta que no remediará ningún ‘Otro’ de ese Otro que él es” (Le Gauffey, 2014, pág 36), “no hay universo de discurso” y la célebre “no hay relación sexual” [1] Hay entonces esa estructura de ausencia radical, y diversas formas de responder a ella.

Partiendo de esta base, teniéndola como referencia de nuestros argumentos, se puede decir que si la estructura está constitutivamente fallada, si no hace universo, si la falta es esencial, no contingente, “a partir de ahí la suplencia hay que situarla en relación a esa falla. Por eso es que se puede decir que siempre hay suplencia –de ahí la idea de suplencia generalizada (...)” (Ponte, 1994) El yo como construcción tendría entonces la función de desconocer su propio origen, sólo así puede asegurar imaginariamente su creencia de que es unidad, de que es idéntico a sí mismo, a sus representaciones, es decir, en el desconocimiento mismo de la falta en el Sujeto, el yo aparece como la sutura y síntoma de aquel.

Conclusión

Hay un riesgo que la escritura-lectura de este ensayo convoca, un precipicio por el que no nos gustaría caer, ni ser arrojados. Se trata de aquella idea, un tanto melancólica, nostálgica, porteña, de que el pasado fue mejor, las funciones son estáticas; antes estábamos bien y ahora ya no tanto. De ningún modo es esa la intención, sino más bien la de señalar algunas geografías peligrosas, algunas universalizaciones que pueden llevar a cierto empobrecimiento de la dimensión subjetiva. Esto sucede; cotidianamente confiamos en que hay datos, información científicamente identificable e interpretable que nos dirá de nosotros, cómo somos o deberíamos ser, cuáles son nuestras tendencias, cómo estamos hechos, cuál es nuestra materia. Las consecuencias de ello no son “dañinas” para alguien, no traen todas las veces ni indefectiblemente un mal; no se trata de eso. No se trata de ninguna variable individual, no podríamos hablar de ello. Se trata más bien de cuáles son las coordenadas y las instituciones que subjetivan a los ciudadanos, cuáles son las formas que habilitan el armado de una historia, qué lugares existen para alguien, qué habla de la transmisión de una genealogía y de un nombre propio.

En Blindspot, el FBI, el ADN, la farmacoterapia son formas de presentar ese saber sabido y compartido. En el caso de los niños nacidos por donación de gametos, el canto de sirenas que promete un saber sobre su ser va ligado a la figura del “donante” o al valor del ADN en sus historias.

Lo que somos o deberíamos ser, lejos de ser un saber anticipado por la ciencia, es un saber a posteriori, que no puede ser predicho, ni adelantado, ni envasado con garantías. Entre lo determinado por el ADN y lo contingente del encuentro con la falla del Otro se abre una grieta para el sujeto.

Referencias

Correa González, E (2016) La identidad y la identificación: Laclau y Zizek. En línea: http://www.cartapsi.org

Eidelsztein, A. El origen del sujeto en psicoanálisis. Del big bang del lenguaje y el discurso. Letra Viva, Buenos Aires, 2018

Lacan, J. La subversión del sujeto y la dialéctica del deseo en Escritos 2. Buenos Aires, Paidos.

Lacan, J. El seminario, libro 9: La identificación. Inédito.

Lacan, J. El seminario. Libro 22: RSI. Inédito.

Le Gauffey, G. Hiatus sexualis. La no-relación sexual según Lacan. El cuenco de plata. Buenos Aires, 2014

Maso, S (2016) La letra leída en Imago agenda. En línea: http://www.imagoagenda.com/articulo.asp?idarticulo=1129

Ramírez Escobar, J. M. Hacia una clínica de las suplencias en la psicosis, publicado en Affectio Societatis, No 9, 2008. Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5030017.pdf

Rodríguez Ponte, R. El SÍnthoma: Sobre Una Lectura “de Hecho” Y Una “de Derecho”. 1988. Disponible en: https://www.google.com.ar/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwii4_jws-DMAhUJi5AKHY3UC-AQFggaMAA&url=http%3A%2F%2Fwww.efba.org%2Fefbaonline%2Frodriguezp-13.htm&usg=AFQjCNESROgiEBkkCxGay8QhaBgOngzQyw&sig2=yyOtG_QkdI1gfVCrJbi_-A&bvm=bv.122129774,d.Y2I

Rodríguez Ponte, R. Clínica de la suplencia generalizada. 1994. Disponible en: https://www.google.com.ar/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwid4aaUtODMAhXKk5AKHav_BYYQFggaMAA&url=http%3A%2F%2Fwww.efba.org%2Fefbaonline%2Frodriguezp-26.htm&usg=AFQjCNGJ16odmpwcmXjW8XR273oIyW129Q&sig2=cVKeDrTFcui-7YoMsc5JyQ&bvm=bv.12212977

Vallejo y Helguero, A. (1987) Vocabulario lacaniano. Vallejo y Helguero editores. Argentina 1987. P. 107.



NOTAS

[1Para una referencia clara de la serie de argumentos que permiten a Lacan formular “no hay relación sexual”, es muy explicativo el ensayo de Guy Le Gauffey - Hiauts sexualis. La no-relación sexual según Lacan.





COMENTARIOS

Mensaje de ximena Mignone  » 26 de agosto de 2020 » ximena_m_4@hotmail.com 

Coincido con Elizabeth Ormart y Federico Pena en que la identidad de un sujeto, lo que es o debería ser, lejos de ser un saber anticipado por la ciencia, es un saber a posteriori, que no puede ser predicho, ni adelantado.
Partiendo de Lacan, cuando dice que el lugar del Otro, tesoro de los significantes, desde donde el sujeto se constituye, está fallado, no contiene el significante que representaría al sujeto, dándole de esta forma identidad, ésa es la estructura con la que tratamos, estructura de ausencia radical, y que nos permite así diversas formas de responder a ella. El yo como construcción tendría entonces la función de desconocer su propio origen, sólo así puede asegurar imaginariamente su creencia de que es unidad, de que es idéntico a sí mismo, a sus representaciones, es decir, en el desconocimiento mismo de la falta en el Sujeto, el yo aparece como la sutura y síntoma de aquel.
Entre lo que ya viene determinado por el ADN y lo contingente del encuentro con la falla del Otro se abre una grieta para el sujeto. Es por eso que la identidad de un sujeto es una construcción, algo maleable. Somos lo que somos gracias también a nuestras experiencias vividas, así como muchas teorías psicoanalíticas se basan en la importancia por ejemplo de las vivencias tempranas, pero asimismo dejan en claro que a pesar de que una persona pueda haber tenido experiencias tempranas traumáticas, que influyen por ejemplo en las características de sus vínculos afectivos actuales, ello puede cambiar con una buena puesta en análisis. La idea de que la identidad de la persona no es definitoria por el ADN, sino más bien por la conjunción entre el ADN, y sus experiencias



Mensaje de ON AWa  » 24 de agosto de 2020 » onawalehr@gmail.com 

¿Qué ha donado un donante? ¿Cuál fue su don? ¿Qué relación hay entre lo donado, quien dona, y quien recibe?

Hechos; aMA NO.

Con el asombro en su lugar
Se puede lehr al revés
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